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viernes, 6 de noviembre de 2015

#Intensa-Mente: 10 puntos para criar con conciencia, con amor y con visión de futuro








Actualmente se escucha mucho sobre educar con apego, con conciencia, con respeto, con paz, con amor y con otros apelativos que en el fondo, creo, comparten lo esencial... Sin importar el título que se le dé, a mi parecer buscan  retomar el sentido común y recuperar la conciencia de la dignidad del ser humano.

¿Cómo educar con cociencia, con respeto y con amor?

La película de #Intensa-Mente da pinceladas básicas para tomar en cuenta si se quiere formar con amor a los hijos y con visión de futuro. Esto es, más allá del aquí y el ahora y de la conducta específica de un momento dado. Es de agradecer que los papás de Riley son presentados muy "normales", con sus personalidades únicas, con aciertos y con errores, esto facilita la identificación. Ellos quieren lo mejor para ella, intentan educarla con "conciencia y con amor", respetando su individualidad, validando sus emociones y sin golpes ni chantajes o amenazas. A veces no saben qué hacer o incluso la riegan, pero buscan rectificar, acompañarla y sobretodo, no perder la conexión.   

 A continuación, a partir de la película #Intensa-Mente, expondré 10 puntos indispensables para omar en cuenta si se quiere formar con amor:

  • En primer lugar, parecerá obvio, pero hay que ver a los hijos como lo que son: un quien, esto es una persona única e irrepetible.
 
Los hijos son personas individuales, no son una extensión nuestra, ni objetos de nuestra posesión, ni nuestras mascotitas... 
¡Son seres humanos personales, recién salidos del horno, 
con capacidades, ritmos, intereses, gustos y necesidades propias!

  • En segundo lugar, los hijos (menores de edad) son personas viviendo las primeras etapas de desarrollo, no son adultos.
En consecuencia, hacen más o menos, antes o después, lo "normal" para  niños de su edad. Así pues, Riley bebé hace cosas propias de un bebé, Riley niña se porta como es de esperar y Riley pubertilla empieza actuar como cualquier niño entrando a la "edad del pavo". ... De hecho, seguro más de uno, recordó a sus hijos viviendo aventuras, travesuras y situaciones parecidas a las de Riley.

Por tanto, tan ridículo es inscribir  a un bebé a la universidad como pedirle que no quiera que se le cargue el mayor tiempo posible. Asimismo, resulta impensable dejar solo en casa a un niño de 2 años para que tenga la comida lista y la casa recogida, mientras uno sale a hacer pendientes, como exigirle que se esté quieto, callado y que cuando se sienta triste, cansado o frustrado no llore sino que mantenga la calma para  explicar con palabras lo que siente...

Los niños son niños, no adultos y bien dicen:  no le puedes pedir peras al olmo...

Es fundamental hacer consciente este punto y conocer acerca del desarrollo "normal",
para que no creas que tu hijo es el "único" que hace "lo que no debe" y no hace "lo que debe".
También para ajustar las expectativas a la realidad y a su individualidad,
para no exigir imposibles... 
Como que se porte como adulto o como un ente imaginario "perfecto",
solo para satisfacer tus deseos y traumas personales sin respetar su dignidad.

  • En tercer lugar, se deben romper paradigmas negativos "tradicionales" que etiquetan a los niños como "chantajistas, malos, abusivos", "más listos que el hambre", o "que se dedican a tomarte el pelo", etc.  
Los niños, al igual que Riley, son buenos y en general, alegres, sencillos y transparentes, 
pero eso no quiere decir que no cometan errores o que a veces hagan cosas indebidas. 

Urge cambiar la percepción que se tiene de ellos, 
porque la manera de concebirlos afecta directamente 
la forma en cómo nos relacionamos con ellos, 
en cómo los tratamos, en cómo les hablamos  
y en cómo ellos se comportan con nosotros y con los demás.


  • En cuarto lugar, es necesario cambiar la forma de expresarnos, ya que hay una abismal diferencia entre el adjetivar al "ser" y relatar su "hacer", o sea entre adjetivar al niño o describir su conducta... Nadie "es" sus fallos. Definitivamente, hace una gran diferencia utilizar el verbo ser que el estar/hacer:  
"Eres" un niño malo vs "estás" pegando y pegar "está" mal.
  •  En quinto lugar,  hay que ser pacientes con los niños, ya que tienen los sentimientos y las emociones a flor de piel y en estado bastante salvaje. Ellos aún necesitan aprender a  distinguirlas, nombrarlas, manejarlas y encauzarlas.  Como formador, en lugar de negárselas u obligarlos a reprimirlas,  ayudarles a reconocerlas y manejarlas.
Te invito a reflexionar sobre la diferencia que existe entre decir a tu hijo:  

"No quiero ni una lágrima más, 
ya verás como te va donde me vuelvas a pegar, 
eres un berrinchudo y grosero, 
así nadie te va a querer" 

vs 

"Entiendo que estés enojado y frustrado 
porque no te compré el dulce que querías, 
es normal que te sientas así y que llores, 
recuerda que no se permite golpear,
si quieres te puedo abrazar". 

¿Cómo ves? ¿Cuál te gustaría escuchar? ¿Con alguna te sientes atacado u ofendido?

¿Cómo podría  impactar en tu hijo, en su ser y en su hacer, una u otra?
  • En sexto lugar, durante la peli se ve como los papás de Riley, como cualquier otro papá o mamá del mundo, a pesar de las buenas intenciones, se equivocan:  tal vez al quererla forzar a que coma brócoli siendo que no le gusta, a lo mejor haciendo un cambio sin explicar lo suficiente o incluirla más, posiblemente suponiendo que como es una niña se adaptaría al cambio de ciudad sin mayor dificultad porque "los niños ni se enteran" y "son felices en cualquier lado", quizás estando distraídos y no escuchándola realmente y para rematar diciendo justo lo que hace explotar la bomba... .
Optar por criar con apego, conscientemente y con respeto no te hace infalible... 
¡Estaría bien, pero no sucede! 


 Cada día aciertas, hierras, corriges y sigues caminando por este maravilloso y retador camino.

  • En séptimo lugar,  los papás dentro de sus posibilidades, procuran estar presentes en la vida de sus hijos, apoyarlos y acompañarlos en las buenas y en las malas... ¡Hasta logran crear buenos recuerdos de situaciones inesperadas o incluso adversa!


     Por ejemplo cuando Riley falló en el hockey y pierde su equipo, sus padres se acercan a ella en el árbol. Van a ella. No la dejan sola ni tampoco le echan rollos de: "no exageres, todo el mundo falla, equivocarse es de humanos, para la próxima podrán  ganar, a veces se pierde y a veces se gana, acostúmbrate, así es la vida, no es para tanto"... ¡No!,,,  Realmente la acompañan, validan y respetan sus sentimientos y logran "pintar de amarillo un recuerdo azul"...

    • En octavo lugar, quien que optan por este estilo de crianza, se reconoce  un ser mortal, limitado e imperfectos. Ven los errores, propios y ajenos, como oportunidades de crecimiento y son capaces de sentir compasión, perdonar, pedir perdón y rectificar cuando la riegan. Y a la vez, procuran que sus hijos sean resilientes, proactivos y a la vez humildes.
    • En noveno lugar, los padres que quieren criar con conciencia y con amor,   saben que deben mantenerse siempre conectados con su hijo. Por lo que antes de realizar alguna racionalización, primero validan los sentimientos. Saben que no hay que desestimar ni minusvalorar los sentimientos del otro.   
    Cuando en su mundo infantil los hijos se enfrentan a una "desgracia", cuando se les rompe su juguete, pierden un partido o se mudan de ciudad o de país le dan importancia a sus sentimientos. Reflexiona cómo te  sentirías si tus papás, o sea tus ídolos de quienes esperas todo el apoyo, te dijeran en esas situaciones: "sólo es un juguete, da igual, no se llora por eso, si tienes mil juguetes más... Cambiarse no es para llorar, agradecido deberías estar por poder estar conociendo otro lado. Al final acá harás nuevos amigos y luego ni recordarás a los de antes. Además, esta ciudad está más padre y la escuela mil veces mejor que la otra. Y no es por nada, pero para que lo tengas bien presente, si no nos veníamos no comerías, ni tendrías ropa y ni al hockey irías porque tu papá allá ya no tendría trabajo"... 



    Seguro no sentiste empatía, ni cercanía ni apoyo.. ¡Vaya! Espero que no te hayas sentido a gusto con esas frases que aunque sean o no ciertas, en realidad poco importa... Cuando se sufre una pérdida,  no se necesitan racionalizaciones, ridiculizaciones y menos minuvaloraciones. Lo que necesita tu hijo es sentir que lo entiendes. Quiere saber que sigues conectada con él.  Quiere sentir que entiendes que le cueste el que su osito se haya roto,  que está triste, frustrado y enojado por haber perdido un partido o mudarse de ciudad. Necesita oir que es normal sentir lo que siente, llorar porque extraña a sus amigos o su lugar favorito para comer...

    Si se siente conectado, después habrá tiempo de decir o hacer más cosas... 
    En el aquí y ahora lo que toca es no perder la conexión y formar con visión de futuro...
    La mayoría de las veces cuando alguien se acerca y nos abre su corazón, 
    no busca "te-lo-dijes", racionalizaciones,  ni soluciones ni respuestas. 
    En  general, lo único que se busca es una oreja que lo escuche, 
    un hombro para llorar, 
    unos brazos para ser abrazado 
    y una boca que funcione como altavoz de su interior 
    para poder escucharse en fuerte 
    y auto comprenderse 
    o auto corregirse si fuera necesario. 
    (De hecho, hay dos escenas muy buenas que ejemplifican esto: Tristeza escuchando, parafraseando y reafirmando a Bing Bong y  la mencionada anteriormente, cuando Riley falla en hockey y sus papás van a acompañarla al árbol).

    A los padres de Riley, les importaba sobretodo cuidar su relación con su hija. Ambos, eran padres presentes, comprometidos con su crianza y tenían una visión positiva de su niña, incluso cuando ella reaccionaba y actuaba "mal", hasta cuando había robado y se había escapado... Cuando la encuentran, antes que nada, buscan acercarse a ella, hacen todo por reconectarse con ella, escucharla, comprenderla, ponerse en sus zapatos, arroparla y hacerla sentir en puerto seguro.



    Son flexibles y van más allá de la obediencia ciega, inmediata y a corto plazo, saben que se tiene que bañar pero disfrutan perseguirla y se ríen cuando ella corre encuerada y con el calzón en la cabeza por toda la casa... Son pacientes, saben priorizar y dejar que aprenda de sus errores. Saben que a veces bastan las consecuencias naturales para arrepentirse, reflexionar y cambiar. Por esocuando vuelve se ahorran sermones, no le restriegan sus errores, ni la ridiculizan o chantajean.

    • Por último, el décimo punto para formar con amor es buscar el desarrollo integral y equilibrado propio y de los hijos. Por eso, los padres de Riley habían promovido que tuviera pilares sólidos:
    1. La familia
    2. Amistades sanas
    3. Ejercicio y tiempo de ocio enriquecedor
    4. Honestidad 
    5. Sentido del humor y visón positiva de la vida 

    En fin, para concluir es importante recalcar que los hijos son un regalo precioso y realmente son sorprendentes. A veces les exigimos lo que ni siquiera pueden dar o lo que ni nosotros damos o hacemos... Obviamente cometen errores, al igual que los adultos, pero a diferencia de los grandulones, a ellos no se les puede imputar gran responsabilidad, ya que se equivocan con verdadera inocencia, ignorancia, inconciencia y hasta con  cierta incapacidad o limitación para poder actuar distinto, ya que a penas están creciendo y su cerebro madurando.
    Los niños perciben más de lo que imaginamos, sienten  mucho más que temor, desagrado, tristeza, furia y alegría y no sabe qué hacer con todo eso. Tienen inquietudes y problemas que parecieran irracionales y nimiedades, pero que para ellos, son tremendamente importantes y decisivos
    para su autoestima, autoconcepto y en sí, para su vida...

    No basta "adiestrarlos" ni "instruirlos", 
    hay que aprender a mirar su belleza y riqueza interior, 
    necesitamos apender a escuchar su alma a través del brillo de sus ojos,  
    y sí debemos formarlos, pero con visión a futuro, 
    y sobretodo siempre amándolos sin límite..

    ¡Sólo entonces estaremos criando concientemente y con amor!






    martes, 28 de abril de 2015

    3 embarazos, 3 partos, 3 experiencias únicas: 1a parte







    Cada parto es un recuerdo para toda la vida que queda grabado en lo más profundo del alma de la mujer e influye en su ser y proceder, así como en su familia. Por eso es tan necesario cuidar a las mujeres para que ese recuerdo sea positivo, enriquecedor y empoderador, y no, negativo o violento. No basta tener un bebé sano tras el parto, cargado por una mamá sana fisiológicamente, mientras psicológica y emocionalmente queda destrozada.
                    Afortunadamente y no me canso de dar gracias a Dios, he logrado sanar las heridas de la primera guerra, o sea del primer parto… Historia del primer parto Tras el shock, me traté de convencer de que así era esto del parto y la maternidad, y hasta creía que me había ido bien. Sin embargo, pasaban los meses y las heridas sangrantes tan sólo derramaban palabras como: indignante, devastador, frustrante, abuso, sufrimiento (sufrimiento, aunque prácticamente sin dolor por haber recibido la epidural), desconfianza y rechazo. 
                    Poco a poco fui reconociendo que había sido presa de la violencia obstétrica. Lamentablemente, la primera impresión de la tan anhelada maternidad parecía ser un fiasco y una carga con exigencias sobre humanas. Igualmente, la lactancia me pareció una carga tremenda, fue un deber a lograr porque era “lo mejor” para el bebé. Le dí 4 1/2  meses lactancia exclusiva, luego ahí empezamos con la  ablactación y después casi hice fiesta cuando dejé de darle pecho a los 7 meses y medio. Obviamente,  hubieron otras circunstancias que no me ayudaron a lograr una lactancia exitosa y satisfactoria, empezando por mí misma, mis sombras y paradigmas erróneos, así como otras situaciones externas que ahora no valen la pena mencionar.
                    De cualquier forma, afortunadamente tras considerarme incapaz e incompatible con la maternidad, decidimos abrirnos a la posibilidad de recibir el don de la vida nuevamente y ¡menos mal, ya que ha sido una gran bendición! De hecho, los otros dos partos ni si quiera son concebidos como “guerras”, sino como experiencias vitales transformadoras y empoderadoras, que me han hecho revalorar muy positivamente la maternidad:
                           Muchas personas me han pedido que explique la historia de mi segundo y tercer parto. Finalmente, he tenido tiempo para hacerlo, dedicándole dos artículos para que no se haga tan pesado leerlos. Por otra parte, quiero señalar que  aunque mi marido prácticamente no salga mencionado en las narraciones, le estoy profundamente agradecida por su apoyo cariñoso, comprometido y constante, tanto en los embarazos, como en el parto y especialmente en la crianza de estas creaturitas con las que hemos sido bendecidos y de quienes somos responsables. Como se podrán imaginar él ha sido una pieza fundamental, en primera porque si no, ellos no estarían aquí... 

    En fin, entremos en tema, el segundo parto se podría decir que fue:

    UN PARTO DOBLE, DE MI HIJO Y  MÍO.
    Fue reparador, transformador y empoderardor.

    La segunda vez que me lancé al ruedo, en términos generales, sabía a lo que iba, así que sentía menos incertidumbre que la primera vez. Además, ahora sí iba preparada con un curso Lamaze y con un buen equipo.

    En el curso Lamaze (psicoprofiláctico):
    • Las instructoras creían no sólo en el parto vaginal, sino en el parto vaginal sin epidural e incluso compartían además de sus conocimientos, sus experiencias con nosotros.
    • Aprendí la diferencia entre dolor y sufrimiento. En realidad, reconocí lo que ya había experimentado en el primer parto: que no van forzosamente  unidos. Si bien en ocasiones se experimentan los dos simultáneamente, también puede haber uno sin el otro.
    • Conocí sobre intervenciones rutinarias innecesarias (enema, maniobaras para separar membranas, rotura de membranas, maniobra de Kristeller, canalización, epidural, episiotomía, etc.) Yo había sufrido muchas de ellas, pero ahora estaba conciente que tenía derecho a rechazarlas
    •  Diseñamos afirmaciones positivas, practicamos estrategias para aliviar el dolor en el trabajo de parto y respuestas asertivas ante situaciones no deseadas o imprevistas.
    • Lo más importante es que creían en la capacidad innata de la mujer para dar a luz y creían en mí. Me apoyaban y me ayudaron a creer en mí.

    Por otra parte, tenía un ángel-porrista-pacientísimo por ginecólogo, que respeta la naturaleza y mi dignidad y la de mi hijo, que cree en mí y me apoya. Así que, además de que ya no iba tan menza, en lugar de sentirme como vaca al matadero, ahora iba a por todas, a agarrar al toro por los cuernos, en  manos de un excelente humano y profesional.

    Obviamente, las heridas de la primera guerra habían debilitado mi autoestima y autoconfianza, tenía miedo del parto, pánico del posparto y terror del bebé. Estaba dispuesta a intentarlo, pero debo aceptar que no estaba muy convencida de poder lograrlo. Aún resonaban con fuerza aquellas palabras que hacía dos años se habían clavado en mi alma: “para qué sufrir en estos tiempos”, “si ahora te duele, no te imaginas luego”, “no tienes leche”, “lo estás matando de hambre”.
                    Con mis inseguridades y mis miedos, se acercaba el día del parto... Desde la semana 36 empecé a soltar algo de tapón, así que dejé de nadar y hacer ejercicio. Esas dos semanas tuve contracciones prodrómicas fuertecillas. Varias veces pensé que ya era el momento y nada, porque después de un rato o unas horas, pasaban y desaparecían.
                    Finalmente a la semana 38, después de acostar a mi otro hijo y cenar, las contracciones comenzaron a ser más frecuentes y cada vez más intensas. De hecho, mi marido quería que viéramos una película, pero yo ya no podía concentrarme en verla. Así que me metí a la regadera y ahí empecé a experimentar lo aprendido en las clases Lamaze: “escuchar tu cuerpo y hacer lo que te pida” y a repetir:  “yo puedo… una menos para conocer a mi hijo”.
                    A mí, mi cuerpo me pidió hacer cuclillas - squat y respirar lento y profundo cada contracción. Debo de reconocer que me sirvió mucho un video que nos pasó en el curso, una educadora perinatal ahora amiga, de su parto haciendo esa posición.
                    Llamamos al doctor y nos fuimos al hospital. Cabe señalar que cada  bache y cada tope del camino son  una tortura. Llegamos a media noche y  yo pasé directo porque ya teníamos pagado el paquete,  pero mi marido se tuvo que quedar llenando los papeles de ingreso, situación nada graciosa, ya que no saber cuándo me acompañaría hizo que mis nervios se incrementaran. Luego nos enteramos que podríamos haber dejado ya firmado todo con anterioridad y así él hubiera pasado conmigo desde el principio… ¡Ni modo, para la próxima!
                    En esos momentos, el tiempo pasaba en cámara lenta y sentía que todos los empleados del hospital eran los más ineficientes del mundo. Los 5 - 10 minutos que pasan mientras te suben en silla de ruedas a la sala donde te dan tu bata, te ponen el monitor electrónico fetal y llega tu doctor, parecen 5 horas. ¡Y no se diga los 15 o 20 minutos conectada a esa cosa sin poderme mover y acostada!… Lo único que deseaba era arrancarme las correas, poder moverme y seguir haciendo lo que el cuerpo me pidiera.  Sin embargo, mientras estaba ahí atada, agradecí que otra educadora perinatal nos hubiera explicado que si vomitas es normal, y es en general, señal de que ya estás prácticamente al final del trabajo de parto. Así que cuando me pasó, aunque suene asqueroso, pero hasta me animé y agarré fuerzas.
                    Cuando me quitaron el aparatejo, me metí nuevamente a la regadera a seguir con mis sentadillas – squat en cada contracción. Conforme pasaba el tiempo me metía  cada vez más en mi misma. En esos momentos te olvidas del tiempo, de los demás y de que alguna vez tuviste pudor. Simplemente tu parte más racional se queda fuera del cuarto y te encuentras creando, como diría Penny Simkin, tu propio ritual y ritmo para relajarte.
                    Así estuve un tiempo, hasta se oyó ¡pop! Se rompió la fuente y salió el tapón. Y sí, aunque estés en la regadera notas el chorrote de líquido amniótico escurriendo.  Debo confesar que ahí, llegué al punto de dudar si podría seguir sin epidural. De hecho, le dije al doctor que si esto seguía mucho más, ya no creía poder. Él me dijo claro que podría, pero que además seguro ya estaba completa (totalmente dilatada, 10cms) lista para que naciera y sí, así fue… 
                    Directo a pujar y a las 2 am ya estaba cargando a mi bebé. Sin embargo, los recuerdos pasados y el miedo a las inyecciones hizo que mientras salía la placenta y suturaban algunos desgarritos leves, le diera a mi marido al bebé porque yo pensaba que lo tiraría mientras me cosían. En realidad, no sentí nada con la anestesia local  y perfectamente podría haberlo cargado, pero bueno...
                    En fin, al día siguiente, en realidad ese mismo día más tarde, me sentía perfecto y hasta me fugué a comprarme al Starbucks una tartaleta de chocolate blanco y zarzamoras para desayunar.
                    Eso sí, habiendo aprendido de los errores pasados, no avisamos a nadie que ya había nacido hasta 24 horas después. Queríamos estar solos y poder aplicarme en la lactancia, descansar y disfrutar sin interrupciones. Sólo fue mi otro hijo a conocer a su hermanito, mis padres y dos que tres personas espaciados, sin aconglomeraciones ni multitudes.
                    Me quedé con mi bebé en el cuarto, quería hacer alojamiento conjunto, pero los recuerdos me traicionaron en la madrugada. Estaba  agotada y adolorida porque el bebé llevaba horas mamando sin desprenderse y sólo así estaba tranquilo, después empezó a llorar sin consuelo. Entré en pánico y justo mi doctor pasó a revisarme y me dio una pastilla para dormir mientras se lo llevaron al cunero.
                    Y luego, ya en casa fue totalmente otro rollo distinto al de la primera experiencia. Hasta recuerdo decirle a mi marido, que ahora entendía por qué había gente que decía que “los bebés eran lo mejor”… No podía creer estar disfrutando a un bebé tan chiquito…

    Con este segundo parto descubrí:
    • Que estar dilatada y con algo de borramiento no se traduce en parto inminente, pueden pasar días y hasta semanas.
    • Que los pródromos van preparando el camino y hay que ser pacientes. Por más que tengas contracciones fuertecillas, mientras no tengan una frecuencia constante y vayan aumentando de intensidad, relájate, aún no ha llegado el momento… ¡Pero se acerca! Así que te puedes ir poniendo feliz,  tu cuerpo se está preparando.
    • Que los tactos deben de ser los menos posibles y en general no duelen. Si duelen horrible y espantoso es, en realidad, porque te están haciendo maniobras para despegar membranas o romper la fuente. 
    •  Que para evitar la episiotomía la mayoría de las veces sólo se necesita paciencia y definitivamente, un desgarre natural es mejor que un corte innecesario.
    • Que un parto respetado facilita el apego con tu hijo, la lactancia, la crianza y la experiencia de la maternidad.  
    • Que la recuperación de un parto normal sin intervenciones innecesarias es impresionantemente rápida.
    • Que sí podía y sí puedo parir sin epidural.
    • Que sí puedo dar pecho, sólo necesitaba confiar en mí, escuchar a mi bebé y hacerle caso a sus necesidades y a mi instinto.
    Este embarazo fue muy especial porque me ayudó a cerrar heridas y  a sanar mi autoestima. En realidad, fue trasformador y empoderador. En cuanto nace tu bebé y te das cuenta que lo lograste,  sientes que el mundo te queda chico y que puedes con todo.
                    Ahora bien, aunque tuve mejor experiencia con la lactancia materna, dando pecho exlusivamente hasta los 6 meses y luego hasta los 9 y medio. Aún los recuerdos y un pediatra “wannabe” pro lactancia (con horarios, fórmula por si las flies, supositorios, laxantes) obstaculizaron nuevamente, aunque en menor grado, mi experiencia y el poder lograr llegar al punto de disfrutar lactancia y el colecho…  Así que me faltaba un tercero para poder experimentar las maravillas de la lactancia materna exitosa y satisfactoria. 

     Por tanto, claro que me faltan mil cosas por lograr, aprender y crecer, 
    pero con este parto también yo nací, 
     ahora era y me sentía  una mujer y madre nueva, transformada y empoderada.




    Artículo publicado en Yo Influyo


    domingo, 5 de octubre de 2014

    Embarazo, parto y crianza: ni ocultismo, ni idealización... sólo realismo y veracidad





    Con el permiso de una amiga que acaba de tener a su bebé el 24 de septiembre, les comparto el mensaje que nos envió.Me encantó, ya que me pareció súper sincero y REALISTA:

    Hola!
    Muchas gracias por estar al tanto de nosotros. El bebé nació muy saludable. Nosotros también estamos bien. Contentos, agradecidos, orgullosos, con salud, con infinita ayuda de nuestras mamás, cansados, desvelados, la mayoría de las veces sin saber qué hacer cuando no para de llorar, sensibles; es decir, adaptándonos a los cambios y descubriendo nuestra nueva familia. Mi admiración absoluta a los papás que nos han precedido…


    ¡Lo que dice es tan real, pero poca gente lo comparte así de claro!

    Comparándolo con un maratón, el embarazo es sólo el calentamiento y el parto es sólo el inicio de la carrera. Entonces sí, cuando cargas a tu bebé por primera vez empieza el reto de llegar a la meta, formar hijos libres y responsables, que amen y dejen huella por donde pasen... ¡Y surgen tantos interrogantes y desafíos! Además, el chiste está en no sólo verlos crecer y “pasar” esos años duros de crianza sólo “aguantando o sobreviviendo” los kilómetros, sino disfrutándolos y viviéndolos dando lo mejor de nosotros, a pesar del cansancio o incluso dolor que los acompaña y sobretodo aprovechando cada instante que vuela.
                    Evidentemente hay días o épocas más complicadas, en las cuales, seguro les ha pasado que escuchan de refilón, o de metiches, la conversación de una extra-ilusionada o “ilusa” embarazada a punto de parir y tienen que morderse la lengua para no gritar lo que está pensando: “reina, ¡no sabes en la que te has metido… no tienes ni idea de lo que te espera!!!!!”… Y vale tanto por las bendiciones y alegrías incomensurables que la maternidad conlleva, como porque es ahí cuando aprendes, como se dice vulgarmente, a “amar en tierra de indios”. Amar sin medida y sin condiciones.
                    La maternidad es en realidad una carrera de vida, la  “iron mom” y es infinitamente más exigente y desgastante que cualquier otra. Con etapas de recorrido 24 x 7 y otras menos intensas, pero siempre en cualquier caso, la meta está “hasta que la muerte los separe”, así que esto es un poco más de kilómetros a recorrer que en ningún otro maratón. Además, no hay premios ni medallas y en general, ni siquiera valoración social, ya que “sólo eres mamá”.
                    Parte de la minusvaloración, entre otras causas, viene de que el embarazo y parto se han medicalizado e institucionalizado, a tal punto que se les ha desterrado del ámbito familiar, normal-natural  y cotidiano que los debería caracterizar. Esto ha generado la infantilización de la mujer, ignorancia y miedos irracionales que impiden tanto una buena y asertiva toma de decisiones como una vivencia sana y positiva de la maternidad/paternidad. Así pues, desnaturalizados y además despreciados por el feminismo radical y la cultura pragmática-hedonista, curiosamente se les ha arrojado a las redes mercadológicas y de los medios masivos de comunicación, quienes paradójicamente, no sólo distorsionan más la presentación de los mismos, sino que los elevan a la categoría de “productos de consumo, inhumanos, de cuento de hadas” perfectos e idílicos.
                    En consecuencia, tanto mujeres como hombres se encuentran bastante confundidos y con ideas y expectativas irreales o falsas. Así pues, actualmente hay dos extremos muy notorios, los que no quieren ni oír hablar de hijos y por otro los que su vida no vale si no tienen un hijo biológico. Por eso, es frecuente que te encuentras con embarazadas que no caben de felicidad por ser, por fin, las “protas” (protagonistas) de su propio cuento de hadas. Mientras cantan shalalalala por la vida e intentan volar cual haditas y hacer dos que tres actos de magia con su nueva mamá-vida y ese bebé que no se parecen nada a los del anuncio ni los de la series, acaban estampadas al fondo del precipicio con todas sus expectativas hechas añicos.
                    Ellas se creen las mujeres con “más mala suerte del planeta” y las únicas a las que les pasa “eso” (de que su bebé llore, de tener sentimientos ambivalentes y por momentos hasta querer encontrar la oficina de “devoluciones”, de sentirse incapaces, de querer de vuelta su vida de antes: ya no digas salir, al menos bañarse sin prisas, ir al baño sola, comer caliente y sin atragantarse, poder traer el pelo suelto sin que te den unos jalones de esos que hacen historia, entrar en su ropa y regresar al glamour, porque ahora ciertos collares son excelentes para descalabrar al niño, los tacones para matar a los dos e ir pintada, peinada, con blusa planchada y limpia sin guacareadas “limpiada” con toallita húmeda, parece misión imposible, etc…). Así que están súper frustradas e inconformes con su vida “imperfecta”, con su familia “imperfecta” y su bebé “imperfecto” que no se acercan en lo más mínimo a los “productos ofrecidos y vendidos”, sin saber que todas, de una u otra forma, hemos pasado por mismo.
                    No es que sea “la grinch de la maternidad”, pero sí me hubiera ayudado en mi experiencia por estos rumbos,  ¡algo de realismo, naturalidad y familiaridad! Antes, se veía de primera mano a tías, hermanas, primas o amigas parir o dar pecho, se sabía de qué iba el asunto, era algo cotidiano. Ahora las mujeres en general no tienen, previamente, experiencias vitales cercanas y reales; a lo mucho, pláticas de café, de whatsapp o virtuales, así como información brindada por nuestros queridos y entrañables amigos, Google y Youtube. Sin embargo, aun así, pocas veces se sabe a lo que tal vez se va…
                    Sobre el embarazo se cree que te embarazas el día que quieres y que todo irá bien. Se sabe lo típico de las náuseas, el cansancio y las estrías,  pero y qué de la acidez, las várices y las hermosas hemorroides que se sufren tan en silencio que parece que leyendas urbanas que ni existen… Eso sin irnos a complicaciones como desprendimiento de placenta, placenta previa, falta de líquido; porque ¡no acabamos!
                    Y tras el parto, creo que se sabe menos, ¡cuando en realidad es donde empieza el cuento! Todos dicen que los bebés duermen y comen, sólo algunos realistas recuerdan que guacarean, hacen pipí y popó. Pero quién te cuenta que los bebés lloran, y es normal porque así se comunican,  dejándote frecuentemente en estado “N.P.I.”, en el cual no tienes NI la más p…mínima IDEA de lo que debes hacer.  Eso sí, todos esos que dicen que los bebés comen y duermen, con mirada acusadora y con grandes ideas, pero en el mismo estado NPI, te preguntan para encender tu ira, con dulce y melodiosa voz que apenas se oye entre los berridos inconsolables del chiquitajo: ¿qué tiene?.... Y piensas, o de plano contestas: “¿Que qué tiene?... Es broma, ¿no? Si lo supiera, no estaría llorando!!!!!  
                    Además, quién te cuenta sobre los estragos, cambios físicos y emocionales normales y demás situaciones que sería útil considerar:

    • Quién te dice que como principiante, tendrás tu novatada y tendrás toda clase de sentimientos encontrados, junto con tus  lindas e inseparables hemorroides, y/o unos puntos si eres de las suertudotas a las que cosieron (por la episiotomía, que no debe ser una práctica rutinaria, o por algún desgarre natural), más los famosos entuertos, la subida de la leche y el aprendizaje de la lactancia materna. Tal vez sabes lo importante que es poner bien al bebé para evitar grietas, pero quién te contó cómo te sientes con la subida de la leche, que hasta fiebre te puede dar, de qué tamaño se te ponen los senos y lo que duele cuando se prende el chiquillo cuando están tan congestionados esos primeros días.

    • Quién te  cuenta que harás equitación durante la cuarentena, montada  a caballo blanco porque te dicen que sale “un poco más de sangre que en la regla”.  ¡Poco más?!?!! ¡Claro, dicen que “todo es relativo!” Pero no…¡Los tremendos coágulos  o jugar a la hemorroisa bíblica “poquito más del mes” no es relativo!?!?

    • Quién te dice que estarás como pez en el agua, húmeda por todos lados, con fluidos propios  y ajenos. ¡Ni cuando usabas pañal estabas tan húmeda! Estarás en tu jugo y súper decorada con: leche,  sangre, gucareadas, a veces hasta pipiada y popeada con alguno que otro disparo que el susodicho realiza cual karcher mientras le  cambias el pañal… ¿A qué en los anuncios de pañales nunca sale esto? ¿Pero cada que los ves, te llevarías mínimo a 3 de los bebés regordetes y  simpáticos que salen?

    Finalmente, por un lado descubres la maravilla del amor desinteresado de personas que te echan la mano y el pie en el inicio de esta etapa y por otro también te topas con el “gran apoyo social” que tiene expertise en juzgar, criticar y etiquetar. Por lo que desafortunadamente, a veces aprendes muy tarde que:
    • Tú sabes qué hacer, sólo necesitas confiar en ti y aprender a dar avionazos
    • Los niños no se malcrían por dar pecho a demanda, por cargarlos “todo el tiempo”, por mimarlos o arrullarlos
    • El rebozo o fular son grandes aliados
    • La teta es el mejor remedio para la salud del bebé, para calmarlo y para que reine la paz
    • El colecho es un gran aliado para el descanso y la felicidad en el hogar
    • Dar pecho por la noche acostada, sin levantarte ni sentarte, es “la solución” para dormir y descansar algo más
    • Por la noche, si te sientas en la cama para dar pecho sin una protección de lado, el cansancio puede vencerte y hacer que el bebé acabe besando el suelo… lo digo por experiencia…
    • Por la noche, si sólo tiene pipí, te puedes ahorrar el cambio de pañal
    • El bebé no tendrá trastornos del sueño si no se duerme a las 8 o si lo arrullas o si duerme contigo 
    • Necesitas cambiar tus rutinas y ajustarlas a las del bebé
    • Necesitas relajarte y olvidarte de estúpidos perfeccionismos
    • Necesitas ayuda y apoyo… no eres super-woman


          En fin, ni el ocultismo,  ni la idealización son sanos, no ayudan para nada. En realidad, entorpecen el camino a transitar con falsas expectativas. Definitivamente, si el embarazo y el parto volvieran a “normalizarse” y retomaran su condición natural y familiar, sería más fácil tener experiencias positivas, se favorecería el apego, la educación conciente y la conexión con los hijos. Asimismo, "de natural" te tomarías dos o tres valemadrinas diarias para confiar en ti y en tu instinto, olvidándote del “qué dirán”, de la presión y crítica social, logrando un mayor bienestar personal y familiar. Entonces, se podrían tener expectativas realistas y soluciones efectivas y eficientes y todo esto permitiría valorar en su justo valor la maternidad, aceptarla con más naturalidad e incluso con una mayor capacidad de entrega y además nuestros hijos estarían mejor preparados y formados.
                    Evidentemente hay conocimientos prácticos y vitales que sólo se obtendrán en la vivencia de la maternidad/paternidad. Sin embargo, urge abrir una comunicación veraz intergeneracional para que el embarazo, parto y crianza retomen su naturalidad, cotidianidad y familiaridad. Asimismo, resulta fundamental que enseñemos a nuestros hijos a diferenciar entre dolor y sufrimiento, porque puede haber uno sin el otro. Y sí, tras el parto, te sientes como diría mi ginecólogo, “literalmente, como después de un parto”, pero si no hubo violencia obstétrica  sino un parto humanizado, apoyo y contención, habrá los dolores normales pero no sufrimiento. Tomarás unos que otros calmantes, usarás unas cremas y de paso habrá momentos que “ni modo, te aguantarás” sabiendo que cada día va a mejor, (aunque es cierto que hay momentos en los cuales no entiendes cómo se te ocurrió embarazarte). Sin embargo, todo pasa y bastante rápido en proporción a una vida.  Afortunadamente, no te arrepientes ni por un segundo y no cambiarías esos días de dolor por nada del mundo, porque tu hijo verdaderamente es una bendición.  Y sí, son imperfectos, pero si los aprendes a mirar con amor te darás cuenta de la realidad:

    Son imperfectamente perfectos,
    igual que tú y yo, que tu pareja, que tu familia, que todos.
    Curiosamente la perfección la encontramos en la “armonía” de imperfección.

                     No cabe duda que formar a nuestros hijos es una gran responsabilidad y hay que formar hijos libres que sepan elegir y vivir la fortaleza y la perseverancia, pero sobretodo que sepan amar, porque para formar una familia y tener hijos se necesita mucho amor, desbordase en la entrega incondicional, a pesar de los pesares que son muchos desde el inicio, pero que son parte de su ser perfectamente imperfecto: una bendición inigualable y un bien social.
                    El embarazo y el parto son etapas determinantes en la existencia personal y deben ser momentos de crecimiento personal y familiar. Ninguna mujer debe sufrir violencia obstétrica, todas tienen derecho a un parto humanizado. Ahora bien, dadas las circunstancias, la mujer debe buscar formarse (platicar con otras mujeres, leer, ver videos, tomar cursos buenos tipo Lamaze) para evitar tanta ignorancia y falsas expectativas para ser capaz de tomar mejores decisiones y tener una  experiencia empoderadora e imperfectamente perfecta.

    jueves, 27 de septiembre de 2012

    Pijamas para bebés



    Ante todo siempre hay que recordar que para gustos: ¡los colores! O sea,  que no hay nada escrito respecto a preferencias. Sin embargo, para quien aún no tenga bien definido qué comprar o quiera algún consejo, le pueden ser útiles algunos puntos a tomar en cuenta:  

    • Los bebés no saben regular bien su temperatura, incluso hay pediatras que  recomiendan que aproximadamente hasta los 3 meses, les pongas una prenda más de la que tú usarías.

    • Lugar donde vives (clima y vivienda, con o sin aire acondicionado y/o calefacción). Por ejemplo, en ocasiones por más mona y delgadita que sea la tela de una pijama, hay veces que si no quieres asar al niño en su propio jugo, más vale dejar las pijamitas en el cajón y tan sólo ponerle una camisetita de algodón o únicamente el pañal.


    1.              PIJAMA  DE 2 PIEZAS








    • Cómodo para los 1001 cambios de pañal. Es buena opción para los que se les dificulta coordinar a oscuras el cerrar cierres o botones a presión. Sólo bajas y/o sacas y subes, lo peor que puede pasar es que le pongas el pantalón al revés, con la etiqueta por enfrente. Por lo mismo, también resultan prácticos para viajar en avión, donde tendrías que cambiarlos en el micro-baño apestosillo y movedizo.

    • Creo que son lo más adecuado y rápido para cuando tu hijo ya está aprendiendo a ir al baño. Al principio, los segundos son vitales para evitar accidentes. Además, luego les facilita ser independientes, para poder ir solos al baño.

    ×       La blusita se les puede subir o arrugar, resultando incómodo.

    ×       Le tienes que poner algo abajo para que no se le ventile la barriguita o la pechuga, porque fácilmente se les sube la parte superior de la pijama.

    2.              MAMELUCO (con cierre, con botones a presión delanteros o traseros)










    • Los mamelucos de cualquier tipo son ideales para que tu hijo esté bien calientito desde el pescuezo hasta los dedos de los pies aunque se destapara.

    •  CON CIERRE: facilísimo de poner quitar. En alguna ocasión podrás pellizcarle el cuerpito o la barba al subirlo. Un tip: puedes acostumbrarte a subirlo cogiendo el cierre normal con el dedo gordo y el índice, pero  metiendo el medio por detrás como barrera.

    • CON BOTONES TRASEROS: ni se le ventila la pechuga y por aquello de la coordinación en la madrugada, sólo tienes que abrir/cerrar 2-3 botones. También son muy útiles para la época en que tu chiquito encuentra muy divertido desabrocharse todos los botones y quitarse la pijama. Con este tipo de pijama, se le complicará hacer “striptease” y bueno si lo logra casi que hasta lo felicitas por su habilidad.

    • CON CIERRE O CON BOTONES DELANTEROS: son muy útiles cuando tienen fiebre y tienes que estarles poniendo el termómetro.


    ×       CIERRE: si no le pones nada debajo (body, camiseta o blusita),  cada cambio de pañal lo ventilas enterito.

    ×       BOTONES DELANTEROS: especialmente en los cambios de pañal durante las madrugadas puedes no atinarle a cerrarlos correctamente varias veces.


    Cada padre/madre/hijo es diferente y vive circunstancias específicas, por lo que no existen opciones únicas. Está el/la que sólo compra mamelucos con cierre, la que tiene de tutti-frutti o al que le encantan de dos piezas o sin pies…

    Aunque por si les interesa mi opinión, para bebés y niños hasta antes de que aprendan a ir al baño, prefiero:

    • Los mamelucos a las pijamas de dos piezas.

    A mi parecer,  el bebé está más calientito y cómodo en una pieza, esto es, sin el resorte de la cintura del pantalón de las pijamas de dos piezas y sin que se le levante ni se le arrugue nada.

    • Y  no compro ningún mameluco sin pies.

    Si no tiene pies  incluidos, a menos que haga mucho calor en donde vivas, es recomendable ponerles calcetines para que no se enfríen y a veces o casi siempre (especialmente con los más chiquitos), resulta misión imposible que no se les salgan. Ahora bien, siempre puedes ponerles mallas debajo.



    En fin, esos son mis gustos, pero bueno, nadie mejor que tú para decidir cuáles son tus pijamas preferidas…

    En cuanto a lugares para comprarlas con las 3B`s (buenas, bonitas y baratas):

    • Barcelona: Z enfant, HM. En rebajas casi en cualquiera, pero aprovecha de visitar Prénatal.
    • México: Costco y ahora pronto llega HM.

    Bueno, pues sería interesante conocer sus opiniones y sugerencias.