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lunes, 29 de abril de 2019

Berriches: niños y papás




Hay momentos en los que no entiendes por qué Amazon aún no vende una varita mágica que abra un portal y mande a tus hijos con Ant Man o a donde sea, excepto frente a ti… Más que nada para salvaguardar sus vidas antes de que aparezca en acción Hulk o peor aún, Thanos… Al menos 5 segundos para enfriar los ánimos…  ¿No me digan que no sería el producto más vendido? ¿A poco no desearían que Tony Stark viviera?...
                Los adultos no deberíamos de perder la compostura ni desfigurarnos tan fácilmente  ante arranques de ira y frustración de nuestros niños. A fin de cuentas se supone que somos mayores que ellos, hemos madurado, tenemos más recursos, entendemos mejor la información que nos dan nuestras emociones, etc… Sin embargo, más de una y más de dos mil veces nos descubrimos uniéndonos al “coro” de nuestro chiquillo…
Mientras el niño estalla en cólera por algo que para él parece ser de vida o muerte, tú inmediatamente sacas al juez que llevas dentro para dictaminar que es “ridículo  y manipulador un comportamiento de esa magnitud para algo tan intrascendente”. Así que mientras él monta el “berrinche” del siglo  para demandar se cumpla lo que pide o necesita… Tú ni tardo ni perezoso montas el tuyo para igualmente exigir que se cumpla lo que tú quieres, claro, en el mismo tono e idioma que el del pequeñajo… Solo que tus “formas” no las consideras berrinche ni manipulación sino una “actuación educativa por su bien” y se prefiere obviar, que el niño no cuenta con la capacidad y recursos para manipular, ese es un concepto de adultos. Los niños piden lo que necesitan, como pueden…
                Sin embargo, entre adultos se consideran “herramientas/estrategias educativas” útiles y adecuadas el amenazar, chantajear, manipular o vociferar frases como: “¡Yaaaaa cállate, no se gritaaaaaaaaaaaaaaaa!!!”,  “así nooooooooooo se piden las cosas!!!!!”,  “para arreglar las cosas se hablaaaaaaaaaaaaaaaa decentementeeeeee!!!!”, etc. Asimismo, se justifica un trancazo “a tiempo” para  explicar a los niños que no se pega o qué no deben hacer… ¿¿??...
¿En verdad la edad adulta otorga el poder de humillar y abusar de los menores o de los débiles? ¿Será que los papás a veces somos los primeros que no aplicamos los súper consejos que les exigimos cumplir a nuestros hijos? ¿A poco sí creemos que se puede corregir una “forma incorrecta” aplicando la misma “forma incorrecta”? ¿Será que usar el mal para acabar el mal realmente ayudará a los niños a no imitar lo que hacemos mal y a no  continuar reproduciendo modelos educativos violentos e irrespetuosos? ¿Será un tipo de aplicación de la teoría de psicología inversa?
                Queremos que nuestros niños sepan qué hacer ante la frustración, pero nosotros cómo reaccionamos ante la frustración que sentimos al no poder calmar un bebé que llora sin parar, al escuchar “no me quiero bañar” o “no me quiero salir de la tina”, al oír “no quiero comer, esto está asqueroso” o “quiero más” y pues ya no hay más o ya no debe de comer más, al presenciar batallas campales entre los hermanos porque “me dijo” o “no me dijo”, porque “me vio” o “no me vio”, porque “me quitó” o “me lo dio” o  porque sí, al presenciar “accidentes” con vasos de agua que “no tira nadie” sino que “se caen solos” o  fugas de “sudor” que no son pipí en la cama a las 2am cuando estás exhausta… En fin, por mencionar algunos típicos ejemplos que elevan la temperatura interior…
                Es fácil echarles la culpa y quererlos mandar a Timbuktú o al Triángulo de las Bermudas, pero ellos sólo son niños y están aprendiendo qué hacer y qué no, cómo, dónde y cuándo. De hecho, ni si quiera tienen completamente desarrollado su cerebro y se supone que nosotros debemos acompañarlos y ayudarlos a sacar su potencial. Por tanto, esos momentos “imperfectos” que “rompen la armonía, paz y felicidad” son perfectos y necesarios, no sólo para ellos, incluso para nosotros para seguir creciendo en mil y un virtudes y habilidades, pero sobre todo  para decidir  quién queremos ser y actuar en consecuencia…
¿Por qué les exigimos a nuestros niños ser “perfectos” si nadie lo somos?... No necesitamos varitas mágicas, ni ser perfectos ni tener hijos perfectos, ni una vida perfecta para publicar en Instagram. Necesitamos agradecer y aprovechar esos momentos perfectamente imperfectos para crecer juntos e ir descubriendo nuevas formas más respetuosas y verdaderamente formativas… Por cierto, si la riegas se puede pedir perdón, eso también educa…

lunes, 23 de octubre de 2017

Hay de formas a formas para formar...

I


Entre ayer y hoy me quedé impactada con dos noticias de EUA que me aparecieron en el celular:

Una niña de 3 años muerta porque su mamá la pateó en el estómago y al caer se pegó en la cabeza “por no lavarse los dientes” y la otra, una niña de 9 años muerta por asfixia porque sus padres habían llamado a su sobrina para que les ayudara a educarla porque “ya no podían con ella”. Entonces, la sobrina que pesaba 147kg se sentó sobre la niña “rebelde” para “darle una lección” y cuando se levantó, después de 2 minutos, ésta ya no respiraba. 

La mayoría pensará: ”¡qué bárbaros e inhumanos! Yo nunca haría eso!”...

Ok, es cierto, pero creo que a partir de esto conviene reflexionar: 

¿Qué sí hago? 

¿Alguna vez  podría haber salido en las noticias por mi forma 
irrespetuosa o violenta (física o psicológica) de corregir a mis hijos?

¿Qué sí hago cuando “no puedo más” y exploto?

¿Cómo reacciono, qué digo y qué hago?

…Cuando después de “repetir mil veces” algo, no sucede lo que pido o sucede lo contrario.

Cuando tengo prisa y “ni me pelan”.

Cuando ya no pueden tirar más cosas porque solo queda derrumbar la casa y las visitas están por llegar.

Cuando se cayó el agua por quinta vez, se hizo pipí, rayó el sillón  y “todo” sucede justo

cuando estoy exhausta, con los nervios de punta y sin reservas de paciencia.


¿Qué porcentaje del día “sufro” a mis hijos y cuánto los disfruto?

¿Cuánto tiempo diario paso que ardo de furia, gritando y dando órdenes y

cuánto me detengo a escucharlos, a abrazarlos, a besarlos, a mirarlos con amor?   


¿Qué daños físicos o psicológicos podría estar causando a mis hijos cuando pierdo el control?

Afortunadamente no los he matado literalmente, pero...

¿Mis gestos, palabras y acciones fortalecen o “matan”

su autoconocimiento, autoestima, autorespeto, seguridad, individualidad, autenticidad, autonomía, 

espontaneidad, inocencia, capacidad manejar las emociones y resolver conflictos?


¿Qué hago cuando me doy cuenta de que "me paso" y de que debería de actuar de otro modo?

¿Me autojustifico para tranquilizar mi conciencia y poder seguir igual?

¿Pido perdón?

¿Realizo un plan de trabajo realista para ir mejorando con acciones concretas?

¿Pido ayuda? ¿A quién? ¿Busco formarme? ¿Cómo?


Criar y formar a los hijos es todo un reto y evidentemente hay muchas maneras de hacerlo. En general, la mayoría de los padres oscilamos entre medio de “lo ideal” y de “lo que nunca se debe de hacer”. A veces acertamos y otras metemos la pata. Sin embargo, es esencial que seamos capaces de distinguir que hay de medios a medios para formar y  que definitivamente,  unos son más respetuosos de la dignidad de la persona que otros. Es  inconcebible que aún en pleno siglo XXI exista una amplia aceptación de medios violentos y abusivos para "formar" (amenazas, chantajes, ridiculizaciones, culpabilizaciones, la "nalgada a tiempo", etc...) que, aunque no quiten la vida literal, atacan la dignidad y hieren profundamente a los niños dejando heridas graves y les dificultan establecer pautas de comunicación y relaciones sanas.

Obviamente nadie es perfecto, todos nos equivocamos más de lo que quisiéramos. Por eso,  debemos ser humildes para reconocer tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, así como nuestras áreas de oportunidad y nuestro potencial. Asimismo, debemos de ser  perseverantes para buscar continuamente los medios que sean necesarios para ser mejores padres.   Sin embargo,  .para poder iniciar un proceso de cambio,  primero se tienen que romper paradigmas. Así pues, los padres debemos de romper:

  • Con el autoritarismo y el permisvismo, esto es,  tanto con el sometimiento indigno  de los hijos a los padres como el de los padres a los hijos.
  • Con la justificación inmadura de que no se puede cambiar porque "así soy" o "así me educaron" y "te aguantas", porque además "soy tu madre/padre".
  • Con la desidia para autoevaluar las reacciones, acciones y omisiones negativas y/o violentas..
  • Con la pereza para formarse y para trabajar concientemenente por ser mejor madre/padre.
  • Con la creencia de que los niños son los "culpables" de que los adultos "tengan que educar así" y de que exploten como explotan.
  • Con los "shows y berrinches parentales" para "solucionar los shows y berrinches infantiles".
  • Con la aceptación social de las formas violentas, abusivas e irrespetuosas para "educar".

…¡ Y luego sorprende que aumente el bullying, la prepotencia, la violencia, la corrupción,
la insensatez y la irresponsabilidad de la sociedad!... 

Se necesita valor para reconocer que eso es lo que se  les enseña a los niños con el ejemplo.

En realidad, las “nuevas generaciones” no lo hurtan... Lo heredan..


Cambiar no es tarea sencilla, pero es lo que nos toca en la vida, ya que tenemos solo una oportunidad para  sacar la mejor versión de nosotros mismos y para ayudar a que nuestros hijos también lo hagan. Por tanto, si queremos que sean respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes, seamos respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes con ellos...



Es momento de cambiar 

para que nuestros niños sean mejores y en consecuencia, el futuro sea mejor

Para cambiar el mundo primero hay que cambiar nosotros

y nuestras formas para  formar...



domingo, 11 de septiembre de 2016

La violencia y el bullying se aprenden en casa: Parte 2 (CUATRO PUNTOS)



¿Cómo es posible que estemos conquistando el espacio
y en cambio, no logremos que la paz conquiste nuestras familias y el mundo?



4 PUNTOS PARA EMPEZAR A LOGRARLO


El artículo anterior a través de ejemplos pretendía dejar claro que la violencia y el bullying se aprenden en casa, en primera instancia, con el ejemplo y sin mala fe. Siendo reforzados más tarde por las escuelas, los profesores y la sociedad, que continúan utilizando medidas agresivas e irrespetuosas como métodos “educativos” y de control. Por tanto, el niño interioriza que la amenaza, el chantaje, la burla, el sarcasmo, las comparaciones, las ridiculizaciones, el regaño, el castigo, el miedo, el abuso son formas socialmente válidas para conseguir los objetivos y los resultados que deseas. De esta forma, el ciclo de la violencia y el abuso continúan pasando de generación en generación.

Obvio nadie es perfecto y todos nos equivocamos. Sin embargo, resulta inconcebible surjan tantas justificaciones para continuar utilizando la violencia física y psicológica para “educar” a los niños:


  • iPorque somos familia numerosa y sin un “régimen militar” sería imposible y nos volveríamos locos… ¿Seguro????...  Porque la realidad es que no todas las familias numerosas utilizan la violencia para “educar”. Es cierto que el orden y la responsabilidad son valores indispensables, pero estos no están peleados con el respeto y con evitar la violencia física o psicológica. ¿De verdad no se puede criar de otra forma? ¿No hay alternativas? ¿O  será que hay resistencia al cambio y tendencia a la repetición de patrones?
  • Porque mis hijos son “de lo peor”, no como los tuyos que son súper “buenos”... ¿Seguro????... Es cierto que cada niño es diferente, pero en general los niños son niños-niños, se portan como niños, hacen cosas de niños y con su comportamiento simplemente se comunican. Por eso  necesitamos aprender a interpretar qué nos quieren decir. Los niños son buenos, no tienen mala intención cuando se equivocan o hacen cosas negativas. No hay que etiquetarlos negativamente, se puede describir la conducta pero no hay que adjetivarlos. Hay aceptar que son pequeños, que están aprendiendo, descubriendo el mundo y sus capacidades y simplemente están pasando por etapas de desarrollo normal. Entre ellas está cuando los niños defienden la propiedad privada y no quieren que el “amiguito - invasor” que invitó su mamá, toque sus juguetes. Niños que en una época de su vida han mordido a adultos y a niños, con razón y sin ella. Niños que al no manejar aún tantos recursos pegan para para resolver diferencias o para que por fin les hagan caso. Niños que por curiosidad o por querer ser autónomos se han trepado a lugares peligros. Niños que jugando, imaginando o hasta intentando sorprender han manchado la pared o hecho un desastre en casa. Niños que tienen “accidentes” constantes, no sólo las típicas caídas y golpes, sino los vasos derramados, los escapes de pipí mientras dominan la ida al escu o la ropa embarrada justo donde acaba el babero. Niños que a veces no quieren comer nada, que se despiertan y deambulan por la noche una sí y otra también. Niños que a veces no quieren ir al cole lloran porque sí, porque no y porque tal vez…Y mientras todos los niños pasan esas etapas transitorias, van madurando y consiguiendo tener más habilidades para comunicarse y resolver problemas, hay todo tipo de actitudes por parte de los educadores para acompañarlos y ayudarlos a crecer. En general, los niños hacen cosas muy parecidas, lo que varía es la percepción de los padres/educadores, así como la actitud que adoptan al respecto y la conexión que tienen con ellos.
  • Porque no sé actuar de otra forma... ¿Seguro???... Mientras no estés 3mts. bajo tierra siempre se puede cambiar y mejorar. ¿Qué te impide hacerlo? ¿Y si investigas, te formas e intentas romper paradigmas y probar nuevas ideas?¿Si buscas apoyo o amistades que te ayuden?
  •  Porque el mundo es muy duro y mejor que lo aprendan de una vez para que sean aguantadores y puedan triunfar. ¿Seguro?... ¿Y si así es y así será, para qué les adelantamos el sufrimiento? ¿Y si aprenden lo contrario y ellos se vuelven motor de cambio y logran que el mundo al menos sea “un punto” menos duro? ¿No sería mejor? ¿Si son tratados con respeto no pueden “triunfar”? Y de hecho, ¿qué significa triunfar para ti?
  •  Porque así me educaron y no pasa nada, cero traumas ni consecuencias. Ahora hasta agradezco que me hayan dado mi merecido y me hayan puesto en mi lugar a tiempo, sino quién sabe dónde andaría… ¿Seguro???...  Desde mi punto de vista, sí pasa y tan pasa que desgraciadamente una de las consecuencias es que se asuma lo malo como bueno, que se acepte la violencia como necesaria y peor aún, que la persona se considere “merecedora” de malos tratos para ser “bueno”.
  •  Porque voy agotada y no puedo más, ya no me queda paciencia para dialogar y resolver las cosas de otra forma. ¿Seguro?... ¿Entonces cuando se cansan nuestros hijos, nuestro jefe, nuestro cónyuge, familiares, amigos y empleados obtienen el derecho de faltar al respeto o utilizar la violencia física y psicológica? ¿El cansancio justifica la violencia para educar?


En fin, podemos seguir la lista de falacias para encontrar la justificación “adecuada”… O podemos ser honestos y aun sabiéndonos imperfectos y vulnerables, podemos ser concientes de que la violencia como medio para “educar” es injustificable dada la dignidad humana.

La maternidad/paternidad a veces nos abruma al mismo tiempo que nos hace vivir una felicidad inimaginable. Nos enfrenta con nosotros mismos, con nuestro pasado y con nuestro futuro, con nuestras cualidades y con nuestras debilidades. Nos permite palpar la grandeza y la miseria humana. Nos inunda con la bendición de tener a nuestro cargo una nueva vida y con la gran responsabilidad que implica. Nos lanza a espacios totalmente desconocidos, exigiéndonos estar estado de hiperigilancia constante, alcanzando niveles de cansancio físico y emocional increíbles y comprobando la veracidad de aquella famosa frase “yo sólo sé que no sé nada” y lo difícil que es no repetir patrones que jurábamos nunca hacer...

Sin embargo, ¿la complejidad, el cansancio y la “ignorancia”  propia de esta misión
justifica la violencia para ” educar”?

No. La violencia como medio para educar es injustificable dada la dignidad humana. Tratar con respeto a los demás es una exigencia para todo ser humano, independientemente de las circunstancias y de la edad del educando. Inclusive, hay más responsabilidad con el menor de edad, con el dependiente, con el indefenso, con el débil, con el enfermo, etc.

Hace poco un abuelo muy simpático le hacía “burla” a su nieta preguntándole que cuál es la “generación de crianza” en la que estamos actualmente, que si es la cuarta o quinta… La broma salió porque un día su nieta le impidió ponerle ron en las encías de su hija a quien le estaban saliendo sus dientes, diciéndole que “en esta época estamos en otra generación de crianza y que eso ya no se hace”. Así que desde entonces, cada que la ve, le recuerda sus palabras…

¡Y es cierto, la chica tiene razón! Formas o prácticas que antes eran lo típico, ahora no se acostumbran o están incluso desaconsejadas con evidencia científica. No obstante, en un futuro, nuestros hijos seguramente tildarán de “prehistóricos” muchos de nuestros procederes... Sin embargo, si queremos erradicar la violencia, el bullying y las guerras, para tener un mundo mejor y más humano y pacífico deberíamos empezar por erradicar la violencia, en todos sus grados, de nuestras familias y escuelas.

Necesitamos cambiar la forma en que educamos y tratamos a nuestros niños,
y esto implica comenzar por cambiar nosotros mismos...


Alguna vez te has preguntado: ¿por qué si estamos en “otra generación de crianza” la amenaza, los chantajes, las ridiculizaciones, las comparaciones, las burlas y los golpes hacia los niños siguen siendo el pan de cada día y peor aún, siguen siendo “justificados y aceptados socialmente”? ¿Y para qué seguimos justificando y utilizando con los niños estas reacciones y comportamientos violentos, impulsivos, defensivos y muy primitivos para “solucionar” rápido y a corto plazo las dificultades que se van presentando a lo largo de la crianza?

¿Será porque así fuimos educados y no conocemos otra forma de educar?

¿Será que no queremos romper paradigmas que nos obliguen a salir de nuestra zona de confort?

¿Será para sentirnos en control y en posesión del poder?

¿Será para poder explotar sin culpa...
Ya que se culpa directamente al infante de haberte hecho perder la paciencia?

¿Será para descargar agobios y  furia contenida
(que no nos atreveríamos a expresar de igual forma a nuestros pares por las consecuencias)
con alguien indefenso que no tome represalias y perdone “todo”, al menos a corto plazo?

¿Será para conseguir doblegar la individualidad y la voluntad,
para someter y conseguir “domar” al “terrible infante” y que sea “más fácil y dócil”?

¿Será para que la vergüenza y el miedo que generan en el educando el castigo físico o psicológico
 logre a corto plazo y “fácilmente” manipular al niño
para que al menos, finja en presencia del educador, pensar, hablar y comportarse
según las expectativas del adulto, tanto en tiempo como en forma?

Hay miles de justificaciones, pero hay que recordar que “las palabras convencen y el ejemplo arrastra”… Así que si es “normal” y hasta “bueno” pegarle al niño que pega “para enseñarle que no pegue”, gritarle “que se calle la boca” cuando grita porque “parece verdulero”, insultarlo cuando contesta mal, amenzarlo cuando quiere hacer las cosas de diferente manera o en otro momento”

¡¡¡No sé por qué nos extrañamos de que la violencia y el bullying estén invadiendo las familias, las escuelas, las redes sociales y la sociedad!!!!...

¡¡¡¡El ejemplo arrastra!!!!




Desgraciadamente, nadie es perfecto y quien esté libre de culpa que tire la primera piedra… Creo que pocos o para ser más exactos, nadie puede tirar ni ¼ de piedra, ya que en mayor o menor grado, sútil o descaradamente, todos hemos caído en utilizar estas “armas de control” alguna vez con nuestros niños.  La realidad es que día a día nos descubrimos imperfectos y en la necesidad de responsabilizarnos de nuestras palabras y actos e incluso hasta de pedir perdón, ya que el orgullo y la soberbia son de los principales promotores de las guerras familiares, sociales y mundiales…  En lugar de levantar el dedito acusador hacia los niños “que te obligan a ser así porque son terribles, chantajistas, manipuladores, no entienden de otra forma y si no me pongo así, qué será de ellos más adelante… Definitivamente, más vale una nalgada a tiempo” Así que:


  1. Empecemos por dejar de justificar lo injustificable y buscar culpables de lo que solo es responsabilidad nuestra (nuestras actitudes, nuestras contestaciones, nuestras formas de resolver conflictos y de tratar a nuestros niños, etc.)… Para que nuestros niños también aprendan a ser humildes, a ser responsables y a tratar con respeto a todos.
  2. Empecemos a mirarnos a nosotros mismos con detenimiento para poder detectar nuevas formas de actuación que faciliten tener actitudes positivas y establecer relaciones sanas que nos ayuden a crecer y poder educar con amor y en paz… Para que nuestros niños aprendan por experiencia y con nuestro ejemplo a ser más humanos, respetuosos, asertivos, resolutivos y conciliadores.
  3. Empecemos a mirarlos profundamente, a contemplar su alma y su futuro, a ver más allá de sus errores y de su falta de madurez o destreza debida a su corta edad y experiencia… Para que ellos aprendan a no centrarse en el error, a perseverar, a mejorar continuamente y a ser misericordiosos.
  4. Empecemos por respetar a los niños igual que exigimos respeto para los adultos. Si somos sinceros lo que le hacemos o decimos a los niños sería impensable hacerlo o decirlo a un adulto. Incluso, en muchos casos, hasta sería perseguido legalmente… ¿Por qué con los niños sí está permitido una “nalgada a tiempo” y a tu jefe no se la das para que no se ande pasando?… ¿Por qué a los niños se les chantajea, amenaza e insulta?... ¿Porque sólo así aprenden?... ¿Se lo merecen?... ¿No hay de otra?... ¿No son tienen la misma dignidad que el mayor de edad?”...Para que en un futuro no solo a ti te traten como les enseñaste, con respeto, sino a todos…


La violencia  para “educar” no es en sí misma buena nunca, no soluciona los conflictos sino que  los agrava y los traspasa a la sociedad y al mundo. Hay que empezar por reconocer que los adultos somos imperfectos y que a veces nos dejamos llevar por el impulso, por nuestros defectos e inmadurez. Tal vez porque no sabemos reaccionar de otra forma. Tal vez porque nos falta romper paradigmas, aumentar la paciencia, vivir la templanza, conocer nuevas herramientas y practicar nuevas técnicas… Lo que sea, pero que quede claro:

¡Sí se puede educar sin violencia!

Sin amenazas, sin chantajes, sin burlas, sin sarcasmo, sin comparaciones odiosas y absurdas,
sin ridiculizaciones, sin regaños, sin castigos, sin generar miedo, sin abuso, sin etiquetas
y obvio, sin golpes…

Y ¿sabes qué?...
Esos niños de “otra generación de crianza”,
con su dignidad respetada, con una clara conciencia del valor del otro y
habiendo aprendido con el ejemplo de sus padres y educadores,
a manejar adecuadamente las emociones
y a resolver respetuosamente y pacíficamente las diferencias,
harán posible que tanto la violencia, como el bullying y las guerras en el mundo
disminuyan considerablemente.

¡Por un mundo sin violencia, rompamos paradigmas y eduquemos sin violencia!