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lunes, 27 de mayo de 2019

Formar la mirada que reconoce qué hace feliz al otro... Para hacerlo...






El otro día me llegó un artículo titulado Men fall, asleep, women cuddle and other post-sex behaviors that affect relationships https://edition.cnn.com/2019/04/26/health/post-sex-kerner/index.html En éste explicaban la gran novedad de que hombres y mujeres somos distintos incluso después de tener relaciones sexuales. Los hombres tienden a dormirse, fumar, ver el celular, mientras las mujeres esperan apapacho o una conversación profunda…  Total que mencionaban la importancia de que ambos deben pensar en el otro y en sus necesidades/gustos para que ambos estén más satisfechos y felices…
Intentaré compartirles una reflexión que hicimos en la clase de Sexualidad Humana. Espero lograr transmitir la idea con claridad, ya que durante la clase es más fácil analizar los comentarios por el tiempo que se puede destinar. Cabe mencionar que este grupo de alumnos es espectacular, gente realmente comprometida con la familia y con  defender la vida… No es un grupo “normal”… Con decirles que hay como 6 matrimonios tomando el Máster, dándonos testimonio de que el matrimonio para siempre no es una utopía, ni el seguir más enamorados que de novios tras 15, 20, 30 años de casados 
 Ahora bien, es necesario destacar que había salido a relucir lo que dice Tomás Melendo: “tu pareja debe ser tu proyecto, por tanto debes ser “amable” para facilitarte que te pueda amar y ser feliz. Cuando es así, no se trata de ceder, sino que buscas hacer lo que hace feliz al otro”… Suena bonito, pero ¿realmente es posible  y cómo traduces eso cuando en realidad tú eres el responsable de tu felicidad?... Es cierto que de por sí no son fáciles las relaciones en general, pero menos las de pareja. Aunque en la actualidad se establecen “por amor”, paradójicamente las personas están menos “capacitadas” para afrontar el reto y las obligaciones que conlleva compartir la vida con alguien. Entre otras razones, porque culturalmente vivimos en una sociedad que promueve el:


  • Individualismo: el yoísmo  es  lo de hoy, yo me mi conmigo; yo primero, yo después y yo siempre.
  • Materialismo: se otorga valor y reconocimiento por el tener y no por el ser. Se aman las cosas, las plantas y animales, mientras que se usan  las personas, siendo éstas descartables e intercambiables.
  • Hedonismo: el placer se ha convertido en el fin primordial por encima de la dignidad humana y del bien común. Las relaciones interpersonales se mantienen por conveniencia y según el placer que éstas brindan. Se quiere gozar de derechos sin responsabilizarse de las obligaciones.

Por eso, en esta cultura resulta muy complejo establecer una relación de pareja sana, donde ambos realmente busquen el bien mutuo y ser “amables” el uno para el otro, ya que ni siquiera saben mirarse ni lo que significa verdaderamente amar. En cambio,  por ejemplo, va en aumento la tendencia a ver y tocar el celular constantemente, en lugar de mirar,  abrazar y buscar momentos para estar con quien se supone que amamos.
El caso es que una de las señoras de la clase nos compartió que el otro día fue a una fiesta con su hijo y típico, ahí estaba sin animarse a bailar con su amiga que moría de ganas…  Total que la mamá quién sabe cómo se las arregla para decirle que aproveche de divertirse y pasarla bien, y que además, se acuerde que él debe ser don para los demás, que haga felices a sus amigas…
La verdad aprovechamos el comentario en dos sentidos:

  1. Primero para reírnos y ser concientes del cuidado que debemos de tener con lo que decimos y las frases que usamos… Porque depende cómo, el “has felices a tus amigas”, puede entenderse en varios sentidos. En uno amplio, el chico podría aplicar la frase para justificar el acostarse con una y otra para “hacer a todas felices porque es “un don” para todas”.
  2.  Segundo, y ya en serio, porque es cierto que en situaciones diarias, tan simples como esa, se puede ir formando a nuestros hijos en la empatía y en el ser don (un regalo). En este caso, “hacer feliz a la amiga que quiere bailar”, implica estar pendiente de lo que ilusiona/necesita/quiere la otra persona,  salir de uno, de la zona de comfort para pasar un buen rato juntos. Eso sí, no hay que malinterpretar y creer que uno debe anularse ni que siempre tienes que hacer lo que al otro se le antoje.

¿Cuántas parejas se quedan en el yoyoyo de: es que yo no bailo, yo no esto, yo no lo otro, a mí eso no me gusta y no voy?… Y el otro igual… Total que no se divierten juntos ni comparten uno con el otro sus gustos ni intereses. Claro que no se trata de ser una lapa asfixiante y a veces se pueden hacer algunas actividades cada uno por su cuenta, pero cuando eso se convierte en la norma, los caminos se separan y, después, ya no se reconocen ni se quieren re-conocer…
En realidad los paseos, salidas y demás actividades de ocio pueden resultar muy divertidas según la actitud con la que se vaya, independientemente si se comparte o no el gusto por esa actividad en específico. ¡Vaya! Tal vez nunca serás bailarín profesional y mantendrás tus dos pies izquierdos, pero eso no quiere decir que puedas estar ahí echando relajo en la pista, pasándotela bien con ella que le encanta bailar o que ella pueda acompañarte a ver películas de superhéroes o ir a conciertos de tu música favorita…
En realidad, cuando hay amor verdadero, de ida y vuelta, las actividades realizadas son un “pretexto” para estar juntos, para conocer más al otro, para enamorarse más, para ser cómplices, para avivar la llama y para ser felices. Lo que hacemos en una u otra actividad solo cobra sentido y adquiere valor tanto cuanto nos sirve para encontrarnos con el otro.

En consecuencia, si se cultiva esta actitud  apasionada por la vida y por tu pareja la pasión se reflejará también en el ejercicio de la sexualidad, les saldrá de natural pensar en el otro y buscar que esté bien y a gusto, antes, durante y después de la relación sexual. Lo anterior, no porque quieran “ceder” y ser “buenitos” el uno con el otro, sino porque se han encontrado, en  la vulnerabilidad de la desnudez física y existencial y surge el deseo de protegerse, conocerse más, ser más y de ayudar a que el otro sea más…. Así pues, ellos sabrán encontrar el justo medio entre querer dormir o querer hablar, porque se han descubierto uno al otro en un encuentro de amor que los funde en uno solo, haciendo que la felicidad del otro también sea la propia. En consecuencia, se mantendrán en estado alerta para poder donarse plenamente e incondicionalmente, demostrando su amor con actos concretos que realmente hagan al otro sentirse amado, único e irrepetible.
En fin, este ejemplo unido al artículo se me hizo  simple pero concreto, de cómo en el día a día podemos ir formando en el arte de amar a nuestros hijos, en mirar al otro y servir al otro sin servilismo... Para que nuestros hijos sean capaces de amar necesitamos ayudarlos a salir de sí mismos, a pensar en los otros, a donarse y a verse, hombres y mujeres, no como rivales sino como seres complementarios que en la diferencia se enriquecen y pueden ser mucho más.

miércoles, 20 de julio de 2016

El verano con hijos pequeños





Cada quien decide qué hacer con sus hijos en el verano, evidentemente es una decisión personal, influida por numerosos factores: país y lugar donde vives, número de días de vacaciones, número de los hijos y edades de los mismos, situación personal, situación laboral de los padres, redes de apoyo con las que se cuenta, paciencia y creatividad… ¡Así que no se puede dar una receta para todos por igual! 

Sin embargo, te presento 5 PUNTOS, no para sobrevivir el verano con tus hijos en casa, sino PARA DISFRUTAR JUNTO CON ELLOS DEL VERANO:


  • 1. BAJA EL LISTÓN, PONLO A UNA ALTURA REALISTA Y SÉ TÚ MISMA.

Ya sé que las “mamás Pinterest” te presentan mil ideas buenísimas, pero a veces tú puedes caer en la tentación de poner en un altar a esas “súper mamás” que hacen tanta monada con sus hijos y sentirte merecedora del premio a la peor mamá del mundo. 

No obstante, sin quitarles mérito, de verdad te digo algo: ¡ubícate!... ¡Sólo estás viendo una foto o un video!… ¡1! ¡Uno! ¡Un instante de tooooooodo su día! Es más, no es por envidia, sino por experiencia que te puedo asegurar que sus 24hrs del día no fluyeron con esa enorme sonrisa, perfección y glamour “Pinterest”. 

En realidad, si quieres saber, más o menos, cómo fue el proceso antes y después de tomar la foto perfecta, te sugiero que intentes realizar la actividad con tus hijos. Al final, retoca lo realizado y toma unas mil fotos y entonces descubrirás que también podrías abrir tu cuenta y tener miles de seguidores… 

En fin, acepta que eres una mamá común y corriente como la mayoría de nosotras: tienes días mejores que otros, tienes tus fortalezas y tus debilidades, habrá días que fluyen maravillosamente y otros que quisieras poder vender las horas que faltan para acabarse porque no puedes más. Así que obvio da lo mejor de ti, pero el punto principal es que seas tú misma y te conozcas, para que sea lo que sea que decidas hacer o que hagan, se ajuste a tus/sus necesidades, a tus/sus capacidades, a tus/sus posibilidades, a tu paciencia y que contribuya a que estén en paz y a que al final de día puedan decir: “valió la pena”.



  • 2. LOS NIÑOS NECESITAN TIEMPO LIBRE, SIN PROGRAMAS ESTRICTOS INAMOVIBLES, SIN TELE O APARATOS ELECTRÓNICOS.

Está bien que quieres que tengan algunas horas con actividades programadas, pero no quieras planearles toda una jornada “laboral” de 10 horas continuas retacadas de actividades para que estén “entretenidos y se diviertan”. Asimismo,  obviamente pueden ver tele o usar aparatos electrónicos, pero definan un horario y tiempo de uso limitado y a mi parecer, entre menos mejor… El resto de las horas, déjalos ser niños, deja que tengan tiempo libre – libre - libre.  

Deja que ellos decidan qué quieren hacer: jugar con palos, piedras, plantas, lego, muñecas, carritos, disfraces, plastilina, acuarela, colores, ver cuentos o leerlos. Necesitan tiempo libre para inventar historias, imaginar, soñar, descubrir y hasta para aburrirse. 

Conviene que tomes en cuenta que si no están acostumbrados a tener tiempo libre y sin tele o aparatos electrónicos, al principio se les hará raro o querrán que les digas qué hacer o que los lleves a algún lado, pero pronto descubrirán todo lo que se puede hacer cuando no hay horarios y prisas. 


  • 3. INCLÚYELOS EN TUS ACTIVIDADES Y LAS DE LA CASA DESDE CHICOS.

A veces en el día a día por practicidad prefieres ayudarlos o tenerles hechas muchas cosas que podrían hacer por sí mismos, porque hay horarios estrictos que cumplir. Sin embargo, ahora en vacaciones relájate y pues hay más tiempo para que se vistan solos, recojan, preparen sus comidas, rieguen las plantas, que te acompañen a realizar pendientes o al super,  mientras ellos se encarguen de cosas concretas. P.e., coger ciertos productos en el super, "pagar" (entregar la tarjeta o dinero) y recibir el cambio, meter las cosas a la casa y ordenarlas, sellar el boleto del estacionamiento, etc.


  • 4. CREEN RECUERDOS JUNTOS.

Esto de las vacaciones no tiene que causar que la familia se vaya a la bancarrota, ni necesitan ir a los cursos de verano más caros y exclusivos. De hecho, independientemente de que vayan o no a cursos de verano, lo más importante es que te preocupes y te ocupes de crear buenos recuerdos CON ellos y hay mil cosas para hacer que no necesariamente son caras y hasta los forman en la austeridad y en valorar lo sencillo:


  • Invitar amigos a la casa a jugar e ir a casas de amigos.
  • Bailar poniendo cualquier música o bailar siguiendo los pasos de canciones famosas en YouTube (escribe Just Dance).
  • Pintar con colores, crayolas, plumones, acuarelas, gises, ladrillos, etc.
  • Pegar con pegamento adornitos, papel, pasta o hojitas en dibujos o cajas.
  • Jugar con plastilina, hasta la pueden hacer casera con agua, aceite, sal, harina y colorante.
  • Organizar paseos, solo ustedes o con primos o amigos: al cine, a patinar, a museos, a parques.
  • Cocinar galletas o pasteles y llevarlos a regalar a alguien.
  • Escoger ropa y juguetes para ir a donar a algún lugar.
  • Poner alberquitas inflables en el jardín para chapotear o el regador y correr entre los chorros. 
  • Sembrar frijolitos o alguna semillita que quieran y cuidarla.
  • Jugar juegos de mesa.
  • Hacer manualidades sencillas que no te estresen.
  • Hacer pulseras y collares.
  • Hacer casitas o refugios con sábanas y toallas.
  • Hacer comidita con lodo y jugar con tierra.
  • Hacer ”excursiones o picnics” por las calles donde vives y parques o pastos cercanos, para que al llegar a un punto seguro y tranquilo puedan sentarse a comer su lunch o merienda.
  • Acuéstense en el suelo/pasto a buscar figuras en las nubes.
  • Si llueve, que brinquen en los charcos y salgan con impermeables, paragüas y botas o sin todo el kit, simplemente a divertirse.
  • Que pinten piedras o palos
  • Dales cajas para que hagan con ellas lo que se les ocurra.
  • …Y bueno si pueden hacer algún viajecito, ¡bienvenido sea!



  • 5. PLANEA CON EL MÍNIMO DE ANTELACIÓN POSIBLE, LEVÁNTATE CON ACTITUD POSITIVA Y ADÁPTATE AL DÍA DÍA.

Todos sabemos que la vida cambia rápido, muy rápido y “Murphy” generalmente trabaja sin descanso para que nos volvamos más pacientes, creativos y adaptables. Así que si la ley de Murphy te sorprende más de una vez en estas vacaciones modificando tus planes originales, enséñales a tus hijos que no pasa nada, cambio de planes y listo, hasta puede salir mejor que lo planeado. 

Asimismo, acostumbra a tus ojos y a tu corazón a ver lo bueno de la vida. No te claves con el cansancio, los “accidentes”, pleitos y demás cosas que estresan a cualquiera, pero que son parte del show...

Si aprendes a ver más allá de las dificultades y retos que se presentan, descubrirás que los buenos momentos son infinitamente mayores y  los recuerdos felices inolvidables son incontables y permanecen atesorados en tu alma y en la de ellos.


¿Y ustedes qué han hecho hasta ahora en las vacaciones?

¿Qué harán los días que quedan?

lunes, 29 de febrero de 2016

Necesitas una tribu para criar a tus hijos



La maternidad es una bendición que no tiene precio y que no cambiarías por nada del mundo, aunque a veces afirmes que estás por renunciar. Es una aventura extrema en la que te descubres oscilando constantemente  entre la nostalgia y la plenitud, entre la frustración y la realización, entre el querer que crezcan tus niños y el querer que se detenga el tiempo. Por lo tanto, al finalizar tu día, a veces sientes que sufres bipolaridad  o esquizofrenia.

Y en este caminar de la maternidad por veredas desconocidas, a veces arduas, pero de felicidad inmensa,  necesitas una tribu que te acompañe en la crianza. No sólo para poderte fugar de fiesta algún día con tu marido, cuestión nada irrelevante y sí imprescindible; sino para crear buenos recuerdos y caminar juntos como la naturaleza lo ideó.  

No somos islas, ni absolutamente independientes. 

Nos necesitamos unos a otros para todo, 
porque somos seres sociales intedependientes por naturaleza. 
En mi caso, definitivamente no me concibo sin mis tribus...

Siendo honesta, la primera vez que fui plenamente conciente de esto fue durante el posparto de mi primer hijo. En esos momentos experimenté la vulnerabilidad en todo su esplendor y a la vez la soledad de la maternidad para la mujer actual; "autosuficiente", acostumbrada a "no estar en casa" y a estar en contacto continuo con gente. Por fortuna, también pude experimentar las ventajas de vivir en pueblos, desarrollados y bien planeados que facilitan la convivencia y el encuentro entre las personas. Así pues, viviendo en Europa, con un océano de por medio, entre mi familia, mis  amigos y yo, puedo decirles que no sé qué hubiera hecho sin la tribu que me adoptó y me acogió por aquellos rumbos.

Estoy segura que tras el parto traumático que viví, 
caminé por la cuerda floja de la depresión posparto 
y no caí, gracias a mi marido, a mi familia que fueron a visitarme 
y a mi tribu de allá....

Después de un tiempo, la vida que siempre sorprende, nos hizo cruzar inesperadamente el charco, regresándome a mi tribu en la Ciudad de México. Allá,  experimenté el fenómeno de las grandes ciudades inhóspitas, que se caracterizan por el tráfico, por ser caras, caóticas, contaminadas, sobrepobladas y cero amigables con las familias. Lo anterior, aunado a las exigencias laborales y a la edad de los hijos, dificultan mantener un contacto frecuente y espontáneo con tu tribu, generando un "aislamiento autoelegido", con tal de evitar el tráfico y caos.

Finalmente, hace un par de años, tuvimos la oportunidad de mudarnos a una ciudad más pequeña,  que está relativamente cerca de mi familia y que a la vez facilita la convivencia entre las familias y el establecimiento de nuevas amistades. Así pues, en esta nueva etapa, mis amigas han sido pieza clave para poder disfrutar más la maternidad, alivianar las exigencias de la crianza y dar rienda suelta a mis necesidades sociales y a las de mis hijos. 

Definitivamente, ser parte de una tribu es connatural a la persona.   

Ahora bien,

¿cuál es las ventaja de que en ésta cuentes con  
parientes o amigas "contemporáneos" con hijos de la edad? 
...Pues que ellas están en las mismas que tú  
y por eso, resultan ser compañeras de batallas ideales en esto de la maternidad y la crianza

porque:
  • Aunque te juzgan, al final, te aceptan como eres. Quedaría muy poético decir que no te juzgan, pero la realidad es que hay cosas de tu forma de ser y de criar que les gustan y otras que no. Así que supéralo, seguramente te han criticado o "comentado el punto", al menos con su marido...  Lo importante es que te quieren como eres, te apoyan, te acompañan y te hacen el paro cuando necesitas. 
  • Sufren los mismos sentimientos bipolares o esquizofrénicos acerca de la maternidad y la crianza, así que te entienden perfectamente. Definitivamente, esto te da la certeza de que no sufres ningún trastorno psiquiátrico, sino que es el curso normal de la maternidad, la crianza y el desarrollo humano el que es muy demandante. Bueno, esto si son "normales", o sea imperfectas, porque siempre existe  una  amiga, con el marido perfecto y los hijos perfectos, cuya vida perfecta podría patentar Disney...
  • Te "terapean" de vez en cuando, escuchándote o haciendo posible, aunque sea entre aproximadamente 20,000 interrupciones,  el que puedas escuchar "cuentos de adultos" y conversar con alguien de más de metro y medio de altura.  Y es más, aunque sea indirectamente, resulta terapéutico  el verlas librando las mismas guerras que tú (cansancio extremo, pleitos entre los hijos, caídas, dormir como sardinas todos en tu cama, caos, idas inoportunas al baño, etc.). 
  • Con su forma única de ser mamá, sus costumbres y tradiciones, te enriquecen y enriquecen a tus hijos, introduciéndolos en la unicidad del ser humano, la adaptabilidad, la tolerancia y el respeto. 
En fin, este artículo no pretende ser una oda a la amistad (como la catalogó mi marido), aunque evidentemente estoy profundamente agradecida con mis tribus de aquí, de allá, de ayer y de hoy. En realidad, lo que espero transmitir a través de las anécdotas y reflexiones es que el individualismo tan en auge es una gran mentira, que nos complica la vida y nos aleja de la felicidad, nos dificulta la crianza y nos impide disfrutar la maternidad/paternidad.  

Somos seres interdependientes y necesitamos contar con una tribu 
que nos facilite, nos  acompañe y nos apoye en esta gran misión que tenemos,
 al haber sido bendecidos con nuestros hijos...


¡Dejémonos de falacias y de actitudes soberbias!

...Solas-solas no podemos...