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viernes, 12 de octubre de 2018

Al menos una vez en la vida: ¡Visita Tierra Santa!




Viajar por placer es increíble y nunca es un gasto… De hecho, es la mejor inversión que uno puede hacer tras cubrir lo necesario para vivir dignamente.  Lo viajado y lo paseado nadie te lo quita y sí que te da mucho… Viajar hace crecer, enriquece y “desaburra”, o sea te quita un poco lo “burro”… Y te ayuda a ser capaz de vencer, en unas cuantas preguntas, a la campeona invencible del “Maratón”: la ignorancia…
Al viajar, sin lugar a duda, voluntaria e involuntariamente durante todo el proceso se obtiene, en menor o en mayor grado, un aprendizaje integral continuo (intelectual, psicosocial y espiritual). Con la ventaja de que, mientras lo haces, hasta te ejercitas físicamente al “patearte” los pueblos y ciudades enteros. Claro, que hay sus excepciones, ya que obviamente esto no aplica cuando el viaje consiste en “no hacer nada” y donde el mayor esfuerzo realizado implica salir de la cama para echarte en la playa y estirar la mano para que te traigan comida y bebida... De cualquier forma, indiscutiblemente, hasta en los viajes “menos intensos” se adquieren habilidades y competencias muy variadas:
Todo empieza desde que surge la idea y tienes que iniciar la planeación, buscar opciones que cumplan tus expectativas y te garanticen el binomio calidad-precio. Entonces, definido el presupuesto, si es que quieres que el sueño de verdad baje a la realidad, comienzas a ahorrar o sigues haciéndolo. Luego, por fin se acerca el día del viaje y te ves en la necesidad de diferenciar entre lo imprescindible y lo prescindible para hacer maletas de viaje y no de mudanza, que se ajusten a las estrictas normas de tamaño y peso que tienen las aerolíneas, pero que lleven todo lo necesario. Así que ejercitas tu capacidad para ser previsor sin llegar a extremos ilógicos. Asimismo, te instruyes en el arte de documentar maletas, llenar papeles y encuerarte para pasar inmigración (en caso de ir en avión). Y también, te las ingenias para seguir indicaciones hasta en idiomas desconocidos…
Así pues, investigando, preguntando y siguiendo mapas conoces personas, historia, lugares maravillosos, culturas diversas, bailes, trajes típicos y comida exquisita, exótica y hasta la que ni pruebas pero que, al menos, ahora sabes que existe. En definitiva, viajando descubres formas de pensar y actuar diversas, así como costumbres, colores, movimientos, ritmos, sonidos y olores totalmente diferentes a los que tus sentidos están acostumbrados. Todo esto, por más que lo leas y lo veas en millones de páginas googleadas o en el algún libro con ilustraciones fantásticas galardonadas, no se puede comparar con vivir la experiencia en carne propia. Finalmente, aunque no pagues por eso, indirectamente y aunque no quisieras, aprendes a lidiar con imprevistos, a ser más flexible, adaptable y a solucionar conflictos, entre muchas otras habilidades… En fin, ni la mejor lección magistral sobre un país puede sustituir el pisar su suelo, pasear por sus calles, respirar su aire y conocer a su gente…
Claro que hay de viajes a viajes, y no es porque esté organizando uno a Tierra Santa con extensión a Jordania, pero es que hay viajes que de verdad dejan una huella profunda en el alma. En lo personal, estoy convencida que Tierra Santa es uno de esos lugares “must visit” indispensables de cualquier “bucket list”… ¡Vaya, que de ser posible “debes de ir” antes de estar 3 mts. bajo tierra!… Los musulmanes tienen que ir al menos una vez en la vida a La Meca… Y, ¿saben qué pienso? … Tal vez suena exagerado, pero como humanos deberíamos ir, al menos una vez, a Tierra Santa, independientemente de las creencias personales. Tierra Santa es verdaderamente como dicen, ¡el ombligo del mundo! Ahí se han encontrado unos de los restos más antiguos, ahí surgieron las 3 religiones más importantes del mundo, con sus correspondientes cosmovisiones y culturas.
Ahora bien, al entrar por la muralla de Jerusalén te cruzas literalmente con gente de todo el mundo y puedes escuchar cientos de idiomas en un día… ¡Todo en un área de 0.9km2! En un abrir y cerrar de ojos percibes el infinito valor esencial del ser humano y la complejidad de su existencia. El alma se arrodilla ante la grandeza de la libertad y las puertas que ésta abre para la autodeterminación personal, esto es, para la elección de la vida propia. En un segundo queda patente la unicidad del ser humano y a la vez, la diversidad y la esencia bondadosa de la naturaleza humana del la persona común y corriente cuando su corazón no se ha corrompido con el poder, odios heredados y la miseria humana.
Al adentrarte por las estrechas calles de la Ciudad Vieja de Jerusalén y pasear por los cuatro barrios (armenio, judío, cristiano y musulmán) en los que está dividido, es imposible no percibir la gran fuerza e impacto que tiene la cada cultura a nivel personal, social e incluso material... Definitivamente, cada barrio tiene su sello… Asimismo, mientras caminas puedes admirar maravillosas artesanías de concha nácar y madera de olivo, oler el aceite de nardo de María Magdalena, apreciar el olor de las especies típicas de la zona, saborear deliciosos dátiles, dulces típicos y un café, escuchando 5 veces al día al muecín llamar a los musulmanes a orar, cantando el el adhán en los altavoces, al mismo tiempo que pasan judíos para ir a celebrar el Sabbath,  católicos rezando el viacrucis, ortodoxos en procesión, esotéricos equilibrando energía, turistas turisteando y otros con cara de “what?” pensando que están en el Disneylandia de las religiones... En fin, sorprendente, inigualable, inexplicable, inconfundible…Simplemente increíble…
Y al final, ¿qué, con tanta diversidad?... Pues al final creo que es evidente que, en Jerusalén la gente “común y corriente” con la que te topas, sea habitante de la zona, peregrino o turista, enseña que si bien todos somos distintos y hay gran diversidad cultural,

la gran mayoría de las personas que habitan este planeta son buenas personas,
viven agradecidas de estar vivas e
intentan disfrutar la vida, vivir bien y hacer el bien
para ser felices y hacer felices a los suyos.
La gran mayoría lo único que desea es vivir en paz, convivir, ser mejores
y al final de día, poder reír y besar a sus seres queridos…
Sí, la gran mayoría del mundo es buena…
Todos con diversas costumbres y creencias, pero al final,
todos intentando dejar un mundo mejor
o bien, intentando dejar hijos mejores para el mundo…

En fin, en ese trozo de tierra caminan personas de todas las nacionalidades y culturas, unos porque ahí les tocó nacer, otros porque han elegido vivir ahí y otros porque han decidido conocer un poco de ese espectacular lugar… Todos los que pasan por ahí quedan maravillados... Sin embargo, quienes peregrinan por sus calles pueden transportarse a escenas escuchadas e incluso meditadas una y mil veces, y entonces, muchas cuestiones cobran un sentido profundo. Definitivamente, caminar por donde Él pisó se convierte en una oportunidad única para encontrarse con Él y avivar la llama de la fe…

…Al menos una vez en la vida visita Tierra Santa…


viernes, 13 de octubre de 2017

6 puntos para viajar "sola" con 3 niños pequeños



La monotonía en la vida familiar a veces se rompe inesperadamente. De pronto, una oportunidad irrumpe y exige que la tomes o la dejes sin consultarlo con el cerebro izquierdo, racional y financiero. Créanme que para alguien perfeccionista y controlador no resulta sencillo aventarse de un día para otro a viajar “sola” con 3 niños, en una aerolínea de bajo costo, con sus correspondientes altas restricciones, para alcanzar al marido que estaría trabajando de tiempo extra-completo. Cuestión que implicaría cuidar a los 3 chiquillos “sola” en el sol, arena, mar y albercas por 3 días consecutivos, para luego poder disfrutar otros 3 días en familia con la responsabilidad compartida.
                 No sé qué tuerca se me zafó o si tuve una regresión hacia la inconsciente adolescencia, pero amanecí y se me cruzó por la mente la posibilidad de hacerlo. Así que empecé a checar la viabilidad de la locura y pasado el mediodía le llamé a mi marido para comunicarle mis negras intenciones. No sé si fue el trabajo excesivo o qué, pero respondió que sí sin rechistar y pues compré los boletos de disque “ofertón” para ir a la playa que está justo en el estado donde no paran las réplicas de los sismos… ¡Sí lo sabía antes de pagar!, pero creo que sufrí un desajuste hormonal que me nubló la razón ese día.
Total que la aventura inició consiguiendo que alguien me llevara el día siguiente temprano del pueblo a la ciudad para tomar el avión. La complejidad del asunto estribaba en que el susodicho no me botara en la entrada del aeropuerto, sino que me acompañara a documentar y que se fuera hasta que me metiera al área de las salas de embarque.
Cuando resolví ese asunto y regresé de recoger niños de las actividades extraescolares, procedí a mantener una Junta de Consejo con los “pequeños socios” que llevaban la mitad de su vida preguntando: ¿cuándo vamos a la playa?...  Por fin, el “un día de estos” había llegado… Obviamente, no cabían de la emoción y tuve que poner orden rápidamente para que no sacaran todas sus pertenencias en menos de 2 segundos. Retomado un poco el control de la situación, les informé sobre los pasos que tendríamos que realizar desde ese momento hasta que volviéramos a casa. Asimismo, les expliqué claramente los riesgos y las medidas de seguridad a tomar en cuenta, pero sobre todo explícitamente les solicité su cooperación y obediencia máxima, incluso con ejemplos prácticos. Hice hincapié especialmente sobre el viaje de ida y los días en los cuales estaríamos “solos”, viendo a su papá sólo para dormir…
Sellado el compromiso, había que conseguir que, entre la euforia y el cansancio del día, cenaran en un minuto y desaparecieran del mapa para poder enfrentar el siguiente reto: hacer una, ¡una maleta de 158 cms lineales que no pesara más de 15kgs!  En ésta tenía que caber todo lo indispensable y necesario para su servidora y los 3 angelitos de 7, 5 y 3 años, más los trajes de baño del galán y sus chanclas… ¿Por qué? Porque aunque podíamos llevar cada quien dos maletas de mano, como podrán comprender “no soy un pulpo” capaz de llevar mi bolsa, 3 chamacos y 8 maletas de mano. Por otra parte, aunque se pueden comprar “upgrades” para documentar más maletas, cada kilo extra te acerca a viajar a precio de “business class” pero en un “pollero” con alas. Por lo que decidí que sólo mi boleto incluiría una maleta para documentar, y pues heme ahí haciendo milagros.
Al día siguiente había que salir con tiempo porque la hermosa Ciudad de México es una caja de sorpresas. Así que me levanté temprano para arreglarme y poder poner las sillitas de los niños en el coche junto con la maleta y demás triques, tener el desayuno listo y recoger un poco el caos generado por el abrupto arranque de espontaneidad… Sólo que entremedio hubo un pequeño contratiempo que se aunó a las pesadillas que había tenido durante las pocas horas en las que pegué los ojos… Sufrí un ataque de histeria porque se me ocurrió checar el clima del destino y que me aparece en los primeros resultados de la búsqueda el siguiente título: “Alerta de tsunami”. ¿¿¿¡¡¡!!!???... Miren que suelo tener amansada a la fiera que llevo dentro y sé esconder bastante bien los nervios, pero ese día entré en pánico. Por lo que llamé a mi marido para informarle que no me iba y que no me importaba que se perdiera el dinero. Sin embargo, entre él y una amiga me terapearon y decidí seguir con el súper plan improvisado hacía menos de 24hrs poniéndonos en manos de Dios.
Afortunadamente llegamos bien al aeropuerto, pero eso sí, al poner un pie debajo del coche me convertí en mamá gorila con mi baby chango a la espalda, gracias la mochila porta bebé que le pedí a una amiga ese mismo día al salir de casa y me hizo el gran favor de prestarme.  Ahí iba yo con los chicos, uno en cada mano y el otro en la espalda, mientras mi bolsa colgaba del cuello cual cencerro de vaca… Sí, ¡sé lo que estás pensando!... Cero glamour... Efectivamente no era un momento Pinterest. Pudimos documentar sin colas ni espera alguna. Nos despedimos del ángel de la guarda que nos llevó y entramos al área de las salas de embarque.
 Tuvimos que realizar una parada técnica de urgencia en el baño, donde me metí con todos mis chilpayates al designado para personas con alguna discapacidad. Alguno pensará que qué inconciente, pero ¡no! No es abuso ni inconciencia. De hecho, los baños públicos son uno de los muchos lugares que no consideran lo incapacitada que está una mamá (o un papá), sin rayos x ni súper poderes, para vigilar a través de las puertas a sus hijos mientras ella/él va al baño o cuando tiene que cuidar a más de uno. En realidad, estoy convencida de que junto al logo de la silla de ruedas deberían de estar dibujaditos una mamá y un papá con escuinclitos. Eso sí, quiero reconocer que la señora de intendencia que estaba limpiando fue súper amable, me echó una mano y hasta les dio sus consejitos a las niñas de que no me soltaran, etc., cuestión que agradecí porque reforzó lo que yo les había dicho el día anterior.
En fin, al no estar asignada aún la sala de embarque caminamos sin rumbo fijo para localizar un restaurante en donde pudiéramos comer y esperar, que estuviera limpio, sin mucha gente y que pareciera seguro. Encontramos uno que superó mis expectativas, no tanto por la comida sino por el excelente servicio para facilitarle la vida a las familias y para atender pacientemente a los niños, aún sin ser éste su giro.
Obviamente tuvimos que volver a visitar el baño antes de dirigirnos a la sala de embarque que estaba exactamente en la punta opuesta de donde estábamos. Así que trepa por milésima vez a baby changuito en la espada y a caminar a velocidad olímpica para que no nos fueran a cerrar la puerta de embarque en las narices.
Finalmente, llegamos a la recta final de la primera meta y nos subimos sanos y salvos al avión. La verdad, aquí entre nos, hasta parecía que nunca saco a pasear a mis hijos… Entraron a conocer la cabina, se tomaron foto con el piloto, preguntaron hasta lo inimaginable, sacando a relucir mi ignorancia y dejando en evidencia que los adultos perdemos curiosidad y dejamos de hacer extraordinario lo ordinario...
Aterrizamos y a bajar la escalerita enclenque con el baby chango a la espalda y los otros dos enfrente para recoger en las bandas a mi cuarta hija: ¡la famosa maleta de 15 kgs! Nos subimos al taxi y al ver el hotel por fin respiré diferente, pude verme cruzando triunfante la primera meta cual atleta de alto rendimiento…Y entonces, a cambiarse y directo a la playa sin descanso alguno… “A por” la segunda meta: disfrutar sin mayores percances 3 días de vacaciones “sola”… ¿Masoquismo? Pues no, aunque no lo crean, me fue muy bien esos 3 días “sola” con ellos. De hecho, no es por presumir, pero ahí sí que podría haber sacado varias fotos dignas de Pinterest, lástima que mi celular permaneció aprisionado en la caja fuerte el 90% del tiempo al declararme incapaz de cuidarlo.  
En fin, gracias a Dios todo fluyó y salió mejor de lo que imaginé. Si me preguntan cuál creo que es la clave del éxito les diría que es:

Conocerte y reconocer tus límites,
ser realista y tomar en cuenta las edades de tus hijos y tus circunstancias
para pedir y aceptar toda la ayuda que sea necesaria
y tomar las medidas de seguridad adecuadas.
Sin embargo, tomada la decisión,  
es fundamental no creerte la mentira de que estás viajando sola,
estás viajando con tus hijos
y por lo tanto,
los tienes que incluir para que se responsabilicen y colaboren.


¿Cómo?

1.       Explicándoles lo que va a ir pasando y las situaciones que probablemente sucedan.
2.       Compartiéndoles tus miedos y necesidades.
3.       Pidiéndoles colaboración y responsabilidad según sus posibilidades.
4.       Siendo firme en el fondo y suave en la forma, para que siempre sepan que sí y que no.
5.       Confiando en ellos y creyendo que son capaces de mucho más de lo que imaginas.
6.       Agradeciéndoles sus buenas intenciones y las pequeñas acciones que realizan para colaborar.

En realidad, ellos saben que no tienes ojos en las pompas y que no eres la Mujer Maravilla, aunque a veces tú intentes demostrar lo contrario. Has memoria de cuántas veces te ha pasado que por fingir que puedes con todo acabas ahogándote en un vaso de agua.
Por lo tanto, si por alguna razón vas a viajar “sola” con tus niños, reconoce tus limitaciones y que no vas sola, vas con ellos, así que ¡inclúyelos! No los minusvalores ni los hagas sentir un estorbo y una carga. Los adultos necesitamos romper paradigmas pesimistas, materialistas, utilitaristas y conductistas que tenemos respecto a los niños. Urge modificar la visión que tenemos de nuestros niños. Ellos no son malos, chantajistas ni manipuladores. Ellos son buenos y les encanta sentirse útiles y “grandes”. Necesitan que los mires como personas buenas e inocentes que son, dispuestos a todo por ti que eres su ídolo. Realmente su actuar depende mucho de cómo los mires, los consideres y los trates.

No obstante, es normal que sientas miedo de viajar “sola” con ellos, la verdad es que es toda una aventura extrema. Evidentemente lo ideal es ir acompañada, pero a veces parece que la vida desconoce “lo ideal”, se aleja tanto de éste que sólo queda enfrentar la realidad con prudencia y valentía como viene y con lo que viene. Eso sí, en todo momento mira al cielo y encomiéndate. Te aseguro que si lo haces podrás ver y sentir Su mano bondadosa que no sólo no te deja ni un instante, sino que te carga en sus brazos amorosos a ti y a tu tropa sin soltarlos ni un segundo... Por ejemplo, entre muchas otras que sucedieron, permitiendo que nos encontráramos inesperadamente en el mismo hotel a unos amigos con quienes pudimos compartir y disfrutar al menos la tarde del día que llegamos y el medio día siguiente, haciendo que se disminuyera un 50% el tiempo que hubiera estado cuidando "sola" a los niños... Increíble, pero cierto...
En fin, gracias a todos a aquellos que hicieron posible que esta aventura tuviera un final feliz…


PD. Para no hacer el cuento más largo y porque merece un reconocimiento especial, no incluí un hecho clave que permitió que tomáramos el avión el día planeado, a la hora planeada... Resulta que mientras íbamos en la carretera a punto de llegar al aeropuerto, casi muero de un infarto cuando mi mamá me informó que mis boletos de avión eran para el día siguiente... ¿Cómo? ¡No podía ser! ¡Si justo por eso me iba con esa aerolínea, porque era la única que tenía lugar para volar ese día!... Esperando que fuera un problema severo de miopía de mi madre, saqué los boletos para leer con atención la fecha de salida, pero efectivamente ¡el vendedor se había equivocado y no me había percatado!... En realidad, tras comprarlos solo verifiqué que llegaran los archivos a mi cuenta de correo y en la madrugada, al terminar de hacer la maleta solo los imprimí para no pagar lo que te cobran si no los llevas impresos. Obviamente, como se podrán imaginar, entré en shock e inevitablemente pensé que era "una señal" de que no debíamos ir si no queríamos morir... No obstante, llamé inmediatamente a la aerolínea para explicar lo sucedido y sé que es inconcebible pero ¡me hicieron el cambio sin costo alguno y sin rechistar!...¡Les digo que Él nunca me deja, siempre me echa una mano! En fin, esto contradecía "la señal" anterior, parecía que se volvía a poner todo en orden... Por tanto, ¿sería una señal de que sí debíamos ir?... ¡Qué nervios!... ¡Qué paranoia!... ¡Qué esquizofrenia!... Menos mal que el stress no me dejó pensar más y que con todo el rollo, casi al colgar, ya habíamos llegado al aeropuerto. Así que tan solo quedaba seguir con "el plan"... Ahora bien, debo de reconocer que fue uno de esos momentos de la vida en los que valoré muuuucho a mi mamá. Es increíble que le importe tanto como para leer bien y con detenimiento el boleto que le había mandado hacía unas horas adjunto en un mail, solo para que supiera fechas y datos necesarios por si moríamos en la aventura y tenían que rescatarnos... Definitivamente es una bendición tener todavía a mi mamá cuidándonos incansablemente....#GraciasMamá  



Artículo publicado también en Nueva Visión:  http://bit.ly/2j63Yuf

sábado, 20 de agosto de 2016

Viajes con niños: 6 PUNTOS BÁSICOS



Atrás han quedado esos días en que decidías hacer una escapada espontánea y 5 minutos después estabas en el coche con maletas listas y no te importaba si el viaje duraba 1 o 10 horas... 

Aunque hay niños que en 10 horas ni te inmutas de su presencia, lo normal para una gran mayoría de papás es que tengamos que tirar de varios trucos para lograr disfrutar el viaje desde el momento en que sales de tu casa... Cabe señalar que a veces lo que funciona con un niño, con otro no,  y lo que un día sirve al siguiente no. Por lo tanto, evidentemente esto no es un recetario, tan solo te comparto lo que a nosotros a veces nos ha funcionado:

1. PLANEA SALIR EN EL HORARIO "MÁS ADECUADO", EL QUE FACILITE LAS COSAS A USTEDES Y LES RESULTE MENOS PESADO A LOS PEQUEÑINES. Así algunos prefieren viajar de noche para que los niños vayan fundidos, otros de día pero que coincida con la siesta o la hora de menos tráfico y eso sí, en general todos coinciden en que lo ideal es que sea un día sin huelgas o cierres de carreteras típicos en estos días...

2. Lleva varios  "RECURSOS DE DISTRACCIÓN Y ENTRETENIMIENTO", pero al inicio del viaje ¡NO tires de ellos! Aprovecha que están recién trepados al coche y cero "hartos" para dejar pasar el tiempo sin utilizarlos. Permite que ellos se entretengan solos con lo que se les ocurra, desde ver por la ventana, preguntar mil por qués o sacarse un moco.. No te desgastes al inicio haciendo circo maroma y teatro. 

3. Más adelante, SEGÚN LA HORA Y SUS NECESIDADES EMPEZARÁS A NECESITAR ECHAR MANO DE LO QUE HAYAS TRAÍDO EN TU  KIT DE SUPERVIVENCIA:

  • MÚSICA QUE LES GUSTE A LOS NIÑOS, QUE SE SEPAN Y QUE CANTEN..
  • SNACKS: al escoger lo que llevas conviene que pienses en cosas fáciles de meterse a la boca y que no manchen todo si se caen (cuestión altamente probable)... ¡Vaya que los Cheetos no son la mejor opción! Asimismo, aunque la comida chatarra siempre es lo más tentador para llevar porque justo ya viene cortadito y en bolsitas individuales hay muchas cosas saludables y fáciles de llevar divididas en tuppers pequeños o en bolsitas de sandwich: rollitos de jamón, salchichas, quesitos en cubito o el Baby bell, edamames pelados, arándanos, pepinos, zanahorias y similares, cacahuates u otros frutos secos, aceitunas sin hueso, barritas, cereales... Obvio también están las lechitas individuales, palomitas o las típicas papitas fritas que a que no puedes comer solo una y "los clásicos" galletas y dulces...
  • PELÍCULAS: si tu coche no tiene dvd haz un inventillo y cuelga una tablet de algún lado.
  • JUEGOS: obvio pueden ser los modernos electrónicos, pero también funcionan los clásicos (veo veo, caricaturas, adivinar canciones tarareando la música, canciones con mímica, escuchar música de películas que conozcan y contar de qué parte es, etc...)
  • CUENTOS: físicos para leer o ver; o de plano, cuentos inventados para sacar a relucir tu creatividad o historias de personajes famosos.  
  • PARA COLOREAR: como yo soy una histérica y me pondría como de psiquiátrico si me pintan el coche, prefiero llevar de esos pizarrones que pintan con magnético o los que pintan con agua de Aqcua Doodle. Ahora bien, llegados al destino y para restaurantes sí son de gran ayuda los colores normales y libros para colorear o al menos hojas blancas. 

  • SU MUÑECO O JUGUETE FAVORITO ES MUY BUENA OPCIÓN DE COMPAÑERO DE VIAJE.

4. Ahora bien, para ESCOGER DESTINO Y ACTIVIDADES A REALIZAR, en lo personal prefiero ir a lugares que sean amigables con los niños, adecuados a sus edades y necesidades, y sobretodo, seguros.  De lo contrario, no puedes ni respirar en paz, sentarte o disfrutar. Además, cuando un plan es inadecuado para el niño, el resultado es obvio, el paseo   se convierte en una batalla campal, donde los padres gritan y etiquetan a sus hijos de "berrinchudos", "intolerantes"  e "in-sacables". Cuando en realidad, solo  tendrían que agradecer que sus hijos son muy listos y saben reclamar sus derechos y necesidades aunque sus papás insistan en tratarlos como adultos...

5.  Así pues, en relación al punto anterior, para mantener la paz y aumentar la "disfrutación" vacacional a mí me resulta indispensable, PROCURAR DENTRO DEL DESORDEN VACACIONAL NORMAL, RESPETAR LAS NECESIDADES BÁSICAS DE ALIMENTACIÓN Y SUEÑO, para evitar  dramas y demás escenas que tal solo son resultados obvios de llevar a los niños al cansancio extremo y de pedirles que aguanten y se porten como adultos que no son...

6. SÉ PRÁCTICA PERO NO EXAGERES. Obvio entre más hijos tienes más práctica te vuelves, pero definitivamente hay cosas que es mejor llevar a tener que peregrinar buscándolas en lugares que no conoces. Por ejemplo: medicinas, bloqueador, repelente, entre otras que se te ocurran.  Y según sea el caso, a veces también conviene llevar  pañales y toallitas húmedas suficientes.    

En fin, ya se acabaron las vacaciones y tal vez pensarás que debería haberlo escrito antes, pero bueno... ¡Te lo dejo para los puentes que vienen o para las próximas vacaciones! 

¡Espero te sirva! 

Y si puedes, cuéntanos tú qué haces...




miércoles, 23 de octubre de 2013

Viajes: valorar y apoyar a las familias









Queridos lectores, viajar con niños es toda una aventura y exige una alta dosis de paciencia, creatividad, flexibilidad y adaptabilidad. A continuación, les compartiré anécdotas y reflexiones literalmente, desde el cielo.

En general, los niños  tienen un gran poder de “atracción positiva”. Desde que llegas al aeropuerto, gente con la que nunca cruzarías ni una mirada, te intercambia sonrisas; además empiezas a escuchar constantemente, “ay que monos” y pues te empiezas a inflar como pavorreal. Asimismo, tiene sus ventajas viajar con ellos, ya que el personal del mostrador te trata mejor e intentan ser más ágiles y si pueden te dan asientos en filas que tengan asientos desocupados para que vayan más cómodos, etc.

Así pues, vayas a donde vayas, los niños llaman la atención, generan sonrisas y comentarios positivos. Además, “normalmente”, repito, “normalmente” generan conductas serviciales, solidarias y desinteresadas. Claro que para no aburrirte, a veces te topas con uno que otro “borde”, “grinch” anti-niños, que se queja de ellos hasta cuando van dormidos. O bien, están los que aun viéndote que vas cargado como mula, en la fila de "Priority" para embarcar al avión (que toma en cuenta a las personas que viajamos con niños), hasta empujan para pasar antes o no te ceden el paso para no tener que esperar el "rollo" que causamos las familia.

En esta ocasión tuvimos la “suerte” de toparnos no con uno, sino con dos grinches anti-niños, merecedores de la medalla de oro por  su cero-empatía y cero-solidaridad. Fíjense bien, lo que sucedió, no para criticarlos, sino para que quien lo lea y alguna vez se le presente la ocasión de ayudar a una familia viajando con niños lo haga sin dudarlo, créanme que esa acción les comprará un buen cacho de terrenito en el cielo y la familia en cuestión les estará eternamente agradecida.

Pues sucede que cuando documentamos nos dijeron que el avión iba lleno, que deberíamos de haber reservado asientos antes y pues sí, que ni que, ¡hubiéramos!... Así que, ¡queda anotado para futuras ocasiones! Nota: reserven asientos en las filas que enfrente tienen pared, ya que es más amplia y en caso de necesitarlo hasta te ponen cunita. El punto es que aunque tus niños sean más mayores y no quepan en la cuna, siempre se agradece contar con unos cuantos centímetros extra en esas latas de sardinas voladoras que se hacen llamar aviones.   Y otro tip, siendo en una fila los asientos: AB CDEF GH, si son 3 asientos los que ocuparán, reserven por ejemplo CDF, ya que en general nadie quiere ir de sándwich y pues se aumenta la probabilidad de que ese quede vacío o que viéndose en medio de niños, pida cambio.

En fin, dado que el avión iba a tope, nos dieron lugares separados. Siguiendo el esquema anterior: EFG, en la misma fila. Por tanto, al subirnos al avión, le comentamos a la aeromoza que si había posibilidad de ir juntos se lo agradeceríamos, ya que viajábamos con 2 niños (1 con asiento y 1 sin). Resulta, que por azahares del destino justo en la fila de enfrente iban vacíos el DE; el C lo ocupaba un joven de unos 35 años y el F un señor de unos 55, ambos parecían que iban de viaje de negocios. Así que la aeromoza les preguntó si alguno nos cambiaba, para poder ir los 4 juntos, siendo que si alguno se compadecía quedaría igual que como iba, en orilla y con dos asientos.

En general, los niños son capaces de conquistar hasta el corazón más duro, aunque siempre hay la excepción que confirma toda regla y así fue, ¡ninguno aceptó cambiar su orilla con asiento vacío al lado, por otra orilla atrás, igualmente con asiento vacío al lado! Ellos juraron que al negarse a cambiar, viajarían así de cómodos, cada uno con un asiento vacío al lado y sin niños a la deriva, pero, ¡pues, no! Y de hecho, creo que se arrepintieron de todos sus pecados, porque la aeromoza muy mona nos dijo: “evidentemente no puedo obligarlos a cambiarse, pero como los asientos de en medio de ellos van vacíos, sí que puedo cambiar a uno de ustedes con uno de sus hijos y así no tienen que cargar a un niño en las piernas todo el viaje”. Por tanto, mi marido se quedó con el mayor en los dos asientos juntos que teníamos asignados EF y yo me pasé con el menor a la fila de enfrente, en medio de estos dos personajes “tan caritativos”. (Evidentemente, entre cambios de pañales y paseadas por el avión, para distraer a los niños tuve que brincarlos unas cuantas veces).

Y ahora, que por fin se durmió mi angelito, aprovecho para escribir este artículo, aquí junto a mi “muso de inspiración”, el "grinch de niños" que tengo por vecino (el de 55 años); quien seguro en unas horas explicará la pesadilla de viaje que tuvo; ya que además de lo anteriormente mencionado, para colmo de males, pusieron el aire “a condición” de que te enfermaras, con temperatura inferior a la que hay en el Polo Norte, así que casi tras el despegue, empecé a estornudar y a toser… ¡Hubieran visto la cara de mi vecino! De por sí, desde que embarcó y nos vio, nos percibió como una maldición y se le paralizó la cara con una mueca semejante a la de un bulldog, su rostro continuó deformándose cuando nos pasaron a su lado y seguía desfigurándose cuando el niño le sonreía o le balbuceaba algo y peor aún, cuando lo brincábamos para ir al baño o al pasillo; pero es que estaba tan tieso, que ni si quiera se dignaba mover sus “patitas” para facilitarnos la salida. ¡Vaya!, que además de grinch, tenía una actitud y un comportamiento que dejaba mucho que desear en cuanto a calidad humana.

Ahora bien, para mis hijos, ni más ni menos, que mi total admiración, porque se portaron como verdaderos campeones, eso sí, como niños no como estatuas. Sin embargo, tras esta desafortunada experiencia, lo que me queda claro es que mis vecinos o  no tienen hijos o sufren ataques de Alzheimer severos y olvidan lo que implica viajar con niños; o creen que los niños son máquinas con su correspondiente interruptor de on-off, o que los padres somos “hados madrinos” o seres todo poderosos capaces de transformar a nuestros hijos en adultos durante algunos periodos de tiempo...

Urge crear una cultura empática y respetuosa con los niños y con las familias. Tanto a nivel personal, social e institucional, se debería apoyar a las familias y facilitar cuestiones prácticas. Pe. Las aerolíneas podrían ser más "amigables con los niños y las familias", desde que reservas, deberían automáticamente asignar los lugares más amplios para las familias con hijos pequeños.  Asimismo, en los canales de música podrían incluir uno de música infantil tipo Cantajuegos y en caso de tener teles individuales podrían proyectar como British Airways la programación de Cbeebies o videos tipo Cantajuegos o Mother Goose Club y con lo que cobran por el asiento del niño hasta podrían darles un menú de comida infantil.

En fin, podría seguir dado ideas, pero termino señalando que si bien hasta para nosotros los adultos, es muy pesado viajar horas y horas en un avión, es ilógico e inhumano que pretendamos que los niños se comporten como adultos y que no haya una mayor conciencia social pro familia; si somos nosotros, las familias, quienes mantenemos temas como el remplazo generacional, la Seguridad Social, Pensiones, entre otros tangibles e intangibles.

Más allá de los inconvenientes y sacrificios que comportan los hijos, ellos son el futuro y dan vida, alegría y  felicidad  MasterCard… 100% priceless, impagable e incomparable.

¡Valoremos y apoyemos a las familias y a nuestros niños que son el futuro y esperanza!


jueves, 28 de febrero de 2013

Viajando sola con tu bebé






Claro que depende las edades, así que toma lo que te sirva:


  • Lleva tu carreola y cangurera, porque si bien te dejan entregar la carriola justo en la puerta del avión, depende de las aerolíneas y/o de los aeropuertos, a veces no te la dan al bajarte del avión, sino que te la entregan en la cinta de las maletas o en una cinta especial. Esto evidentemente es un shock porque además del bebé mínimo llevas la pañalera y algo más y las distancias en los aeropuertos generalmente no son cortitas. 

  • Lleva una bolsa pequeñita de preferencia de las cruzadas, mejor si es de las especiales que puedes ponerte debajo de la ropa para llevar lo esencial bien controlado: pasaporte, boletos y algo de dinero por si las flies (pero entonces ponte una blusa o sweater que te permita acceder fácil  a los documentos sin hacer striptease. 

  • Infórmate antes o cuando llegues al aeropuerto, si cuenta con áreas para niños, algunas son realmente perfectas. Créeme son la salvación para esperar. En realidad deberían ser obligatorias en todos los aeropuertos, pero si no hay, que no cunda el pánico si ya camina sabrás lo entretenido que les resulta pasar una y otra vez por las bandas/escaleras eléctricas, no importa que parezcas loca, ve y vuelve a ir cuantas veces sea necesario. Cuando se canse paséense por ahí y enséñale cosas. 

  • Ponte lista, hay aeropuertos que tienen filas preferenciales para mujeres embarazadas o familias/personas que viajan con niños (para pasar los controles, aduanas, etc.) y obvio no pierdas la  oportunidad de entrar primero al avión.



  • Si viajas con bebé puedes pedir que te asignen asiento con cunita, así que no olvides solicitarlo. Si ya no cabe en la cunita, de preferencia pide un lugar de esos que están enfrente que son más amplios y que no va nadie delante.



  • Ponte ropa cómoda olvídate del glamour, tanto para ti como para tu hijo. Además, lleva cambios de ropa suficientes para tu hijo y al menos algo para ti, porque típico que se guacarea o se le sale todo el relleno, y no querrás llevarlo encuerado hasta que puedas recoger tu maleta.


Para tu hijo

a.       Es fundamental que pienses en vestirlo como cebollita con capas, porque recuerda que en los aeropuertos de pronto hay unas corrientes espectaculares y en los aviones ponen el aire como si fuera congelador para conservar carne fresca. De esta forma podrás poner y quitar cuando fuera necesario.

b.      En lo personal, he llegado a la conclusión de que resulta más práctico llevarlos vestidos con ropa de algodón sin resortes apretados. Si llevan pijama de una pieza de esas que se cierran con cierre cada cambio les enfriarás la pechuga enterita.  En lo personal, me acomoda que sea de dos piezas y para evitar el rollo de que los calcetines siempre se les caen pongo mallas abajo.  El truco está en que cuando hay que cambiarles el avión, en el asiento les quito pantalón y mallas y así, sólo voy a lo que voy, a cambiar el pañal y ya lo visto de regreso en mi asiento.  (No olvides que los baños del avión procuran hacerte sentir sardina enlatada, y depende el número de horas, entre más tarde vayas, digamos que la limpieza e higiene del mismo no es su fuerte).

Para ti

a.       Zapatos cómodos son básicos, porque si bien nuuuunca has estado a punto de perder la conexión o nuuunca te has equivocado de puerta o nuuuca te has perdido, ahora que vas sola, con un bebé y bien cargada, aumentan las posibilidades de que tengas que demostrar tu agilidad.

b.      Ve preparada para pasar el control sin monedas, sin cinturón ni nada que pite (collares, pulseras, etc.) y zapatos de piso, ya que en general (menos en EUA) no te los harán quitar.

c.       Ve preparada piscológicamente para pasar por el control/revisión, porque a pesar de que vayas cargadísima y liadísima, te harán ejercitar la creatividad y la solución de problemas: tendrás que cargar bebé (no puede pasar en la carriola), las bandejitas donde pones los triques, pañalera y demás equipaje que lleves de mano, enseñar el contenido de la comida que llevas (en algunos hasta abrir todos los gerbers y probarlos – UK) Ah!! Y por si fuera poco doblar la carriola y pasarla por la maquinita. Así que relájate y ve con tiempo.


  • Es útil llevar de manera separada y accesible, tipo en una ziplock lo esencial para el cambio de pañal: pañal, cambiador (te sugiero llevar de los desechables, son muy prácticos), toallitas y crema, porque típico, ese día estará rozado.



  • Lo divertido es cuando a ti te llama la madre naturaleza:


a.       Si tienes que ir al baño en el aeropuerto no dudes en utilizar los baños designados a personas con alguna discapacidad, en esos momentos créeme que no estás siendo incívica ni irrespetuosa por utilizarlos. Son amplios y puedes entrar con niño encarriolado y demás cargamento tranquilamente.

b.      En el avión resulta más divertido, debido a las dimensiones e higiene del mismo, así como los movimientos propios del avión. Tómatelo con filosofía y piensa que estás en un juego de Disney o si la imaginación no te alcanza, tómatelo como un reto.

En fin, ¿cómo desapareces al niño? Hay tres opciones (claro que antes que éstas está el ser conciente y tomar el mínimo posible de agua), pero bueno por si tienes que ir al baño en el avión:

·    Practicas malabares (que sinceramente, creo que posiblemente ya tengas algo de experiencia cotidiana, la única diferencia es que ahora tendrás que  aplicar tus habilidades en el aire y en un espacio reducido)
·    También puedes intentar, si tu hijo es tranquilo, practicar contorsionismo, dejándolo acostado o sentado en el cambiador que justamente se abre encima del escusado, mientras tú de “aguilita” mantienes el equilibrio e intentas atinarle, al mismo tiempo que  detienes a tu hijo o al menos lo vigilas viéndolo en el espejo y lo entretienes cantando…
·    O de plano le pides ayuda a una azafata para que te lo cargue mientras vas al baño

Así que  a escoger de entre “tantas opciones”. Claro que también está el dejárselo a algún desconocido en el avión con el que hayas socializado, pero llámame antisocial o desconfiada con delirio de persecución, pero esa yo la tengo totalmente descartada, con decirte que ni a la azafata...


  • Comida/Líquidos


a.       Si das pecho exclusivamente, ya la hiciste, será lo más sencillo

b.      Si toma fórmula, pues a llevar biberones suficientes, ya que no creo que además del rollo en el que ya vas metida quieras tener que lavar.

c.       Si de sólidos se trata, para estas ocasiones verdaderamente quisiera felicitar en persona al inventor de los Gerbers. Claro que también puedes llevar jamoncito o salchichas picadas, sandwich, verduritas, arándano, galletitas, cereal. Ahora bien, lleva suficiente, ¡pero no exageres!  Recuerda que vas en un (1) viaje de avión y por más horas que sean, llevas a tu mismo hijo de siempre, la altitud no le agranda el estómago ni lo convierte en troglodita.

d.      Si  no quiere comer, no lo presiones, lo que sí es importante es que tome líquidos.



  • Despegue y aterrizaje. Para evitar que le duelan los oídos dale el chupete, pecho o biberón, lo que aplique.



  • Entretenimiento. Tú mejor que nadie conoces a tu hijo, así que independientemente de lo que algunas aerolíneas puedan darle o si cada asiento tiene su tele, mejor ve preparada. Puedes llevar colores, juguetitos, canciones, videos o películas; o si le encanta abotonar y desabotonar llévale la pijama que más botones tenga, es decir lleva lo que sea necesario, pero tampoco exageres. 

  • Finalmente, cero respeto human y comprueba que hay mucha gente amable. Olvídate del espíritu de autosuficiencia, cada que lo necesites no dudes en pedir ayuda, verás que más de uno se ofrece, incluso sin que lo pidas. p.e. para bajar las maletas de la cinta, subirlas al carrito e incluso si fuera necesario empujarlo y acompañarte. Eso sí, por si las “flies”,  tú no sueltes lo más valioso: tu hijo, pasaportes y dinero. De hecho, en general puedes solicitar asistencia de personal del aeropuerto, pero por si creíste que podías con todo, pide ayuda, te hacen un favor y tú a ellos, haciéndolos que practiquen la generosidad y la solidaridad : )



Bueno si recuerdo algo más ya lo incluiré luego. Por mientras ahí lo dejo… 


Y tranquila que sí podrás, como de costumbre sobrevivirás y hasta te volverás a sorprender, tanto de lo que eres capaz de hacer en general como de lo que eres capaz de hacer por tu hijo.   

Pues suerte y verás que todo saldrá bien. De verdad, intenta ir tranquila porque 
recuerda que los nervios se los contagias a tu hijo.

Y no olvides dar gracias de que puedes viajar con tu hijo.
Siéntete afortunada y agradece tener posibilidades físicas, psicológicas y económicas...