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lunes, 15 de junio de 2015

Cosas prácticas que debemos saber y enseñar



Mientras esperaba que salieran mis hijos de clases, decido guardar una imagen de Facebook que decía: cosas que deberías aprender antes de cumplir 18 años. Lo había leído y efectivamente se me hizo súper atinado. Sin embargo, no es por nada, pero añadiría a lo necesario, el saber pasar corriente. Sólo por si las flies... ¡Ni vayan a creer que yo no sé!... Ajá...

Pues resulta que los recojo, se suben al coche, trato de arrancar y ¡sorpresa!  ¡Ni media lucecita se enciende! Así que entro en estado de shock porque era un coche prestado y además, casi recién salido de la agencia.

Entonces, llega una amiga y me dice: "no te preocupes, yo te ayudo, ahorita te paso corriente".
Y pensé: "menos mal que ella sí sabe, ¡qué vergüenza!... Y yo aquí de inútil".  Así que le dije: "híjole es que yo soy la peor en esto, siempre alguien me rescata con esto de los coches, nunca he tenido necesidad de aprender"...
Entonces, ella dice: "ah noooo,  pues yo estoy igual. ¡Obvio no sé! ¿O qué, te llevo a tu casa y dejas tu coche aquí?"...
Y me salió del alma: "¡Noooo! ¡Lo tengo que resolver ahora!".

...Ahórrense sus comentarios, sé qué están pensando...Seguro se acordaron de uno o dos chistes de gallegos o de rubias...

Dadas las circunstancias, ahí va el par de mensas a pedirle ayuda a un señor que estaba en su coche: "oiga señor,  ¿de casualidad sabe pasar corriente?"...
Respuestas inmediata: "obvio"... (Se notó que se contuvo para no decirnos que qué pregunta más estúpida).
En fin, nosotras proseguimos con la conversación entablada: "¿nos podría ayudar?  Nosotras no sabemos, pero sí tenemos los cables y los coches ya están juntos"...
Amablemente se bajó de su camioneta, pero su cara nos gritaba: "¡par de inútiles! No se merecen venir en coche".
Total que procedimos a picar el botón para abrir el cofre, pero como bien hemos observado en las gasolineras, sabíamos que luego se le mueve algo por en medio para poder abrirlo... Así que intentamos abrirlo  con toda la seguridad posible, pero nuestra falta de práctica salió a flote y pues el señor dejó de morderse la lengua y nos dijo: "deberían saber abrirlo, es su coche".
Asentimos en silencio y se nos vino a la mente aquella típica frase: "para qué le digo que no, si sí". ¡Y es que el hombre tenía la boca llena de razón! Pero bueno, ya para qué hablar, si con la boquita cerrada nos veíamos mejor. Aunque las carcajadas se nos salían descaradamente, obvio mejorando nuestra salud... ¿No dicen que es muy sano reírse de los errores?

A continuación, bien puestas, nos trepamos a arrancar los coches y él puso los cables. Sin embargo, mi coche seguía sin signos vitales. Mientras continúabamos intentando, el buen samaritano nos instruía explicando que era porque los coches modernos no hacen bien tierra con la fibra de vidrio o no sé qué.... En realidad, la preocupación de que no arrancará el bendito coche prestado me impedía asimilar las clases impartidas. Por suerte, al final sí se pudo porque lo puso directo o algo así... Definitivamente, escuchar nuevamente el sonido del motor del coche era música celestial y hasta el día se veía más bonito.

Además de darle las gracias a mis rescatadores, les comparto la reflexión del día: no es que no sepa pasar corriente porque crea que eso es cosa de hombres o porque me ensucie (cuestión altamente probable). Simplemente son de esas cosas que no sé hacer por desidia y desinterés. Como el cálculo mental en la escuela. Conforme la maestra decía todas las operaciones,  de pronto, inconcientemente  me desconectaba y dejaba de calcular. No era que no pudiera o que no fuera capaz de hacerlo, sino que no me interesaba y no le encontraba la utilidad (si ella ya sabía la respuesta y yo podía usar en el futuro papel o calculadora)... En fin, reconozco que hay cosas, como pasar corriente, que uno debe saber hacerlo al menos por seguridad; independientemente de que alguien me eche la mano y me lo resuelva... Así que no se preocupen, ¡ya aprendí! Y mis hijos no manejarán sin saber cambiar llantas y pasar corriente...

martes, 25 de junio de 2013

Para como está el mundo...






Hace poco, por motivos laborales, conocí a una persona cuyos “consejos” me dejaron fría; más aún porque en teoría era alguien con formación personalista. Evidentemente, no pretendo, ni busco juzgarla como persona. No obstante, lo que me dijo en escasas dos horas, da para realizar un autoanálisis y decidir cómo actuar como mujer,  esposa, madre, profesionista, ciudadana e incluso, como creyente.

Prácticamente me doblaba la edad y en el tono de su discurso se percibía cierto aire de superioridad hacia “la niña inocente que no sabe nada del mundo real”, mezclado con un deseo real, bien intencionado, de “ayudarme a ver la luz”.

 Me centraré en tres afirmaciones que me hizo, cuya justificación común era: “para como está el mundo”…

  • “Para como está el mundo, si quieres triunfar y hacer algo, no puedes ser tan perfeccionista”. Es cierto que el perfeccionismo puede dejar de ser una cualidad y convertirse en un defecto y obstáculo, pero en el contexto que se manejaba el término, éste se malentendía, ya que pretendía justificar lo malo como bueno,  la ley del mínimo esfuerzo, el conformismo y la mediocridad.
  • “Para como está el mundo, no puedes decirle la verdad a tu marido sobre lo que sabes, haces y logras, porque eso romperá su relación. Ante él siempre tú menos, para que él se sienta más y logre más”.
  • “Para como está el mundo, siempre les digo a mis hijos, si son infieles que no se note. Sean inteligentes como su padre, que ni sé si lo ha sido y si lo ha sido, no me enteré”.

Es cierto que me falta mucho por vivir, aprender y crecer… Sin embargo, díganme idealista o ilusa, pero a pesar de mis mil y un defectos y mis mil y un caídas; ni la mediocridad, ni la mentira, me resultan justificables ni aceptables. 

Como mujer, esto es como ser humano personal, me parece patético y degradante no aspirar a ser mejor en todas las áreas, así como no dar lo mejor de mí en cada momento de mi vida.

Como esposa, no concibo que la verdad no  sea uno de los principales cimientos en la relación de pareja. Me parece ridículo, ofensivo, dramático , tan alejado del amor y de la felicidad, no poder confiar plenamente en él, no dejar que me conozca a profundidad, ocultar parte de mí, no poder compartir mis intereses y mis logros. Para mí eso significa no poder  experimentar el amor, no poder ser amada y admirada con  el “todo incluido”: cualidades y defectazos. Creo que para mantener una relación sana tiene que existir respeto,  equidad,  ganar-ganar, confianza, admiración mutua, además de una gran capacidad de perdón. La mentira y la hipocresía tan solo podrán, en algunos casos, mantener las apariencias, pero no generarán nunca una relación sana, estable, comprometida que permita un crecimiento integral, ni personal ni de pareja; permitirán como mucho relaciones de lucha de poder,  sadomasoquistas y  de decrecimiento o incluso de  degradación.

Como madre, aspiro a no renunciar nunca  a mi responsabilidad de ser quien soy ante mis hijos; su mamá, no su amiga ni su vecina, sino su madre con todo lo que implica… Empezando porque si los dejo sin madre, los dejo huérfanos. Sé que son libres y harán lo que ellos decidan, por eso es vital que  sepan que:
  • Existe la verdad, inabarcable absolutamente, pero no por eso relativa.   
  • Existe el bien y se debe actuar siempre buscando el bien mayor. Hacer el bien, hacer  lo correcto, debe ser un imperativo independientemente de que te vean y se sepa, o de que no te vean y no se sepa.
  • Las justificaciones para actuar mal o mediocremente tan solo denotan una personalidad inmadura, que no se responsabiliza de sus actos y es  incapaz de amar verdaderamente.
  • Ni el amor ni la felicidad pueden coexistir con la mentira ni con la mediocridad.

Así pues, de hecho,  por “como está el mundo”, estoy convencida de que si quiero que mis hijos sean hombres y mujeres de bien, que triunfen como personas y que sean felices (verdaderamente); más vale que siembre semillas para que sean personas de una pieza, virtuosos y que no se conformen con mínimos, ni con placeres inmediatos-pasajeros, ni con demás banalidades o falsos dioses y éxitos que tan solo les dejarán vacíos y en soledad.
  • En primer lugar, definitivamente creo que es un privilegio existir en este mundo como persona libre, dotada de inteligencia y de voluntad, pero sobre todo con capacidad de amar y de ser amada; cuestión trascendental y exigente, incompatible con el conformismo y el engaño. Por ahí dicen que no exigir del amado lo mejor, no es amor, sino indiferencia. Creo que esto se aplica a todo, empezando por nosotros mismos. Si tenemos autoestima y auto-respeto, tenemos que buscar dar el 100% en todo lo que hagamos sin excusas, sea a nivel personal, familiar, laboral, estatal, etc.
  • En segundo lugar, no hay mejor forma de crecer que en el encuentro con el otro, siendo el matrimonio el lugar ideal para conocernos, aceptarnos y  superarnos. Además, si se toma en cuenta que principalmente se educa con el ejemplo, qué mejor que mantener una relación imperfecta pero feliz y de amor con él para formar a los hijos.
  • En tercer lugar, un padre responsable  no debe promover en sus  hijos conductas indignas, alejadas de la verdad,  del bien y del amor.  

En fin, “para como está el mundo”, lo que nos queda es ser mejores seres humanos, mejores personas, mejores padres, mejores hijos, mejores hermanos, mejores amigos, mejores profesionistas, mejores  ciudadanos; esto es, ser más buenos y amar más, en todo y con todos. No es tarea sencilla, pero solo así podremos dejar de dar malos consejos, bien intencionados pero alejados del valor infinito que tiene la persona, sea quien sea, marido, hijos o desconocidos. Solo así podemos dejar de preocuparnos por el mundo que les dejaremos a nuestros hijos, porque habremos hecho todo lo posible y hasta lo imposible, por dejar mejores hijos a nuestro mundo…

viernes, 30 de noviembre de 2012

¿Y las niñas?





Creo que es bien sabido que cuando no oyes a tus niños, debes ir a echarles un ojo, urgente… Un silencio prolongado generalmente te augura una sorpresa.
                Por ejemplo, estás en una reunión familiar con los primos y tras el normal bullicio infantil, de sonrisas y lágrimas, gritos y abrazos, de pronto reina la “paz”. Así que empiezas la búsqueda, en este caso, de las primitas: jardín, cuarto de tele, sala, comedor, cocina, cuartos, garaje… Improbable que se hubieran salido a la calle, pero entonces, ¿dónde están? Mientras tú subiste y bajaste a toda velocidad, la suegra de tu prima haciendo gala de su experiencia como madre y abuela, se dirige en silencio, sin pausa pero sin prisa, al baño de visitas sin dudarlo. Efectivamente, abre la puerta y ¡sorpresa, las dos princesitas, de dos y tres años respectivamente,  en el baño!
                Lo interesante son la frases tan, tan “femeninas” que emiten la una y la otra: “vine a acompañarla a hacer pipí” y “nos estábamos peinando lo despeinado y poniéndonos cremita para quedar guapas”. Así que se podrán imaginar el cuadro: en primer lugar, “modernizaron” sus peinados con gel, dejando unos gallos tipo punk muy sui géneris; en segundo, la “cremita” o para ser más exactos el medio bote de crema, lucía cual mascarilla, ni piel ni vestidos se veían. Eso sí, “muy consideradas”, estaban “limpiando lo sucísimo”,  vaya el lavamanos estaba casi desgastado de lo que lo habían tallado y hasta salían burbujitas del hoyito del caño.
                Llama la atención que cuando los desaparecidos son unos niños, su juego es diferente y el desorden resultante también lo es, aunque los encontraras en el mismo baño, utilizando los mismos productos. Por  eso resulta curioso que el feminismo radical quiera negar lo evidente, existen diferencias naturales entre hombres y mujeres. Sin embrago, esta corriente sugiere que es más exacto y justo hablar de género para “incluir”  todas las ·”preferencias sexuales”,  hombres, mujeres, homosexuales, bisexuales y transexuales y rechaza que haya diferencias/tendencias naturales, considera que los roles y comportamientos femeninos-masculinos, son aprendidos culturalmente. Será el sereno, llámenle como quieran, aprendizaje cultural o estereotipos o qué sé yo, pero es muy común y hasta parece natural que las mujeres, sean brasileñas, mexicanas o españolas, se acompañen al baño, que dediquen más tiempo que los hombres a su arreglo personal, que sean más comunicativas y que tengan menor tolerancia al desorden. 
                Por el contrario, el personalismo – realista defiende que hombres y mujeres son iguales en dignidad, pero diferentes, por lo que su lucha es por la equidad, no por la igualdad. Reconoce que algunas actividades, conductas y roles son aprendidos y que no deberían ligarse ni al sexo femenino ni al masculino. Esto es, las tareas del hogar o el ejercicio profesional pueden ser realizados exitosamente por ambos, pero resulta  evidente que existen diferencias naturales que no sólo no deben negarse, sino valorarse y ser protegidas.
                Este es el caso de la maternidad, que el feminismo radical en la “protección de la mujer” en lugar de reconocer y valorar, la considera una carga, un yugo que somete a la mujer y la coloca en desventaja frente al hombre. Por lo tanto, su lucha por los derechos de la mujer parte de “quitarle  o al menos, minimizar ese defecto de fábrica”  para poder conseguir la igualdad con los hombres.  En consecuencia, falazmente dicen que se protegen los derechos de la mujer, ya que al “desmujerizarla” y negarle características esenciales, no defienden a la mujer sino a un “ente wannabe”,  ni hombre ni mujer, que quisiera ser hombre pero no lo es y ser tratada como hombre, pero no lo es…
                La realidad es que resulta  impresionante descubrir tanto la coquetería natural de las niñas al mirar,  moverse, arreglarse y al mirarse en el espejo, como rudeza o tosquedad  al desplazarse y al jugar de los niños, entre otras. Siempre hay excepciones, pero al final éstas tan sólo, confirman la regla. Se puede intentar negar las deferencias naturales, pero es que pasan los años y hasta en las cenas con amigos, en general las quejas de las esposas sobre los esposos coinciden, al igual que las quejas de ellos sobre ellas. Definitivamente, el autor de Los hombres son de marte y las mujeres de venus, no descubrió el hilo negro, sino  que hizo una compilación de realidades y anécdotas con las que podemos identificarnos, hombres y mujeres, para poder enriquecernos de las diferencias, comprendernos y a veces, en el peor de los casos, tan sólo para sentirnos acompañados en la frustración que provocan las diferencias y para no tomarnos los conflictos como afrentas personales.
                Algunas corrientes pedagógicas han comprado la idea de la educación neutra, educar “asexualmente” para dar libertad en la elección de género. Incluso, una vez leía un artículo que sugería que los padres no les dijeran a sus hijas lo bonitas que se veían o lo coquetas que eran, porque estarían fomentando roles sexistas y desórdenes alimenticios. Creo que hay una gran diferencia entre las expresiones naturales de amor y sorpresa ante lo maravillosos y preciosos que son nuestros hijos y los comentarios enfermos que pudieran fomentar el machismo o contribuir al desarrollo de un trastorno alimenticio. 
                En lo personal me pareció muy poco atinado el artículo y sus argumentos falaces, el machismo y los trastornos alimenticios tienen raíces mucho más complejas y multifactoriales que no se solucionan con establecer una relación fría con nuestras hijas.

¿No les ayudará más a su autoestima y autoaceptación
el que les digamos con naturalidad lo guapas que se ven?

¿No les ayudará a descubrir la belleza del ser humano y expresar con naturalidad los elogios?

¿No nos dice el sentido común que tratemos con igual respeto tanto a nuestros hijos como a nuestras hijas y que no podemos pretender formar en serie, ni igual a niños que a niñas?

Me parece que actualmente el sentido común a veces no es tan común y se cae en sugerir conductas antinaturales hacia nuestra persona, hacia nuestros hijos y hacia el ser humano.  Nunca un abrazo, un beso, un elogio, fundado en el amor y respeto estará de sobra, ni les afectará en la construcción de una identidad femenina o masculina. Al contrario, les ayudará a aceptarse, a ser más seguros y aprenderán a comunicar sus sentimientos con naturalidad. Por tanto, disfruta y sorpréndete con las diferencias que descubrirás al formar a cada uno de tus hijos. Además, reconoce, goza y aprende de las diferencias entre niños y niñas, hombres y mujeres, que enriquecen la relación humana y la sociedad, para que tus hijos también lo hagan.