Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de marzo de 2018

Pegar o no pegar... esa es la cuestión.


En pleno siglo XXI, todavía es una cuestión debatible el hecho de pegarles o no a los hijos “para que se eduquen”…  A pesar de que se habla de la defensa de los derechos de los niños y de que esté penada la violencia de género, el mobbing y el bullying, el golpear, humillar o amenazar a los hijos, aún es ampliamente aceptado y se reduce a una opción “personal”- “amoral” que “no puede” ser juzgada como buena o mala y que puede ser “elegida libremente” según la historia personal, personalidad, preferencias educativas, las circunstancias, la frecuencia y la intensidad… Eso sí, no se te ocurra pegarle a un animal porque el peso de la ley te cae encima…
No es complicado encontrar justificaciones para educar según “la tradición de la chancla en mano” y bajo la filosofía de “más vale una nalgada a tiempo”… Empezando por el típico “hete aquí y tampoco saliste tan mal ni tan traumado”… De hecho, mientras no vivas en uno de esos países de primer mundo “súper exagerados”, que te “coartan la libertad” de poder “educar como quieras”, “puedes” seguir “escogiendo” si aplicar métodos violentos o no con los niños. Si por el contrario, ya está prohibido legalmente, “sólo” puedes recurrir a la violencia psicológica que es más difícil de probar y que incluso, en muchos casos, ni siquiera se le reconoce como tal.  En cualquiera de estos casos tendrás porristas que aplaudirán “tu firmeza”, justificarán tu actuación y asegurarán que “no pasa nada, que es por su bien”.
Asimismo, la sociedad relativista te brindará todo su apoyo y medios para que después de sorrajar y/o humillar a tus chamacos no se te vaya a ocurrir sentir ni un poquito de culpa, porque a final de cuentas “todo lo que haces como papá/mamá, lo haces con la mejor intención y por su bien”…¿¡¿¡¿¡!?!?!?… Además, ¡relájate!, porque no naces sabiendo ser papá/mamá y tampoco es que te sobre el tiempo (ni las ganas) para formarte, cuestionar o modificar tu actuación y actitud. Por otra parte, afortunadamente ya eres un adulto y, como tal, “no tienes que darle explicaciones a nadie ni pedir perdón” y menos a un escuinclillo que osa disturbar tu paz… ¡Hombre!…Algún privilegio tiene esto de tener canas, ser la autoridad y ostentar el poder… Más aún, “algo hicieron para merecerlo”…
En fin, para qué darle más vueltas al asunto cuando “¡la vida va tan rápido y haces lo que puedes… Más bien, que tus hijos se den de santos de que al menos les haces caso y de que te preocupas “tanto” por ellos, que hasta “les pegas cuando es necesario”…  Aunque “tanto amor”, pueda matar, física y psicológicamente
Por otra parte, si eres de esos “padres hippies” que están convencidos de que sí se puede formar sin golpes, deberías de empezar a reconocer que eres un iluso e idealista, que tarde o temprano pagarás las consecuencias de “tu debilidad”… Seguro tus hijos serán unos inmaduros y caprichosos, incapaces de enfrentar la dura realidad y estarán limitados para ser exitosos, porque “siempre querrán salirse con la suya” y no habrán aprendido, entre otras cosas: a someterse ante el poderoso y  a obedecer ciegamente, o bien a dominar, subyugar y humillar al débil cuando ellos sean la parte fuerte de la ecuación. Así pues, evidentemente “te arrepentirás” de no haber sido contundente cuando “tenías poder sobre ellos” para dejar claro “quien mandaba”… Total, que tus esfuerzos por educar sin golpes y sin castigos no serán aplaudidos sino demeritados por las razones anteriores o porque “no sabes lo que es educar un niño-hombre porque solo tienes hijas-mujeres” o “porque todos tus hijos eran muy fáciles y muy buenos” o “porque tienes menos hijos o más chicos”… En consecuencia, es evidente que no estás cualificado para opinar al respecto y que eso te funciona sólo a ti…
Ante estos argumentos carentes de fundamentos personalistas y realistas, totalmente permeados de sentimientos, emociones y casuística, en ocasiones parece imposible poder encontrar un “modelo” de crianza al cual apostarle… Y surgen mil dudas:
¿Se puede ser de verdad “libre” al educar con formas violentas
o en realidad queda exhibido un adulto esclavo de sus propias pasiones, entre ellas la ira,
que abusa de su poder para controlar y “bullear” al débil?
¿Es lógico y coherente enseñar a no pegar pegando
inculcar hacer el bien a través de medios intrínsecamente malos?
¿Realmente hay conductas que sólo con golpes o métodos violencia pueden ser modificadas?
¿Si es así, quién establece cuándo sí son “necesarios”, con qué y qué tan fuerte?
¿Esto garantiza que la conducta no deseada se modificará
y logra que tu hijo actúe por convicción 
o consiguen que obedezca por miedo
y que se vuelva más astuto para hacer lo que se le dé la gana sin que te enteres?
Ahora bien, ¿por qué sólo a los niños se les “puede” pegar?
¿No debería estar permitido que tu jefe te golpeara cuando no das los resultados esperados
y que tú pudieras pegarle a tu pareja cuando de plano “no capta” y “no cambia”?
¿Entonces, no debería de estar justificado que tu hijo te pegue para que entiendas
“de una vez por todas” que algunas de tus conductas o actitudes son inadmisibles?
En fin, paro … Sólo te invito a concebir a tu hijo como lo que es: un don, no un objeto de tu posesiónun regalo invaluable al que necesitas ayudar a llegar a la eternidad. Sí, tu misión va mucho más allá que sobrellevar las luchas diarias con las que enloqueces día a día, parafraseo, con las que tú decides o “te permites” perder los estribos cada día. Desgraciadamente, la violencia daña la relación entre padres e hijos y disminuye la confianza entre los involucrados. Asimismo, deteriora el autoconcepto y el autoestima del afectado, inhibe la capacidad empática, promueve la repetición de conductas agresivas y reduce la posibilidad de desarrollar formas asertivas de diálogo y de negociación.
Así que, detente y contempla tu grandeza y tu fragilidad, tus aciertos y tus fracasos, tus cualidades y tus áreas de oportunidad, tu madurez y tu inmadurez, tu capacidad para resolver conflictos logrando un ganar-ganar, tus habilidades para ser empático y tratar a los demás según sus edad y desarrollo… Porque esto puede ayudarte a ver que tu hijo no es tan distinto de ti, no es perfecto sino perfectible y comete, al igual que tú, mil errores…Sólo que al ser menor que tú, se sitúa en una posición de desventaja… Esto no es una cuestión irrelevante y su pequeño tamaño o reducido número de años no lo hace merecedor de un trato indigno.
Romper paradigmas para optar por formar respetuosamente sin golpes ni humillaciones no es tarea sencilla, exige primero que nada mucho autoconocimiento, autocontrol y coherencia de vida, así como una concepción positiva y humana de los hijos. Luego, es indispensable forjar la paciencia, ser constante y desarrollar de nuevas habilidades para poder enfocar y facilitar la solución de los retos que se presenten a lo largo de la crianza.
No es “necesario” pegar para formar ni para dejar claro “lo inaceptable y lo esperado”.  Eso sí, si decides formar conciente y respetuosamente a tus hijos o a cualquier niño, no esperes acertar en todas las ocasiones ni que siempre fluya. La realidad es que más de una vez te encontrarás pidiendo perdón y buscando rectificar… Entonces, no con culpabilidad sino con humildad busca ser crítico contigo mismo, no criticón ni permisivo para ir creciendo y mejorando constantemente junto a tus hijos y puede ser que entonces encuentres el justo medio para lograr formar con un trato digno a cada uno de tus hijos, sacando lo mejor de cada uno de ellos…

lunes, 23 de octubre de 2017

Hay de formas a formas para formar...

I


Entre ayer y hoy me quedé impactada con dos noticias de EUA que me aparecieron en el celular:

Una niña de 3 años muerta porque su mamá la pateó en el estómago y al caer se pegó en la cabeza “por no lavarse los dientes” y la otra, una niña de 9 años muerta por asfixia porque sus padres habían llamado a su sobrina para que les ayudara a educarla porque “ya no podían con ella”. Entonces, la sobrina que pesaba 147kg se sentó sobre la niña “rebelde” para “darle una lección” y cuando se levantó, después de 2 minutos, ésta ya no respiraba. 

La mayoría pensará: ”¡qué bárbaros e inhumanos! Yo nunca haría eso!”...

Ok, es cierto, pero creo que a partir de esto conviene reflexionar: 

¿Qué sí hago? 

¿Alguna vez  podría haber salido en las noticias por mi forma 
irrespetuosa o violenta (física o psicológica) de corregir a mis hijos?

¿Qué sí hago cuando “no puedo más” y exploto?

¿Cómo reacciono, qué digo y qué hago?

…Cuando después de “repetir mil veces” algo, no sucede lo que pido o sucede lo contrario.

Cuando tengo prisa y “ni me pelan”.

Cuando ya no pueden tirar más cosas porque solo queda derrumbar la casa y las visitas están por llegar.

Cuando se cayó el agua por quinta vez, se hizo pipí, rayó el sillón  y “todo” sucede justo

cuando estoy exhausta, con los nervios de punta y sin reservas de paciencia.


¿Qué porcentaje del día “sufro” a mis hijos y cuánto los disfruto?

¿Cuánto tiempo diario paso que ardo de furia, gritando y dando órdenes y

cuánto me detengo a escucharlos, a abrazarlos, a besarlos, a mirarlos con amor?   


¿Qué daños físicos o psicológicos podría estar causando a mis hijos cuando pierdo el control?

Afortunadamente no los he matado literalmente, pero...

¿Mis gestos, palabras y acciones fortalecen o “matan”

su autoconocimiento, autoestima, autorespeto, seguridad, individualidad, autenticidad, autonomía, 

espontaneidad, inocencia, capacidad manejar las emociones y resolver conflictos?


¿Qué hago cuando me doy cuenta de que "me paso" y de que debería de actuar de otro modo?

¿Me autojustifico para tranquilizar mi conciencia y poder seguir igual?

¿Pido perdón?

¿Realizo un plan de trabajo realista para ir mejorando con acciones concretas?

¿Pido ayuda? ¿A quién? ¿Busco formarme? ¿Cómo?


Criar y formar a los hijos es todo un reto y evidentemente hay muchas maneras de hacerlo. En general, la mayoría de los padres oscilamos entre medio de “lo ideal” y de “lo que nunca se debe de hacer”. A veces acertamos y otras metemos la pata. Sin embargo, es esencial que seamos capaces de distinguir que hay de medios a medios para formar y  que definitivamente,  unos son más respetuosos de la dignidad de la persona que otros. Es  inconcebible que aún en pleno siglo XXI exista una amplia aceptación de medios violentos y abusivos para "formar" (amenazas, chantajes, ridiculizaciones, culpabilizaciones, la "nalgada a tiempo", etc...) que, aunque no quiten la vida literal, atacan la dignidad y hieren profundamente a los niños dejando heridas graves y les dificultan establecer pautas de comunicación y relaciones sanas.

Obviamente nadie es perfecto, todos nos equivocamos más de lo que quisiéramos. Por eso,  debemos ser humildes para reconocer tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, así como nuestras áreas de oportunidad y nuestro potencial. Asimismo, debemos de ser  perseverantes para buscar continuamente los medios que sean necesarios para ser mejores padres.   Sin embargo,  .para poder iniciar un proceso de cambio,  primero se tienen que romper paradigmas. Así pues, los padres debemos de romper:

  • Con el autoritarismo y el permisvismo, esto es,  tanto con el sometimiento indigno  de los hijos a los padres como el de los padres a los hijos.
  • Con la justificación inmadura de que no se puede cambiar porque "así soy" o "así me educaron" y "te aguantas", porque además "soy tu madre/padre".
  • Con la desidia para autoevaluar las reacciones, acciones y omisiones negativas y/o violentas..
  • Con la pereza para formarse y para trabajar concientemenente por ser mejor madre/padre.
  • Con la creencia de que los niños son los "culpables" de que los adultos "tengan que educar así" y de que exploten como explotan.
  • Con los "shows y berrinches parentales" para "solucionar los shows y berrinches infantiles".
  • Con la aceptación social de las formas violentas, abusivas e irrespetuosas para "educar".

…¡ Y luego sorprende que aumente el bullying, la prepotencia, la violencia, la corrupción,
la insensatez y la irresponsabilidad de la sociedad!... 

Se necesita valor para reconocer que eso es lo que se  les enseña a los niños con el ejemplo.

En realidad, las “nuevas generaciones” no lo hurtan... Lo heredan..


Cambiar no es tarea sencilla, pero es lo que nos toca en la vida, ya que tenemos solo una oportunidad para  sacar la mejor versión de nosotros mismos y para ayudar a que nuestros hijos también lo hagan. Por tanto, si queremos que sean respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes, seamos respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes con ellos...



Es momento de cambiar 

para que nuestros niños sean mejores y en consecuencia, el futuro sea mejor

Para cambiar el mundo primero hay que cambiar nosotros

y nuestras formas para  formar...



martes, 28 de febrero de 2017

ARRIVAL - LA LLEGADA

ARRIVAL- LA LLEGADA
Por Luz Ma Dollero @equilibrium4mom

NOTA: ¡Contiene spoilers!…. Si quieres ver la peli, lee el artículo luego…




El otro día mi marido me dio varias opciones para elegir qué película quería ver. De cada una me iba dando una breve explicación y cuando llegó el turno de “Arrival”, mi cerebro registró:

“La llegada - de – marcianos”.

…Así que no pasó el filtro y evidentemente, escogí otra.

Sin embargo, el fin no me dio alternativas. Él había decidido que íbamos a ver Arrival, porque “estaba mega nominada por todos lados a los Óscares”. Por lo que no me quedó de otra, más que hacer un sacrificio y fumarme a los marcianos sin rechistar…  Pero, para mi sorpresa, la verdad es que sí me gustó la película, aunque se me hizo un poco lenta.

Para variar, mi cerebro racional me asaltó con algunas preguntas que les expondré antes de compartirles los tres puntos que me encantaron de la peli:

  • ¿Por qué cuando la Doctora pregunta que cómo son los extraterrestres y que qué onda con el asunto, le dicen que ya verá?... ¡Por eso el anterior que contrataron se les murió del susto!... Creo que, si la contrataron o cuasi secuestraron para ayudar a resolver el asunto, poniendo en riesgo su vida, tenía derecho a estar informada...


  • ¿En qué universidad trabajaba la Doctora? ¡Porque si su sueldo de profe le alcanzaba para esa casita espectacular con vista al lago, definitivamente, quisiera mandar mi CV!…


  • Si los extraterrestres venían en son de paz, querían ayudar, tenían un súper lenguaje avanzadísimo que les permitía conocer el futuro, ¿cómo es no se les ocurrió poner una banderita blanca en sus naves o traer su mensaje escrito en al menos en un “idioma humano”?… ¡Esto hubiera simplificado el asunto y hubiera evitado miles de altercados, levantamientos y stress!… ¡Sobre todo si ya sabían cómo somos los humanos de malos para esto de la comunicación pacífica y de tiquismiquis con lo que consideramos desconocido o diferente a nosotros? ¿O será que no tenían espejos y no sabían que nos podríamos sentir un poco intimidados con su presencia y la de sus aparatitos monstruosos? ¿O será que simplemente les divertía ver a los “humanitos frikeados”, a tope de adrenalina y a punto de hacer estallar un conflicto mundial?...


  • Por tanto, ¿realmente querían ayudar o sólo lo hacían por mera conveniencia, dado que en 3000 años iban a necesitar nuestra ayuda? ¿Los movía el bien común del universo o meras intenciones pragmáticas-utilitaristas para proteger su especie?


En fin, ¡ya paro, que creerán que no me gustó la peli!... Y la verdad es que sí me gustó y me puso a trabajar el chícharo... Les comparto los tres puntos principales que me parecieron interesantes para reflexionar:

1. LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE Y SU RELACIÓN CON NUESTRA FORMA DE PENSAR Y ACTUAR.

Sin intentar descifrar qué es primero, el huevo o la gallina, es cierto que la cultura y la lengua nos dotan de características propias y moldean nuestro pensar y actuar.  Todos sabemos que no es lo mismo hablar español de México que castellano de España, no sólo porque aquí pedimos jugo de toronja con popote y allá sería, un zumo de pomelo con pajita. Estereotipos o no, pero el lenguaje nos hace ser diferentes y actuar de diversas maneras: ahí está el mexicano dándole mil vueltas al asunto, mientras el español súper directo ya fue y vino tres veces. El mexicano adorna las frases y usa diminutivos constantemente, permitiéndole al español sonreír, sentir calidez y a la vez dudar de “tanta amabilidad” y hasta cuestionarse si el gasto de saliva y tiempo, realmente valdrá la pena. Sin ir más allá, otra palabra determinante que causa asombro e incertidumbre, no solo por el sonido, sino por su amplio significado, es el famoso “ahorita” mexicano, que abarca todo un espectro de “posible” acción: puede oscilar entre “un rato”, la próxima semana o bien, un tiempo indeterminado…

Asimismo, la profesión que escogimos y los amigos que tenemos marcan nuestro pensar y nuestro actuar... ¡Vaya, es obvio, que no hablan igual los abogados, que los filósofos, los doctores, los punkies, los artistas, los intelectuales, los liberales o los conservadores! ¡Ni hablan, ni piensan, ni se visten igual, ni perciben el mundo igual!….

Por eso, cuando estás fuera de “país” y/o de “tu grupo”, te sientes marciano o ves a los “otros” como marcianos  y se requiere realizar un esfuerzo extra y tener capacidad de adaptación y paciencia  para lograr entrar en contacto, conocerse mutuamente y conseguir que fluyan las relaciones…





2. COMUNICARSE EFICAZ Y EFECTIVAMENTE CON MARCIANOS ES POSIBLE, SI SE ES: ASERTIVO, PACIENTE, EMPÁTICO, TRANSPARENTE Y SE CLARIFICAN LAS DUDAS SIN RODEOS.

Antes de buscar extraterrestres para probar nuestra capacidad para comunicarnos, podemos empezar a practicar con los marcianos que tenemos al lado: sea el esposo/a, los hijos, familiares, jefes, compañeros de trabajo, vecinos o personas con las que nos topamos que a veces de verdad parecen que vienen no de otro planeta, sino de otra galaxia. Todos estos marcianos a veces “sacan” a relucir nuestro peor “yo” y se establecen las formas más negativas y bélicas de comunicación, llenas de prejuicios, humillaciones, ridiculizaciones, posiciones autoritarias o por el contrario, de indiferencia…

¿Y esto por qué sucede? Tal vez porque vivimos a la defensiva justo pensando que todos esos seres diferentes a nosotros son marcianos peligrosos. Tal vez porque tenemos heridas no sanadas o porque no conocemos mejores formas para comunicarnos. Y así, no llegaremos muy lejos, ni en crecimiento personal ni en cuanto a consecución del bien común. 

Debemos aprender a ver al otro, no como enemigo de otra galaxia, sino como un ser único e irrepetible y valioso de mi misma naturaleza y de mi mismo planeta (aunque a veces no lo parezca). Debemos aprender a valorar lo diferente para enriquecernos y crecer. En realidad, cuando más nos conocemos y crecemos es en el encuentro con el otro. Por eso, debemos:

Desarrollar habilidades para comunicarnos "sin trajes" y prejuicios,
con humildad, empatía, respeto, compasión y amor, 
para así  poder generar puntos de encuentro.






3. SI CONOCIERAS EL FUTURO…  ¿CAMBIARÍAS TUS DECISIONES?

¿Tú qué harías en el lugar de la Doctora?



O bueno, para hacerlo más fácil, responde con honestidad:

Conociendo tu presente, ¿cambiarías tu pasado?

Y qué tal si hacemos un planteamiento más real y posible:

¿Cuál es tu propósito, cuál es tu misión aquí?

Conociendo tu pasado y el futuro que quieres:

¿Qué cambiarás de tu presente?...

¿Cómo vivirás tu presente para poder vivir el futuro que quieres?






… En fin, ahí te lo dejo de tarea….


martes, 29 de noviembre de 2016

Revalorar la dignidad humana, lo natural y lo necesario, tanto en partos como en cesáreas



¡Qué bueno que este hospital esté logrando acercarse al porcentaje SEGURO de cesáreas, que son las NECESARIAS y que afortunadamente salvan vidas! (10 - 15%)...

Muestra que aunque sea difícil, sí se puede..

Desgraciadamente, en México el porcentaje de cesáreas en el sector privado, en algunos hospitales, alcanza el 90% y en promedio, es casi del 50%. O sea, al entrar al hospital tus posibilidades de lograr un parto, son las mismas que tendrías al tirar una moneda al aire...

Pero es que algo va mal desde el inicio y para muestra basta un botón: hoy en una conferencia de sexualidad para padres e hijas preguntaban a las chicas de 10 años, dando por supuesto que serían la mayoría, que quién había nacido por cesárea: ¡era el 80%!..

¿Será que el parto está en extinción y verdadermente es cuestión del pasado? 

¿O será que las mujeres modernas han perdido su capacidad natural para dar a luz? 

¿Habrá sido realmente necesario pasarse "sólo" el 65% del porcentaje requerido por la OMS?...

Pues ahí les dejo las preguntas al aire, el caso es que a las niñas les pasaron unas fotos de cesáreas sin problema alguno y sin que se creará ninguna incomodidad en el ambiente. En cambio, cuando iban a explicar parto, la conferencista primero avisó y pidió permiso. Un 40% de las niñas dijeron que no querían verlo, así que cerraron los ojos escondiendo su cara en los brazos de sus padres y hasta que no acabó y pasó el tiempo, se sentía el ambiente diferente.

Me parece que algo no va bien cuando resulta que una CIRUGÍA MAYOR es "normal", "fácil" de ver y de "someterse", mientras que un parto natural, para lo que estamos hechas y preparadas por la naturaleza es anormal, da miedo y hace sentir intimidado...

Obvio ni la educación ni la cultura, ni el sistema sanitario ayudan... No obstante, como persona, mujer, madre, educadora perinatal y doula es muy frustrante presenciar esto y escuchar constantemente a ginecólogos minusvalorar y ofender a la mujer que quiere parir de manera natural y sin intervenciones rutinarias innecesarias...

Sin embargo, llega un punto en el que paradójicamente escuchar a un ginecólogo decir: "si da lo mismo, no es para tanto, lo único que importa es tener un bebé sano, a final de cuentas para eso se embarazaron"... Hace traspasar la frustración y te inyecta de adrenalina para continuar luchando para que la violencia obstétrica desaparezca, para que los doctores y personal sanitario se informen y se formen, para que mujeres y sus familiares se empoderen para luchar por sus derechos, los de sus hijos y los de sus familias y para que la atención a la mujer y a su bebé se humanice. 

Por tanto,  están esos médicos y personal sanitario que por cultura y formación profesional se encuentran pensando así y utilizando mil intervenciones innecesarias, según lo que creen que es mejor para sus pacientes, quienes además no se quejan y aceptan las prácticas rutinarias innecesarias sin rechistar. Por eso es responsabilidad de TODOS cambiar esta realidad y al mismo tiempo reconocer la labor profesional, respetuosa y humanizada que SÍ realizan algunas parteras, ginecólogos y personas relacionadas con la atención sanitaria con quienes ha sido un orgullo trabajar y aprender e incluso ser acompañada en mis dos últimos partos.

En fin, el embarazo y el parto son experiencias vitales trascendentales 
para la madre, el bebé y su familia. 


¡Y no! 

No es lo mismo sentirte respetada (sea parto o cesárea), 
a sentirte tratada como vaca 
o violentada física y/o psicológicamente para "someterte" a lo innecesario. 

¡Y no!

No es lo mismo una cesárea necesaria, que una innecesaria, sin elección verdaderamente libre.

http://www.latercera.com/…/hospital-la-florida-logra-74-na…/

jueves, 25 de agosto de 2016

La violencia y el bullying se aprenden en casa PARTE 1




No sé si alguna vez te has parado a reflexionar en lo que haces y le dices a tus hijos y cómo se los dices cuando las cosas no fluyen, o sea cuando: tira el vaso de leche en el uniforme justo 2 minutos antes de salir o escupe la comida o no quiere comer, cuando se están peleando entre hermanos, cuando no se duerme tras una hora en la cama, cuando no se quiere bajar del coche y tienes prisa, cuando lleva tres horas haciendo una tarea de 5 minutos, cuando no quiere ir a la escuela, cuando se cae y llora como si le hubieran amputado la pierna, cuando se le pierde su juguete favorito, cuando está enfermo y tu agotada, cuando añoras tener tiempo para ti o te sientes mal y te descargas con ellos...

Tal vez nunca hayas podido ver la cara que pones en el momento de tensión y los ademanes que haces cuando liberas a tu Hulk, pero puedes intuir que no son tus mejores vistas. (Es importante recalcar que TÚ lo liberas, nada de que: "me hiciste perder la paciencia" y culpar al niño. La/el que  perdió la paciencia fuiste tú, el que no supo cómo mantener la calma y solucionar la situación de otra forma fuiste tú). La realidad es que sería una suerte y a la vez horrible que cada que soltamos la letanía o explotamos apareciera un espejo y una grabadora para vernos y luego poder reflexionar para establecer pautas concretas de mejora, pero no es así.  

Obvio nadie es perfecto, 
pero deberíamos reflexionar diario 
respecto a  las "formas" y "actitudes" que tenemos para "educar", 
las palabras que utilizamos, el tono, la posición corporal y facial, 
los mensajes subliminales que mandamos 
y sobretodo el impacto que tienen en nuestros niños a corto, mediano y largo plazo, 
para poder ir mejorando, creciendo personalmente 
y fortaleciendo nuestra relación con nuestros niños.
   
A veces es difícil y duro mirarse uno mismo, por lo que nos puede ayudar observar casos anónimos para ver con claridad los aciertos y errores, para generar soluciones alternativas y poder mejorar nuestra nuestra forma de crianza. A continuación expondré a modo de casos, tres situaciones observadas durante el verano, para que podamos analizar desde fuera los hechos, nunca para juzgar a las personas involucradas:


CASO 1


¿Qué tal la típica escena de “tortura infantil” en la playa o en la alberca acompañada de amenazas, chantajes, sarcasmo y hasta burlas?...  
En la cual, un adulto con "buena intención" obliga su hijo apanicado a meterse al agua a la fuerza. O bien, el adulto “obligando” al niño a nadar sin flotis "para que aprenda", a pesar de que el pequeño no quiere, por miedo o porque se siente inseguro y suplica que lo ayuden y lo saquen... Pero en lugar de sentirse escuchado y recibir la ayuda de quienes más quiere y confía en que lo "salven", solo escucha que le dicen para "motivarlo" con una sonrisa: "no pasa nada, no seas rídiculo, mira ese niñito chiquito ya sabe y tú no, no seas chillón, no te volvemos a traer de vacaciones nunca, si no nadas y dejas de llorar vas a poder comer postre/dulces", etc...Y entonces, surgen varias interrogantes:

¿Las amenazas, chantajes, el sarcasmo y las burlas realmente "motivan" 
o intimidan, someten y coersionan la libertad?

  ¿De verdad no pasa nada?... 
...Porque el niño siente que sí está pasando algo, que de hecho no le gusta...

¿Para ir de vacaciones  tiene que gustarte nadar o saber nadar?

¿Qué relación tienen los postres con nadar?
¿Los niños que nadan pueden comer los duces que quieran?
 ¿Comer o no comer dulces es la consecuencia de nadar o no nadar?...
Si es así, la dieta de Phelps, campeón olímpico, ha de consistir en postres y más postres.

¿Qué es más importante: saber nadar o respetar a la persona?

¿A todos tiene que gustarles nadar?
¿Todos los adultos disfrutan nadar o saben nadar?
¿Entonces por qué a todos los niños les debe gustar nadar o deben saber nadar?

¿Hay una edad límite para aprender a nadar o cuál es la urgencia para que aprenda este verano?
¿Realmente se está divirtiendo el niño en "sus" vacaciones?

¿Al niño podría haberle gustado meterse al agua o aprendido a nadar a través de otras formas?
¿El niño obtendrá un “aprendizaje significativo” positivo o un trauma significativo?

¿Acaso el niño es víctima de un abuso y maltrato por parte del fuerte sometiendo al débil?
¿Será este caso un ejemplo de una forma "socialmente aceptada" de bullying", 
donde el adulto le da al niño  una lección práctica de iniciación al arte del bullying?


CASO 2



Cuando vas a un parque de diversiones infantil, pongamos Kidzania, da tiempo de presenciar escenas complicadas de abuso infantil. Amenazas, chantajes, ridiculizaciones, burlas van y vienen por cuestiones irrelevantes cuando los niños no quieren hacer o participar en algunas de las actividades ofrecidas que los papás consideran divertidísimas y que "no se deben perder".  Esto ocasiona dramas, "berrinches" y derrame de lágrimas; cuando se suponía que se lleva a los niños a pasársela bien.

Contaré uno que me tocó presenciar en el juego de hacer paletas heladas: el encargado les da a los niños, además de la malla para cubrir el pelo, un disfraz de delantal y gorra roja antes de empezar a explicarles cómo van a hacer su paleta helada y de darles el material necesario. No sé por qué, pero ni mi hijo ni otros dos que entraron querían ponerse la gorra roja... Por algo será... ¿Quién sabe que sienten o piensan en sus cabecitas?

Así que le regresamos dos al muchacho, pero una chiquilla no corrió con la misma suerte.  Le fue como en feria por no acatar la orden de sus papás de ponérsela. Si ya lloraba, el llanto se fue haciendo peor conforme la obligaban a ponérsela, la amenazaban y la chantajeaban con irse y con que nunca más lo llevarían ahí porque era una necia, desobediente y chillona. Además de ridiculizarla comparándola con todos los “niños buenos” que sí se la ponían y explicándole lo fea que se ve llorando y haciendo berrinches… Y surgen varias dudas:

¿Si se trataba de que la escuinclilla se divirtiera haciendo una paleta helada,
qué más daba que se divirtiera haciéndola con gorra o sin gorra?
¿Acaso si no se la ponía la paleta no se congelaba?
¿Quién estaba realmente haciendo un berrinche la pequeñita o los papás?

¿Qué le enseñaron? ¿Qué aprendió? 
¿Que no se pueden cuestionar las órdenes de los adultos?
¿Que lo que ella piensa, siente o quiere no es tan importante como "obedecer a ciegas"?
¿Técnicas de "bulleo"
para lograr que quien no quiere hacer algo irrelevante se someta ante los deseos del fuerte?


CASO 3

 

Y así lo anterior se repite con las benditas botargas, magos o payasos infantiles que en ocasiones, en lugar de divertir al niño en cuestión, le causan un ataque de ansiedad, pánico y pesadillas. A veces las razones permanecen siendo un misterio inexplicable, otras con razón, ya que no parecen ni parientes lejanos de Mickey, Batman o Elsa de Arendelle sino hermanos de Chucky y Eso. ¿Será que a algunos chiquillos les impacta ver a sus ídolos que en la tele se ven planos y chiquitos convertidos en gigantes?  Quién sabe,  pero es un hecho que algunos niños lo único que quieren es mantenerse a una distancia prudente de 1km de distancia como mínimo. Es entonces que surgen las diferencias...

Invariablemente se puede observar a los padres desesperados porque su escuinclillo no quiere ni acercarse al monigote. Como mucho lo mira de reojo, pero una foto con la botarga resulta misión imposible. Así que los padres, quienes han invertido tiempo y dinero para cumplir SU sueño (no de su hijo), emocionados e ilusionados por tener una foto de su angelito con el susodicho, lo "convencen" (o más bien, obligan) con buena intención. Así pues, sacan la artillería para lograr por todos los medios posibles que pose el tiempo suficiente para que entre lágrimas, ridiculizaciones, burlas, chantajes, amenazas y unos mil disparos puedan conseguir una foto digna para colgar en Facebook... ¿Para poder mostrar a la "familia feliz" y la gran felicidad de su hijo?... Curiosamente a veces logran sacar una foto en la que hasta parece que el niño estaba extasiado… Y surgen las preguntas:

¿Realmente es necesaria o indispensable "la foto"?
¿No tenerla causa una enfermedad o problema grave?
¿No se pueden divertir, ser felices y tener buenos recuerdos sin sacarse la foto?

¿Qué es más importante la tranquilidad y la felicidad del niño o “la foto”?

Tal vez el niño cuando crezca y vea la foto no recuerde concientemente los hechos reales,
pero lo que hacemos deja huella, se queda en el alma y en el inconciente...

¿Al final qué le enseñaste, qué es lo que aprendió el niño?
¿Que hay que tomarse fotos aunque no quieras para tener un recuerdo inolvidable?
¿Que si no quiere hacer algo tienes que ceder y aceptar si te lo ordena un adulto?
¿O que cuando quiera algo de alguien más débil puede obligarlo a través del bullying?

En fin, estas son escenas aisladas. de situaciones concretas muy notorias. Sin embargo, si analizamos honestamente nuestro actuar diario, sin justificaciones absurdas, podemos encontrar momentos, conversaciones o acciones tal vez más sutiles, pero igualmente no formativas, irrespetuosas e impulsoras del bullying, que devalúan y someten a la persona, que niegan sus sentimientos y percepciones; dañando su autoestima, aplastando su individualidad, vulnerando su intimidad, disminuyendo su capacidad de darse a respetar y de decir ¡no! a abusos de cualquier tipo y de luchar por sus convicciones.

Afortunadamente,  se ha ido permeando la sociedad con “nuevas” formas de crianza. Se ha pasado del autoritarismo y del permisivismo, a buscar como ideal el formar conciente y positivamente a los niños; partiendo de que son personas únicas e irrepetibles, igualmente dignas y merecedores de respeto que los adultos, sin que eso signifique dejarles hacer todo o que renuncies a tu rol de padre/madre. 

No obstante, se sigue cayendo frecuentemente tanto en casas, escuelas y demás instituciones en utilizar técnicas falazmente llamadas “educativas”, en lugar de “técnicas abusivas de control y adiestramiento infantil” (amenazas, chantanjes, violencia física y/o emocional, etc.). Éstas a corto plazo a veces parecen servir, pero a largo plazo causan heridas profundas que repercutirán es sus vidas e impiden que se rompan los ciclos de violencia. Asimismo, en el lugar de formar personas libres y responsables, se produzcan robots-borregos, individualistas, fríos, cero empáticos, incoherentes y fáciles de manipular. A estos entes no les preocupa ser auténticos sino ser aceptados, ni hacer lo bueno simplemente porque es bueno, en realidad su actuar se limita a dirigirse hacia donde ganan “estrellita”, reciben premio y evitan castigo…

Claro que es difícil la crianza y que nos equivocamos más de lo que quisiéramos, no somos perfectos y nadie lo espera... Por eso, mientras no estemos 3mts bajo tierra, existe la posibilidad de mejorar continuamente y de pedir perdón. 

Ahora bien, lo preocupante es que aún hay defensores de formas irrespetuosas, abusivas y violentas (física o psicológica) para educar al menor. En mi opinión, esto sucede en primer lugar porque el papel todo lo sostiene pero falta formar a los adultos (quienes justamente hemos sido educados muy diferente), romper paradigmas y crear ambientes propicios. Cambiar cuesta, exige mucha humildad, valentía y esfuerzo continuo para reconocer y reaprender lo que sea necesario. En segundo lugar, una crianza conciente, respetuosa y positiva es muy exigente e implica más trabajo, incluso de mejora personal continua.

En fin, la gran mayoría de padres de familia 
tenemos buenas intenciones y queremos lo mejor para nuestros hijos. 
De hecho, soñamos con un mundo mejor, sin guerras ni bullying, 
pero el cambio no llega con solo desearlo y esperarlo. 
Hay que trabajar 
y el trabajo empieza por uno mismo y luego por nuestras familias 
y la forma en que educamos a los adultos del futuro. 
Dicen que las palabras convencen pero el ejemplo arrastra, 
así que si queremos niños que sepan establecer relaciones sanas, 
que no sean bullies activos ni bullies pasivos (observadores), 
empecemos por no bullear a nuestros hijos, 
por tratarlos con respeto y según su dignidad.