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martes, 28 de octubre de 2014

¿Cómo le haces con 3 hijos?


 


Hace tiempo que a varias amigas les he pedido que escribieran artículos sobre cómo se organizan cuando tienen más de 1 hijo. No porque exista una forma correcta, sino al contrario, porque hay mil y un maneras distintas y a veces te ayuda conocer la variedad y ver que “sí se puede”. De hecho, los tips ajenos se pueden aprovechar, aplicar, modificar o desechar, pero siempre resulta interesante conocerlos. Asimismo, las chocoaventuras de otros pueden servir para animarte, para consolarte y darte cuenta de que todos vamos en el mismo barco y vivimos situaciones muy semejantes o también para subirte el autoestima y descubrir que eres mejor madre/padre de lo que a veces te juzgas, o bien, sólo para destensarte y reírte. Entonces, esa risa te da fuerzas para seguir, ya que te deja claro que pasado el tiempo, lo que ahora parece misión imposible, mañana no sólo serán historias recordarás con una sonrisa o carcajadas, sino hasta con un dejo de nostalgia y añoranza.  
            Así que lo que viene no es un recetario, sino sólo anécdotas, a veces de una náufraga, otras de una superviviente, otras de conquistadora y otras de una extraterrestre que no sabe si realmente pertenece a este, su mundo…Y es que empecemos por reconocer que cada situación tiene su "gracia". Cuando eres primeriza te sientes sobrepasada de dudas y cansancio, sientes que tuviste trillizos. Sin embargo, la realidad es que cuando tienes al segundo, piensas lo mismo e invariablemente más de una nos preguntamos: ¿por qué sigo teniendo dudas? ¿No debería de dominar esto? Además, surge una interrogante muy peculiar: ¿no entiendo por qué antes se me hacía tan complicado, si "sólo" era uno? Lo curioso es que esto se repite cada vez que hay un nuevo integrante. ¿Ahora resulta que crees que antes no era para tanto?… ¡No!!!!!!!!... ¡No te minusvalores ni por un segundo! Es cierto que vas formando callito, pero eso sirve para algunos aspectos, no para todo. Cada bebé es diferente, igual que tú, tu marido y tus circunstancias. Además, un nuevo integrante siempre pone a prueba la capacidad de amar, de adaptabilidad y de realizar un proceso de reingeniería familiar con nuevos procedimientos, movimientos y logística.
            La llegada de un nuevo hijo es como pasar de nivel en un videojuego. P.e. en mi época era Mario Bros, sí que al llegar a los castillos y colgarte de la banderita el siguiente nivel era “lo mismo”: darte de cocos con los ladrillos para hacer puntos, sacar hongos o florecitas, meterte a túneles, coger monedita y patear patos… ¡Efectivamente, sí hacías cosas similares, pero definitivamente, no era lo mismo el nivel 1 que el 9. Cada vez había nuevos retos de mayor dificultad! Pues bueno, igual con los hijos, el cambio de 1 a 2 tiene su gracia y sus "novatadas", pro el asunto de 2 a 3 ya sube el nivel de dificultad, empezando porque te faltan manos. Además, de 2 a 3 hasta coche nuevo necesitas, si quieres cumplir con la normativa de seguridad para traer a todos en sus respectivas sillas y si quieres meter todas las pertenencias que se cargan al salir con los 3 angelitos.
            Sin embargo, es cierto que hay cuestiones que permanecen intactas desde que aparece el primer angelito: comer caliente es un lujo, ducharte e ir al baño con calma y sin espectadores es una batalla perdida, descubrirte tarareando o cantando a todo pulmón canciones infantiles o la “Let it go” de turno es algo que sucede con más frecuencia de lo que imaginas, dormir de corridito  y hasta tarde son meras utopías, porque para cuando puedas hacerlo, biológicamente no lo podrás conseguir, entre otros básicos de la maternidad/paternidad que en realidad son simplemente hechos a asumir.
            Ahora bien, yendo a lo práctico, ¿cómo mezclas las actividades de 3 hijos, de 4a, 2a y recién nacido? Pues, el chiste es lograr hacerlo, además de por prueba y error, de manera conciente, planeada y organizada e ir mejorando lo mejorable constantemente. Eso sí, sin traumarte por los tropezones inevitables que tendrás y  especialmente, metiéndole una buena dosis de humor.  Para lograrlo, hay dos cuestiones son fundamentales:

En primer lugar, RELÁJATE.
Tienes que aprender a verte a ti, a tu casa y la vida misma con los ojos medio cerrados, como por una rendijita. Esto es, ¡olvídate de perfeccionismos absurdos y de lo que dicen que debe ser! Desde el primer parto, tal vez o más bien, de seguro, ni tú, ni tus hijos, ni tu casa estarán como salen en las revistas, ni este rollo funciona como en las películas o como a tu vecina. Tú, más de una vez lograrás bañarte a medio día y salir "sólo" con una manchita que se quitó con toallita húmeda (tus mejores aliadas); pero considera normal que tu blusa favorita se manche tras un beso o un abrazo de tu chiquillo con algo indeleble y que tu reloj o collar sufran tests extremos de calidad con jalones, caídas y demás.  Asimismo, descubrirás que la decoración minimalista es incompatible con casas con hijos, a menos que los arquitectos inventen una varita mágica que desaparezca unos cuantos objetos que vienen incluidos en el pack "hijos", como: la carriola, la silla de comer, la hamaquita, triciclos, bici, disfraces y juguetes que cumplen religiosamente la ley que dice que la materia ocupa un lugar en el espacio. Además, si quieres una foto familiar con todos vestidos y peinados impecables y además sonrientes, viendo a la cámara, mejor ve aprendiendo a usar photoshop. Total que la clave para todo está en el famoso: “keep calm”. Si estás estudiando una maestría o un doctorado, también tómatelo con filosofía y hazte a la idea que su duración es el doble o el triple de la que dice el folletito. Disfruta las materias o la tesis, no las sufras. Si no puedes meter carga completa no te traumes. Y un último consejo, para llegar a tiempo a alguna reunión o cita, piensa que el evento es una hora antes, porque esos días de prisa sucede de todo, literalmente de "todo", lo imaginable y lo inimaginable.  De hecho, regresarte a cambiar un pañal de popó justo cuando acababas de cerrar la puerta es lo mejor que te puede suceder. Así que aprende técnicas de relajación y a contar hasta mil en al menos 20 idiomas, ya que tendrás incontables oportunidades para practicar la paciencia.

En segundo lugar, SACA TUS HABILIDADES DE DIRECTOR DE LOGÍSTICA DE MULTINACIONAL Y DE MALABARISTA, Y SI NO TENÍAS, INVÉNTATELAS O CONSÍGUELAS.
¿Por qué? Porque dentro de la improvisación debes tener muy claras las prioridades y planificar para que la vida no te viva sino que tú la vivas (presupuesto, día de compras, comidas, paseos, etc.).
            Así pues, lo primero  a poner en práctica es el ORDEN, que no implica rigidez inalterable, sino flexibilidad lógica y sentido común. El orden es muy importante ya que donde reina el caos toma el poder la locura y verdaderamente sentirás que tus próximas vacaciones serán en un manicomio. Es necesario conseguir eficacia y eficiencia en el funcionamiento e “intendencia”, para poder “estar-estar” con ellos, jugar y disfrutarlos; si no, los hijos son los “eternos esperadores” y empiezan a hacer “lo que sea” con tal de que les hagamos caso y poder al menos, obtener una mirada, aunque sea de furia. El orden es vital para poder atender a todos, incluyéndote a ti misma. Si te olvidas de ti no podrás ni contigo ni con nadie ni con nada.  Date tus espacios y tus gustitos, apapáchate. Después, generalmente,  la prioridad la tiene el/la más pequeño/a, pero eso no debe traducirse en el abandono de los otros. Además, a veces la prioridad puede que sea otro. Cada uno necesita, además de la atención general, un tiempo individual. Así que dependiendo las edades, puedes aprovechar las siestas, el colegio, las actividades extraescolares para estar con cada uno de ellos para hacer algo especial.

En fin,  ahora entremos a lo práctico y comentemos un día cualquiera con un recién nacido que mama a libre demanda y usa entre 8 - 10 pañales al día, que por cierto no se cambian solos, al igual que los 5 del chiquillo de en medio:
            Pues resulta que te acuestas dando pecho y amaneces igual, encuerada y empapada, cero glamour. Luego puedes colgarte al bebé en un fular para poder preparar el desayuno, dárselo a los mayores y aprovechar para peinarlos mientras desayunan. Si no tienes ayuda para tender camas, preparar comida y algo más de limpieza, definitivamente necesitas aprovechar cuando el bebé duerme  o está tranquilo en su cuna, hamaquita o gimnasio… De cualquier forma,  el primer mes es bastante complicado y lo ideal es tener ayuda.
            Ahora bien, si hay cole para uno o para los dos mayores y los tienes que llevar tú, puedes dejar las loncheras, mochilas y ropa preparada desde la noche. Al bebé puedes llevártelo en pijama, aprovechando que no sabe aún de glamour o vergüenza. ¿Y tú?, pues ya verás qué logras hacer contigo antes o después. Lo que sí es importante, es que des pecho antes de salir para que aguante el camino.
            Si el mediano no va al cole, mientras hace su siesta, puede coincidir o no con darle pecho al pequeño o que éste duerma o no, así que depende, pero si los dos caen, únete a ellos aunque sea por un rato. Si el mayor no fue al cole y necesitas acompañar al mediano a dormir, ponle un juego educativo que le bajes en la tablet, sólo por mientras.
            Y bueno para los ratos de convivencia,  la vida se te facilita con un fular, ya que hasta pueden salir a caminar mientras das pecho o simplemente duerme colgado de ti y no se enfría. Verás que el bebé va felizote en el fular, ni abre el ojo, te da un respirote y hasta haces algo de ejercicio y tomas aire fresco. Cabe recordar, que dar pecho no te hace sorda, ciega, muda, paralítica ni inútil, con un poco de tiempo verás que puedes al mismo tiempo comer, comprar, preparar sándwiches y similares, leer cuentos, cantar, jugar y mucho más.
            Por otra parte, claro que también agradeces los benditos minutos que los mayores  juegan solos, sin pelearse, esta última variable es la esencial. Eso sí, estate alerta ante posibles episodios de silencios sepulcrales. En esos momentos, en lugar de ponerte feliz a disfrutar, olvídate de preocuparte y ocúpate de encontrar inmediatamente a tus chiquillos, porque en el mejor de los casos, puede ser que los encuentres con medio bote de gel embarrado en el pelo y cuerpo o untando la vela blanca del altar de muertos en toda la pañalera negra.  Claro que darles espacio para jugar solos, además de ser beneficioso, puede traer consecuencias como las anteriormente mencionadas o incluso, actos de magia que pueden incluir la desaparición de tu celular o del candado de la entrada, pudiendo rescatar al primero cuando tu hijo de 2 años te informa que “jajaja…se mojó” porque lo metió a la tinita y al segundo, cuando el mayor te dice que su hermano lo metió en la bolsa de almendras del lunch que se lleva la abuela al trabajo.
            Así prosigue tu día, acumulando anécdotas y llega la hora del baño, en la cual, si no les has enseñado a bañarse solos… ¡Hazlo cuanto antes! Para que básicamente, sólo dirijas, supervises y  dosifiques la cantidad de gel y shampoo que se echan. Esto es recomendable si no quieres ver cada día tu baño con burbujas volando hasta tu cama o si no quieres comprar un bote de shampoo para cada día… más que nada porque puede salir un poco  caro y la piel con tanto jabón puede hacérseles delicadita. Lo que sí ayuda, es hacer del baño una actividad y dejarlos jugar ahí en la tina, en lugar de que  sólo sea un requisito a cumplir con prisas y regaños. Si no tienes tina, pon las de bebé, una para cada uno si todavía se bañan juntos, créeme que caben más años de los que te imaginas, aunque sea como sardina…
            Total que luego mientras cenan tal vez también das pecho al mismo tiempo que les ayudas a comer con la mano libre o terminas de preparar lo que falta. Después puede que vean en netflix 20 min de Dora, Diego, Umi Zoomi o algo similar y en ese tiempo aproveches para bañar al bebé y darle un poco de pecho por si no había comido. Para finalmente meter a dormir a todos o con suerte el bebé ya se durmió y quedan sólo 2…


¿Te parece estresante y agotador? Pues sí, para qué negarlo, pero fue el escenario de dificultad máxima, donde estás tú sola… Lo ideal es que no estés sola y que el papá sea corresponsable. Así él puede asumir varias de estas actividades, no que “te ayude”, sino que se haga responsable de ellas. Cada pareja sabrá organizarse, pero por ejemplo si están los dos,  tal vez él se baña primero, prepara desayuno y loncheras y entre los dos dan de desayunar, mientras tú peinas a pedido de los  clientes y luego él lleva al cole y tú recoges del cole. Por la tarde, él puede bañar a los mayores si termina temprano de trabajar  y/o al bebé que da igual si lo baña a las 9 pm o después.
            De cualquier forma cada quién sabe sus circunstancias y posibilidades, si cuenta o no con el marido, si puede o no, tener una persona de planta o de entrada por salida que les ayude o si necesita pedir ayuda a sus padres, suegros, parientes  o amigos. Lo que es un hecho y lamento informarte, es que no eres super woman y criar hijos requiere de una tribu. Así que aunque poseas las cualidades del mejor CEO del mundo y seas súper relajada y organizada, aprende a pedir ayuda y a aceptar ayuda. Es cierto, que con cada hijo descubres habilidades desconocidas y explotas tu potencial, pero también necesitas conocer tus límites y reconocerlos porque si no literalmente explotarás, te derrumbarás o te convertirás en Hulk y acabarás haciendo y diciendo, justo lo que nunca hubieras querido.
            Sea como te organices con 1, 2, 3 o más, hazlo concientemente, relájate y dedica tiempo a ti, para poder darte al 100%, que de eso va la maternidad.

La maternidad exige mucho pero da sin limites,
tu gastarte y desgastarte por tus hijos vale la pena,
es la mejor inversión que puedes hacer, por ellos y por el mundo.





domingo, 5 de octubre de 2014

Embarazo, parto y crianza: ni ocultismo, ni idealización... sólo realismo y veracidad





Con el permiso de una amiga que acaba de tener a su bebé el 24 de septiembre, les comparto el mensaje que nos envió.Me encantó, ya que me pareció súper sincero y REALISTA:

Hola!
Muchas gracias por estar al tanto de nosotros. El bebé nació muy saludable. Nosotros también estamos bien. Contentos, agradecidos, orgullosos, con salud, con infinita ayuda de nuestras mamás, cansados, desvelados, la mayoría de las veces sin saber qué hacer cuando no para de llorar, sensibles; es decir, adaptándonos a los cambios y descubriendo nuestra nueva familia. Mi admiración absoluta a los papás que nos han precedido…


¡Lo que dice es tan real, pero poca gente lo comparte así de claro!

Comparándolo con un maratón, el embarazo es sólo el calentamiento y el parto es sólo el inicio de la carrera. Entonces sí, cuando cargas a tu bebé por primera vez empieza el reto de llegar a la meta, formar hijos libres y responsables, que amen y dejen huella por donde pasen... ¡Y surgen tantos interrogantes y desafíos! Además, el chiste está en no sólo verlos crecer y “pasar” esos años duros de crianza sólo “aguantando o sobreviviendo” los kilómetros, sino disfrutándolos y viviéndolos dando lo mejor de nosotros, a pesar del cansancio o incluso dolor que los acompaña y sobretodo aprovechando cada instante que vuela.
                Evidentemente hay días o épocas más complicadas, en las cuales, seguro les ha pasado que escuchan de refilón, o de metiches, la conversación de una extra-ilusionada o “ilusa” embarazada a punto de parir y tienen que morderse la lengua para no gritar lo que está pensando: “reina, ¡no sabes en la que te has metido… no tienes ni idea de lo que te espera!!!!!”… Y vale tanto por las bendiciones y alegrías incomensurables que la maternidad conlleva, como porque es ahí cuando aprendes, como se dice vulgarmente, a “amar en tierra de indios”. Amar sin medida y sin condiciones.
                La maternidad es en realidad una carrera de vida, la  “iron mom” y es infinitamente más exigente y desgastante que cualquier otra. Con etapas de recorrido 24 x 7 y otras menos intensas, pero siempre en cualquier caso, la meta está “hasta que la muerte los separe”, así que esto es un poco más de kilómetros a recorrer que en ningún otro maratón. Además, no hay premios ni medallas y en general, ni siquiera valoración social, ya que “sólo eres mamá”.
                Parte de la minusvaloración, entre otras causas, viene de que el embarazo y parto se han medicalizado e institucionalizado, a tal punto que se les ha desterrado del ámbito familiar, normal-natural  y cotidiano que los debería caracterizar. Esto ha generado la infantilización de la mujer, ignorancia y miedos irracionales que impiden tanto una buena y asertiva toma de decisiones como una vivencia sana y positiva de la maternidad/paternidad. Así pues, desnaturalizados y además despreciados por el feminismo radical y la cultura pragmática-hedonista, curiosamente se les ha arrojado a las redes mercadológicas y de los medios masivos de comunicación, quienes paradójicamente, no sólo distorsionan más la presentación de los mismos, sino que los elevan a la categoría de “productos de consumo, inhumanos, de cuento de hadas” perfectos e idílicos.
                En consecuencia, tanto mujeres como hombres se encuentran bastante confundidos y con ideas y expectativas irreales o falsas. Así pues, actualmente hay dos extremos muy notorios, los que no quieren ni oír hablar de hijos y por otro los que su vida no vale si no tienen un hijo biológico. Por eso, es frecuente que te encuentras con embarazadas que no caben de felicidad por ser, por fin, las “protas” (protagonistas) de su propio cuento de hadas. Mientras cantan shalalalala por la vida e intentan volar cual haditas y hacer dos que tres actos de magia con su nueva mamá-vida y ese bebé que no se parecen nada a los del anuncio ni los de la series, acaban estampadas al fondo del precipicio con todas sus expectativas hechas añicos.
                Ellas se creen las mujeres con “más mala suerte del planeta” y las únicas a las que les pasa “eso” (de que su bebé llore, de tener sentimientos ambivalentes y por momentos hasta querer encontrar la oficina de “devoluciones”, de sentirse incapaces, de querer de vuelta su vida de antes: ya no digas salir, al menos bañarse sin prisas, ir al baño sola, comer caliente y sin atragantarse, poder traer el pelo suelto sin que te den unos jalones de esos que hacen historia, entrar en su ropa y regresar al glamour, porque ahora ciertos collares son excelentes para descalabrar al niño, los tacones para matar a los dos e ir pintada, peinada, con blusa planchada y limpia sin guacareadas “limpiada” con toallita húmeda, parece misión imposible, etc…). Así que están súper frustradas e inconformes con su vida “imperfecta”, con su familia “imperfecta” y su bebé “imperfecto” que no se acercan en lo más mínimo a los “productos ofrecidos y vendidos”, sin saber que todas, de una u otra forma, hemos pasado por mismo.
                No es que sea “la grinch de la maternidad”, pero sí me hubiera ayudado en mi experiencia por estos rumbos,  ¡algo de realismo, naturalidad y familiaridad! Antes, se veía de primera mano a tías, hermanas, primas o amigas parir o dar pecho, se sabía de qué iba el asunto, era algo cotidiano. Ahora las mujeres en general no tienen, previamente, experiencias vitales cercanas y reales; a lo mucho, pláticas de café, de whatsapp o virtuales, así como información brindada por nuestros queridos y entrañables amigos, Google y Youtube. Sin embargo, aun así, pocas veces se sabe a lo que tal vez se va…
                Sobre el embarazo se cree que te embarazas el día que quieres y que todo irá bien. Se sabe lo típico de las náuseas, el cansancio y las estrías,  pero y qué de la acidez, las várices y las hermosas hemorroides que se sufren tan en silencio que parece que leyendas urbanas que ni existen… Eso sin irnos a complicaciones como desprendimiento de placenta, placenta previa, falta de líquido; porque ¡no acabamos!
                Y tras el parto, creo que se sabe menos, ¡cuando en realidad es donde empieza el cuento! Todos dicen que los bebés duermen y comen, sólo algunos realistas recuerdan que guacarean, hacen pipí y popó. Pero quién te cuenta que los bebés lloran, y es normal porque así se comunican,  dejándote frecuentemente en estado “N.P.I.”, en el cual no tienes NI la más p…mínima IDEA de lo que debes hacer.  Eso sí, todos esos que dicen que los bebés comen y duermen, con mirada acusadora y con grandes ideas, pero en el mismo estado NPI, te preguntan para encender tu ira, con dulce y melodiosa voz que apenas se oye entre los berridos inconsolables del chiquitajo: ¿qué tiene?.... Y piensas, o de plano contestas: “¿Que qué tiene?... Es broma, ¿no? Si lo supiera, no estaría llorando!!!!!  
                Además, quién te cuenta sobre los estragos, cambios físicos y emocionales normales y demás situaciones que sería útil considerar:

  • Quién te dice que como principiante, tendrás tu novatada y tendrás toda clase de sentimientos encontrados, junto con tus  lindas e inseparables hemorroides, y/o unos puntos si eres de las suertudotas a las que cosieron (por la episiotomía, que no debe ser una práctica rutinaria, o por algún desgarre natural), más los famosos entuertos, la subida de la leche y el aprendizaje de la lactancia materna. Tal vez sabes lo importante que es poner bien al bebé para evitar grietas, pero quién te contó cómo te sientes con la subida de la leche, que hasta fiebre te puede dar, de qué tamaño se te ponen los senos y lo que duele cuando se prende el chiquillo cuando están tan congestionados esos primeros días.

  • Quién te  cuenta que harás equitación durante la cuarentena, montada  a caballo blanco porque te dicen que sale “un poco más de sangre que en la regla”.  ¡Poco más?!?!! ¡Claro, dicen que “todo es relativo!” Pero no…¡Los tremendos coágulos  o jugar a la hemorroisa bíblica “poquito más del mes” no es relativo!?!?

  • Quién te dice que estarás como pez en el agua, húmeda por todos lados, con fluidos propios  y ajenos. ¡Ni cuando usabas pañal estabas tan húmeda! Estarás en tu jugo y súper decorada con: leche,  sangre, gucareadas, a veces hasta pipiada y popeada con alguno que otro disparo que el susodicho realiza cual karcher mientras le  cambias el pañal… ¿A qué en los anuncios de pañales nunca sale esto? ¿Pero cada que los ves, te llevarías mínimo a 3 de los bebés regordetes y  simpáticos que salen?

Finalmente, por un lado descubres la maravilla del amor desinteresado de personas que te echan la mano y el pie en el inicio de esta etapa y por otro también te topas con el “gran apoyo social” que tiene expertise en juzgar, criticar y etiquetar. Por lo que desafortunadamente, a veces aprendes muy tarde que:
  • Tú sabes qué hacer, sólo necesitas confiar en ti y aprender a dar avionazos
  • Los niños no se malcrían por dar pecho a demanda, por cargarlos “todo el tiempo”, por mimarlos o arrullarlos
  • El rebozo o fular son grandes aliados
  • La teta es el mejor remedio para la salud del bebé, para calmarlo y para que reine la paz
  • El colecho es un gran aliado para el descanso y la felicidad en el hogar
  • Dar pecho por la noche acostada, sin levantarte ni sentarte, es “la solución” para dormir y descansar algo más
  • Por la noche, si te sientas en la cama para dar pecho sin una protección de lado, el cansancio puede vencerte y hacer que el bebé acabe besando el suelo… lo digo por experiencia…
  • Por la noche, si sólo tiene pipí, te puedes ahorrar el cambio de pañal
  • El bebé no tendrá trastornos del sueño si no se duerme a las 8 o si lo arrullas o si duerme contigo 
  • Necesitas cambiar tus rutinas y ajustarlas a las del bebé
  • Necesitas relajarte y olvidarte de estúpidos perfeccionismos
  • Necesitas ayuda y apoyo… no eres super-woman


      En fin, ni el ocultismo,  ni la idealización son sanos, no ayudan para nada. En realidad, entorpecen el camino a transitar con falsas expectativas. Definitivamente, si el embarazo y el parto volvieran a “normalizarse” y retomaran su condición natural y familiar, sería más fácil tener experiencias positivas, se favorecería el apego, la educación conciente y la conexión con los hijos. Asimismo, "de natural" te tomarías dos o tres valemadrinas diarias para confiar en ti y en tu instinto, olvidándote del “qué dirán”, de la presión y crítica social, logrando un mayor bienestar personal y familiar. Entonces, se podrían tener expectativas realistas y soluciones efectivas y eficientes y todo esto permitiría valorar en su justo valor la maternidad, aceptarla con más naturalidad e incluso con una mayor capacidad de entrega y además nuestros hijos estarían mejor preparados y formados.
                Evidentemente hay conocimientos prácticos y vitales que sólo se obtendrán en la vivencia de la maternidad/paternidad. Sin embargo, urge abrir una comunicación veraz intergeneracional para que el embarazo, parto y crianza retomen su naturalidad, cotidianidad y familiaridad. Asimismo, resulta fundamental que enseñemos a nuestros hijos a diferenciar entre dolor y sufrimiento, porque puede haber uno sin el otro. Y sí, tras el parto, te sientes como diría mi ginecólogo, “literalmente, como después de un parto”, pero si no hubo violencia obstétrica  sino un parto humanizado, apoyo y contención, habrá los dolores normales pero no sufrimiento. Tomarás unos que otros calmantes, usarás unas cremas y de paso habrá momentos que “ni modo, te aguantarás” sabiendo que cada día va a mejor, (aunque es cierto que hay momentos en los cuales no entiendes cómo se te ocurrió embarazarte). Sin embargo, todo pasa y bastante rápido en proporción a una vida.  Afortunadamente, no te arrepientes ni por un segundo y no cambiarías esos días de dolor por nada del mundo, porque tu hijo verdaderamente es una bendición.  Y sí, son imperfectos, pero si los aprendes a mirar con amor te darás cuenta de la realidad:

Son imperfectamente perfectos,
igual que tú y yo, que tu pareja, que tu familia, que todos.
Curiosamente la perfección la encontramos en la “armonía” de imperfección.

                 No cabe duda que formar a nuestros hijos es una gran responsabilidad y hay que formar hijos libres que sepan elegir y vivir la fortaleza y la perseverancia, pero sobretodo que sepan amar, porque para formar una familia y tener hijos se necesita mucho amor, desbordase en la entrega incondicional, a pesar de los pesares que son muchos desde el inicio, pero que son parte de su ser perfectamente imperfecto: una bendición inigualable y un bien social.
                El embarazo y el parto son etapas determinantes en la existencia personal y deben ser momentos de crecimiento personal y familiar. Ninguna mujer debe sufrir violencia obstétrica, todas tienen derecho a un parto humanizado. Ahora bien, dadas las circunstancias, la mujer debe buscar formarse (platicar con otras mujeres, leer, ver videos, tomar cursos buenos tipo Lamaze) para evitar tanta ignorancia y falsas expectativas para ser capaz de tomar mejores decisiones y tener una  experiencia empoderadora e imperfectamente perfecta.

domingo, 27 de enero de 2013

El cisne negro





¿A qué viene esta película en un blog de mamás???

Pues a mi parecer si viene al caso. Obviamente no voy a entrar en analizar psiquiátricamente a Nina (Natalie Portman). La película está muy dura y habrá a quien no le guste, pero a mí me encantó y no exactamente para hablar de lo pesada y manipuladora que era su madre, aunque realmente ojalá y nunca seamos así de asfixiantes con nuestros hijos.

Quedé fascinada con la idea de que una misma bailarina debía ser capaz de interpretar tanto al cisne blanco como al cisne negro y no pude sino pensar en nosotras las mamás;  mujeres, esposas, hijas, nietas, amigas y profesionistas. Creo definitivamente que es así. Tenemos que ser capaces de ser cisnes blancos y negros, en algunas circunstancias siendo más uno que otro y en otras, al mismo tiempo los dos y con la misma intensidad o distintas.

Limitándome a nuestro ser maternal, ejercemos de cisne blanco cuando buscamos ser la mejor mamá, al menos para nuestros hijos. Por eso, somos tan autoexigentes, queremos interpretar nuestro rol a la perfección, intentamos formarnos, hacerlo lo mejor posible, autocorregirnos y mejorar constantemente, porque queremos darles lo mejor de nosotras mismas. Sin embargo, hay que tener cuidado porque si nos quedamos siendo cisnes blancos, podemos perdernos de actuar muchos otros papeles y de vivir los que ya tenemos sin pasión. Asimismo, podemos morir en el intento y matarnos, como Nina,  a nosotras mismas, ya que nadie es perfecto y súper-mamá no existe ni existirá.

Definitivamente, los hijos a veces parecen robarnos la poca o mucha sensualidad que teníamos, pero ahí está dentro, sólo tienes que rescatarla y dejarla salir de tu interior. Por el bien de nosotras mismas, de nuestra relación con nuestra pareja y con nuestros hijos, necesitamos sacar al cisne negro que  llevamos dentro. Todos nuestros “papeles” requieren que vivamos con pasión aunque cometamos errores y  aunque no lo creas, nuestros hijos también necesitan ser formados por el cisne negro, imperfecto, apasionado y seductor.

Por otro lado, un punto que me parece fundamental y aplicable es el temor a ser sustituida. Olvídate y no gastes el tiempo en tonterías, para triunfar necesitas ser tú misma, ser coherente, auténtica e imperfecta. Sé mujer, madre de tus hijos, esposa de tu marido y profesionista, no intentes ser quien no eres y no temas. Deja fluir tu potencial, nadie te sustituirá ni cuando lleguen los novios/novias. No compitas con nadie por el cariño de tus hijos porque entonces sí perderás tu lugar... ¡Tú ámalos a tope y basta!