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viernes, 30 de agosto de 2019

Las prisas y los niños




 
De fb equilibrium4mom
 
#MamáPorSiTeSirve
#2MinutosDeConexiónEvitanElCaos
#MamáRespiraDisfruta

Sé que no somos perfectas ni súper women... Hay días que se puede y otros que no. A veces acertamos y otras metemos, no la pata sino el cuerpo entero 🙈, pero mientras haya vida podemos ser mejores personas y tener mejor relación con nuestros hijos 😊...
En fin, es un hecho que a veces, POR LAS PRISAS Y POR SEGUIR A RAJA TABLA LA RUTINA, TOMAMOS DECISIONES EQUIVOCADAS Y TERMINAMOS PERDIENDO MÁS TIEMPO que el que hubiéramos “perdido” cediendo, entre las prisas, 2 minutos para estar-estar con ellos, mirarlos con atención, escucharlos o ayudarlos... Lo peor es que por no priorizar y por no parar ni 2 minutos acabamos hiriendo a nuestros hijos, a quienes amamos con locura, y dañando la relación...

... Esto lo aprendí una vez en casa de una amiga, lo comparto con su autorización. No cabe duda que a veces es más fácil reflexionar y aprender cuando estás de observador, fuera del caos de la batalla 🤣. De hecho, este caso ha sido mi motivación varias veces, hoy incluida, para aceptar “ver el show” entre las prisas del día a día ...😉

...Sucedió que ella iba con prisas porque tenía una cita de trabajo y justo su hija le pidió que le pusiera la blusa👚, cosa que la niña podía hacer perfectamente sola...

Entonces, se desató el caos a través de una interminable lucha de poder:
👱🏻‍♀️ “No, tú ya eres mayor, hazlo sola y rapidito”...
👧🏼”Pero quiero que me la pongas tú”...
👱🏻‍♀️”No, tengo prisa. ¿Qué eres una bebé?”...
👧🏼“No, pero no soy tan mayor, soy chiquita”...
👱🏻‍♀️”Pues me da igual 🤷‍♀️, te la pones o te vas sin blusa al cole”...
👧🏼”No, y no voy a ir al cole”😤
👱🏻‍♀️”Ah, eso sí que no, de que vas, vas”...

....La cuestión escaló y el problema ya ni si quiera era “por la blusa”. Las dos hacían su correspondiente “berrinche”: la niña lloraba como si la desollaran viva 😭 y se negaba a todo. Mientras la mamá se ponía más verde que Hulk 🤬 e intentaba recuperar el control a través de humillaciones, amenazas y chantajes... Enseñando, sin querer, que el más fuerte 💪 es el que tiene el poder y al final “gana”.😔 La discusión se alargó muuuucho más que lo que hubiera tardado ella en acercarse a ayudarle con la blusa 👚y hasta le hubiera sobrado tiempo para darle un beso 💋... Además, la pequeña no se hubiera quedado “gritada”, regañada y llorando con ojos de sapo🥺 ni la madre se habría ido a trabajar tarde y fúrica🥵 ...

Obviamente, su relación se dañó en ese momento, aunque luego por la tarde, mi amiga se tomó un momento para hacer las paces con su hija, restablecer la conexión, pedir perdón y platicar sobre lo sucedido 😍

Ese día, mi amiga y yo concluimos que a veces LAS PRISAS NOS NUBLAN EL CEREBRO 🧠 Y ATAN EL CORAZÓN 💔... Su hija claro que sabía vestirse y no era ningún retroceso ni le iba a afectar el resto de su vida que le ayudara su mamá a ponerse la blusa a los 5 años... Pero, ¿NO SERÍA IMPORTANTE PREGUNTARLE A LA PEQUE EL PORQUÉ QUERÍA QUE LE AYUDARAS, INVESTIGAR SI NECESITA ALGO O AVERIGUAR SI TE QUIERE DECIR ALGO???... Claro que hay que acompañar a nuestros hijos para que sepan hacer las cosas solos, pero tal vez ese día solicitando a su mamá que le ayudara a ponerse la blusa, la pequeña en realidad ESTABA PIDIENDO QUE SE CUBRIERAN OTRAS NECESIDADES QUE NO SABÍA EXPRESAR. Tal vez ella necesitaba a su mamá, quería estar con ella, sentirla cerca, tener su atención y mantenerse conectada, la blusa era “un pretexto”...🥰

En fin, hoy así, con el tiempo medido para ir al cole, mi hija después de ponerse el uniforme y decirle que baje a desayunar pronuncia una frase del terror:

👧🏼“Sí, ahorita”...
👩🏻‍🦱¿”Ahorita que qué?!?!?!?!!??...
👧🏼“Ahorita que veas mi show”...
👩🏻‍🦱......😱😰😳

Me muerdo la lengua para no decir:
👩🏻‍🦱 “¡Qué show ni qué show, para abajo yaaaaaa!!!!!!!”...
Con todo el esfuerzo y voluntad que soy capaz y con una sonrisa forzada 😬, respondo:
👩🏻‍🦱“Ok, mi vida, qué padre, lo veo rápido y bajamos ¿va?”😰...

Y total, el show, incluido el montaje del “escenario”, la actuación de los peluches, la tocada del tambor 🥁 y del piano 🎹 (ese me tocó a mí) duró un par de minutos... que me parecieron eternos🙈... Fotos, aplausos y listo ... A desayunar y salir, sin lágrimas ni mayores complicaciones, rumbo al cole😊

Nota: es importante hacer notar que no solo hay dos opciones, poner o no poner la blusa, ver o no ver el show... ENTRE MEDIO HAY MIL OPCIONES A DESCUBRIR😉

viernes, 24 de noviembre de 2017

El relato de la doula acerca del parto vaginal después de cesárea


Es cierto que las mujeres estamos hechas para parir, pero por diversas circunstancias hay embarazos y partos que resultan ser todo un reto. Lo increíble es que hay mujeres que verdaderamente te sorprenden con su fortaleza para luchar por lo que quieren, en este caso, un parto vaginal después de una cesárea innecesaria y traumática que había dejado muchas heridas. Ella no sólo tenía buenas intenciones, sino que se formó y se recontraformó para prepararse junto con su marido para recibir a su bebé como ella quería y “sacó las garras” ser respetada.
                La primera batalla que libró fue que tuvo que lidiar medio embarazo con la hiperémesis gravídica. En esos casos, poco o nada consuela que te parezcas a la Princesa Kate Middleton que cada embarazo pasa por lo mismo. Por si fuera poco, mientras sorteaba como podía las náuseas y la espectacular bajada de peso, decidió cambiarse de doctor porque éste ni siquiera le daba la oportunidad de poder intentar un parto vaginal después de cesárea (PVDC). Cuando todo parecía ir tomando su curso, su instinto le gritaba que no había encontrado el equipo que quería que la acompañara. Por lo que decidió, cambiarse nuevamente de doctor alrededor de las 35 semanas de embarazo.
 Y entonces ya, pasadas unas semanas con el equipo que ella eligió, empezaron de manera natural los pródromos. En un par de ocasiones, las contracciones parecían señalar que el día del parto había llegado. No obstante, tras muchas horas de trabajo, éstas desaparecían sin haber dilatado nada, a pesar de ser de buena intensidad y frecuencia.  Se tuvo que analizar la situación y finalmente, tras un diagnóstico médico fundado y siguiendo su instinto, decidió que era momento de abandonar su Plan A para incursionarse en el Plan B: una inducción sin epidural, hasta donde fuera posible. No era su sueño ideal, pero era lo necesario.
Llegó el día de la inducción y las batallas no terminaban, el trabajo de parto no progresaba como era de esperarse, aunque ella estaba perfectamente conectada con su bebé y con su cuerpo y alma en otra dimensión que le permitía seguir adelante.  Ella fue la actriz principal junto con su bebé y el apoyo incondicional de su marido.  No se puede dejar de mencionar a su ginecólogo, un verdadero profesional con calidez humana, quien hizo lo necesario para que ella pudiera lograr su sueño. Donde una gran mayoría de médicos hubiera hecho una cesárea, él esperó y actuó haciendo lo que tenía que hacer en cada momento para evitarla.
Las últimas dos horas antes de poder besar a su bebé fueron complejas. Toda mi admiración para ella, una verdadera guerrera convencida de lo que quería para ella, para su bebé y para su familia. No fue el parto idílico sin intervenciones que esperaba. Fue un parto intenso, reparador, inundado de hormonas de todo tipo que le han permitido establecer un fuerte vínculo con el bebé, dejando a la pareja más sólida y preparada para lo que les regale la vida.

Gracias por permitirme acompañarlos a presenciar el milagro de la vida y la fuerza de la naturaleza y del amor…

Mamá cuenta su historia de parto vaginal después de cesárea

Agradezco a mi amiga por compartir su experiencia de su parto, seguro puede ser de ayuda a otras mujeres que quieran leer historias que empoderen:



Al escribir esta historia me he llenado  de muchas emociones,  al recordar cada instante de esta nueva experiencia, y es que me considero muy afortunada ya que la vida me ha regalado la oportunidad de ser madre por segunda vez y en una forma muy diferente.
El punto principal de partida comienza, desde el día que el ginecólogo me mencionó que era candidata para intentar un parto, si así lo decidía, ya que en ese momento no existía riesgo para realizarlo. En ese momento tuve sentimientos encontrados, debido a una cesárea por indicación médica en mi primera experiencia y por mi mente ni siquiera rondaba la palabra parto. Estaba segura de que sería una cesárea obligatoria. La cual traía recuerdos no muy gratos debido a las sensaciones que viví, desde la separación de mi hija en uno de los momentos más valiosos, la alteración terrible de mi sistema nervioso, hasta escuchar al cirujano hablar del fútbol y de sus decisiones para el desayuno, en plena cesárea cuando era uno de los momentos más especiales de mi vida, aunado a esto la dolorosa recuperación entre otros.  Por tanto, si pudiera evitarlo preferiría no volver a vivirlas.
Sorpresa, temor, alegría, esperanza, me invadieron repentinamente y aunque sabía  que  el dolor es parte de traer vida a este mundo había escuchado  y leído relatos bastante alentadores acerca del parto. Sin embargo, llegaron  un mar de dudas, me sentía como madre primeriza. Me comencé a preguntar: ¿Y decido parto, realmente podré hacerlo?  ¿Mi bebé estará bien? ¿Mi cuerpo está listo? ¿será capaz? ¿Qué se sentirá? ya que en la primera experiencia no supe que era una contracción.  ¿Podré soportar el dolor? ¿Y si falló? ¿Y si no tengo la fortaleza de las mujeres fuertes? ¿Cuál será mi grado de tolerancia al dolor? ¿Qué será lo mejor? , todas estas dudas se apoderaron de mi.
Sin embargo mi lado racional me llevó a informarme y  a tomar convicción para elegir informadamente. Y es que si es  bien sabido que el parto es lo más ideal por su naturaleza, no hay que pasar por alto que los avances médicos son bastante confiables y atractivos cuando la vida humana  está de por medio, el dolor y la rapidez  están rondando.
Después de este análisis tuve los siguientes argumentos  convincentes para determinar que pese  a todo trataría de  tener  un parto:
     Mi bebé me indicaría  cuando estuviera totalmente  listo para nacer. De otro modo pensé que sería como un capullo abierto forzadamente. Y no en sus tiempos y en sus procesos  naturales para abrirse con todo esplendor.
     El parto me  ayudaría  a no separarme de el en los momentos más valiosos, evitando estrés al bebé,  favoreciendo  el apego, tranquilidad y la lactancia.
     Menor  tiempo de  recuperación  el cual era necesario dado que ya tenía una hija quién me necesitaba,  un marido que también demandaría y al nuevo integrante.
     Menos dolor, ya que podía haber preparación para controlarlo sin medicalización y los más intensos son durante unas horas.
     Participación activa del padre fortaleciendo el vínculo.
     Y por si fuera poco honorarios más asequibles.
No pasando por alto que si hubiera alguna complicación tendríamos que hacer una excepción. 
Enseguida una ráfaga de esperanza me invadió y el temor se volvió entusiasmo la razón, ¡Al fin podría ser madre de verdad! pensé para mí misma, aunque no consideraba esto como una completa realidad, había secuelas emocionales  que en algún momento tocaron la fibra sensible y pusieron en cuestión  mi capacidad de parir y de ser una buena madre.
Dichosamente la vida me regaló y puso a mi alrededor a una persona a la que le puse el apellido de amiga y casi hermana, quien me alentó y me empoderó fervientemente, me compartió su formación de doula para hacer de esta experiencia más positiva y empoderada.
Después de esta  decisión  mi marido tuvo una participación vital, y es que al escucharlo comentar con tanta seguridad sobre el poder de dar vida de las mujeres terminé de empoderarme ya que mi compañero de vida creía  en mí.   Nunca olvidaré el día en que me expresó: ¡Claro que podrás, estas diseñada para hacerlo! ¡Eres una mujer fuerte! Esas palabras alimentaron mi valor para parir.
Y es  así como cada  decisión que restaba para  terminar  el proceso de embarazo iba respaldada. Incluyendo  el estar  atendido por un doctor que nos diera la plena seguridad que haría  todo lo posible para apoyarnos  en la  decisión y que no nos cambiaría  el plan innecesariamente. Sintiéndonos en paz con la  elección proseguimos.
Pero como nunca faltan los comentarios de terceros y  comenzaron a llegar afirmaciones como éstas: “Yo he escuchado que eso no se puede por el bien de los dos, deberías preguntar bien al doctor tal vez no te ha  revisado bien, eso es imposible tienes una cirugía, tu esposa se puede morir, ¡hagan cesárea y no se compliquen!, ¿parto? ¡pero todas tienen cesárea es lo más seguro!”.  Aunque tuvimos presión sobre todo  familiar sabíamos que habíamos tomado una decisión informada y por lo tanto decidimos que esta  vez el parto sería nuestro.
Para  evitar malos ratos o más cuestionamientos  acordamos que avisaríamos a los cercanos hasta que el bebé naciera. De tal forma que  el proceso lo viviríamos en equipo y sin presiones. Mientras pusimos manos a la obra siguiendo las indicaciones y recomendaciones para estar completamente listos para cuando llegara la hora.
 ¡Y bien llegó la semana 39! Y comencé a sentir ligeros  dolores en la cadera, a la mañana siguiente  el doctor me  hizo un monitoreo e  indicó que habían empezado los pródromos, esta noticia nos trajo  alegría  ya que sabíamos que el momento cada vez estaba más cercano. Pasaron 7 días y las contracciones de trabajo de parto comenzaron muy esporádicas, en esta ocasión  cuando el doctor revisó informó que  tenía  el cuello borrado, lo cual indicaba que todo iba bien.
De allí me  citó tres días después y me menciono que si tenía algunos síntomas como sangrado, rompimiento de la fuente, o contracciones más frecuentes le avisará de inmediato. Pero estos no se presentaron por lo que cuando acudí  a la siguiente revisión nos enteramos que tenía un centímetro de dilatación. Regresé a casa y por la noche las contracciones comenzaron más  frecuentes pero aún distantes, a la siguiente mañana el tapón mucoso se hizo presente, el día transcurrió con leves  contracciones y por la noche  a partir de las doce estas  se mostraron ya fuertes, y con ritmo. Así que comencé a  registrar los tiempos para  estar pendiente con la intensidad y duración. Y gracias a la formación nos habíamos preparado para pasar gran parte del proceso en casa, del tal forma que pudiera realizar más movimiento, tener comodidad y  un ambiente relajado, de modo  que cuando las contracciones ya  estuvieran cada cinco minutos correríamos al hospital.
Pero llegó el amanecer y a las seis de la mañana estas se pararon. Pasó todo el día  y éstas se volvieron muy esporádicas  y  así mi cuerpo tuvo este comportamiento por tres  días, esto comenzó a inquietarme mucho sin embargo el doctor estuvo pendiente  que  todo estuviera bien con el bebé y conmigo. Por lo que nos animó a ser pacientes y a seguir con las indicaciones de ejercicios y alimentación entre otros. 
Estando en la semana   40+5 la presión aumentaba y mi cuerpo parecía  no responder, por lo que la incertidumbre aumentó y esta fue la prueba de fuego ya que en ese momento si la desesperación hubiera ganado pudimos haber tomado alguna decisión equivocada. El doctor ese día me volvió a revisar y mencionó que si este comportamiento continuaba por dos días, tendríamos que ver algunas opciones como inducción al  parto y que haría todo lo posible para darnos el parto pero que si había alguna complicación estuviéramos conscientes Esa noche antes que comenzaran fuertemente las  contracciones, decidí encomendarme y nuevamente hablé con el doctor le comenté mi preocupación por la inducción, con toda paciencia contestó mis preguntas y al escuchar sus argumentos sobre el bienestar del bebé y  casi de  semana 41 supe que era lo mejor.
Por lo tanto acordamos que al siguiente día se haría la inducción al parto, me sentí en paz, e inmediatamente mi amiga, quien estuvo en todo el proceso muy pendiente me llamó para darme  su apoyo y me preguntó si me gustaría que me acompañara, me sentí tan completa  al saber que contaría con su ayuda en esos momentos  y seguramente todo fluiría mejor.
A la mañana siguiente llegamos  al hospital, con el mejor ánimo sabiendo que ese día conoceríamos a nuestro bebé, pero aún faltaba la parte más complicada y a la que se le teme de un parto, pero no me sentía  sola, mi marido, mi amiga incondicional y el doctor quienes estaban en pro del parto  estaban allí para uno de los momentos más especiales de mi vida. 
Todo comenzó con la administración de oxitocina,  entre risas, anécdotas, chistes, y positivismo transcurrió en un ambiente preparado gracias a mi amiga doula, y a mi marido quién estuvo muy comprometido.  Con medidas de confort, posiciones, masajes, respiración, aromas y relajación así llegué al centímetro ocho de dilatación.  Sin embargo, debido aún tratamiento anterior en el cual me habían practicado con ácido tricloroacético la dilatación no avanzaba, y fue necesaria una maniobra manual por parte del ginecólogo.



Esto ayudaría a aumentar las posibilidades de tener un parto, ya que por un momento pensamos que lo perdíamos pero continuamos con el plan. Estando conciente que si existiera una complicación que pusiera en riesgo la vida del bebé y la mía habría que tomar la cesárea como plan B. Por lo tanto, el bebé y yo en todo momento estuvimos monitoreados.
El dolor después de esta maniobra se volvió para mí intolerable, por lo cual ahora sí pedí la epidural, en ese momento no quería  rendirme, necesitaba seguir trabajando con mi bebé y ya estábamos en la recta final, pero era necesario para el último jalón. Quería que lo lográramos ambos.
Me subieron al quirófano y al ver muchas personas dentro, me aterró en pensar que tal vez todo el sueño de tener un parto se había esfumado porque en ese momento dudaba de mis propias fuerzas, lo mejor de todo fue que después de la aplicación me encontraba mejor para seguir.  Todos en la sala me animaban para la expulsión y el  pujo me decían: ¡venga en la siguiente contracción sale! ¡Pero no salía!
En algún momento dudé, y pensé y ¿si no me dicen la verdad? Realmente estaba confundida en sí lo hacía bien o no.   Pero con todas  esas personas solo en mi amiga doula y mi marido pude confiar, cada vez que ella me decía mírame  a los ojos sentía apoyo. De pronto mi marido gritó: “Ya veo la cabeza, solo un poco más  tú puedes” Y todavía vinieron más contracciones y más pujos, el último me hizo hacerlo con todas mis fuerzas que en ese momento me quedaban pocas y de inmediato sentí como atravesaba  mi bebé el canal de la vida, ¡no lo podía creer! fueron solo unos segundos, ¡al fin había parido!
Me sentí como en un sueño en cuanto me dieron al bebé y lo pegaron a mi pecho. Se me escurrieron las lágrimas y me preguntaba: ¿Cómo pude? ¿Cómo? Estaba tan feliz, tranquila, con una sensación de inmenso agradecimiento porque al fin sabía lo que era parir y lo mejor mi bebé estaba sano. Mi marido estaba tan contento que comenzó a cantarle tal y como lo hacía cuando estaba embarazada. Ese momento fue memorable y marcó nuestras vidas con una grata experiencia. No me libré de unos puntos, pero eso ya no importaba, el parto se había logrado.

Ese día me sentí muy amada ya que mi marido estuvo conmigo en todo momento, no se dejó influenciar pese a las presiones y se había portado con tanta dedicación para recibir a su hijo, totalmente entregado a su papel. Este parto fue completamente de nosotros, con un auténtico equipo de trabajo.
Esa noche al regresar a la habitación parecía que había pasado una batalla. Sin embargo, sabía que no era un sueño, que era algo real y así se comenzaba una historia de amor más.
Al día siguiente después de tomar la primera ducha completamente sola, le dije a mi marido: ¡Valió la pena! Y es que había recuperado mi dignidad como persona, como mujer y madre. Pero lo más importante es que mi bebé había sido respetado, esperado y muy bienvenido. Martín, Luz Ma y Pablo gracias por haberme hecho fuerte para defender mi parto.


lunes, 23 de octubre de 2017

Hay de formas a formas para formar...

I


Entre ayer y hoy me quedé impactada con dos noticias de EUA que me aparecieron en el celular:

Una niña de 3 años muerta porque su mamá la pateó en el estómago y al caer se pegó en la cabeza “por no lavarse los dientes” y la otra, una niña de 9 años muerta por asfixia porque sus padres habían llamado a su sobrina para que les ayudara a educarla porque “ya no podían con ella”. Entonces, la sobrina que pesaba 147kg se sentó sobre la niña “rebelde” para “darle una lección” y cuando se levantó, después de 2 minutos, ésta ya no respiraba. 

La mayoría pensará: ”¡qué bárbaros e inhumanos! Yo nunca haría eso!”...

Ok, es cierto, pero creo que a partir de esto conviene reflexionar: 

¿Qué sí hago? 

¿Alguna vez  podría haber salido en las noticias por mi forma 
irrespetuosa o violenta (física o psicológica) de corregir a mis hijos?

¿Qué sí hago cuando “no puedo más” y exploto?

¿Cómo reacciono, qué digo y qué hago?

…Cuando después de “repetir mil veces” algo, no sucede lo que pido o sucede lo contrario.

Cuando tengo prisa y “ni me pelan”.

Cuando ya no pueden tirar más cosas porque solo queda derrumbar la casa y las visitas están por llegar.

Cuando se cayó el agua por quinta vez, se hizo pipí, rayó el sillón  y “todo” sucede justo

cuando estoy exhausta, con los nervios de punta y sin reservas de paciencia.


¿Qué porcentaje del día “sufro” a mis hijos y cuánto los disfruto?

¿Cuánto tiempo diario paso que ardo de furia, gritando y dando órdenes y

cuánto me detengo a escucharlos, a abrazarlos, a besarlos, a mirarlos con amor?   


¿Qué daños físicos o psicológicos podría estar causando a mis hijos cuando pierdo el control?

Afortunadamente no los he matado literalmente, pero...

¿Mis gestos, palabras y acciones fortalecen o “matan”

su autoconocimiento, autoestima, autorespeto, seguridad, individualidad, autenticidad, autonomía, 

espontaneidad, inocencia, capacidad manejar las emociones y resolver conflictos?


¿Qué hago cuando me doy cuenta de que "me paso" y de que debería de actuar de otro modo?

¿Me autojustifico para tranquilizar mi conciencia y poder seguir igual?

¿Pido perdón?

¿Realizo un plan de trabajo realista para ir mejorando con acciones concretas?

¿Pido ayuda? ¿A quién? ¿Busco formarme? ¿Cómo?


Criar y formar a los hijos es todo un reto y evidentemente hay muchas maneras de hacerlo. En general, la mayoría de los padres oscilamos entre medio de “lo ideal” y de “lo que nunca se debe de hacer”. A veces acertamos y otras metemos la pata. Sin embargo, es esencial que seamos capaces de distinguir que hay de medios a medios para formar y  que definitivamente,  unos son más respetuosos de la dignidad de la persona que otros. Es  inconcebible que aún en pleno siglo XXI exista una amplia aceptación de medios violentos y abusivos para "formar" (amenazas, chantajes, ridiculizaciones, culpabilizaciones, la "nalgada a tiempo", etc...) que, aunque no quiten la vida literal, atacan la dignidad y hieren profundamente a los niños dejando heridas graves y les dificultan establecer pautas de comunicación y relaciones sanas.

Obviamente nadie es perfecto, todos nos equivocamos más de lo que quisiéramos. Por eso,  debemos ser humildes para reconocer tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, así como nuestras áreas de oportunidad y nuestro potencial. Asimismo, debemos de ser  perseverantes para buscar continuamente los medios que sean necesarios para ser mejores padres.   Sin embargo,  .para poder iniciar un proceso de cambio,  primero se tienen que romper paradigmas. Así pues, los padres debemos de romper:

  • Con el autoritarismo y el permisvismo, esto es,  tanto con el sometimiento indigno  de los hijos a los padres como el de los padres a los hijos.
  • Con la justificación inmadura de que no se puede cambiar porque "así soy" o "así me educaron" y "te aguantas", porque además "soy tu madre/padre".
  • Con la desidia para autoevaluar las reacciones, acciones y omisiones negativas y/o violentas..
  • Con la pereza para formarse y para trabajar concientemenente por ser mejor madre/padre.
  • Con la creencia de que los niños son los "culpables" de que los adultos "tengan que educar así" y de que exploten como explotan.
  • Con los "shows y berrinches parentales" para "solucionar los shows y berrinches infantiles".
  • Con la aceptación social de las formas violentas, abusivas e irrespetuosas para "educar".

…¡ Y luego sorprende que aumente el bullying, la prepotencia, la violencia, la corrupción,
la insensatez y la irresponsabilidad de la sociedad!... 

Se necesita valor para reconocer que eso es lo que se  les enseña a los niños con el ejemplo.

En realidad, las “nuevas generaciones” no lo hurtan... Lo heredan..


Cambiar no es tarea sencilla, pero es lo que nos toca en la vida, ya que tenemos solo una oportunidad para  sacar la mejor versión de nosotros mismos y para ayudar a que nuestros hijos también lo hagan. Por tanto, si queremos que sean respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes, seamos respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes con ellos...



Es momento de cambiar 

para que nuestros niños sean mejores y en consecuencia, el futuro sea mejor

Para cambiar el mundo primero hay que cambiar nosotros

y nuestras formas para  formar...



miércoles, 28 de septiembre de 2016

10 PUNTOS PARA VIVIR... No esperes a que la enfermedad o la muerte te hagan vivir....



¿Les ha pasado que tienen que operar a tu marido de algo sencillo
o le mandan una resonancia por un dolor de espalda
y la mente se “aloca” pensando historias de terror?



¿Les ha pasado que le sientes una bolita a tu hijo o te sientes una o varias
y tu mente empieza a escribir un dramón?...
Sobretodo porque justo abres Facebook y lees la historia de una conocida con dos bebés que está recolectando dinero para su tratamiento y te hace recordar a parientes tuyas viviendo la misma lucha…





¿Y de casualidad les ha pasado que mientras tienes el diagnóstico final
los días se hacen eternos
y paradójicamente entre la angustia aflora lo mejor de ti?…


De pronto parece que no tienes tanta prisa y aparece tiempo para escuchar, observar, disfrutar, abrazar y besar a los que más amas...

También te descubres excelente seleccionadora de batallas. Incluso te sorprende lo paciente, diplomática y conciliadora que puedes llegar a ser. Cuestiones que parecían misiones imposibles ahora parecen posibles…

Curiosamente, hasta resulta “relativo” o “menos cansado” el cansancio extenuante propio de la vida, del matrimonio, de la maternidad y de la profesión… Asimismo, hasta les empiezas a agarrar cariño a las canas y achaques obtenidos a lo largo de la vida…

Dejas de regatear el tiempo para jugar con tus hijos y simplemente lo “gastas” mirándolos hasta llegar a su alma, intentando atesorar cada instante… Mientras piensas en cómo firmar un pacto para poder verlos crecer y seguir acompañándolos, muchos, muchos, muchos años más... Entonces, la “urgencia” de los últimos años por recuperar el tan anhelado “tiempo para ti y para tus cosas” adquiere otro sentido, amplitud y enfoque…

Total que andas tan “desubicada”, que en medio del típico caos de cualquier casa y a pesar de la “perfecta imperfección de la vida familiar”, consigues lo inimaginable: darte tus tiempos especiales  con cada hijo, con  tu marido y hasta para ti… De alguna forma logran estar-estar y comunicarse-comunicarse.  Así, sin mucho esfuerzo ni muchas horas, de repente redescubres la unicidad y el valor de tu marido y de tus hijos… Mientras te queda claro que no hay manera suficiente de agradecer la bendición de amanecer un nuevo día, más aún si es con salud y rodeado de tus seres queridos...  

Total que obviamente surgen muchas interrogante:


¿Por qué mientras todo va bien,
nos olvidamos de centrarnos en lo esencial y de priorizar lo verdaderamente importante?

¿Por qué mientras todo va bien,
nos quejamos tanto y se nos hace tan difícil ser mejores personas y mamás/papás?

¿Por qué mientras todo va bien,
no encontramos la forma de ser más pacientes o de tratar mejor a los que nos rodean
o de educar positivamente, con conciencia y con respeto?


¿Por qué si están difícil cambiar,
cuando barajeamos la posibilidad de tener los días contados,
 cambiamos de golpe y radicalmente?

¡¡¡Qué poderosa es la conciencia de nuestra fragilidad humana
que nos hace “acordarnos” de mirar al cielo  
y  consigue sacar la mejor versión de nosotros mismos!!!

¡Y lo peor!…
¿Por qué cuando vuelve el alma al cuerpo con un diagnóstico favorable
volvemos a ser “los mismos" de antes del “susto” y retomamos las malas rutinas?
  

Evidentemente nadie es perfecto, ni nadie espera que lo seamos, pero dejémonos de tarugadas y omisiones. Hay que cambiar y mejorar sin necesidad de que la enfermedad toque a nuestra puerta o la “flaca” nos ponga el cuchillo en el cuello. La vida no la tenemos comprada…

Por eso:

  1. Agradece cada día y cada segundo el estar vivo.
  2. Aprovecha la vida al máximo y vive tus sueños. 
  3. Besa y abraza más a tu marido/esposa y a tus hijos.
  4. Diles a tus seres queridos que los quieres con palabras y con actos.
  5. Míralos a profundidad, ya que no se desgastan, y  llega hasta su alma para que estén en el mismo canal, siempre bien conectados, a pesar de los pesares.
  6. Date tiempo de estar-estar y para comunicarse-comunicarse profundamente.
  7. Ríanse cada día, al menos una vez al día.
  8. Haz el bien y deja huella.
  9. Pide perdón cuando sea necesario y cuantas veces sea necesario
  10. Ama y haz lo que tengas que hacer, ¡hoy!, y dí lo que quieras decir, ¡hoy!,… No sabes si mañana podrás…