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viernes, 30 de agosto de 2019


#TipPorSiTeSirve
#NiñosLavarseDientes
Cuando alguien entra a mi cocina invariablemente se queda con cara de “what?”: ¿Qué hacen los cepillas de dientes de los niños aquí?😳😳😳

Muy fácil: se lo copié a una amiga y ¡es lo mejor!!! Muy lista ella...

1. En cuanto acaban de desayunar, comer o cenar y se lavan los dientes ahí mismitito. El que estén los cepillos en el fregadero ayuda a ahorrar tiempos y movimientos... Así, no se pierden divagando en la inmortalidad del cangrejo en el trayecto que va de la cocina al baño para lavarse los dientes. Todos sabemos que a mayor distancia, mayor es la posibilidad de que no lleguen a lavárselos...

2. Ademas, el que los cepillos estén en la cocina te permite supervisar/verificar perfecto que: sí se los laven y que se los lave bien.

En fin, he ahí la razón de que los cepillos estén junto a los dispensadores del jabón para los trastes y del jabón para las manos😉

martes, 24 de abril de 2018

Consejos de los hermanos "mayores" a su hermanito


El otro día estaba escuchando a tres hermanitos mantener una conversación seria:
     El más pequeño de todos afirmaba que en la escuela había pasado algo “muy mal”: un compañerito no lo dejaba entrar a los juegos.
     El hermano mediano, de 6 años, le dice indignado: “¿Y cómo es que no me dijiste para ir a hablar con el niño y defenderte?” A lo que el mayor, de aproximadamente 8 años, inmediatamente dice (dirigiéndose al mediano): “Espera, el próximo año no estarás en su recreo para ayudarle… (Y dirigiéndose al pequeño). Así que mejor recuerda que primero debes defenderte solo y decirle que todos pueden jugar, que él no manda. Y si sigue molestándote, vas con la Miss porque ni modo que te acostumbres a gritar ‘hermanoooooooo’, cuando en unos meses no te va a poder ayudar”.
     Tras un breve silencio, el hermano mediano cuestiona al hermanito pequeño: “Es cierto, ¿por qué no le dijiste a la Miss?”… A lo que el pequeñín de 3 años responde: “Pues… porque de verdad fue feísimo”…  Y entonces, concluyen los mayores: “Bueno, pero siempre que estemos por ahí también nos dices, ¿eh?”…
     La verdad me dio mucha ternura escucharlos y ganaron toda mi admiración con su profunda disertación.
Evidentemente, esos chiquillos se han de pelear más de una vez como cualquier otro hermano, pero tienen claro que una cosa es que ellos se molesten y otra, que algún otro “individuo“ perturbe la paz de uno de ellos. Definitivamente, se percibía un verdadero amor fraternal. Además, se podía observar que estaban seguros de poder:
  • Expresar libremente sus sentimientos y pensamientos.
  • Contar con el apoyo y ayuda de ellos.

     Asimismo, todos coincidían en que esa situación era inaceptable y que tenía que buscarse una solución.
     ¡Realmente, a su corta edad mostraban una sincera actitud empática y proactiva! Sin embargo, lo que más me impactó fue la visión de futuro para “darle herramientas” al hermanito para que pudiera valerse por sí mismo, ¡cuando ellos no pudieran estar!… ¡Divinos!...
No cabe duda de que los niños son nuestros pequeños-grandes maestros…


También publicado en Diario Nueva Visión

viernes, 13 de octubre de 2017

6 puntos para viajar "sola" con 3 niños pequeños



La monotonía en la vida familiar a veces se rompe inesperadamente. De pronto, una oportunidad irrumpe y exige que la tomes o la dejes sin consultarlo con el cerebro izquierdo, racional y financiero. Créanme que para alguien perfeccionista y controlador no resulta sencillo aventarse de un día para otro a viajar “sola” con 3 niños, en una aerolínea de bajo costo, con sus correspondientes altas restricciones, para alcanzar al marido que estaría trabajando de tiempo extra-completo. Cuestión que implicaría cuidar a los 3 chiquillos “sola” en el sol, arena, mar y albercas por 3 días consecutivos, para luego poder disfrutar otros 3 días en familia con la responsabilidad compartida.
                 No sé qué tuerca se me zafó o si tuve una regresión hacia la inconsciente adolescencia, pero amanecí y se me cruzó por la mente la posibilidad de hacerlo. Así que empecé a checar la viabilidad de la locura y pasado el mediodía le llamé a mi marido para comunicarle mis negras intenciones. No sé si fue el trabajo excesivo o qué, pero respondió que sí sin rechistar y pues compré los boletos de disque “ofertón” para ir a la playa que está justo en el estado donde no paran las réplicas de los sismos… ¡Sí lo sabía antes de pagar!, pero creo que sufrí un desajuste hormonal que me nubló la razón ese día.
Total que la aventura inició consiguiendo que alguien me llevara el día siguiente temprano del pueblo a la ciudad para tomar el avión. La complejidad del asunto estribaba en que el susodicho no me botara en la entrada del aeropuerto, sino que me acompañara a documentar y que se fuera hasta que me metiera al área de las salas de embarque.
Cuando resolví ese asunto y regresé de recoger niños de las actividades extraescolares, procedí a mantener una Junta de Consejo con los “pequeños socios” que llevaban la mitad de su vida preguntando: ¿cuándo vamos a la playa?...  Por fin, el “un día de estos” había llegado… Obviamente, no cabían de la emoción y tuve que poner orden rápidamente para que no sacaran todas sus pertenencias en menos de 2 segundos. Retomado un poco el control de la situación, les informé sobre los pasos que tendríamos que realizar desde ese momento hasta que volviéramos a casa. Asimismo, les expliqué claramente los riesgos y las medidas de seguridad a tomar en cuenta, pero sobre todo explícitamente les solicité su cooperación y obediencia máxima, incluso con ejemplos prácticos. Hice hincapié especialmente sobre el viaje de ida y los días en los cuales estaríamos “solos”, viendo a su papá sólo para dormir…
Sellado el compromiso, había que conseguir que, entre la euforia y el cansancio del día, cenaran en un minuto y desaparecieran del mapa para poder enfrentar el siguiente reto: hacer una, ¡una maleta de 158 cms lineales que no pesara más de 15kgs!  En ésta tenía que caber todo lo indispensable y necesario para su servidora y los 3 angelitos de 7, 5 y 3 años, más los trajes de baño del galán y sus chanclas… ¿Por qué? Porque aunque podíamos llevar cada quien dos maletas de mano, como podrán comprender “no soy un pulpo” capaz de llevar mi bolsa, 3 chamacos y 8 maletas de mano. Por otra parte, aunque se pueden comprar “upgrades” para documentar más maletas, cada kilo extra te acerca a viajar a precio de “business class” pero en un “pollero” con alas. Por lo que decidí que sólo mi boleto incluiría una maleta para documentar, y pues heme ahí haciendo milagros.
Al día siguiente había que salir con tiempo porque la hermosa Ciudad de México es una caja de sorpresas. Así que me levanté temprano para arreglarme y poder poner las sillitas de los niños en el coche junto con la maleta y demás triques, tener el desayuno listo y recoger un poco el caos generado por el abrupto arranque de espontaneidad… Sólo que entremedio hubo un pequeño contratiempo que se aunó a las pesadillas que había tenido durante las pocas horas en las que pegué los ojos… Sufrí un ataque de histeria porque se me ocurrió checar el clima del destino y que me aparece en los primeros resultados de la búsqueda el siguiente título: “Alerta de tsunami”. ¿¿¿¡¡¡!!!???... Miren que suelo tener amansada a la fiera que llevo dentro y sé esconder bastante bien los nervios, pero ese día entré en pánico. Por lo que llamé a mi marido para informarle que no me iba y que no me importaba que se perdiera el dinero. Sin embargo, entre él y una amiga me terapearon y decidí seguir con el súper plan improvisado hacía menos de 24hrs poniéndonos en manos de Dios.
Afortunadamente llegamos bien al aeropuerto, pero eso sí, al poner un pie debajo del coche me convertí en mamá gorila con mi baby chango a la espalda, gracias la mochila porta bebé que le pedí a una amiga ese mismo día al salir de casa y me hizo el gran favor de prestarme.  Ahí iba yo con los chicos, uno en cada mano y el otro en la espalda, mientras mi bolsa colgaba del cuello cual cencerro de vaca… Sí, ¡sé lo que estás pensando!... Cero glamour... Efectivamente no era un momento Pinterest. Pudimos documentar sin colas ni espera alguna. Nos despedimos del ángel de la guarda que nos llevó y entramos al área de las salas de embarque.
 Tuvimos que realizar una parada técnica de urgencia en el baño, donde me metí con todos mis chilpayates al designado para personas con alguna discapacidad. Alguno pensará que qué inconciente, pero ¡no! No es abuso ni inconciencia. De hecho, los baños públicos son uno de los muchos lugares que no consideran lo incapacitada que está una mamá (o un papá), sin rayos x ni súper poderes, para vigilar a través de las puertas a sus hijos mientras ella/él va al baño o cuando tiene que cuidar a más de uno. En realidad, estoy convencida de que junto al logo de la silla de ruedas deberían de estar dibujaditos una mamá y un papá con escuinclitos. Eso sí, quiero reconocer que la señora de intendencia que estaba limpiando fue súper amable, me echó una mano y hasta les dio sus consejitos a las niñas de que no me soltaran, etc., cuestión que agradecí porque reforzó lo que yo les había dicho el día anterior.
En fin, al no estar asignada aún la sala de embarque caminamos sin rumbo fijo para localizar un restaurante en donde pudiéramos comer y esperar, que estuviera limpio, sin mucha gente y que pareciera seguro. Encontramos uno que superó mis expectativas, no tanto por la comida sino por el excelente servicio para facilitarle la vida a las familias y para atender pacientemente a los niños, aún sin ser éste su giro.
Obviamente tuvimos que volver a visitar el baño antes de dirigirnos a la sala de embarque que estaba exactamente en la punta opuesta de donde estábamos. Así que trepa por milésima vez a baby changuito en la espada y a caminar a velocidad olímpica para que no nos fueran a cerrar la puerta de embarque en las narices.
Finalmente, llegamos a la recta final de la primera meta y nos subimos sanos y salvos al avión. La verdad, aquí entre nos, hasta parecía que nunca saco a pasear a mis hijos… Entraron a conocer la cabina, se tomaron foto con el piloto, preguntaron hasta lo inimaginable, sacando a relucir mi ignorancia y dejando en evidencia que los adultos perdemos curiosidad y dejamos de hacer extraordinario lo ordinario...
Aterrizamos y a bajar la escalerita enclenque con el baby chango a la espalda y los otros dos enfrente para recoger en las bandas a mi cuarta hija: ¡la famosa maleta de 15 kgs! Nos subimos al taxi y al ver el hotel por fin respiré diferente, pude verme cruzando triunfante la primera meta cual atleta de alto rendimiento…Y entonces, a cambiarse y directo a la playa sin descanso alguno… “A por” la segunda meta: disfrutar sin mayores percances 3 días de vacaciones “sola”… ¿Masoquismo? Pues no, aunque no lo crean, me fue muy bien esos 3 días “sola” con ellos. De hecho, no es por presumir, pero ahí sí que podría haber sacado varias fotos dignas de Pinterest, lástima que mi celular permaneció aprisionado en la caja fuerte el 90% del tiempo al declararme incapaz de cuidarlo.  
En fin, gracias a Dios todo fluyó y salió mejor de lo que imaginé. Si me preguntan cuál creo que es la clave del éxito les diría que es:

Conocerte y reconocer tus límites,
ser realista y tomar en cuenta las edades de tus hijos y tus circunstancias
para pedir y aceptar toda la ayuda que sea necesaria
y tomar las medidas de seguridad adecuadas.
Sin embargo, tomada la decisión,  
es fundamental no creerte la mentira de que estás viajando sola,
estás viajando con tus hijos
y por lo tanto,
los tienes que incluir para que se responsabilicen y colaboren.


¿Cómo?

1.       Explicándoles lo que va a ir pasando y las situaciones que probablemente sucedan.
2.       Compartiéndoles tus miedos y necesidades.
3.       Pidiéndoles colaboración y responsabilidad según sus posibilidades.
4.       Siendo firme en el fondo y suave en la forma, para que siempre sepan que sí y que no.
5.       Confiando en ellos y creyendo que son capaces de mucho más de lo que imaginas.
6.       Agradeciéndoles sus buenas intenciones y las pequeñas acciones que realizan para colaborar.

En realidad, ellos saben que no tienes ojos en las pompas y que no eres la Mujer Maravilla, aunque a veces tú intentes demostrar lo contrario. Has memoria de cuántas veces te ha pasado que por fingir que puedes con todo acabas ahogándote en un vaso de agua.
Por lo tanto, si por alguna razón vas a viajar “sola” con tus niños, reconoce tus limitaciones y que no vas sola, vas con ellos, así que ¡inclúyelos! No los minusvalores ni los hagas sentir un estorbo y una carga. Los adultos necesitamos romper paradigmas pesimistas, materialistas, utilitaristas y conductistas que tenemos respecto a los niños. Urge modificar la visión que tenemos de nuestros niños. Ellos no son malos, chantajistas ni manipuladores. Ellos son buenos y les encanta sentirse útiles y “grandes”. Necesitan que los mires como personas buenas e inocentes que son, dispuestos a todo por ti que eres su ídolo. Realmente su actuar depende mucho de cómo los mires, los consideres y los trates.

No obstante, es normal que sientas miedo de viajar “sola” con ellos, la verdad es que es toda una aventura extrema. Evidentemente lo ideal es ir acompañada, pero a veces parece que la vida desconoce “lo ideal”, se aleja tanto de éste que sólo queda enfrentar la realidad con prudencia y valentía como viene y con lo que viene. Eso sí, en todo momento mira al cielo y encomiéndate. Te aseguro que si lo haces podrás ver y sentir Su mano bondadosa que no sólo no te deja ni un instante, sino que te carga en sus brazos amorosos a ti y a tu tropa sin soltarlos ni un segundo... Por ejemplo, entre muchas otras que sucedieron, permitiendo que nos encontráramos inesperadamente en el mismo hotel a unos amigos con quienes pudimos compartir y disfrutar al menos la tarde del día que llegamos y el medio día siguiente, haciendo que se disminuyera un 50% el tiempo que hubiera estado cuidando "sola" a los niños... Increíble, pero cierto...
En fin, gracias a todos a aquellos que hicieron posible que esta aventura tuviera un final feliz…


PD. Para no hacer el cuento más largo y porque merece un reconocimiento especial, no incluí un hecho clave que permitió que tomáramos el avión el día planeado, a la hora planeada... Resulta que mientras íbamos en la carretera a punto de llegar al aeropuerto, casi muero de un infarto cuando mi mamá me informó que mis boletos de avión eran para el día siguiente... ¿Cómo? ¡No podía ser! ¡Si justo por eso me iba con esa aerolínea, porque era la única que tenía lugar para volar ese día!... Esperando que fuera un problema severo de miopía de mi madre, saqué los boletos para leer con atención la fecha de salida, pero efectivamente ¡el vendedor se había equivocado y no me había percatado!... En realidad, tras comprarlos solo verifiqué que llegaran los archivos a mi cuenta de correo y en la madrugada, al terminar de hacer la maleta solo los imprimí para no pagar lo que te cobran si no los llevas impresos. Obviamente, como se podrán imaginar, entré en shock e inevitablemente pensé que era "una señal" de que no debíamos ir si no queríamos morir... No obstante, llamé inmediatamente a la aerolínea para explicar lo sucedido y sé que es inconcebible pero ¡me hicieron el cambio sin costo alguno y sin rechistar!...¡Les digo que Él nunca me deja, siempre me echa una mano! En fin, esto contradecía "la señal" anterior, parecía que se volvía a poner todo en orden... Por tanto, ¿sería una señal de que sí debíamos ir?... ¡Qué nervios!... ¡Qué paranoia!... ¡Qué esquizofrenia!... Menos mal que el stress no me dejó pensar más y que con todo el rollo, casi al colgar, ya habíamos llegado al aeropuerto. Así que tan solo quedaba seguir con "el plan"... Ahora bien, debo de reconocer que fue uno de esos momentos de la vida en los que valoré muuuucho a mi mamá. Es increíble que le importe tanto como para leer bien y con detenimiento el boleto que le había mandado hacía unas horas adjunto en un mail, solo para que supiera fechas y datos necesarios por si moríamos en la aventura y tenían que rescatarnos... Definitivamente es una bendición tener todavía a mi mamá cuidándonos incansablemente....#GraciasMamá  



Artículo publicado también en Nueva Visión:  http://bit.ly/2j63Yuf

sábado, 16 de julio de 2016

Cuando a tu hijo le cortan las alas





Confesiones de una madre con insomnio por tener sentimientos de culpa...

¿Qué haces cuando no puedes dormir porque la regaste como mamá?

¿Cómo descansar en paz cuando le fallaste a tu hijo?

Y duele más porque sí podría haber sido de otra manera, porque sí se acercó días antes y desilusionado me contó que "no lo dejaron escoger la profesión que quería porque se repetía"...

¿Y qué hice ese día?... Lo típico...Decirle que ESO ESTABA MAL, QUE PODÍA SER LO QUE QUISIERA, QUE NADIE LE TENÍA QUE DECIR LO QUE TENÍA QUE SER DE GRANDE... Bla, bla, bla...

Obvio pensé ir a preguntar que qué onda, pero entre mil cosas, lo dejé así y me arrepiento...

...Porque hoy tuve que escuchar a mi hijo decir en público y como lorito 
que "quería ser" lo que en su vida ha mencionado....

Obvio me sentí mal de no haberle dado más importancia al asunto, porque parece irrelevante, pero no lo es. Quiero enseñar a mis hijos a DEFENDER SU INDIVIDUALIDAD Y A LUCHAR POR SUS SUEÑOS...

Además me sentí peor porque podría haber hecho algo, hubo tiempo de sobra... ¡Podríamos haber llegado a una solución juntos!!! ¡Si hubiéramos!!!!! ¡Si hubiera!!!!!, pero como el hubiera es de tontos he llegado a la conclusión de que tengo que:

  1. Escuchar a mis hijos con más atención y evitar restar importancia a lo relevante
  2. Impulsarlos a encontrar soluciones para ser coherentes con sus ideales y a luchar por sus sueños, aún cuando tengan al mundo en contra
  3. Actuar, si es necesario,a pesar de los pesares y de los miles de pendientes, ya que a final de cuentas, mis hijos son mis mayores pendientes...
  4. Y a dormirme yaaaaaa, porque todos cometemos errores y porque tampoco es el fin del mundo... Ya me encargaré de tener una charla y a la larga hasta quizás agradeceré que le haya pasado esto a estas alturas de su vida,  para que nunca más le pase...

Y así, entre otras decisiones, cuando en un futuro esté escogiendo carrera y le digan que para qué estudia eso si se va a morir de hambre o que hay demasiada competencia o que es muy cara esa universidad, sepa qué responder o qué hacer para conseguir sus sueños con inteligencia, perseverancia y creatividad para lograr ser el mejor en lo que decida hacer y ser feliz...

Definitivamente de todo se aprende en esta vida....

martes, 29 de marzo de 2016

Consecuencias de hacer caso omiso del silencio


...Cosas que pasan...
cuando haces caso omiso del "silencio", 
con tal de poder terminar lo que decidiste que tenía que hacer, 
independientemente de los daños colaterales  que pudieran suceder...

Aunque sabes lo que implica ponerte a guardar cosas en la bodega mientras los niños están despiertos, llega el día en que no toleras ver un segundo más, artículos varios que ya parecían parte de la decoración "surrealista" de tu casa… Entonces, aceptas pagar el precio de tus actos, que sabes que será más o menos alto, según el grado de ocurrencia infantil e imaginación del momento …

Afortunadamente, esta vez, no hubieron daños mayores ni pleitos fraternales. El caos se limitó a: 

  • Descubrir en la bodega escondido un escusadito de aprendizaje, sacarlo y limpiarlo con un paquete enterito de toallitas húmedas y un bote íntegro de gel antibacterial

  • Obviamente, las toallitas utilizadas para tal efecto, estaban cual servilletas en  bar madrileño, o sea  por el suelo. Esto le dio la oportunidad a  la pequeñaja de debutar, a su corta edad, como persona comprometida con la ecología: "reciclando las toallitas sucias". Así pues, las utilizó  para limpiarse, desde la cara hasta las pies. Luego (ya bien puercas), pudo dejarlas como "nuevas" tras “lavarlas”, a través de un proceso que incluía: masticarlas y chuparlas para poder absorber hasta el más pequeño rastro de mugre...

  • Por otra parte, es preciso mencionar que el fin de dejar el escusadito "reluciente", era que la hermana menor  estrenara el artefacto y “aprendiera a dejar el pañal” de ipsofacto…Sin embargo, las dos mayores, “concientes” de la  ignorancia de su hermana en el tema, decidieron  “enseñarle con el ejemplo” cómo funcionaba y en consecuencia, ¡lo utilizaron las dos!... ¡Ah! Pero que no cunda el pánico, me dijeron que “no preocupara” porque ya "habían tirado sus gracias al escusado normal" y además, ya le habían quitado el pañal a su hermana desde hacía mucho... Claro sin tomar en cuenta el riesgo que esto implicaba...

  • Necesitar coger una bolsa para sacar del escusado un kilo de papel de baño....
  • No obstante, dado que yo seguía ocupada, pudieron gozar de más tiempo para echar a volar la creatividad y decidieron limpiar el baño donde habían estado "trabajando arduamente", porque vieron que “ya lo habían ensuciado”. Obviamente, éste tras la “sesión de limpieza” que estaba sufriendo, pedía a gritos ser limpiado a profundidad al día siguiente, por alguien que no fuera ninguna de ellas.… 

  • No está de más señalar que la mayor "se vistió para la ocasión" y "para no manchar su ropa" utilizó  babero de bebé y guantes para sacar cosas calientes del horno...


… Y así se les acabó la tarde y llegó la noche,

sin que pudieran encontrar el momento de parar para cenar e irse a dormir... 

Pasaban los minutos y se hacía tarde...

 Y sin embargo, no importaba...

Hay momentos que quisieras congelar y éste fue uno de ellos..

Su pasión, su alegría, su inocencia y su imaginación 

merecían ser respetados y no ser interrumpidos... 


…No cabe duda que la niñez es una  joya preciosa del desarrollo humano…

martes, 8 de marzo de 2016

¿Cómo le hago para que recoja y ordene?





Hace poco me preguntaban que:

¿cómo le podríamos hacer para que mi hijo no dejara su suéter en el suelo… 
(Y yo pensé: y la toalla, la ropa, los juguetes, los colores, etc…).

 ...Que tal vez necesitaba trabajar más con él, el orden…   

...Que ¿cómo le hago en casa?...

Dentro de mí pensé: 
  1. En primera, doy por hecho que el ejemplo es lo esencial, así que hago lo mejor que puedo...
  2. En casa cada cosa tiene su lugar. Y como las cosas no suelen cambiarse de sitio por sí mismas, pueden buscarlas, encontrarlas y guardarlas "donde van",  ordenadas y clasificadas en: estanterías, cajas, cajones, baúles, bodegas o armarios.
  3. Tenemos rutinas establecidas para cada día, pero que son flexibles según las circunstancias. A menos que recibamos una invitación, suceda algo especial o decidamos hacer una "travesura" o declaremos que "es un día especial", saben a qué atenerse, qué esperar y qué no.
  4. Cantamos la canción de “a recoger” o "pick up" para ir recuperando el orden antes de que se bañen o bajen a cenar. Sin embargo, si están muy cansados ellos o yo, o si opté por dejarlos jugar más (porque estaban jugando padrísimo), pues recojo yo rápido, mientras se bañan o ven alguna caricatura.
  5. Desde chiquitos, intento que apliquen (sin mucho éxito) lo de: “saco uno, guardo uno”, “si voy a jugar otra cosa, guardo lo anterior”… Cuestión que a veces, ni los adultos aplicamos, pero bueno...
  6. Sin sermones, les explico la importancia del orden, relacionándolo directamente con el respeto a uno mismo y a los otros, a la higiene, a la “cordura”, a la optimización y al aprovechamiento del tiempo. 
  7.  Doy ejemplos exagerados o hago comparaciones burdas: “me siento en un bote de basura”, “¿dónde estás? ¡No te veo!... ¡Ya te perdí entre tanto tiradero!”, el “baño sin jalar va a acabar como el baño público asqueroso del otro día que casi te hace vomitar”…
  8.  A veces, cuando vuelve la calma tras algún "infortunio sufrido" (un pie descalzo lastimado por pisar un lego tirado, un juguete que se rompe al pisarlo porque estaba tirado, un drama por un juguete desaparecido...),   aprovecho para recordar las ventajas de mantener las cosas en su lugar. 
  9.  No adjetivar al niño es esencial. Por eso en lugar de decir, "eres un desordenado",  me limito a describir el hecho (aunque sea por “n” mileava vez), p.e.: “el suéter está en el suelo y se va a ensuciar”. Si no hay reacción, porque está muy distraído con algo más, para no repetir en balde ni gritar, lo recojo y se lo doy en la mano, diciéndole: "estaba en el suelo y se ensucia" o “éste no es su lugar, (silencio), por fa”... Ahora bien, para ser franca, a veces en ciertas circunstancias, yo lo recojo y lo guardo, y tan tan…

Tras haberles contado lo anterior, más de uno estará pensando que no he entendido eso que se promulga a todo pulmón: "los padres deben de ser firmes y nunca ceder porque los niños son más listos que el hambre y te agarran la medida"... Y efectivamente, tomado así literal, no lo entiendo. Lo encuentro irreal, irracional e inhumano. En primera, porque creo que los niños son buenos, no creo eso de que te agarran la medida y no creo que haya ser perfecto sobre la tierra. Hay un punto intermedio entre el permisivismo y el autoritarismo

Se puede ser firme y consistente
sin ser autoritario, sin humillar, sin perder la conexión
e incluso, siendo flexible y a veces “cediendo”.

Es fundamental tener visión amplia, que considere las circunstancias y tenga la mirada puesta a futuro. La flexibilidad, la justicia, la diversión, la comprensión, entre otros, son valores igualmente importantes a tomar en cuenta. 

En fin, que ¿cómo le hago?...

Como pueden ver, 
oscilo entre el orden y el desorden 
buscando el equilibrio de mil formas 
y tomando en cuenta un sinnúmero de circunstancias. 

Afortunadamente, los niños que son pequeños grandes maestros, me han enseñado que:

a mayor número de hijos, 
mayor es la posibilidad de experimentar caos, 
menor el tiempo de ociosidad 
y mayor la necesidad de ESCOGER LAS BATALLAS 
y de tener claros los OBJETIVOS FORMATIVOS A LARGO PLAZO.

En consecuencia, uno de mis objetivos específicos a largo plazo es que mis hijos sean VIRTUOSOS, esto es, que actúen por CONVICCIÓN, no por borreguez ni por pánico al castigo o al qué dirán... 

Así que, lo ideal es que INTROYECTEN LOS VALORES, que los elijan y los hagan suyos...  Entre ellos, el orden, pero hay muuuuuchos más, igualmente importantes y necesarios para sus vidas. Por lo tanto, intento evitar la imposición, el chantaje, la coacción o el miedo; armas muy usadas para controlar y lograr objetivos a corto plazo, pero que alejan de la meta final…

Por otro lado, quiero que mis hijos sean felices, lo más felices que puedan ser, esto incluye que sean capaces de forjar día a día la mejor versión de sí mismos, caminando por la verdad, optando por el mayor bien posible y buscando mantener el equilibrio. Tal vez por eso, a veces pareciera que “paso” o que no soy lo “suficientemente estricta”, pero es que mis hijos me han enseñado a poner en la balanza:

Lo urgente y lo importante.


 Lo imprescindible y lo prescindible.

Lo necesario y lo deseable.

Mis necesidades y expectativas y las suyas.

Además, el verlos crecer tan deprisa, me hace ser conciente de que ahora, sólo ahora, por unos pocos años, son niños.  

Hay que aceptarlos, verlos y tratarlos como niños que son.

¿Cuál es la prisa por que sean adultos?

Deben disfrutar su infancia al máximo y jugar muuuuucho. A final de cuentas, muchas cosas que ahora "no hacen" o "no pueden hacer", las acabarán haciendo con el paso de los años. Sólo es cuestión de tiempo, de desarrollo, de madurez, de paciencia…  

No por más gritos o más castigos, más ordenados por convicción serán.


Evidentemente, me impacta el mega orden que logran las escuelas Montessori, en las cuales: cada niño escoge su material,  abre su silla, trabaja en silencio, recoge y limpia. Me parece excelente y muy formativo que una parte del día sea así: todo orden. Sin embargo, he aprendido a disfrutar y a considerar necesario, para otras partes del día, el juego desestructurado y el caos que los niños en un minuto son capaces "de producir" y "de no concebir" como caos. 

Me encanta ver a mis hijos absorbidos en su imaginación, jugando espontáneamente, "sin orden adulto". Sorprende escuchar sus conversaciones "ilógicas" y su capacidad para cambiar actividades. Me fascina observar cómo pueden bajar o subir por lo escalera toneladas de juguetes y cosas, mientras están inmersos en "su novela"; y cómo, al terminar de jugar a "la boda", "el viaje a Topo Vallarta" o "la curada del paciente", se declaran incapaces y agotados para mover un dedo. O bien, con buena intención empiezan a recoger, pero al cabo de 2 pasos, se sumergen nuevamente en otra historia. En el mejor de los casos, convirtiendo "la recogida" en parte del juego, aunque más frecuentemente, olvidando su cometido...
En lo personal, me tranquiliza saber que alguna vez hasta a ellos les ha incomodado el caos que crearon y lo recogieron por motu propio (cuestión que para ser sincera, sucede con poca frecuencia).  

No obstante, estoy convencida que a veces, 
es más "formativo" y enriquecedor, 
dejarlos jugar 20 minutos más, 
a que los pasen recogiendo... 

Aquí es donde considero difícil evitar mal entendidos. Sobre todo porque no puedo pasarles un recetario de cuándo sí y cuándo, ya que lo que funciona un día, mañana es inútil y lo que funciona en una casa o con un hijo no sirve en otra ni con el otro… No me mal entiendan, o más bien, espero no haberme “mal explicado”, pero la verdad es que no estoy extra agobiada:
  • Por la perfección absoluta a estas alturas del partido
  • Ni por tener que “describir el desorden" un millón de veces
  • O por tener que recoger el 90% de lo que tiran cada día...
Lo que es un hecho es que nuestros niños siempre nos sorprenden, unas por llegar al millón de veces que “no lo hacen” y otras porque “hacen lo inesperado”...   Como ayer, que tras bañarse me pidieron ver Netflix en la tablet antes de cenar, en lugar de después. Les dije que sí, que se las daba en cuanto  yo acabara de guardar la ropa recién doblada que estaba en el sillón (lugar donde pretendían sentarse). Obviamente insistían impacientemente que: “mejor, yaaaaaaaaaaaaaaaaa, ahorititititititita”... 

Y me salió decirles: "¿no quieren esperar, se les está haciendo difícil? Seguro si me ayudan puedo acabar más rápido y la pueden ver antes"… Para mi sorpresa, dijeron: “sí mami, te ayudamos y entre todos acabamos más rápido”... ¡Lo mejor es que lo hicieron! ¡Fue sorprendente! Alguna vez había lanzado la misma propuesta y la respuesta había sido: “no, gracias” o “no, mejor dánoslo y luego tú terminas”…

En conclusión les digo lo mismo que me limité a contestar ese día que me sugerían que debería trabajar más el orden en casa…

Es cierto, hay que seguir formándolos, en el orden y muchas cosas más,

en especial con el ejemplo y manteniendo la conexión con ellos. 

Sin embargo, creo firmemente que a veces hay que darle tiempo al tiempo 
y siempre creer en ellos, creer que son buenos… 

...Simplemente son niños… 

Obvio espero que algo de lo que hacemos en casa y algo de lo que les inculcamos ayude,
a que eventualmente, decidan  vivir los valores por convicción.

Confío que lo harán a su tiempo,

eso sí, según sus propios estándares y concepciones de orden o de tolerancia al desorden…