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miércoles, 11 de octubre de 2017

El temblor desenterró el valor de la vida y la bondad del ser humano




En la época consumista la vida ha perdido su valor infinito como don y milagro, convirtiéndose en un producto más para adquirir y/o desechar según las preferencias, gustos y posibilidades personales. Más aún, actualmente lucrar con la vida resulta un negocio altamente rentable, basta ver las cuentas millonarias que dejan los anticonceptivos y las píldoras del “día después”, los abortos, las fecundaciones in vitro, los úteros subrogados, la eutanasia/suicidio asistido.
El sistema capitalista “cerró el círculo” para que la maternidad no genere déficit sino ganancias y para que hombres y mujeres puedan sean económicamente productivos el mayor tiempo posible y puedan darle “todo” a los hijos:
  1.  Cosifica a la persona y rompe vínculos para que el “individuo sea libre” y no tenga nada que lo ate o limite para que pueda dedicarse a generar dinero. 
  2. Promueve el que la mujer postergue lo más posible un embarazo, que se limite el número de hijos y hasta que se rechace la maternidad. En caso de “fallo” se brinda la posibilidad de “deshacerse del problema” mediante la píldora del día después y del aborto.
  3. Ofrece el poder “pagar” para “adquirir/fabricar” hijos a la carta, incluso sin embarazarse.
  4. Fomenta el desapego y la desvinculación con los hijos para ir adiestrando a los futuros miembros del sistema individualista y consumista. Por eso exige sutilmente la inmediata reincorporación a la vida laboral tras hacer “el deseo realidad” y “obtener” un hijo y seguir con la vida como si nada hubiera pasado, ya que se pueden dejar a los hijos en manos de profesionales en guarderías o en su defecto con nanas o con los abuelos.
  5. Sustituye a las familias en su tarea de encargarse del cuidado del dependiente, sea enfermos y/o los adultos mayores. Por lo que garantiza la oferta de internados, estancias de día, geriátricos, casas de descanso y en los países más “progres” legaliza la eutanasia/suicidio asistido para deshacerse del “no deseado que estorba”.


Todo este montaje es un constructo socio-económico que se ha fabricado en base a intereses soberbios e individualistas y por conveniencia de un sistema capitalista salvaje ocasiona que la opulencia desmedida y los lujos sin límite benefician a una cúpula mientras que aumentan la brecha entre ricos y pobres y provoca insostenibilidad del Estado por la falta de reemplazo generacional. Asimismo, en este ambiente el valor de la vida se relativizaba más y más, mientras que la dignidad humana se enterraba profundamente, pero de repente tembló el 19S… Tembló para todos sin importar el nivel socioeconómico, las creencias religiosas ni nada… En un instante, a todos “se nos cayeron los chones” y quedamos desnudos e impotentes ante la fuerza de la naturaleza… Ante el pavor y la incertidumbre, en la incomunicación total, tan sólo quedaba rezarle a ese Dios que actualmente se tanto desprecia.
Se perdieron vidas, se perdieron patrimonios y aunque fuera por unos minutos o por unos días, también se perdió la soberbia con la que se vive como si uno fuera dueño y señor de la vida. Por unos momentos experimentamos el ser creaturas y nos sentimos “nada” ante el miedo de perder todo, hasta la vida. El temblor derrumbó la desvinculación social y se cayó el teatrito capitalista individualista. De pronto se solidarizó el pueblo, se formaron cadenas humanas, redes de ayuda y de oración, se consumía para donar y no para beneficio personal, se regalaba comida, ropa, productos de higiene, de curación. Asimismo, se donaba tiempo y esfuerzo para ayudar al prójimo sin importar si era conocido o desconocido.
                De entre la desgracia se desenterró el valor de la propia vida y la del otro, se tomó conciencia de la finitud y de la fragilidad de la misma. Pasaban los días y en las labores de rescate ya no se esperaba escuchar gritos de auxilio, se buscaban débiles respiraciones sin importar la edad, salud o condición de las víctimas Muchas personas arriesgaban sus vidas por salvar a otros, pasaban horas intentando rescatar a uno más, por uno valía la pena todo el esfuerzo y gasto. Más aún, el trabajo no sólo se centraba en rescatar a los vivos sino incluso a quienes habían perecido para poder entregar su cuerpo a los familiares. Así pues, fue como se rescató de entre los escombros el valor de la vida humana y del cuerpo humano. Se hacía hasta lo imposible ante la más mínima posibilidad de vida…
Ojalá no hubiera temblado, pero tembló como en película de terror… Así que ojalá que esta contingencia sirva para trasformar de fondo nuestras vidas superficiales y alejadas de lo esencial porque entonces se logrará transformar la familia y en consecuencia la sociedad. Entonces, se podrá reducir la brecha entre ricos y pobres, desterrar la corrupción y la maldad para que aflore la bondad humana. Ojalá que el otro deje de ser un medio y vuelva a ser concebido como un fin en sí mismo. Ojalá que se vuelva a ver al que sufre en lugar de darse la vuelta mientras uno esté bien. Ojalá se deje salir lo que le es propio al ser humano, la interdependencia, la entrega y el compromiso, en lugar hacer oídos sordos y esperar a que la humanidad del ser humano salga tras una desgracia.
Ojalá que la reconstrucción del país, empiece por una reconstrucción personal profunda, donde la vida se viva y se reciba la vida como un don y un milagro, donde la maternidad/paternidad y la crianza no se vea como una carga insoportable o un yugo que limita, donde la paternidad responsable no se identifique con abortar, donde morir dignamente no implique el poder acceder a la eutanasia. Ojalá que los rescates de uno más, uno más, uno más, graben en nuestras almas el infinito valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. 
Ojalá que de los escombros se haya rescatado la convicción de ser mejores humanos.  Ojalá que el temblor haya dejado cimientos fuertes para construir una sociedad donde la dignidad humana, el amor, los vínculos, el compromiso social y la participación ciudadana sean los ejes rectores. Ojalá que no necesitemos más sacudidas para jerarquizar bien los valores y detenernos a mirar a los ojosa nuestro prójimo para alcanzar a ver el alma de quienes nos rodea y valorar su existencia. Ojalá que vivamos, cuidemos, abracemos y besemos a los nuestros como si fuera el último día.

A todos nos tembló y se nos movió la vida, a algunos tangiblemente y a otros más intangiblemente. El miedo y la inseguridad se resiste a abandonarnos, también en gran parte porque nos resistimos a abandonarnos a la voluntad amorosa de Dios. Sin embargo, más de uno desde ese día agradece cada respiración, cada latido, el poder ver las lunas de octubre y abrazar a los suyos intactos.
Pero,
 ¿y si hubiera sido tu último día? 

¿Habrías muerto en paz?

¿Cuál hubiera sido el balance al examinarte sobre cuánto amaste? 

¿Al abrir tus manos derramarías obras amor, 
misericordia, agradecimiento, perdón, paciencia y sacrificios? 

¿O por el contrario se escaparían tan solo borracheras, fiestas, superficialidades, vicios, 
prepotencia, egoísmo, falta de compromiso, omisión de actos buenos, desperdicio del tiempo? 

¿Te habría quedado pendiente algún beso, algún abrazo, alguna charla, algún te quiero? 

domingo, 16 de abril de 2017

Padres e hijas - Fathers and daughters: 3 reflexiones


NOTA: contiene spoilers..





¿Qué les puedo decir????... La película no fue muy taquillera que digamos y recibió varias críticas negativas, pero a mí, ¡me encantó!...

¿Predecible?... Tal vez… Pero tan predecible como la vida misma, que en general sigue las normas de la naturaleza y de leyes como: “todo derecho conlleva una obligación”, “a todo efecto corresponde una reacción”, “todo acto tiene sus consecuencias”.

¿Dramática?... Tal vez… Pero tan dramática como a veces es la vida misma, que nos trae eventos, impredecibles e incontrolables (accidentes, muertes, enfermedades,  abusos, dificultades económicas, etc.), que hacen derramar lágrimas de dolor, tristeza y frustración y provocan  tormentas de angustia, incertidumbre y desesperación .

¿Un poco lenta?… Tal vez… Pero no más lenta que lo que se percibe la vida cuando hay dificultades y épocas duras…. En cambio, todo pasa más rápido cuando empieza la historia de amor… Esa historia de amor que se anhela, aunque a veces por las heridas de la vida, nos empeñemos en alejar o arruinar… Más o menos como Katie…Mientras su novio la amaba, con el amor verdadero de quiero quererte con tu pasado, en tu presente y con lo que venga y buscando tu bien...





Así pues, a continuación expondré 3 puntos que considero fundamentales de la película para reflexionar:

1.       RECONOCER Y SANAR AL NIÑO INTERIOR




Coincide que estoy leyendo un libro, que les recomiendo y que tiene que ver totalmente con la peli: Recovery of your inner child de Lucia Capaccione. Trata sobre el encuentro y la sanación de tu niño interior, (desafortunadamente no está traducido). Ese niño lastimado por una o miles de razones y que al crecer dejamos abandonado, cargando solo, el peso de las heridas del pasado.

Es frecuente encontrarse, como Katie, siendo “adulto”, de nombre, de cuerpo y de profesión, pero reaccionando con la inmadurez propia de un niño y peor aún, manteniendo conductas infantiles y autodestructivas debido a la falta de atención positiva y reparadora hacia nuestro niño interior.

Esto está plasmado perfectamente a lo largo de la película, la cual va explicando el comportamiento de Katie, quien tenía pavor al abandono. En consecuencia, al no haber resuelto sus heridas, utilizaba mecanismos de defensa negativos y autodestructivos para sentirse segura y, por segundos, viva: vivía sin sentir, mantenía relaciones promiscuas y de riesgo, rehuía al compromiso y “abandonaba” antes de que la fueran a “abandonar” o a rechazar…  

Siendo una película, en menos de una hora, ella logra una introspección profunda, cura a su niña interior y siguiendo el consejo de su papá, “no se rinde”. Busca a Kevin para pedirle perdón y todos son felices y comieron perdices… Aunque sabemos que la vida real es un poco más complicada y no siempre, nuestras metidas de pata, se solucionan tan idílicamente… De cualquier forma, nos lleva a cuestionarnos:

¿Qué heridas me han marcado? ¿Qué heridas siguen abiertas?

¿Cuáles son mis necesidades y mis miedos?

¿Qué conductas autodestructivas tengo?

¿Qué reacciones actuales son desproporcionadas e inmaduras
porque son amplificadas por cuestiones pasadas sin resolver?

¿Qué tipo de relaciones establezco?

¿Sé lo que quiero y a lo que le tiro?

¿Soy capaz de comprometerme y de ser responsable de mi vida y de mis decisiones
o sigo siendo un niño en un cuerpo adulto?


2. LA FRAGILIDAD DE LA VIDA




No puedo evitar mencionar otro aspecto de la peli, que da para darle vueltas y vueltas, hasta lograr tomar la determinación de vivir-vivir, viviendo conciente y responsablemente. La película presenta la historia de una familia con una hija. Como cualquier otra pareja, tienen conflictos matrimoniales. Sin embargo, a ellos se les acaba repentina y accidentalmente la posibilidad de solucionar su situación para poder continuar creciendo juntos, porque ella muere mientras discutían en el coche.

Me parece que a veces, o casi siempre, damos por sentada la vida, como si fuéramos capaces de agendar el día de nuestra muerte. Y así, nos damos permiso no sólo de realizar acciones negativas, sino de no hacer acciones buenas (omisión) o de no dar lo mejor de nosotros mismos… Confiados en que mañana será otro día y entonces, podremos hacer y deshacer a nuestro antojo.


Mañana sí me daré el tiempo para orar y agradecer el estar viva.

Mañana sí haré ejercicio, no comeré tanto dulce y leeré el libro que tengo pendiente.

Mañana sí haré o revisaré mi plan de vida.

Mañana sí empezaré a hacer realidad mis sueños y a vivir con pasión.

Mañana sí estaré sin prisas y podré contemplar un paisaje hermoso, la luna y las estrellas.

Mañana sí podré decir te quiero y hacer que mis seres queridos se sientan queridos.

Mañana sí podré tener tiempo para conversar, para jugar con mis hijos y dar buen ejemplo.

Mañana sí aprovecharé bien el tiempo y dominaré mi genio y pasiones.

Mañana sí escucharé con atención, seré empático, regalaré flores, tendré un detalle, 
pediré perdón, daré un beso, haré una caricia y admiraré el alma de quienes me rodean.

...Mañana... Otro día… La próxima semana… El próximo mes… 

...Total... Hay toda una vida por delante…

¿Y si no? ¿Y si no llega el mañana?


No es que esté deprimida o que me quiera poner fatalista, pero es una realidad que no tenemos la vida comprada.  Así que tal vez, no es tan buena idea dejar tantas cosas para mañana, un mañana que no no sabemos si llegará... Por lo mismo, nunca prometas, como hizo Jake, que no morirás. Hay muchas formas de ser sutil y veraz con los niños al mismo tiempo. Por fa, no prometas lo que no puedes cumplir…

Ahora bien, el ser conciente de la fragilidad humana no propone, ni justifica el vivir al estilo “carpe diem”, malentendido, de darle vuelo a la hilacha y destramparte. ¡No!... El punto está en vivir, vivir con los pies en la realidad, buscando el bien y la verdad dentro de nuestras posibilidades y circunstancias. Vivir cada día lo mejor que se pueda, haciendo el mayor bien posible, evitando la omisión y el mal, reconociendo los errores para enmendarlos y rectificar. Sin embargo, dado que es un hecho, que no se puede “revivir al muerto”, hay que ser prudentes y responsables con nuestras decisiones y nuestros actos, porque hay caídas que tienen consecuencias fatales y/o irreparables…

¿Suena desgastante vivir al máximo?…. Pues sí… ¡Para qué negarlo! Pero es que para eso está la vida, para gastarnos y desgastarnos por sacar la mejor versión de nosotros mismos. De cualquier forma, no te preocupes, que a final de cuentas, tendrás una eternidad para relajarte, despreocuparte y descansar…


3¿EL AMOR ES UNA NECESIDAD PARA LAS MUJERES Y UNA MERA OPCIÓN PARA LOS HOMBRES?




Por si se lo preguntaban, no estoy de acuerdo con la afirmación: “los hombres pueden vivir sin amar y las mujeres no”… En lo personal, creo que de poder-poder, ambos pueden pasar la vida sin amar, sin buscar su bien ni el de los demás y sin comprometerse.

¿Pero qué consecuencias trae esto?

¿Cómo es la vida sin amar y sin ser amado?


Definitivamente, una vida sin amor es una vida infeliz, vacía y sin sentido…Ni hombres, ni mujeres, ni ancianos, ni niños;  ¡nadie debe vivir sin amar y sin ser amado!… Justo la capacidad de amar nos hace únicos, superiores y distintos a todas las creaturas existentes. Nacimos del amor y estamos hechos para amar.

Y aunque suene trillado, el amor hace milagros, no sólo con Katie y en las películas. El amor verdadero, trasforma y saca lo mejor de nosotros y de los demás.

Solo en el amor podemos encontrar la felicidad, aquí y en la eternidad. De hecho, a final de cuentas, eso es lo único que va importar cuando llegue el momento de partir:

¿Cuánto ame?

martes, 28 de febrero de 2017

ARRIVAL - LA LLEGADA

ARRIVAL- LA LLEGADA
Por Luz Ma Dollero @equilibrium4mom

NOTA: ¡Contiene spoilers!…. Si quieres ver la peli, lee el artículo luego…




El otro día mi marido me dio varias opciones para elegir qué película quería ver. De cada una me iba dando una breve explicación y cuando llegó el turno de “Arrival”, mi cerebro registró:

“La llegada - de – marcianos”.

…Así que no pasó el filtro y evidentemente, escogí otra.

Sin embargo, el fin no me dio alternativas. Él había decidido que íbamos a ver Arrival, porque “estaba mega nominada por todos lados a los Óscares”. Por lo que no me quedó de otra, más que hacer un sacrificio y fumarme a los marcianos sin rechistar…  Pero, para mi sorpresa, la verdad es que sí me gustó la película, aunque se me hizo un poco lenta.

Para variar, mi cerebro racional me asaltó con algunas preguntas que les expondré antes de compartirles los tres puntos que me encantaron de la peli:

  • ¿Por qué cuando la Doctora pregunta que cómo son los extraterrestres y que qué onda con el asunto, le dicen que ya verá?... ¡Por eso el anterior que contrataron se les murió del susto!... Creo que, si la contrataron o cuasi secuestraron para ayudar a resolver el asunto, poniendo en riesgo su vida, tenía derecho a estar informada...


  • ¿En qué universidad trabajaba la Doctora? ¡Porque si su sueldo de profe le alcanzaba para esa casita espectacular con vista al lago, definitivamente, quisiera mandar mi CV!…


  • Si los extraterrestres venían en son de paz, querían ayudar, tenían un súper lenguaje avanzadísimo que les permitía conocer el futuro, ¿cómo es no se les ocurrió poner una banderita blanca en sus naves o traer su mensaje escrito en al menos en un “idioma humano”?… ¡Esto hubiera simplificado el asunto y hubiera evitado miles de altercados, levantamientos y stress!… ¡Sobre todo si ya sabían cómo somos los humanos de malos para esto de la comunicación pacífica y de tiquismiquis con lo que consideramos desconocido o diferente a nosotros? ¿O será que no tenían espejos y no sabían que nos podríamos sentir un poco intimidados con su presencia y la de sus aparatitos monstruosos? ¿O será que simplemente les divertía ver a los “humanitos frikeados”, a tope de adrenalina y a punto de hacer estallar un conflicto mundial?...


  • Por tanto, ¿realmente querían ayudar o sólo lo hacían por mera conveniencia, dado que en 3000 años iban a necesitar nuestra ayuda? ¿Los movía el bien común del universo o meras intenciones pragmáticas-utilitaristas para proteger su especie?


En fin, ¡ya paro, que creerán que no me gustó la peli!... Y la verdad es que sí me gustó y me puso a trabajar el chícharo... Les comparto los tres puntos principales que me parecieron interesantes para reflexionar:

1. LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE Y SU RELACIÓN CON NUESTRA FORMA DE PENSAR Y ACTUAR.

Sin intentar descifrar qué es primero, el huevo o la gallina, es cierto que la cultura y la lengua nos dotan de características propias y moldean nuestro pensar y actuar.  Todos sabemos que no es lo mismo hablar español de México que castellano de España, no sólo porque aquí pedimos jugo de toronja con popote y allá sería, un zumo de pomelo con pajita. Estereotipos o no, pero el lenguaje nos hace ser diferentes y actuar de diversas maneras: ahí está el mexicano dándole mil vueltas al asunto, mientras el español súper directo ya fue y vino tres veces. El mexicano adorna las frases y usa diminutivos constantemente, permitiéndole al español sonreír, sentir calidez y a la vez dudar de “tanta amabilidad” y hasta cuestionarse si el gasto de saliva y tiempo, realmente valdrá la pena. Sin ir más allá, otra palabra determinante que causa asombro e incertidumbre, no solo por el sonido, sino por su amplio significado, es el famoso “ahorita” mexicano, que abarca todo un espectro de “posible” acción: puede oscilar entre “un rato”, la próxima semana o bien, un tiempo indeterminado…

Asimismo, la profesión que escogimos y los amigos que tenemos marcan nuestro pensar y nuestro actuar... ¡Vaya, es obvio, que no hablan igual los abogados, que los filósofos, los doctores, los punkies, los artistas, los intelectuales, los liberales o los conservadores! ¡Ni hablan, ni piensan, ni se visten igual, ni perciben el mundo igual!….

Por eso, cuando estás fuera de “país” y/o de “tu grupo”, te sientes marciano o ves a los “otros” como marcianos  y se requiere realizar un esfuerzo extra y tener capacidad de adaptación y paciencia  para lograr entrar en contacto, conocerse mutuamente y conseguir que fluyan las relaciones…





2. COMUNICARSE EFICAZ Y EFECTIVAMENTE CON MARCIANOS ES POSIBLE, SI SE ES: ASERTIVO, PACIENTE, EMPÁTICO, TRANSPARENTE Y SE CLARIFICAN LAS DUDAS SIN RODEOS.

Antes de buscar extraterrestres para probar nuestra capacidad para comunicarnos, podemos empezar a practicar con los marcianos que tenemos al lado: sea el esposo/a, los hijos, familiares, jefes, compañeros de trabajo, vecinos o personas con las que nos topamos que a veces de verdad parecen que vienen no de otro planeta, sino de otra galaxia. Todos estos marcianos a veces “sacan” a relucir nuestro peor “yo” y se establecen las formas más negativas y bélicas de comunicación, llenas de prejuicios, humillaciones, ridiculizaciones, posiciones autoritarias o por el contrario, de indiferencia…

¿Y esto por qué sucede? Tal vez porque vivimos a la defensiva justo pensando que todos esos seres diferentes a nosotros son marcianos peligrosos. Tal vez porque tenemos heridas no sanadas o porque no conocemos mejores formas para comunicarnos. Y así, no llegaremos muy lejos, ni en crecimiento personal ni en cuanto a consecución del bien común. 

Debemos aprender a ver al otro, no como enemigo de otra galaxia, sino como un ser único e irrepetible y valioso de mi misma naturaleza y de mi mismo planeta (aunque a veces no lo parezca). Debemos aprender a valorar lo diferente para enriquecernos y crecer. En realidad, cuando más nos conocemos y crecemos es en el encuentro con el otro. Por eso, debemos:

Desarrollar habilidades para comunicarnos "sin trajes" y prejuicios,
con humildad, empatía, respeto, compasión y amor, 
para así  poder generar puntos de encuentro.






3. SI CONOCIERAS EL FUTURO…  ¿CAMBIARÍAS TUS DECISIONES?

¿Tú qué harías en el lugar de la Doctora?



O bueno, para hacerlo más fácil, responde con honestidad:

Conociendo tu presente, ¿cambiarías tu pasado?

Y qué tal si hacemos un planteamiento más real y posible:

¿Cuál es tu propósito, cuál es tu misión aquí?

Conociendo tu pasado y el futuro que quieres:

¿Qué cambiarás de tu presente?...

¿Cómo vivirás tu presente para poder vivir el futuro que quieres?






… En fin, ahí te lo dejo de tarea….


lunes, 3 de agosto de 2015

La muerte de un ser querido y los niños




La muerte, a pesar de ser un hecho  "universal, cotidiano y recurrente" del que todos tenemos certeza que llegará ... Nunca deja de sorprendernos, de arrancarnos lágrimas y de invadirnos de recuerdos y nostalgia.

Es un tema complicado de tocar con los niños... Requiere ser abordado imprescindiblemente, de manera abierta, sencilla, clara y especialmente con honestidad...

Incluso cuando preguntan: "¿pero verdad que falta mucho, ¡muchísimo!, para que tú y yo nos muramos?"... Quisieras responder taxativa y afirmativamente simplemente: "sí"... Sin embargo, mejor lo dejas en un: "espero que sí, ojalá y Dios nos regale una larga vida porque nos faltan muchas cosas por hacer y ver"...



...QEPD T-AT... Gracias... Siempre quedan pendientes...

martes, 12 de agosto de 2014

Humanizar este mundo hostil, amando



El fin vi la película The impossible / Lo imposible, sobre el Tsunami del 26 de diciembre de 2004. Realmente se me hizo durísima y angustiante; y eso que tiene final de cuento de hadas para los protagonistas. ¡Qué bueno que para esa familia de la vida real fue así, pero para cuántos fue totalmente otra historia! Para cuántos más allá de las pérdidas materiales marcó inesperadamente el fin de su existencia o la de sus seres queridos.
                Ni las guerras ni los desastres naturales deberían de suceder; pero lo dramático es que las guerras podrían no existir, porque son causadas por la soberbia humana, por su incapacidad de reconocer la verdad, de buscar el bien y de amar; mientras que los desastres naturales causan tragedias sin tomar en consideración los deseos, preferencias, creencias del ningún hombre.  Así pues, las guerras podrían y deberían ser erradicadas y no existir, ya que dependen del hombre. Ahora bien, los desastres naturales, desafortunadamente seguirán pasando, dejando patente por un lado, la pequeñez del hombre, su impotencia e incapacidad de detener o evitar las fuerzas naturales. No obstante, por otro lado, también sacan la grandeza humana capaz de ayudar desinteresadamente, superar el egoísmo, entregarse y sacrificarse por amor, tanto por familiares, conocidos o incluso por desconocidos: “aunque sea lo último que hagamos” (cuando salvan al niñito)
                Definitivamente, creo que como padres justo lo que deberíamos estar inculcando prioritariamente a nuestros hijos, no sólo con palabras sino con el ejemplo es: a amar amando. De nada están sirviendo para cambiar el mundo hijos con bachillerato internacional, titulados en las mejores universidades mundiales, hablando chino y ricos, cuando en valores y como personas son unas piltrafillas huecas con nulo crecimiento en “humanidad” e incapaces de comprometerse y sacrificarse, esto es de amar.
                Como papás tenemos que autoanalizarnos, ordenar nuestras prioridades y descubrir las miles de oportunidades para enseñar con el ejemplo a amar de verdad, cuando duele, cuando estamos exhaustos o sin paciencia. De la película, me impactaron dos escenas:
  • La noche previa al tsunami, cuando su hijo se va a la cama de sus papás a dormir y le pide ir afuera a ver las estrellas y ella le dice: “mañana”. 
  •  Momentos antes del tsunami cuando sus hijos le dicen que venga a jugar y ella les dice: “luego, juega con tus hermanos”.
Cualquier papá o mamá normal puede identificarse con estas escenas  y respuestas. La verdad es que a veces vivimos como si la vida propia, la de nuestro esposo o esposa, la de nuestros hijos, familiares y amigos, la tuviéramos comprada o garantizada. Sin embargo, ni trabajando infinitas horas extra o siendo millonario podemos comprar la vida de nadie. De hecho, la muerte es de las únicas certezas que tenemos, aunque sea en la incerteza respecto a cuándo sucederá. Sé que la muerte es un tema incómodo y tétrico para muchos, pero es una realidad y no se trata de que la “certeza de la muerte incierta” se convierta en tu motivación para actuar, pero sí que hay que tomarla en cuenta.
                Ahora bien, el que sí debe ser el motor y motivación tanto para vivir y como para morir es uno sólo, el amor, para poder decir como la protagonista, amar “aunque sea lo último que hagamos”. Debemos vivir amando, hasta el extremo, porque a final de cuentas eso se traduce en el buen vivir, en la verdadera felicidad y además, al morir es tanto lo que dejaremos como lo único que nos llevaremos, el amor que recibimos y lo que amamos.         
                Por tanto, estoy convencida de que es necesario replantearnos con regularidad nuestras prioridades, valores y expectativas personales, familiares, laborales, sociales. No está de más, de vez en cuando preguntarnos:

¿Qué haría si supiera que mañana, en una semana, en un mes, en un año muero?

¿Seguiría viviendo igual? ¿Tengo una costurita pendiente?

¿Cambiaría algo?

A veces la vida nos da tiempo de rectificar, pero a veces la muerte no toca a la puerta, tan sólo entra inesperadamente, sin darnos oportunidad de dar un abrazo, un beso, de pedir perdón, decir adiós o decir te quiero. El mundo ya es lo suficientemente duro, como para que el hogar sea un lugar hostil que te “prepare” para “ese mundo”. No podemos controlar los desastres naturales, pero sí podemos responder humanamente ante estos, erradicar las guerras y demás hostilidades mundanas. Ahora bien, sólo lo lograremos si el hogar se convierte en fuente de paz y en escuela del amor que “prepare” para vivir amando y así poder cambiar el mundo, humanizándolo.
                En la familia no se debe escatimar en tiempo dedicado y compartido, en risas, en besos, abrazos y apapachos, en pedir perdón y saber perdonar, en decir te quiero o te amo y en demostrarlo con actos no sólo con palabras. El amor nunca es demasiado y nunca maleduca, el verdadero amor se da sin medida y sin condiciones o no es tal, sólo hay que saber qué es amor y qué no…

El amor forma y potencia al máximo,
busca el bien de uno y del otro,
lo hace más humano y mejor persona,
esto necesariamente impacta positivamente en la sociedad
y en la construcción de un mundo más humano.
               


domingo, 3 de noviembre de 2013

Los hijos y la muerte







NOTA:
SI NO HAS VISTO LA PELÍCULA DE NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES Y LA QUIERES VER,
LEE ARTÍCULO LUEGO.


Los niños tienen la capacidad de hacerte preguntas o afirmaciones incómodas a toda voz cuando descubren cuestiones vitales como la “unicidad del ser humano”. Así pues, sin la menor discreción y sin quitarle los ojos a la persona en cuestión, sueltan:

  •  Mamá, ¡mira esa señora qué gorda!
  • Mamá, ¿por qué ese señor va disfrazado de vestido y se pintó la cara de negro?
  • Mamá, ¿es hombre o mujer? ¿Entonces por qué trae el pelo largo?
  • Mamá, ¿por qué el señor no es amable y no dice gracias?
  • Mamá, ¿mira esa señora salió con “pelos chulis”? (o sea, despeinada)

Efectivamente, la amabilidad y “las gracias” se lo he inculcado, así como cuando se despierta le digo ¡qué pelos chulis! Y luego que venga a peinarse para poder salir a la calle, pero respecto a todo lo demás, ¡nada! Obviamente, se convierten en momentos formativos de oro que aprovechas, pero en definitiva te sacan de balance.

Ahora bien, a veces las preguntas o afirmaciones incómodas se convierten en un diálogo que investiga otras cuestiones vitales y llega a niveles insospechados que te hacen pensar en “realidades” que ni siquiera quisieras contemplar, tocando tu corazón y sintiendo una daga que lo atraviesa.

Pues así fue, en una ciudad con más de 20 millones de habitantes, un regreso del cole a casa, da para muuucho. Cada pregunta hecha por tu angelito hace que sientes que movieron tu casa de sitio, como mínimo, a otro estado:  

  • H: Mamá, ¿por qué el iaio (abuelo) se murió joven? ¿Por qué se enfermó? ¿Por qué no lo pudieron curar?... ¿Por qué el perrito de mis abuelos se murió? ¿Por qué se murió de viejito?... (Vamos solucionando de una a una y llegamos a:)  ¿mi abuelo está viejito?
  • M: Y pienso, ésta es más complicada, ¿a más de 70, qué adjetivo le corresponde? Así que pregunto: ¿tú qué crees?
  • H: “No, él sólo es grande. No es viejito porque hasta me le aviento y me cacha. A él le quedan muchos, muchos, muchos, muchísimos años. ¿Verdad mamá?”
  • M: Los pensamientos y sentimientos se empiezan a mover en mi interior y retumba el "¿verdad mamá?", ¿verdad?... Respuesta: eso no lo sé, depende de Dios, pero ojalá, ojalá y a así sea y viva muchos años más y bien, porque lo queremos mucho.
  •  H: “Mamá, sí, así va a ser”…
  •  Piensas: ¡ojalá y sea cierto lo que dice su bola de cristal! y crees que ya acabó la conversación, que ya fue mucho para 3 años… 
  • Pero entonces, clava la daga y esperas que su bola de cristal se rompa: “Mamá, ¿y por qué yo me voy a morir joven?”

¿Joven?!!!!!!!! Claro que poco más y te estampas, ¿de dónde saca eso? ¿qué onda con sus conclusiones? Tratas de respirar, porque sientes que te falta el aire y necesitas recuperar el ritmo cardíaco. Sabes que no entiende muy bien todavía el concepto joven-viejo, ayer-hoy y menos la muerte,  pero sí sabes que desde hace mucho, hasta llegó a afirmar con lágrimas un par de veces: “yo no me quiero morir” y ahora sale con que se va a morir “joven”.

¿Qué piensa su cabecita, qué está pasando por su corazón? ¿Qué le respondes tras haberle preguntado a qué se refiere y por qué lo dice? Ahora bien, sabes que no puedes afirmar contundentemente que no…

  • M: Pues ojalá que no.
  •  H: ¿Por qué?
  • M: Porque me quedaría muy triste, te extrañaría demasiado porque te quiero mucho y porque hay muchas cosas que podrías hacer durante la vida, pero sólo Dios sabe.

En fin, seas creyente o no, y acabes contestando porque sí o porque Dios, al final llegamos a un punto donde los “por qués” infantiles requieren respuestas no de adultos, sino de Alguien del más allá, superior a nosotros.

El punto es que verdaderamente a veces vivimos nuestra paternidad/maternidad como si hubiésemos comprado sus vidas y tuviésemos derecho sobre ellos, cuando sólo nos los han prestado y encargado por un rato; claro, “a condición” de que los ayudemos a llegar a la eternidad.

Pues no habiendo pasado ni una semana de esta conversación, fuimos al cine a ver No se aceptan devoluciones de Derbez, y debo de reconocer que, independientemente de algunos aspectos o puntos cuestionables, verdaderamente me sorprendió, me hizo reír como hace mucho, llorar, reflexionar y coincidir en que:
  • Los hijos nos enseñan a vivir sin estar preparados
  • Nos conquistan, nos hacen hacer todo tipo de sacrificios y locuras por ellos
  • Nos hacen crecer como personas y querer sacar la mejor versión de nosotros mismos



Como hizo el juez en la película, “yendo más allá” de su peculiar forma de ser, de sus caídas personales y de los errores cometidos al criar y formar a su hija, pienso que la película fundamentalmente nos invita a:


Centrarnos en lo esencial al criar y formar a nuestros hijos, el amor verdadero responsable,

siendo concientes de que no son un derecho sino un don,
que la vida de ellos y nuestra tiene caducidad cierta pero de fecha incierta.




Evidentemente, ser concientes de esto, no implica irresponsabilidad, ni compensarlos materialmente; así como tampoco el dramatizar, ser pesimistas, ni rendir culto a la muerte. Al contrario, urge  generar una cultura de vida en nuestras familias para vivir responsablemente, bien y en la verdad cada instante, como si fuera el último día. Necesitamos aspirar a altos ideales que se correspondan con nuestra dignidad, a crecer en humanidad, a amar más y mejor, a forjar virtudes y formar a nuestros hijos pensando en su bien y no en satisfacer nuestros deseos egoístas.

Así pues, les comparto por si les sirve, tras salir de la película me resultó inevitable cuestionarme:

¿Facilito y promuevo que nuestros hijos admiren y respeten a su padre?

¿Si yo muriera pronto viviría igual? ¿Formaría  igual?

¿Si supiera que mis hijos morirían pronto, qué cambiaría?