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sábado, 26 de abril de 2014

Berrinches 1. ¿Qué son?




En la Real Academia de Española definen berrinche como: coraje, enojo grande, y más comúnmente el de los niños. En realidad yo le quitaría la aclaración última, ya que no estoy segura de que los niños hagan “comúnmente” más berrinches que los adultos, la verdad es que hay signos alarmantes de estar viviendo en una sociedad conformada por una gran cantidad de adultos biológicamente con desarrollo psicosocial infantil o adolescente; eternos incapaces de madurar...

En fin, eso es otro tema…

Entrando en el tema que nos atañe, debemos reconocer que por más simpáticos y tiernos que sean los niños, y por más que los queramos, a veces no sabemos cómo reaccionar ante un “berrinche”. En ese momento, los vemos con mirada fulminante y lo que más desearíamos sería poder multiplicarlos por cero o renunciar temporalmente al rol materno/paterno mientras alguien capacitado, mínimo un superhéroe, te sustituye en esos momentos difíciles. Sin embargo, aunque es natural que lo sientas y pienses, sabes que para eso estás tú, para formar a tu hijo en “las fáciles y en las complicadas”.  No puedes rendirte, ni tirar la toalla y menos en esos instantes. De hecho, justamente es ahí donde más te necesita:

  1. Necesita saber que lo quieres incondicionalmente
  2. Necesita que lo ayudes a entender lo que siente
  3. Necesita que le enseñes y lo ayudes a descubrir alternativas y formas sanas/funcionales/respetuosas/maduras de reaccionar o actuar.
  4. Necesita que le acompañes en la búsqueda de la verdad y el bien
  5. Necesita que lo incites a reflexionar sobre el respeto, la responsabilidad, la prudencia, la sinceridad, el saber esperar, etc. y otros tantas virtudes y valores.
  6. Necesita más que sermones saber que estás ahí y aprender de tu ejemplo. Así es que no minusvalores tu reacción, métodos y formas al corregir.

No gastes el tiempo en pensar y en decir que con el berrinche tu hijo te está “tomando el pelo, chantajeándote o retándote”. Asignarle “motivaciones de actuar adultas” a “comportamientos infantiles naturales y comunes”, es una forma simplista e irrespetuosa de concebir a  tu hijo y de ver un berrinche. Además, te mantiene muy lejos de poder encontrar la raíz – la causa real y poder poner soluciones eficaces y efectivas que ayuden no sólo a resolver la situación específica sino al desarrollo integral de hijo, a la formación de virtudes y valores y a forjar un carácter maduro.  

Para los niños el llanto es una forma de comunicarse. De hecho, es una de las primeras maneras en que nos dicen que tienen hambre, frío, sueño, miedo o soledad. Luego, poco a poco van desarrollando el lenguaje y otras habilidades que les permiten identificar y expresar sus emociones con ecuanimidad, así como reaccionar adecuada y proporcionadamente.

Los berrinches en sí mismos son una forma de comunicación, contienen un mensaje a descifrar y como formador hay que saber ver más allá del llanto y de la pataleta. El por qué sucede, la frecuencia¸ lugares, personas con las que se presenta más comúnmente y demás, son variables importantes, pero lo esencial es cuestionarnos el para qué lo hace y qué está tratando de expresar.

Por otra parte, los berrinches tienen una razón de ser fundamental, lo niños a través de estos expresan la búsqueda de su identidad personal; son su forma de dejar claro que son una persona única e irrepetible distinta de nosotros, con gustos y necesidades diferentes de las nuestras.

Amar a nuestros niños mientras nos abrazan, juegan tranquilamente  solitos  y sin pelearse, duermen, te dicen te quiero o hacen cosas simpáticas es muy fácil. La cuestión es que nuestros niños son los mejores maestros para enseñarnos a amar de verdad,  “amar hasta que duela y cuando duela, entonces, seguir amando” Madre Teresa de Calcuta. Nuestros niños nos dan múltiples ocasiones para amar racionalmente, con la voluntad por encima de todo, para experimentar el amor que trasciende cualquier sentimiento, el que cuesta, el que implica donarte y sacrificarte, aun cuando crees que no puedes más.

Es justo ahí… Cuando a tu “angelito” le ves cara de “gremlin”, cuando sientes que no te queda ni una gota de paciencia, ni medio gramo de energía disponible, cuando ya  no sabes ni qué hacer, cuando estás agotada/o, es justo ahí, el momento más indicado para:

  1. Amarlos sin medida, incondicionalmente
  2. Ser empático
  3. Desplegar la creatividad al máximo
  4. Practicar el autocontrol
  5. Sacar tus virtudes a relucir
  6. Ejercer de traductor para descifrar lo que están tratando de expresar a gritos y con su comportamiento
  7. No tomarte la situación como ofensa ni desafío personal y menos como chantaje
  8. Que aprendan de las consecuencias de sus actos y a restaurar el daño causado, arreglar el desaguisado y pedir perdón. ¡Vaya!, que castigarlos en el rincón viendo a la pared, no es la medida más formativa ni con mejores resultados de crecimiento personal.

Podría acabar el artículo aquí, pero quedaría incompleto si creemos que sólo hay que centrarnos en ellos. Tras la tormenta nos toca trabajar a nosotros, reflexionar sobre lo sucedido y sobre nosotros, no sólo para evitar futuros eventos sino para mejorar nosotros como personas y como madres/padres. Algunos aspectos a considerar son:

  1. ¿Era previsible que sucediera?
  2. ¿Se podría haber evitado la situación?
  3. ¿Se está viviendo en casa algún evento o situación especial?
  4. ¿Ha vivido o experimentado algo extraordinario?
  5. ¿Qué estaba tratando de expresar el niño, cuáles eran sus necesidades?
  6. ¿Cómo  reaccioné?
  7. ¿Qué estrategias utilicé?
  8. ¿Qué virtud o valor pudo aprender tu hijo? ¿Qué alternativas de actuación aprendió?
  9. ¿Según su personalidad que fortalezas y debilidades-portencialidades desplegó durante la situación? ¿Qué aspectos y áreas debemos trabajar?

Finalmente, es fundamental que recuerdes que no debes adjetivar a tu hijo según sus comportamientos negativos. De hecho, si somos realistas y honestos, en general hacen más cosas buenas e inolvidables que nos cautivan el corazón, que negativas (si no es así, puede ser que tan sólo son el síntoma que está expresando que algo está mal en el sistema familiar o pudiera haber algún problema más complejo).

Por tanto, evita contar sus conductas negativas o al menos asegúrate de que no te escuche y sobretodo es de suma importancia que si vas a describir algún evento sucedido te limites a eso, enunciar lo que pasó sin etiquetar a tu hijo. Esto es, tu hijo “HIZO un berrinche”, NO, “ES un berrinchudo”.

En primer lugar, porque es una falta de respeto y denota una pobre concepción de la dignidad y valor de tu hijo. En segundo término, porque todos cometemos errores y hacemos cosas equivocadas muy alejadas de lo ideal y eso no nos hace “ser” nuestros defectos. En tercero, porque un niño etiquetado, asumirá como real la etiqueta. Se lo creerá y estará convencido que es “eso”. Por lo que se asegurará de seguir siendo lo que sus padres dicen que es. Así que facilitas el establecimiento y continuidad de comportamientos negativos y vicios. Y por último, es importante que dediques más tiempo a alabar sus fortalezas y capacidades, que a cantarle sus errores. ¿O a ti te gusta que tu marido, tus padres o tu jefe te digan todo el día todo lo “mala/o” que haces o “eres”? Enseñarle a centrarse en ver lo positivo de él, aumentará su autoestima y esto le hará más capaz de desarrollar su potencial y mejorar “sus áreas de oportunidad”, más comúnmente conocidos como defectos. Además, que será capaz de dar prioridad a ver el verdadero valor de los demás y sus talentos, facilitándole el establecimiento de relaciones interpersonales.

Tenemos que cambiar nuestra concepción de los berrinches, aprender a descifrarlos y a sacar con ellos el potencial de nuestros hijos, para que no se queden atorados en etapas infantiles o adolescentes y puedan llegar a ser adultos con una identidad propia, maduros, responsables de sus actos y capaces de asumir compromisos.

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Por qué mis hijos no ven tele "normal", como "todos"?





Sé, indirecta y directamente, que más de uno nos considera  unos exagerados y prehistóricos a mi marido y a mí, porque nuestros hijos no ven tele como es "normal". Esas personas “sufren” por mis “pobres” hijos que a sus 3años y medio y  1 año y medio, respectivamente, no han visto ni una película completa, ni han ido al cine, ni saben de la existencia de muchas de las caricaturas de moda. Pero para su tranquilidad, les comento, que esa ignorancia los mantiene sin ningún trauma.

Obviamente estarán pensando, "claro bendita ignorancia mientras están chicos" y efectivamente, el artículo principalmente está dirigido a padres de bebés o niños pequeños y a sus cuidadores;  pero a la vez contiene cuestiones generales que pienso aplican a todos bebés, niños y adultos. 

Debo de reconocer que parte de la “restricción” que sufren mis hijos es por “culpa de su abuela”. ¡Vaya, que lo que no se hurta se hereda! Y pues sí, mi mamá era de esas mamás “raras” que evitaba que estuviéramos “idiotizados” con la tele o videojuegos (lo siento, pero ella era así de delicada para decirlo). Por tanto, sin que fuera una prohibición militar, decidía “complicarse” la vida y fomentaba que jugáramos, leyéramos o imagináramos y nos llevaba al club o clases extraescolares deportivas y de música.

Sin trauma alguno, aprendí desde chica a aprovechar el tiempo sin necesidad de ver tele, eso no quita que alguna vez renegara, ni que me encantara ir al cine y ver películas, pero a final de cuentas, disfrutaba trabajar, hacer ejercicio, leer,  escribir, pintar, patinar y no echaba de menos ver más tele. Al igual que ahora, que me fascina estar con mi marido y familia, jugar con mis hijos, trabajar, leer y escribir, ver series y películas y quedar con amigos. 

Visto en perspectiva, aunque cuando era chica, “todo el mundo" veía "Carrusel de las Américas” (telenovela "infantil") o “Beverly Hills 90210” y yo sólo vi unos cuantos capítulos, agradezco los esfuerzos de mi mamá por “privarnos de tragar porquerías” (así decía) y enseñarnos a elegir lo que vemos y en qué gastamos nuestro tiempo, ya que en realidad siento que me ayudó a ser más libre, a conocer muchas personas, desarrollar habilidades y a  disfrutar más cosas.

Por tanto, sin saber mucho más, desde antes de tener hijos, no quería que ellos fueran niños con nana -TV. Sin embargo, en Barcelona tuve la oportunidad de conocer al Dr. Paulino Castells (psiquiatra), que entre otros temas,  ha estudiado el déficit de atención y en uno de sus artículos puntualizaba que para menores de 2 años debería haber "tolerancia cero" con respecto a la televisión y señalaba que la APA (Asociación de Pediatría Americana) lo avala, cuestión que me impactó profundamente. De hecho, se puede consultar la información, directamente en el siguiente enlace:

Me entró la curiosidad de averiguar si era cierta la tajante afirmación y empecé a adentrarme en el tema y entonces, no solamente por sentido común o por herencia, sino con argumentos sólidos hemos decidido ser de los “raros” y “exagerados” que:

  1. No tienen la tele todo el día prendida como si fuera música de fondo, ni para “hacer compañía”.
  2. No vemos la tele mientras comemos, ni en la cama.
  3. No vemos “la tele”, o sea que no nos sentamos a ver lo que haya, sino que elegimos el programa, serie o película y entonces, vemos eso y ya.  
  4. No la vemos de manera ilimitada, sino sólo lo que decidimos ver con límite de tiempo.
  5. No usamos la tele como nana, aunque sea cierto que generalmente una vez encendida, te puedes olvidar de que tienes hijos y puedes dormir, trabajar o comer a gusto.
  6. No vemos la tele mientras los niños están despiertos. Nosotros la vemos, si es que vemos, mientras duermen. (Claro que cuando vamos a casa de alguien, pues ni modo, obvio no hacemos que la apaguen)

Cabe señalar que, actualmente, el concepto "ver tele" abarca laptops, tablets y celulares  ya que ahora en todos ellos uno puede “conectarse” e “idiotizarse” con cualquier tipo de información, programas, series, documentales, videos, películas, etc. La “tele” ha invadido hasta en el baño. Incluso un bebé puede estar conectado al ipad mientras se balancea en su sillita, basta ver el invento tan ridículo y dañino. ¡Tantas normas tan estrictas para lanzar al mercado productos y dejan que salga esta cosa!!! 



Debo de reconocer que mis hijos no estuvieron los dos años primeros de sus vidas alejados de “toda pantalla” como recomienda la APA, pero sí lo más posible, que fue aproximadamente un año. A partir del año, comenzaron a ver algunas CANCIONES (sólo canciones) de Mother Goose Club, Trepsi, Cantajuegos, Simple Learning y de películas de Disney (sólo las canciones bonitas que escojo, no las películas).  Eso era lo único que veían, por media hora, algunos días de la semana.  

Pasados los dos años la mayor comenzó a ver, sólo algunos programas seleccionados previamente, entre ellos: Dora la Exploradora, Go Diego, Umi Zumi, Las mascotas maravilla, hasta llegar ahora a la Doctora Juguetes.  Los ve directo en Netflix o en youtube, sin anuncios y en general máximo 2 capítulos y no diario, algunos días ni si quiera ve nada.  Mientras tanto, la pequeña generalmente juega o en caso que lo pida, ve las canciones anteriormente mencionadas, aunque a veces admito que ve lo que la mayor.  Debo reconocer que con el segundo hijo se complica un poco el control, pero el uso de las tablets o laptops facilita que cada una vea algo adecuado a su edad.

Supongo que algunos estarán preocupados por saber cuándo les pasaré más variedad de caricaturas o una peli completa de Disney y la verdad es que no lo sé. Es un asunto que me tiene muy sin cuidado. Mi hija se conoce esas y otras historias porque las leemos en sus libros de cuentos. Sin embargo, en lo personal, creo que las películas de Disney NO son para niños pequeños, de por sí las historias son rudas hasta leídas y los malos son muy malos, pues todo eso pasado a la pantalla muestra escenas muy fuertes, que si somos empáticos con nuestros niños hasta dan yuyu.. Recuerden a Maléfica o a Úrsula, etc.

Habrá quien dirá, “así es la vida, que se acostumbren”. Pues justo por eso, yo creo lo contrario, ya tendrán tiempo para ver cosas feas y duras, no considero necesario adelantárselos y menos que se "acostubren". Definitivamente, prefiero que estén en lo que algunos consideran “una burbuja”, cuestión que para mí es respetar su edad. Si son los primeros años en los que deben conquistar la seguridad según Erikson, no veo ni necesario, ni útil, ni educativo,  introducirlos a ver cosas feas, violentas, que incluso dan miedo. 

Prefiero que descubran el amor, lo bello y lo bueno, que canten mucho y que vean cosas bonitas el mayor tiempo posible, sin monstruos ni violencia innecesaria. Que sean niños cuando les toca ser niños.  El odio, lo feo y lo malo con rapidez lo van experimentando en carne propia, sin necesidad de verlo en la tele.

Es fundamental ponerse en el lugar de nuestros niños y entender la fuerza e impacto que tienen  las imágenes con audio que se ven en las películas; los colores, los sonidos, los rasgos, las risas, la velocidad con la que pasan las escenas. En fin, para qué darles material para pesadillas e inseguridades.  Además, ¿para qué insensibilizarlos o acostubrarlos al mal o a lo feo?

Creo que es muy importante concientizarnos de que si bien actualmente encontramos caricaturas monísimas y súper educativas sea en cuestiones matemáticas, de lenguaje, de valores, de idiomas, etc., NO toda caricatura por ser de dibujitos infantiles es adecuada para todas las edades. De hecho hay caricaturas que  ni si quiera son para niños de ninguna edad, sino para adultos o bien, para nadie.

No espero que todos estén de acuerdo conmigo y respeto que en otras casas haya otras costumbres, pero igualmente pido respeto.  No tolero que alguien al cuidado de mis hijos les ponga la tele sin mi autorización o que les ponga un programa que no considero apto o sin supervisión de un adulto. Asimismo, lo que me resulta inconcebible e inaceptable que alguien les pongan algo a “escondidas” de mí. Ahí sí que me convierto en Hulk, porque peor que lo que pudieran ver, considero el que un adulto les quite la autoridad a los padres y fomente la mentira y el engaño.

En fin, independientemente de lo que cada familia decida, creo que es importante:
  1. Establecer un horario limitado para ver tele.
  2. Escoger los programas o películas a ver previamente.
  3. Acompañar a los niños mientras ven la tele, no usarla de “nana/canguro”.
  4. Enseñarles a elegir lo bueno para que sean más libres.

Y bueno para responder por qué mis hijos no ven tele "normal" como "todos", les digo que no es sólo porque la APA y psiquiatras reconocidos lo desaconsejen y pudiera generar déficit de atención.  De hecho, estoy convencida de que la tele bien utilizada, con medida y escogiendo los programas, puede ser una herramienta y apoyo educativo excelente. Ahora bien, hay algunas cosas que ni para el bote de basura. En definitiva, sin control y sin medida, ésta impide un sano desarrollo físico, psicosocial, emocional y espiritual; ya que puede favorecer el sedentarismo, la pereza, la ociosidad, el desaprovechamiento del tiempo, la desvinculación, el relativismo, la falta de criterio racional y moral, así como la inmadurez, entre otras cosas que a final de cuentas obstaculizan el crecimiento pleno de la persona.  



¡Lo que vemos sí es determinante para nuestra existencia,

va conformando nuestra identidad, nuestro ser y existir!

Por tanto, la decisión no está en prohibir o no, sino en saber elegir: qué, cuánto y cuándo.

Y en ser concientes de que todo tiene consecuencias.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Adiós pañal 2






Bueno pues como quedamos en el post anterior , no es lo mismo saber que un niño sepa que “ya se hizo” a reconocer que “tiene ganas” de hacer pipí. Incluso, puede ser conciente de lo anterior, pero puede necesitar más  tiempo para querer hacer en el baño y no querer usar pañal. Evidentemente, con entrenamiento conductista, el niño puede llegar a aprender la conducta, esté o no esté preparado, pero en lo personal creo que es mejor esperar a que el niño esté listo. Cuando se respetan los tiempos naturales, el proceso se dará naturalmente y fluirá sin grandes dificultades tanto para hijos como para los padres.

Por tanto, sé que hay más formas de criar que colores y respeto, pero como ya se podrán imaginar no soy partidaria de quitar el pañal el día que yo decido, ni de rutinas estrictas del tipo de: “cada ½ hora lo sientas en el escusado tenga o no tenga ganas”, “levantarlo por la noche” etc… 

Continuemos pues  con el tema iniciado en el post anterior, adiós pañal…  Tras acompañar a mi hija en su logro de control de esfínter anal (aun usando pañal tanto de día como de noche),  meses antes de los 2 ½ años percibí que empezaba a quedarse inmóvil y con la mirada perdida mientras hacía pipí, entonces decidí aprovechar estas señales para:

  • Favorecer la conciencia de lo que sucedía antes-durante-después y de la sensación seca-mojada: “¿quieres hacer / tienes ganas?”, “estás haciendo…”, “¿te cambio para que estés seca?” o dramatizando como si su cuerpo le hablara, “¿qué te a dice  tu cuerpo? Fulanito, pipí en el escu/quiero ir al escu/ gracias por llevarme al escu…”, etc.
  • Darle la opción de llevarlo al “escu” si avisaba antes:  ”si quieres hacer en el escu, sólo dime y te llevo”.  Siendo una opción y no una imposición, si tú le preguntas y dice que no, respétalo, deja que se vaya haciendo a la idea y decida/quiera ir.
  • Establecer un código fácil para cuando quisiera avisar/ir: “pipí en el escu”

Cabe señalar que los hermanos, primitos y amigos mayores que “ya no usan pañal” y  “van al baño” son motivadores espectaculares de los menores, quienes los admiran y quieren ser como ellos. De hecho, es buenísimo porque sin quererlo estos chiquitos “mayores/grandes” les presentan un reto y les dan ejemplo, tanto de qué hacer y cómo hacerlo, (avisar, ir, ropa, sentarse/pararse, limpiarse). También, aunque no lo crean, es muy útil que vean que suceden accidentes y que no pasa nada (claro eso depende cómo se maneje). Incluso verán que cada mamá/papá actúa y reacciona diferente ante todo el proceso de control de esfínteres, no te agobies si otros padres actúan de manera abismalmente opuesta a lo que tú haces/harías, para tus hijos también es bueno conocer otras formas de ser y actuar.

En fin, resulta que de pronto, alguna de las veces que le ofreces llevarlo te dice que sí o incluso te avisa que quiere ir, pues aprovecha para hacerlo un momento espontáneo y divertido.  Por ejemplo, puedes llevarlo “volando” rápido mientras le dices “corre pipí en el escu”. No importa que lleguen y ya el pañal esté mojado, quítaselo y que tenga la “experiencia” de quitarse ropa/sentarse/pararse/jalar:

  •  Si ya se le había escapado y no sale nada más, dile que “no importa,  tal vez la próxima si llegamos”, pero sobretodo felicítalo por haber avisado.
  • Ahora que si sí llega, está por demás decir que lo felicites tanto por avisar como por haber hecho en el escu. Obvio todo es bienvenido: porras, gritos, aplausos o brincos (al gusto del consumidor), lo importante es motivarlo y felicitarlo por su logro…
  •  Si es niña recuerda que es muuuy importante enseñarles cómo deben limpiarse.
  • Y nuevamente, si te es útil, no te cortes y vuelve a saca tu espíritu creativo compositor y pueden cantarle una canción a la pipí para cuando jalen, le diga adiós.
  • Finalmente, para ir inculcando hábitos de higiene: lávense las manos.

Total que un tiempo estuvimos con que a veces  avisaba o respondía afirmativamente que quería ir; entonces, íbamos al baño, le quitaba el pañal, hacía y se lo volvía a poner (no compré  pull ups). Poco a poco era más frecuente el querer hacer en el baño.

  •  Así que platicando le comentaba, “uy se me hace que pronto ya vas a usar sólo calzones sin pañal como la mamá/papá/primita favorita/amiguita”, “verás qué cómodo es no usar pañal y qué bien se siente estar seca”…

De pronto, un par de días al ponerle la pijama y quitarle el pañal para ponerle uno limpio para la noche, se hacía pipí justo en el inter de quitar el sucio y poner el limpio… Y ni para qué contarles, porque las dos o tres veces fue en su cama, así que súper oportuno cambiar sábanas y todo lo que implica la gracia sucedida justo antes de acostarla. Curiosamente, inmediatamente después, llegó el día en que ella decidió que no quería pañal, (obvio intenta quedarte por casa) y sí que lo decidió bien decidida.    

Quitamos el pañal y se puso sus calzones de Dora la exploradora que le dio tía (no sé qué poder tiene Dora pero es su hit). Inevitablemente, de repente le preguntaba si quería ir y decía que no, así que a esperar y pues efectivamente luego ella avisaba e íbamos. Una semana estuvo impresionante, la contra fue que empezó a dormir medio mal con la emoción.  La siguiente semana, empezaron algunos accidentes, porque se empezó a aguantar más, así que quedamos en que no se preocupara, que volvíamos a usar pañal unos días y cuando ella quisiera que  se lo quitara.

Estuvo una semana con pañal y literalmente un día amaneció y “ella se lo quitó” y súper bien. Viviendo en una ciudad donde el tráfico es tremendo, yo decidí unilateralmente que para ir al coche se lo ponía. Sin embargo, desistí al poco tiempo porque después de ir perfecto, de pronto tuvo algunos accidentes y noté que era porque se estaba confundiendo, preguntaba, “¿traía pañal?”  Así que temerosa de que me empapara su sillita y mi coche, le hice caso y adiós pañal, también en el coche. Para mi sorpresa y educación sobre no minusvalorar las capacidades de nuestros hijos, nunca ha tenido un “accidente” en el coche. Cabe mencionar que hicimos un viaje de 10 horas en coche a sus 2 ½  y sin percances, eso sí como era autopista y no te puedes parar en donde quieras por prevención acordamos ponerle pañal pero siempre que pedía nos deteníamos cuanto antes y pues al pañal no le cayó ni una gotita.

Respecto a los pocos “accidentes” sucedidos, que en total han sido muy pocos:

  • No se le regaña
  • Se le pide que ayude a limpiar
  •  Se dramatiza a la pobre Dora,  que trae en su calzón, ahogándose y pidiéndole por favor que avise (también Dora la felicitaba siempre que hacía en el escu).

No se emocionen, ahí no acaba el aprendizaje. Hay dos situaciones que está terminando de controlar y yo a prevenir:

  • Cuando se enoja y se pone a llorar no controla y se hace inmediatamente. Así que en medio del llanto la llevo antes que nada pase al baño.
  • Debido a que ahora intenta aguantar cada vez más, en especial si está entretenida en casas de amigos (no en ambientes conocidos), procuro al llegar a las casas, enseñarle dónde está el baño y recordarle que hay que avisar.

Y pues ahí vamos… ya no usa pañal de día.

En fin, se preguntarán qué cuándo le quitaré el de la  noche, pero como podrán imaginarse, pues cuando vea que está lista y ella lo pida, porque ya me pasó un día que se me olvidó ponerle pañal y ¡vaya inundación!

Así que el capítulo 3 de Adiós pañal, ya lo escribiré cuando esté dominado el asunto. Por mientras les adelanto que cuando ella  decidió quitarse el pañal de día, por  la noche no quería ponerse el pañal, pero éste no amanecía seco más que muy esporádicamente. Me cogió desprevenida, porque de hecho, debía hacer modificación con la cantidad de líquidos a última hora. Así que me inventé a Marianita (en realidad era la historia de mi hija pero con otro nombre).

  • Marianita,  en resumidas cuentas, era una campeona que ya no usaba pañal de día porque era mayor (le contaba tal cual lo que ella hacía, sus logros etc.. sólo cambié el nombre).Resulta que como  Marianita había visto lo cómodo que era no usar pañal y estar seca, no quería ya usar el pañal de noche, pero su mamá le explicó que tenía que ser paciente para lograrlo, que debía aprender poco a poco y  que cuando amaneciera seco el pañal muchos días entonces podían probar de quitarlo. La historia estaba más divertida y con efectos, me pidió que se la contara unas cuantas noches, luego ya ni la ha mencionado, pero lo importante es que se quedó tranquila.

Al principio, varias noches se despertaba a hacer pipí, pero ahora es muy frecuente que amanezca seco el pañal, tanto porque cada vez tiene mayor control de esfínter como porque hemos modificado  la cantidad de líquido tomado antes de dormir:

  • Intento que se tome su leche una media hora antes de irse a la cama para que cuando se vaya a lavar los dientes vaya también al baño.
  • Y le encanta tomar agua antes de acostarse, pero ahora le doy una “muestra” porque si no, fijo que se levante a media noche o amanece ensopado el pañal…

En fin, creo que se está acercando el momento de ir probando a quitar el pañal de noche, pero antes necesito comprar un mejor protector de colchón : )   De cualquier forma, esperaré a que ella lo pida, por mientras se emociona mucho cuando amanece seco su pañal y lo festejamos…

 Disculpen que me haya explayado, pero bueno pues espero que de algo les sirva...


En lo personal, insisto, 

entre más respeten los tiempos de cada uno de sus hijos, 

más natural y fácil será.