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viernes, 24 de noviembre de 2017

El relato de la doula acerca del parto vaginal después de cesárea


Es cierto que las mujeres estamos hechas para parir, pero por diversas circunstancias hay embarazos y partos que resultan ser todo un reto. Lo increíble es que hay mujeres que verdaderamente te sorprenden con su fortaleza para luchar por lo que quieren, en este caso, un parto vaginal después de una cesárea innecesaria y traumática que había dejado muchas heridas. Ella no sólo tenía buenas intenciones, sino que se formó y se recontraformó para prepararse junto con su marido para recibir a su bebé como ella quería y “sacó las garras” ser respetada.
                La primera batalla que libró fue que tuvo que lidiar medio embarazo con la hiperémesis gravídica. En esos casos, poco o nada consuela que te parezcas a la Princesa Kate Middleton que cada embarazo pasa por lo mismo. Por si fuera poco, mientras sorteaba como podía las náuseas y la espectacular bajada de peso, decidió cambiarse de doctor porque éste ni siquiera le daba la oportunidad de poder intentar un parto vaginal después de cesárea (PVDC). Cuando todo parecía ir tomando su curso, su instinto le gritaba que no había encontrado el equipo que quería que la acompañara. Por lo que decidió, cambiarse nuevamente de doctor alrededor de las 35 semanas de embarazo.
 Y entonces ya, pasadas unas semanas con el equipo que ella eligió, empezaron de manera natural los pródromos. En un par de ocasiones, las contracciones parecían señalar que el día del parto había llegado. No obstante, tras muchas horas de trabajo, éstas desaparecían sin haber dilatado nada, a pesar de ser de buena intensidad y frecuencia.  Se tuvo que analizar la situación y finalmente, tras un diagnóstico médico fundado y siguiendo su instinto, decidió que era momento de abandonar su Plan A para incursionarse en el Plan B: una inducción sin epidural, hasta donde fuera posible. No era su sueño ideal, pero era lo necesario.
Llegó el día de la inducción y las batallas no terminaban, el trabajo de parto no progresaba como era de esperarse, aunque ella estaba perfectamente conectada con su bebé y con su cuerpo y alma en otra dimensión que le permitía seguir adelante.  Ella fue la actriz principal junto con su bebé y el apoyo incondicional de su marido.  No se puede dejar de mencionar a su ginecólogo, un verdadero profesional con calidez humana, quien hizo lo necesario para que ella pudiera lograr su sueño. Donde una gran mayoría de médicos hubiera hecho una cesárea, él esperó y actuó haciendo lo que tenía que hacer en cada momento para evitarla.
Las últimas dos horas antes de poder besar a su bebé fueron complejas. Toda mi admiración para ella, una verdadera guerrera convencida de lo que quería para ella, para su bebé y para su familia. No fue el parto idílico sin intervenciones que esperaba. Fue un parto intenso, reparador, inundado de hormonas de todo tipo que le han permitido establecer un fuerte vínculo con el bebé, dejando a la pareja más sólida y preparada para lo que les regale la vida.

Gracias por permitirme acompañarlos a presenciar el milagro de la vida y la fuerza de la naturaleza y del amor…

domingo, 15 de enero de 2017

MOANA




NOTA: si no has visto la peli y la quieres ver antes de leer opiniones y comentarios, mejor no sigas…

Antes de Navidad fuimos a llevar a los niños a ver Moana. Por ser demasiado racionalista, la "cuadradencia" no me permitía sacarle jugo a la peli, ya que es “bastante fantástica”… Fue hasta que iba de regreso a casa, al ir comentando y explicando la película con mis hijos, que pude “disfrutarla” y valorarla... ¡Hasta se me antoja volverla a ver sin que mi hemisferio izquierdo ande dando tanta lata!…



¿Por qué me encantó?

¡Pues es que  nos da muchas lecciones importantísimas y puntos para reflexionar!

Sin embargo, no puedo detenerme en cada punto y explicar que me fascinó cómo presentaron:


  • Que hay que valorar la sabiduría de nuestros ancestros y dejarnos acompañar por ellos y no tirarlos de locos.

  • Que tras cometer un error debes repararlo. Por eso Moana tiene que lograr que Maui regrese la piedra, el corazón de Te Fiti. No era suficiente que ella la buscara y la regresara, tenía que ir el responsable, aunque ella podía acompañarlo y ayudarlo.
  • Que todos cometemos errores, ¡hasta los papás y mamás! 
  • Que ni tus defectos ni tus errores te determinan para siempre. Mientras no estés frío y bajo tierra son vencibles y puedes cambiar. ¡Sí puedes!... Maui cambió y hasta regresó... 
  • Que la relación entre hombre y mujer no debe ser una lucha de poder sino un caminar respetuoso y complementario,
  • No despreciar a nadie. Todos tienen sus cualidades y aunque no lo creas, puede sorprenderte y enriquecerte.

  • Que la avaricia y la soberbia pueden hacerte brillar y atraer a quien quieras, pero en realidad te descubrirás solo y sin sentido de vida.
  • Que todos tenemos que ser agradecidos, nadie puede sólo decir "de nada". ¡Todos tenemos muuuuucho que agradecer!
  • Que quedarte "sin corazón" o sea sin capacidad de amar, te aleja del bien y te transforma en "malo".


  • Que no hay que minusvalorar nuestro potencial ni el de nuestros hijos, somos capaces de más de lo que imaginamos y si trabajamos en equipo podemos llegar más lejos. 



En fin, dadas las circunstancias y sabiendo que si es muy largo, no lo lee ni mi marido, decidí enfocar el artículo en 3 puntos que me parecen decisivos para aplicar en nuestras familias y continuar formando a nuestros hijos: 


1. HAY QUE ABOLIR SECRETOS FAMILIARES Y ASUMIR EL PASADO PARA VIVIR EL PRESENTE Y  FORJAR EL FUTURO.       



  • Los secretos familiares:
    • Enlodan las relaciones impidiendo transparencia,
    • Aumentan la posibilidad de que se desarrollen patrones negativos y destructivos.
    • Limitan el crecimiento propio y de los que nos rodean.
    • Dificultan la consecución de la felicidad verdadera.
  • Generalmente, la intención y finalidad de mantener un secreto familiar es “proteger”. Sin embargo, se genera malestar, dudas, incertidumbre, miedos, inseguridad, desconfianza y hasta enojo. Y el resultado final, invariablemente es un estado y una sensasción de vulnerabilidad y de desprotección.
  • Los “famosos secretitos” muchas veces se develan o son develados tanto en el momento y forma menos adecuada, incluso por las personas inadecuadas, agravando el daño. En el caso de Moana, afortunadamente fue su abuela Tala quien le abrió “la cueva” para que pudiera despejar sus incógnitas, viera la realidad y tomara libremente sus decisiones. ¿Pero qué hubiera pasado si hubiera sido de otra forma o se hubiera enterado por alguien más? ¿Qué pensaría ella de sus papás? ¿Cómo se sentiría? 
  •  Otra cuestión grave de los secretos, es que dejan impunes a los responsables, en este caso a Maui. ¿Pero y qué hay de quienes guardan y mantienen el secreto?...¡Pues obvio! ¡Se convierten en cómplices! Esto es fácil de entender en el caso de abuso intrafamiliar, cuando nadie “denuncia” o enfrenta al tío/tía y éste/a sigue haciendo atrocidad y media, entrando por la puerta grande y compartiendo la mesa, con la complicidad de “todos”… En la peli, Maui había robado el corazón de Te Fiti y era el responsable directo de que el mundo se estuviera destruyendo poco a poco. En la isla de Motunui “gracias al secreto”, vivían como si nada hubiera pasado. Sin embargo, el “secreto” no estaba solucionando la situación, ni impidiendo que ellos también murieran.  Así pues, ignorando con total inmadurez su identidad, el pasado y el problema, se convertían en cómplices de la destrucción del mundo y de ellos mismos…
  • ¿En tu familia has descubierto algún secreto o se guarda alguno? ¿Son cómplices de alguien? ¿Qué puedes hacer para acabar con el secreto? ¿Por qué no lo has hecho? ¿Obtienes alguna ganancia secundaria de éste? ¿Qué pasaría si no existiera ese secreto?


2. NO TRANSMITIR NUESTROS MIEDOS A NUESTROS HIJOS, NI LIMITAR SU FUTURO POR NUESTRO PASADO. NECESITAMOS FORMAR, ACOMPAÑAR Y APOYAR A NUESTROS HIJOS, PERO LLEGADO EL MOMENTO, DEJAR QUE CAIGAN, QUE LLOREN, QUE SE LEVANTEN Y QUE CREZCAN.      


  • Como Maui, tenemos grabado en nuestro cuerpo y alma nuestro propio diseño de tatuajes: fracasos, esfuerzos y logros.  Momentos llenos de amor, de tristeza, de enojo, de frustración, de impotencia y también de felicidad máxima.
  •  Nuestros tatuajes cuentan las múltiples historias y batallas que nos hacen ser quienes somos. Nos permiten dialogar con ellas, nos muestran lo aprendido y nos dejan seguir aprendiendo y creciendo. Es importante seguir tatuando nuestra historia, sin quedarnos estancados o atorados, asumiendo con humildad el pasado y valorando cada instante.  
  • Hay que saber darle su lugar al pasado y a los errores, porque si nos quedamos anclados y encerrados con ellos, “en una cueva”, perderemos la pasión por vivir. Hasta podemos caer en negar nuestra esencia, el ser “viajeros y conquistadores” de nuestra vida, nuestro destino, conformándonos con “estar bien”, en una isla.
  • A veces nuestra historia y nuestros errores del pasado nos pesan demasiado y quedamos:
    •  Como Maui: solo, refundido en su mini isla llena de su ego y miedos, añorando el pasado y su anzuelo perdido, que era lo que lo sostenía y le daba sensación de valor.
    • Como el papá de Moana, el Jefe Tui: viviendo una vida “normal”, más aún siendo “rey” de una comunidad y sacándola adelante responsablemente, pero igualmente prisionero de “su isla”… Sin vivir-vivir, ni dejar vivir “más allá del arrecife”…


3. DEJAR VOLAR E INCLUSO IMPULSAR EL VUELO DE NUESTROS HIJOS.




  • Es cierto que más de una vez quisiéramos que el aprendizaje vital obtenido de nuestras caídas y sufrimientos se pudiera heredar a nuestros hijos para evitarles lágrimas, pero la vida no es así.
  • Cada quien comete sus propios errores, cae en una u otra cosa, de una u otra forma y cada quien tiene una forma personalizada de aprender y levantarse.  Por eso, no pretendas que el libro o la película que a ti te ayudó o te marcó, el evento que determinó un antes y un después en tu vida o la persona que más influyó en tu vida, sean decisivos en la vida de tus hijos o los salven de cometer sus errores diferentes o iguales a los tuyos.
  • Es un punto paradójico, ya que es responsabilidad de los padres ejercer de padres y no de “cuates” de sus hijos, para no dejarlos huérfanos. Sin embargo, por otra parte es responsabilidad nuestra, impulsarlos a volar cuando llegue el momento.
  • Si queremos que vuelen y vuelen alto, primero hay que darles herramientas para que puedan hacerlo... A su forma sí, pero cuando sea el momento y estén listos. No se vale lanzarlos al vacío y dejarlos solos en nombre de un falso respeto por su autonomía... Hay que estar alertas a las frases tan de moda: "yo los dejo ser", "yo no me meto ni influyo", "cada quien su vida"... Cuidado con renunciar sutilmente a la obligación de protegerlos, educarlos y formarlos porque eso no es "dejarlos ser" sino simplemente "dejarlos" y abandonarlos irresponsablemente. Por cierto, el "no influir", el "no meterte", ya es un tipo de influencia y de meterte...
  • Así que sí nos toca meternos y  fomentar su autonomía, su capacidad de discernir el bien del mal y de elegir de entre los bienes el mejor para que puedan ser libres y amar de verdad. 
  • Pero antes, debemos amarlos con locura y lo deben saber y sentir. Debemos sostenerlos incondicionalmente para que sepan que tienen un hogar al que siempre pueden volver.
  • Y entonces sí, al parejo y según su edad y madurez, fomentar su autonomía y el fortalecimiento de la voluntad. Con prudencia hay dejarlos caer, cometer sus errores, llorar y esforzarse por levantarse y buscar soluciones. No hay que “resolverles” la vida, ni hacer por ellos lo que ellos pueden hacer; sino se volverán unos inútiles, perderán su identidad y se les irán atrofiando las alas, quedando incapacitados para emprender su vuelo.

En fin, resumo en 6 puntos todo el rollo anterior:
  • 1. Quita la piedra “de la cueva” y busca o reafirma tu identidad para que “sigas tu viaje”. Eso sí, no zarpes sin antes tener bien claro a dónde quieres llegar.
  • 2. Tira los secretos familiares directo a la basura.
  • 3. No heredes tus miedos. 
  • 4. Date tiempo para dialogar con “tus tatuajes”. Acepta y valora tu historia, aprende de ella y sigue tatuando tus batallas. Haz la paz con tu pasado.

Vuelve a llorar si es necesario,
vuelve a reír hasta que te duela la panza,
recuerda tus errores y lo aprendido,
enorgullécete de tus logros,
atesora lo atesorable
y acepta el pasado que ya no se puede cambiar,
para que puedas vivir el hoy,
forjes tu futuro y
realmente puedas sostener, apoyar e impulsar a tus hijos para que vuelen alto, muy alto.

  • 5. Forma a tus hijos en la verdad y el bien para que puedan volar en libertad y conquisten el amor, aquí y en la eternidad. Recuerda que aquí solo estamos de paso porque “somos viajeros”.
  • 6. Trabaja por el bien común, no te conformes con estar bien tú y los tuyos. Destierra el egoísmo, la omisión, el conformismo y los miedos. Déjales un mejor mundo a tus hijos.

No basta que “estén bien tú y los tuyos” en tu isla 
mientras el mundo se cae...

Aunque vivas muy bien en tu isla 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

10 PUNTOS PARA VIVIR... No esperes a que la enfermedad o la muerte te hagan vivir....



¿Les ha pasado que tienen que operar a tu marido de algo sencillo
o le mandan una resonancia por un dolor de espalda
y la mente se “aloca” pensando historias de terror?



¿Les ha pasado que le sientes una bolita a tu hijo o te sientes una o varias
y tu mente empieza a escribir un dramón?...
Sobretodo porque justo abres Facebook y lees la historia de una conocida con dos bebés que está recolectando dinero para su tratamiento y te hace recordar a parientes tuyas viviendo la misma lucha…





¿Y de casualidad les ha pasado que mientras tienes el diagnóstico final
los días se hacen eternos
y paradójicamente entre la angustia aflora lo mejor de ti?…


De pronto parece que no tienes tanta prisa y aparece tiempo para escuchar, observar, disfrutar, abrazar y besar a los que más amas...

También te descubres excelente seleccionadora de batallas. Incluso te sorprende lo paciente, diplomática y conciliadora que puedes llegar a ser. Cuestiones que parecían misiones imposibles ahora parecen posibles…

Curiosamente, hasta resulta “relativo” o “menos cansado” el cansancio extenuante propio de la vida, del matrimonio, de la maternidad y de la profesión… Asimismo, hasta les empiezas a agarrar cariño a las canas y achaques obtenidos a lo largo de la vida…

Dejas de regatear el tiempo para jugar con tus hijos y simplemente lo “gastas” mirándolos hasta llegar a su alma, intentando atesorar cada instante… Mientras piensas en cómo firmar un pacto para poder verlos crecer y seguir acompañándolos, muchos, muchos, muchos años más... Entonces, la “urgencia” de los últimos años por recuperar el tan anhelado “tiempo para ti y para tus cosas” adquiere otro sentido, amplitud y enfoque…

Total que andas tan “desubicada”, que en medio del típico caos de cualquier casa y a pesar de la “perfecta imperfección de la vida familiar”, consigues lo inimaginable: darte tus tiempos especiales  con cada hijo, con  tu marido y hasta para ti… De alguna forma logran estar-estar y comunicarse-comunicarse.  Así, sin mucho esfuerzo ni muchas horas, de repente redescubres la unicidad y el valor de tu marido y de tus hijos… Mientras te queda claro que no hay manera suficiente de agradecer la bendición de amanecer un nuevo día, más aún si es con salud y rodeado de tus seres queridos...  

Total que obviamente surgen muchas interrogante:


¿Por qué mientras todo va bien,
nos olvidamos de centrarnos en lo esencial y de priorizar lo verdaderamente importante?

¿Por qué mientras todo va bien,
nos quejamos tanto y se nos hace tan difícil ser mejores personas y mamás/papás?

¿Por qué mientras todo va bien,
no encontramos la forma de ser más pacientes o de tratar mejor a los que nos rodean
o de educar positivamente, con conciencia y con respeto?


¿Por qué si están difícil cambiar,
cuando barajeamos la posibilidad de tener los días contados,
 cambiamos de golpe y radicalmente?

¡¡¡Qué poderosa es la conciencia de nuestra fragilidad humana
que nos hace “acordarnos” de mirar al cielo  
y  consigue sacar la mejor versión de nosotros mismos!!!

¡Y lo peor!…
¿Por qué cuando vuelve el alma al cuerpo con un diagnóstico favorable
volvemos a ser “los mismos" de antes del “susto” y retomamos las malas rutinas?
  

Evidentemente nadie es perfecto, ni nadie espera que lo seamos, pero dejémonos de tarugadas y omisiones. Hay que cambiar y mejorar sin necesidad de que la enfermedad toque a nuestra puerta o la “flaca” nos ponga el cuchillo en el cuello. La vida no la tenemos comprada…

Por eso:

  1. Agradece cada día y cada segundo el estar vivo.
  2. Aprovecha la vida al máximo y vive tus sueños. 
  3. Besa y abraza más a tu marido/esposa y a tus hijos.
  4. Diles a tus seres queridos que los quieres con palabras y con actos.
  5. Míralos a profundidad, ya que no se desgastan, y  llega hasta su alma para que estén en el mismo canal, siempre bien conectados, a pesar de los pesares.
  6. Date tiempo de estar-estar y para comunicarse-comunicarse profundamente.
  7. Ríanse cada día, al menos una vez al día.
  8. Haz el bien y deja huella.
  9. Pide perdón cuando sea necesario y cuantas veces sea necesario
  10. Ama y haz lo que tengas que hacer, ¡hoy!, y dí lo que quieras decir, ¡hoy!,… No sabes si mañana podrás…



VIVE. No esperes a que la enfermedad o la muerte te hagan vivir....



¿Les ha pasado que tienen que operar a tu marido de algo sencillo
o le mandan una resonancia por un dolor de espalda
y la mente se “aloca” pensando historias de terror?



¿Les ha pasado que le sientes una bolita a tu hijo o te sientes una o varias
y tu mente empieza a escribir un dramón?...
Sobretodo porque justo abres Facebook y lees la historia de una conocida con dos bebés que está recolectando dinero para su tratamiento y te hace recordar a parientes tuyas viviendo la misma lucha…





¿Y de casualidad les ha pasado que mientras tienes el diagnóstico final
los días se hacen eternos
y paradójicamente entre la angustia aflora lo mejor de ti?…


De pronto parece que no tienes tanta prisa y aparece tiempo para escuchar, observar, disfrutar, abrazar y besar a los que más amas...

También te descubres excelente seleccionadora de batallas. Incluso te sorprende lo paciente, diplomática y conciliadora que puedes llegar a ser. Cuestiones que parecían misiones imposibles ahora parecen posibles…

Curiosamente, hasta resulta “relativo” o “menos cansado” el cansancio extenuante propio de la vida, del matrimonio, de la maternidad y de la profesión… Asimismo, hasta les empiezas a agarrar cariño a las canas y achaques obtenidos a lo largo de la vida…

Dejas de regatear el tiempo para jugar con tus hijos y simplemente lo “gastas” mirándolos hasta llegar a su alma, intentando atesorar cada instante… Mientras piensas en cómo firmar un pacto para poder verlos crecer y seguir acompañándolos, muchos, muchos, muchos años más... Entonces, la “urgencia” de los últimos años por recuperar el tan anhelado “tiempo para ti y para tus cosas” adquiere otro sentido, amplitud y enfoque…

Total que andas tan “desubicada”, que en medio del típico caos de prácticamente cualquier casa y  a pesar de la “perfecta imperfección de la vida familiar” consigues lo inimaginable, darte tus tiempos especiales con  cada hijo y con hijo con tu marido… De alguna forma logras estar-estar y comunicarse-comunicarse.  Así, sin mucho esfuerzo ni muchas horas, de repente redescubres la unicidad y el valor de tu marido y de tus hijos… Mientras te queda claro que no hay manera suficiente de agradecer la bendición de amanecer un nuevo día, más aún si es con salud y rodeado de tus seres queridos...  

Total que obviamente surgen muchas interrogante:


¿Por qué mientras todo va bien,
nos olvidamos de centrarnos en lo esencial y en priorizar lo verdaderamente importante?

¿Por qué mientras todo va bien,
nos quejamos tanto y se nos hace tan difícil ser mejores personas y mamás/papás?

¿Por qué mientras todo va bien,
no encontramos la forma de ser más pacientes o de tratar mejor a los que nos rodean
o de educar positivamente, con conciencia y con respeto?


¿Por qué si están difícil cambiar,
cuando barajeamos la posibilidad de tener los días contados,
 cambiamos de golpe y radicalmente?

¿Qué poderosa es la conciencia de nuestra fragilidad humana
que nos hace “acordarnos” de mirar al cielo  
y  consigue sacar la mejor versión de nosotros mismos?

Y lo peor…
¿Por qué cuando vuelve el alma al cuerpo con un diagnóstico favorable
volvemos a ser “la misma” de antes del “susto” y retomamos las malas rutinas?
  

Evidentemente nadie es perfecto, ni nadie espera que lo seamos, pero dejémonos de tarugadas y omisiones. Hay que cambiar y mejorar sin necesidad de que la enfermedad toque a nuestra puerta o la “flaca” nos ponga el cuchillo en el cuello. La vida no la tenemos comprada…

Por eso:

1.       Agradece cada día y cada segundo el estar vivo.
2.       Aprovecha la vida al máximo y vive tus sueños.
3.       Besa y abraza más a tu marido/esposa y a tus hijos.
4.       Diles a tus seres queridos que los quieres con palabras y con actos.
5.       Míralos a profundidad, ya que no se desgastan, y  llega hasta su alma para que estén en el mismo canal, siempre bien conectados a pesar de los pesares.
6.       Dense tiempo de estar-estar y para comunicarse-comunicarse profundamente.
7.       Ríanse cada día, al menos una vez al día.
8.       Haz el bien y deja huella.
9.       Pide perdón cuando sea necesario y cuantas veces sea necesario
10.   Haz lo que tengas que hacer hoy y dí lo que quieras decir hoy… No sabes si mañana podrás…