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viernes, 24 de noviembre de 2017

El relato de la doula acerca del parto vaginal después de cesárea


Es cierto que las mujeres estamos hechas para parir, pero por diversas circunstancias hay embarazos y partos que resultan ser todo un reto. Lo increíble es que hay mujeres que verdaderamente te sorprenden con su fortaleza para luchar por lo que quieren, en este caso, un parto vaginal después de una cesárea innecesaria y traumática que había dejado muchas heridas. Ella no sólo tenía buenas intenciones, sino que se formó y se recontraformó para prepararse junto con su marido para recibir a su bebé como ella quería y “sacó las garras” ser respetada.
                La primera batalla que libró fue que tuvo que lidiar medio embarazo con la hiperémesis gravídica. En esos casos, poco o nada consuela que te parezcas a la Princesa Kate Middleton que cada embarazo pasa por lo mismo. Por si fuera poco, mientras sorteaba como podía las náuseas y la espectacular bajada de peso, decidió cambiarse de doctor porque éste ni siquiera le daba la oportunidad de poder intentar un parto vaginal después de cesárea (PVDC). Cuando todo parecía ir tomando su curso, su instinto le gritaba que no había encontrado el equipo que quería que la acompañara. Por lo que decidió, cambiarse nuevamente de doctor alrededor de las 35 semanas de embarazo.
 Y entonces ya, pasadas unas semanas con el equipo que ella eligió, empezaron de manera natural los pródromos. En un par de ocasiones, las contracciones parecían señalar que el día del parto había llegado. No obstante, tras muchas horas de trabajo, éstas desaparecían sin haber dilatado nada, a pesar de ser de buena intensidad y frecuencia.  Se tuvo que analizar la situación y finalmente, tras un diagnóstico médico fundado y siguiendo su instinto, decidió que era momento de abandonar su Plan A para incursionarse en el Plan B: una inducción sin epidural, hasta donde fuera posible. No era su sueño ideal, pero era lo necesario.
Llegó el día de la inducción y las batallas no terminaban, el trabajo de parto no progresaba como era de esperarse, aunque ella estaba perfectamente conectada con su bebé y con su cuerpo y alma en otra dimensión que le permitía seguir adelante.  Ella fue la actriz principal junto con su bebé y el apoyo incondicional de su marido.  No se puede dejar de mencionar a su ginecólogo, un verdadero profesional con calidez humana, quien hizo lo necesario para que ella pudiera lograr su sueño. Donde una gran mayoría de médicos hubiera hecho una cesárea, él esperó y actuó haciendo lo que tenía que hacer en cada momento para evitarla.
Las últimas dos horas antes de poder besar a su bebé fueron complejas. Toda mi admiración para ella, una verdadera guerrera convencida de lo que quería para ella, para su bebé y para su familia. No fue el parto idílico sin intervenciones que esperaba. Fue un parto intenso, reparador, inundado de hormonas de todo tipo que le han permitido establecer un fuerte vínculo con el bebé, dejando a la pareja más sólida y preparada para lo que les regale la vida.

Gracias por permitirme acompañarlos a presenciar el milagro de la vida y la fuerza de la naturaleza y del amor…

viernes, 6 de noviembre de 2015

#Intensa-Mente: 10 puntos para criar con conciencia, con amor y con visión de futuro








Actualmente se escucha mucho sobre educar con apego, con conciencia, con respeto, con paz, con amor y con otros apelativos que en el fondo, creo, comparten lo esencial... Sin importar el título que se le dé, a mi parecer buscan  retomar el sentido común y recuperar la conciencia de la dignidad del ser humano.

¿Cómo educar con cociencia, con respeto y con amor?

La película de #Intensa-Mente da pinceladas básicas para tomar en cuenta si se quiere formar con amor a los hijos y con visión de futuro. Esto es, más allá del aquí y el ahora y de la conducta específica de un momento dado. Es de agradecer que los papás de Riley son presentados muy "normales", con sus personalidades únicas, con aciertos y con errores, esto facilita la identificación. Ellos quieren lo mejor para ella, intentan educarla con "conciencia y con amor", respetando su individualidad, validando sus emociones y sin golpes ni chantajes o amenazas. A veces no saben qué hacer o incluso la riegan, pero buscan rectificar, acompañarla y sobretodo, no perder la conexión.   

 A continuación, a partir de la película #Intensa-Mente, expondré 10 puntos indispensables para omar en cuenta si se quiere formar con amor:

  • En primer lugar, parecerá obvio, pero hay que ver a los hijos como lo que son: un quien, esto es una persona única e irrepetible.
 
Los hijos son personas individuales, no son una extensión nuestra, ni objetos de nuestra posesión, ni nuestras mascotitas... 
¡Son seres humanos personales, recién salidos del horno, 
con capacidades, ritmos, intereses, gustos y necesidades propias!

  • En segundo lugar, los hijos (menores de edad) son personas viviendo las primeras etapas de desarrollo, no son adultos.
En consecuencia, hacen más o menos, antes o después, lo "normal" para  niños de su edad. Así pues, Riley bebé hace cosas propias de un bebé, Riley niña se porta como es de esperar y Riley pubertilla empieza actuar como cualquier niño entrando a la "edad del pavo". ... De hecho, seguro más de uno, recordó a sus hijos viviendo aventuras, travesuras y situaciones parecidas a las de Riley.

Por tanto, tan ridículo es inscribir  a un bebé a la universidad como pedirle que no quiera que se le cargue el mayor tiempo posible. Asimismo, resulta impensable dejar solo en casa a un niño de 2 años para que tenga la comida lista y la casa recogida, mientras uno sale a hacer pendientes, como exigirle que se esté quieto, callado y que cuando se sienta triste, cansado o frustrado no llore sino que mantenga la calma para  explicar con palabras lo que siente...

Los niños son niños, no adultos y bien dicen:  no le puedes pedir peras al olmo...

Es fundamental hacer consciente este punto y conocer acerca del desarrollo "normal",
para que no creas que tu hijo es el "único" que hace "lo que no debe" y no hace "lo que debe".
También para ajustar las expectativas a la realidad y a su individualidad,
para no exigir imposibles... 
Como que se porte como adulto o como un ente imaginario "perfecto",
solo para satisfacer tus deseos y traumas personales sin respetar su dignidad.

  • En tercer lugar, se deben romper paradigmas negativos "tradicionales" que etiquetan a los niños como "chantajistas, malos, abusivos", "más listos que el hambre", o "que se dedican a tomarte el pelo", etc.  
Los niños, al igual que Riley, son buenos y en general, alegres, sencillos y transparentes, 
pero eso no quiere decir que no cometan errores o que a veces hagan cosas indebidas. 

Urge cambiar la percepción que se tiene de ellos, 
porque la manera de concebirlos afecta directamente 
la forma en cómo nos relacionamos con ellos, 
en cómo los tratamos, en cómo les hablamos  
y en cómo ellos se comportan con nosotros y con los demás.


  • En cuarto lugar, es necesario cambiar la forma de expresarnos, ya que hay una abismal diferencia entre el adjetivar al "ser" y relatar su "hacer", o sea entre adjetivar al niño o describir su conducta... Nadie "es" sus fallos. Definitivamente, hace una gran diferencia utilizar el verbo ser que el estar/hacer:  
"Eres" un niño malo vs "estás" pegando y pegar "está" mal.
  •  En quinto lugar,  hay que ser pacientes con los niños, ya que tienen los sentimientos y las emociones a flor de piel y en estado bastante salvaje. Ellos aún necesitan aprender a  distinguirlas, nombrarlas, manejarlas y encauzarlas.  Como formador, en lugar de negárselas u obligarlos a reprimirlas,  ayudarles a reconocerlas y manejarlas.
Te invito a reflexionar sobre la diferencia que existe entre decir a tu hijo:  

"No quiero ni una lágrima más, 
ya verás como te va donde me vuelvas a pegar, 
eres un berrinchudo y grosero, 
así nadie te va a querer" 

vs 

"Entiendo que estés enojado y frustrado 
porque no te compré el dulce que querías, 
es normal que te sientas así y que llores, 
recuerda que no se permite golpear,
si quieres te puedo abrazar". 

¿Cómo ves? ¿Cuál te gustaría escuchar? ¿Con alguna te sientes atacado u ofendido?

¿Cómo podría  impactar en tu hijo, en su ser y en su hacer, una u otra?
  • En sexto lugar, durante la peli se ve como los papás de Riley, como cualquier otro papá o mamá del mundo, a pesar de las buenas intenciones, se equivocan:  tal vez al quererla forzar a que coma brócoli siendo que no le gusta, a lo mejor haciendo un cambio sin explicar lo suficiente o incluirla más, posiblemente suponiendo que como es una niña se adaptaría al cambio de ciudad sin mayor dificultad porque "los niños ni se enteran" y "son felices en cualquier lado", quizás estando distraídos y no escuchándola realmente y para rematar diciendo justo lo que hace explotar la bomba... .
Optar por criar con apego, conscientemente y con respeto no te hace infalible... 
¡Estaría bien, pero no sucede! 


 Cada día aciertas, hierras, corriges y sigues caminando por este maravilloso y retador camino.

  • En séptimo lugar,  los papás dentro de sus posibilidades, procuran estar presentes en la vida de sus hijos, apoyarlos y acompañarlos en las buenas y en las malas... ¡Hasta logran crear buenos recuerdos de situaciones inesperadas o incluso adversa!


     Por ejemplo cuando Riley falló en el hockey y pierde su equipo, sus padres se acercan a ella en el árbol. Van a ella. No la dejan sola ni tampoco le echan rollos de: "no exageres, todo el mundo falla, equivocarse es de humanos, para la próxima podrán  ganar, a veces se pierde y a veces se gana, acostúmbrate, así es la vida, no es para tanto"... ¡No!,,,  Realmente la acompañan, validan y respetan sus sentimientos y logran "pintar de amarillo un recuerdo azul"...

    • En octavo lugar, quien que optan por este estilo de crianza, se reconoce  un ser mortal, limitado e imperfectos. Ven los errores, propios y ajenos, como oportunidades de crecimiento y son capaces de sentir compasión, perdonar, pedir perdón y rectificar cuando la riegan. Y a la vez, procuran que sus hijos sean resilientes, proactivos y a la vez humildes.
    • En noveno lugar, los padres que quieren criar con conciencia y con amor,   saben que deben mantenerse siempre conectados con su hijo. Por lo que antes de realizar alguna racionalización, primero validan los sentimientos. Saben que no hay que desestimar ni minusvalorar los sentimientos del otro.   
    Cuando en su mundo infantil los hijos se enfrentan a una "desgracia", cuando se les rompe su juguete, pierden un partido o se mudan de ciudad o de país le dan importancia a sus sentimientos. Reflexiona cómo te  sentirías si tus papás, o sea tus ídolos de quienes esperas todo el apoyo, te dijeran en esas situaciones: "sólo es un juguete, da igual, no se llora por eso, si tienes mil juguetes más... Cambiarse no es para llorar, agradecido deberías estar por poder estar conociendo otro lado. Al final acá harás nuevos amigos y luego ni recordarás a los de antes. Además, esta ciudad está más padre y la escuela mil veces mejor que la otra. Y no es por nada, pero para que lo tengas bien presente, si no nos veníamos no comerías, ni tendrías ropa y ni al hockey irías porque tu papá allá ya no tendría trabajo"... 



    Seguro no sentiste empatía, ni cercanía ni apoyo.. ¡Vaya! Espero que no te hayas sentido a gusto con esas frases que aunque sean o no ciertas, en realidad poco importa... Cuando se sufre una pérdida,  no se necesitan racionalizaciones, ridiculizaciones y menos minuvaloraciones. Lo que necesita tu hijo es sentir que lo entiendes. Quiere saber que sigues conectada con él.  Quiere sentir que entiendes que le cueste el que su osito se haya roto,  que está triste, frustrado y enojado por haber perdido un partido o mudarse de ciudad. Necesita oir que es normal sentir lo que siente, llorar porque extraña a sus amigos o su lugar favorito para comer...

    Si se siente conectado, después habrá tiempo de decir o hacer más cosas... 
    En el aquí y ahora lo que toca es no perder la conexión y formar con visión de futuro...
    La mayoría de las veces cuando alguien se acerca y nos abre su corazón, 
    no busca "te-lo-dijes", racionalizaciones,  ni soluciones ni respuestas. 
    En  general, lo único que se busca es una oreja que lo escuche, 
    un hombro para llorar, 
    unos brazos para ser abrazado 
    y una boca que funcione como altavoz de su interior 
    para poder escucharse en fuerte 
    y auto comprenderse 
    o auto corregirse si fuera necesario. 
    (De hecho, hay dos escenas muy buenas que ejemplifican esto: Tristeza escuchando, parafraseando y reafirmando a Bing Bong y  la mencionada anteriormente, cuando Riley falla en hockey y sus papás van a acompañarla al árbol).

    A los padres de Riley, les importaba sobretodo cuidar su relación con su hija. Ambos, eran padres presentes, comprometidos con su crianza y tenían una visión positiva de su niña, incluso cuando ella reaccionaba y actuaba "mal", hasta cuando había robado y se había escapado... Cuando la encuentran, antes que nada, buscan acercarse a ella, hacen todo por reconectarse con ella, escucharla, comprenderla, ponerse en sus zapatos, arroparla y hacerla sentir en puerto seguro.



    Son flexibles y van más allá de la obediencia ciega, inmediata y a corto plazo, saben que se tiene que bañar pero disfrutan perseguirla y se ríen cuando ella corre encuerada y con el calzón en la cabeza por toda la casa... Son pacientes, saben priorizar y dejar que aprenda de sus errores. Saben que a veces bastan las consecuencias naturales para arrepentirse, reflexionar y cambiar. Por esocuando vuelve se ahorran sermones, no le restriegan sus errores, ni la ridiculizan o chantajean.

    • Por último, el décimo punto para formar con amor es buscar el desarrollo integral y equilibrado propio y de los hijos. Por eso, los padres de Riley habían promovido que tuviera pilares sólidos:
    1. La familia
    2. Amistades sanas
    3. Ejercicio y tiempo de ocio enriquecedor
    4. Honestidad 
    5. Sentido del humor y visón positiva de la vida 

    En fin, para concluir es importante recalcar que los hijos son un regalo precioso y realmente son sorprendentes. A veces les exigimos lo que ni siquiera pueden dar o lo que ni nosotros damos o hacemos... Obviamente cometen errores, al igual que los adultos, pero a diferencia de los grandulones, a ellos no se les puede imputar gran responsabilidad, ya que se equivocan con verdadera inocencia, ignorancia, inconciencia y hasta con  cierta incapacidad o limitación para poder actuar distinto, ya que a penas están creciendo y su cerebro madurando.
    Los niños perciben más de lo que imaginamos, sienten  mucho más que temor, desagrado, tristeza, furia y alegría y no sabe qué hacer con todo eso. Tienen inquietudes y problemas que parecieran irracionales y nimiedades, pero que para ellos, son tremendamente importantes y decisivos
    para su autoestima, autoconcepto y en sí, para su vida...

    No basta "adiestrarlos" ni "instruirlos", 
    hay que aprender a mirar su belleza y riqueza interior, 
    necesitamos apender a escuchar su alma a través del brillo de sus ojos,  
    y sí debemos formarlos, pero con visión a futuro, 
    y sobretodo siempre amándolos sin límite..

    ¡Sólo entonces estaremos criando concientemente y con amor!






    miércoles, 14 de octubre de 2015

    Cambio de planes en la semana 40...PVD2C





    A continuación  les comparto la historia de una pareja compenetrada, incansable e indomable, que trabajó en equipo para lograr el parto natural y humanizado que anhelaban... 

    Tras dos cesáreas innecesarias y traumáticas, sabiendo que ella era candidata para poder hacer una prueba de trabajo de parto, decidieron intentar un parto vaginal después de dos cesáreas. Ella necesitaba sanar heridas y estaba dispuesta a hacer todo lo humanamente posible para lograrlo. Él no se quedaba atrás, también necesitaba sanar sus propias heridas y lo que más  deseaba era que su esposa y su bebé fueran tratados “bien”, como merecían, esto es como persona, con un valor infinito… Y por tanto, él  la apoyó sin titubear…

    En el parto de su primer hijo, de bienvenida al mundo de los padres y como felicitación, recibieron la primera herida de guerra… Llenos de ilusión, habían puesto todo su empeño en que la atendiera un “buen doctor”. Sin embargo, el precio fue una cesárea programada por el “buen doctor”, ya que sólo así les aseguraba que él podría atenderla. Por si fuera poco, de pilón tuvieron que soportar malos tratos, abandono y protocolos rutinarios innecesarios por parte de la institución donde estuvo ingresada.  

    La segunda herida de guerra, la obtuvieron al intentar “corregir” sus elecciones anteriores…
    Por experiencia, sabían que el término “buen doctor” a veces resulta amplio y relativo. Así que para esta ocasión, no sólo querían que la ayudara un “buen doctor”, experto en su quehacer, sino alguien que le permitiera intentar un trabajo de parto después de una cesárea y un hospital que tuviera un trato “más digno” hacia la mujer, el bebé y el papá. Por lo que decidieron que el dinero no sería una limitante y escogieron uno “mejor”.  Lástima que otras variables quedaron pendientes y/o surgieron después... El problema esta vez fue que al nuevo “buen doctor” le faltaba paciencia y estaba sujeto a los estrictos protocolos hospitalarios. Por lo que buscó razones para justificar, otra vez, una cesárea innecesaria.

    Así, tras someterse y entregarse sin mucha resistencia a la autoridad que impone la bata blanca y a los protocolos hospitalarios, con dos heridas en alma que a veces duelen más que las físicas, la vida les dio una sorpresa: la bendición de ser padres por tercera vez y con ella la oportunidad de sanar heridas, de seguir creciendo y de  luchar por “su parto” tan anhelado: “respetado y humanizado”.

    Total, como nada de lo que se viveresulta intrascendenteTras las dos experiencias traumáticas y la natural incertidumbre que conlleva la certidumbre de estar esperando otro bebé, ellos tenían claro, muy claro: que esta vez, ellos tomarían las riendas del parto y si todo iba bien,  lucharían para que fuera natural, libre de intervenciones innecesarias…

    Ahora sabían, por experiencia, que tanto un “buen doctor” como un “buen hospital” podían ser términos ambiguos y que el dinero no es suficiente para “comprar” respeto por la persona y por el proceso natural del parto. Además, estaban convencidos de que prepararse para el parto era más que la elección de un doctor o un hospital. Por lo que dedicaron muchas horas para informarse y formarse, por su cuenta y con un curso Lamaze.

    Su perseverancia en la búsqueda de un profesional de salud que les permitiera realizar un intento de trabajo de parto fue admirable. Pero  eso sí, ya no se conformaban con la imposición de una cesárea programada ni con la amenaza de cesárea si no se ponía de parto “x” día y tampoco con el típico avionazo: “pues sí yo te atiendo y ya veremos, lo puedes intentar, pero…”.

    Ahora sabían ver más allá de las palabras, 
    sabían reconocer las intenciones reales 
    e incluso eran capaces de hacer preguntas  directas,
    confrontar con asertividad 
    y respeto para exigir la verdad.

    La tormenta se desató para que al final pudieran llegar al puerto deseado… En plena semana 40, su doctora quien les había dicho que los apoyaría, les dijo que ya tenía que programar la cesárea y se los justificó al explicarles el ultrasonido.  Sin embargo, ellos fueron capaces de optar por invertir en hacer otro ultrasonido en un laboratorio externo para corroborar los resultados y poder tener una segunda opinión. Tras obtener los resultados,  fueron capaces de confrontar directa y asertivamente a la doctora, quien les confesó que si ellos seguían queriendo intentar parto vaginal ella no los atendería y que de hecho ni el hospital lo autorizaría…  

    Así que en plena semana 40 decidieron buscar otro profesional de la salud, para no someterse a procedimientos innecesarios…  Y para no hacerles el cuento largo, por obra y gracia de Dios o llámenle como quieran, todo se empezó a poner en orden. A final de cuentas, tras una lucha tenaz y con una confianza total en la sabiduría interna de la mujer y del bebé, lograron cumplir su sueño…   

    De hecho, más allá de tener la oportunidad de intentarlo… ¡Lo lograron! Tras dos cesáreas previas, su bebé nació sano por vía vaginal, más allá de la semana 40, el día en  que él estuvo listo para hacerlo y sin epidural… Obviamente, conocían los riesgos y tenían muchas ganas de cargarlo, pero confiaban en que mientras ella y su bebé estuvieran sanos, tanto su pequeñín como el cuerpo de ella eran los únicos que sabían cuándo era el momento más indicado para su nacimiento. Así que esperaron a que él decidiera nacer…

    Como la esperanza es lo último que se pierde, se armaron de amor y paciencia hasta que por fin en la semana 41 nació su angelito en un parto natural hermoso, en un ambiente privado y sin intervenciones innecesarias con una partera… Justo como ella alguna vez lo había visualizado…

    Cabe señalar que, ¡ese día también nació una mujer y un hombre renovados, sanados y empoderados!

    ¡Gracias por permitirme ser parte de este maravilloso capítulo de sus vidas!

    sábado, 2 de mayo de 2015

    3 embarazos, 3 partos, 3 experiencias: parte 2






    Finalmente les comparto  la experiencia del tercer embarazo, parto y lactancia.  Para resumirlo podría decirles que fue y ha sido un proceso:

    DE CONSOLIDACIÓN PERSONAL
    Y DE CONSTANTE ASOMBRO
     ANTE EL DON, MILAGRO Y UNICIDAD DE LA VIDA

    Definitivamente, cada embarazo y parto es único:
    • El primero, se podría decir que fue de libro, a excepción de unos meses con un dolor de cabeza tremendo que me hizo pensar que algo iba muy mal. De ahí en fuera, sólo al principio tuve las náuseas normales y al final ardor/acidez. Mi hijo nació de 39 semanas 6 días. Durante el embarazo  había subido de peso lo normal y de hecho, tras el parto bajé de peso de volada, sin rastros de la típica “pancita” y prácticamente sin estrías. 
    • En el segundo, se incluyeron a las náuseas y al ardor/acidez, unas méndigas várices en la pierna derecha. Definitivamente, cero glamourosas. Tras el parto, casi desaparecieron, pero la verdad es que sí me quedó algo de pancita, eso sí, bien decorada con estrías, suficientes para trazar las carreteras de  la República Mexicana, ¡y eso que nació en la semana 38!
    •  Por último, el tercero definitivamente dejó claro que no es lo mismo los 3 mosqueteros cuando se conocieron, que 10 años después… ¡Así que todo se acentuó! En especial las várices de mi pierna derecha eran espectaculares, parecía que traía un tatuaje de arte abstracto morado, desde  la pantorrilla al tobillo. Además, aunque me aseguraron que después del parto desaparecerían, yo creo que me conviene ir haciendo las paces con ellas, porque las veo muy bien instaladas y no tienen pinta de querer irse por completo.  Por otra parte, en mi panza las estrías ya permiten localizar destinos mundiales y hasta intergalácticos. Y bueno, los pantalones de antes del embarazo sí me los sigo “metiendo” (no poniendo), pero a veces con mantequilla y otros como chorizo embutido, pero eso sí, de que entran, entran. En fin, yo juraba que con suerte o a duras penas llegaría a la semana 38 como en el anterior embarazo, no sólo por ser el tercero sino porque a la mitad del embarazo tuve un leve desprendimiento de placenta y tuve que estar en reposo absoluto unos días y luego el resto del tiempo en reposo relativo. Pero no, aunque cuando me dieron luz verde, aplané las calles de la ciudad, desde el centro hasta Interlomas, saliendo al teatro, restaurantes y  paseos;  el niño estaba muy feliz de pata de perro con todas las comodidades de permanecer adentro: sin frío, ni calor, con luces y ruidos amortiguados y sin hambre. Así pues, ¡hizo huelga hasta la semana 41!
              El embarazo y el parto son experiencias únicas e irrepetibles,  llenas de emociones encontradas. En esta ocasión, dada la experiencia previa, definitivamente sabía que si todo iba bien, sí podía tener a mi bebé sin epidural, pero la amplia gama de posibilidades que se pueden presentar en el camino hacían que de cualquier forma permaneciera un rastro de incertidumbre ante lo que pudiera devenir.
                   En realidad, creo que siempre que nos enfrentamos a suceso naturales sabemos que no tenemos el control total de la situación, aunque sí de nuestra actitud, pensamientos y acciones frente a lo que se nos vaya presentando… Hasta la posibilidad de tener optar en el parto por un plan B o Z "necesario".
                      Afortunadamente, aún con sus peculiaridades, pude seguir con mi plan A hasta el final.  Este parto inició como yo acostumbro, semanas antes con contracciones prodrómicas fuertecillas, practique y practique, pero nada. De hecho, estuve tres semanas con mínima dilatación y borramiento, que aumentaban a paso de tortuga o de pulga. ¡Hasta pasó la famosa luna llena y nada!
                    A punto de cumplir 41 semanas,  sin saber que ahora sí habían llegado las contracciones para quedarse, llegó el tan esperado día. En la mañana fuimos a Costco, luego a comer a casa de mis papás y después a pasear a los niños al centro comercial; a jugar al árbol y a subirse al carrusel de Liverpool, a ver tiendas de juguetes y de animales, etc. Claro que a lo largo del día sentía las contracciones, pero como a veces se iban pues nada, yo seguía con mi vida normal, sin pausa pero sin prisa... Para la noche ya estaba cada vez más cansada y sentía que se acercaba el momento. Los 2 niños  se fueron con mis papás a dormir y nosotros en teoría ya para nuestra casa. Sin embargo, unos amigos nos hablaron para ir al cine y pues, ¡que me animo y que nos quedamos! Total, lo peor que podría pasar es que nos tuviéramos que salir a media película. En realidad, durante la peli se me espaciaron un poco las contracciones y llegamos a casa tipo 11pm y después de leer nos dormimos pasada la media noche.
                    En eso, a las 2:45 am me despierta una contracción de aquellas buenas y le dije a mi marido: “si esto no es el parto, yo ya no sé cuándo va a nacer, se me hace que ya me quedé de muestra”. Me metí a la regadera y  empezaron las contracciones muy frecuentes e intensas. Llamamos al doctor y nos pidió contarlas… Eran cada 2 minutos y duraban 30 segundos. Mi cuerpo me dijo que no hiciera cuclillas-squat, que me encantan, porque sentía que si las hacía, se me saldría el niño. El doctor nos dijo que nos fuéramos rápido para el hospital. Nuevamente los baches y topes me torturaron. Sin embargo, a la mitad del camino, las contracciones pararon por un tiempo dándome una breve tregua. El detalle es que cuando reiniciaron empecé a sentir deseo de pujo, cuestión normal, pero nada chistosa, ¡porque aún íbamos a la mitad del camino! Salimos de mi casa  3:30 am y llegamos a las 4 am. al hospital. Eso sí, como de todo se aprende, ahora ya teníamos  el ingreso hecho y firmado, además de haber pagado hacía un par de meses, para que mi marido entrara directito conmigo.
                    Nuevamente sentí que estaban trabajando los mismos empleados de la otra vez, los más lentos e ineficaces del mundo mundial. Me ingresaron, por protocolo, en silla de ruedas y  me iban a poner el monitor electrónico fetal, pero al decirle al doctor que tenía deseo de pujo, me pasó directo a la sala de labor a revisarme. Yo me quería meter a la regadera como en el parto anterior,  pero me dijo que mejor me revisaba primero porque creía que ya estaba completa. Cuestión que aquí entre nos, me shockeó, porque en mi estructura mental cuadriculada, tanta rapidez por nacer rompía con mis planes de trabajo de parto en la regadera. ¡Esta vez hasta había traído musiquita para crear un ambiente relajante y shalala como los de los partos que puedes ver  youtube!... ¡Y nada!
               Como todo iba tan rápido, pues sólo estábamos los 3: el ginecólogo, mi marido y yo... ¡Y yo feliz! Ni enfermeras, ni asistentes, ni pediatra, ni nadie más, ¡Yupi! Por mí mejor,  justo en el parto anterior me sentía muy incómoda con tanto espectador ahí metido. Me sentí como haciendo show en el Auditorio Nacional, estaba hasta el apuntador (literal, una enfermera sentada a mi derecha para anotar la hora del parto). De verdad que sólo faltaba el vendedor de palomitas y refrescos. Así que, ante la ausencia de profesionales, el doctor le dijo a mi marido: “¿has atendido partos?” Y él muy seguro: “pues sí, los de mis otros hijos”. A lo que recibió por respuesta: “¡¿Pero atendido? No, ¿verdad? Pues felicidades este será tu primer parto, vístete y ayúdame!”.
                    Efectivamente, ya  estaba completa, pero aún en esas prisas me dio tiempo de dudar de mí por un segundo. Obvio  no por mucho, porque rompí fuente casi inmediatamente y pues empecé a pujar. Ofreciendo cada contracción por una persona muy querida, de pronto sentí ese ardor tan característico, pero luego al relajarme empecé a ayudar a que naciera mi bebé y  volví a experimentar que es cierto que cuando dejas fluir, deja de doler. Finalmente, me dijeron que ya se veía su cabecita. ¡Y poco después, ya lo estás cargando! Entonces, desaparece inmediatamente todo el dolor y sientes una alegría y felicidad indescriptible.
                    Me conecté con la realidad y vi que eran ¡4:32 am!...¡Menos mal que me tocó en  la madrugada porque si no, con el tráfico del D.F.,  hubiéramos salido en las noticias, porque el bebé definitivamente habría  nacido en el coche!
                    Esta vez sí cargué a mi bebé en cuanto nació y no lo solté. Lo malo es que esta vez sí me dolió la remendada, porque la fregada la anestesia local no me hacía efecto y tras dos shots, ya no me podían poner más. Así que se me hizo eterna la zurcida. Por otra parte, no deja de frikearme  la inyección que te ponen para que se contraiga el útero (yo que me ahorro la epidural, entre otras por pánico a las inyecciones, ¡y de todas formas no me libro completamente de las agujas!). De cualquier forma, en esos momentos, el olor tan característico de mi bebé recién salido, me conecta a otra dimensión, su mirada clavada en mí me cautiva y se tatúa en  mi alma, ayudándome a relativizar la situación.
                    Nuevamente estaba decidida a hacer alojamiento conjunto, pero por la noche empiezan a pasar las horas con la famosa y típica succión ininterrumpida de mis hijas que me deja adolorida y la sesión de llanto incontrolable que empieza a inundarme de recuerdos pasados negativos. Así que tras whatsappear a unas excelentes educadoras perinatales, mientras esperaba sus respuestas, se me ocurre pedir ayuda a las enfermeras. Sin embargo,  su mejor solución era llevárselo y darle algo para que se calmara, porque “seguro tiene hambre”… Por suerte, esta vez ya más preparada intelectual y emocionalmente, decido junto con mi marido: buscar otra solución, ingeniárnolas,  aguantarnos o esperar...
                    Pasado un tiempo que pareció eterno, apareció en el cuarto una enfermera que supongo se compadeció. Tomó al bebé en sus brazos y se le ocurrió algo de otro nivel: ¡revisarle el pañal! Los padres súper expertos no se lo habían revisado hacía... mmm...¡Tiempo indefinido! Y claro, el pobre tenía toneladas de meconio. Tras el procedimiento de alto expertise, ella lo hizo taquito y me lo pegó al pecho, asegurándome que ahora se dormiría tranquilo. Supongo que mi cara de incredulidad hizo que ella se quedara hasta que con su mirada me pudiera decir: ¡se lo dije!
                    En fin, verdaderamente agradeces a Dios que de repente mande ángeles a la tierra… Esa enfermera no lo sabe, pero fue una pieza fundamental en el inicio de una lactancia a demanda exitosa y disfrutada. También estuve apoyada por dos amigas y educadoras perinatales que con su tiempo y dedicación me acompañaron, animaron y aconsejaron con sus mensajes de whatsapp y llamadas.  
                   Obvio no todo fue color de rosa y pasé las típicas dificultades iniciales:  dolor, cansancio o más bien agotamiento,  dudas e inseguridades frecuentes; pero al final salí victoriosa con una nueva herida sanada… De hecho, no puedo creer que ya pasaron los seis meses de lactancia exclusiva y sigo feliz… No me resulta una carga, ni me preocupa terminarla...Incluso, por justicia, tengo que admitir que ahora, siglos después, empiezo a entender a mis amigas que habían dado pecho más allá del año, a quienes admiraba y admiro, pero reconozco que en su momento las veía como marcianas masoquistas…

    En fin, pues así concluyo las otras dos anécdotas que me habían pedido que contara sobre mis partos naturales – normales sin epidural. Cabe señalar que respeto profundamente a quien elige otra opción para el parto. Sin embargo, estoy convencida que es urgente y necesario lograr que las mujeres puedan tomar decisiones informadas y sea cual sea su opción, puedan experimentar un parto respetado y humanizado.
                    Espero que estas anécdotas que he escrito generen dudas y hasta discusiones (sanas y asertivas). Ahora bien, especialmente espero que le puedan ayudar a quien está decidiendo qué camino seguir, para que sea conciente de:
    • Que cada parto es único.
    • Que sí se puede tener un parto normal - natural sin epidural y que no es cosa del pasado ni pedirlo ni lograrlo, sino lo más normal y natural. De hecho, en embarazos y partos sin complicaciones, con la mamá y bebé sanos es lo mejor para ambos según la evidencia. científica.
    • Que es importante formarse y prepararse para el parto.
    • Que es prioritario contar con un buen equipo que te vea y te trate de acuerdo con tu inherente e infinita dignidad personal, que te apoye, crea en ti y confíe en tu capacidad innata y natural para parir y por tanto, que te empoderen.

    Creo que lo más importante a abstraer de estos relatos es que las mujeres debemos conectar/reconectar con nuestro ser, aprender a confiar en nosotras mismas y a escuchar nuestro cuerpo para seguir nuestros instintos.  Se dice coloquialmente que los niños  nacen sin manual de instrucciones, pero lo que sucede es que cada mamá y cada hijo lo traen inscrito en su naturaleza individual y el único requisito para acceder a éste es conocernos y conocer a nuestros hijos profundamente... Dedicarles tiempos y estar-estar de verdad, hablar menos y escuchar más... con los oídos, con los ojos y con el alma...

    La vida es un don, un milagro y cada hijo es único e insustituible.
    El tiempo pasa volando y crecemos todos muy de prisa. 
    Por eso hay que disfrutar, valorar y grabar cada instante en el alma...