Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de abril de 2019

¿Es posible seguir enamorados “hasta que la muerte nos separe”?


 

Estas semanas curiosamente coincidí con varias parejas que estaban aún coladitos el uno por el otro, sin importar las dificultades experimentadas a lo largo de sus vidas juntos o los años de conocerse y haberse comprometido. Fueran 5 o más de 50 años, seguían sacando chispitas al mirarse, escucharse o simplemente al hablar del otro… Para rematar, visité a dos señoras viudas, ambas coincidían en que echaban de menos, “demasiado”, a su marido… Cada una expresó,  palabras más, palabras menos: que había sido un privilegio y una bendición compartir su vida con ellos, que estaban convencidas de que habían estado con “el hombre de su vida, con su media naranja” y que ahora, a pesar del cariño de su familia y amigos, su vida se sentía incompleta… Más aún, las dos sentían que les faltó tiempo juntos, ¡una tras 30 años de casada y la otra con 54 años de matrimonio!…
Convivir con estas personas de todas las edades, personalidades y creencias fue maravilloso. Escucharlas y observarlas fue un regalo. Sin embargo, por momentos sentía que estaba frente a una especie en extinción. Parecían ser las excepciones que confirman la regla, ya que en realidad a nivel mundial la institución del matrimonio y de la familia “tradicional” es cada vez más minusvalorada.
Así pues, inevitablemente surgía la duda: ¿es posible seguir enamorado y cumplir el “hasta que la muerte nos separe”?... O para intentar aguantar es necesario auto animarse con la siguiente frase que un amigo le decía a su pareja el otro día: “menos mal que sólo prometí amarte hasta que la muerte nos separe, pero eso sí, llegada la hora, no me busques… Que ansío tener una eternidad para descansar”…
¿Qué porcentaje de parejas lo consiguen sin contar a los protagonistas de las películas de Hollywood?... Pues para qué espantarnos con las altas cifras de separaciones y divorcios, que contrastan con los estudios que, paradójicamente, afirman que son más felices y prósperas (tanto a nivel personal y económicamente) las personas unidas en matrimonio estable/funcional/imperfecto-feliz… Cuestión que me parece súper lógica, vaya, que no es de extrañar que si a pesar de los reveses y retos de la vida, ambos encuentran en el otro y en su  familia  “sus cimientos, su refugio y su catapulta”,  entonces evidentemente, tendrán un dolor de cabeza menos y estarán en mejores condiciones para hacer y deshacer y poderse comer el mundo…
Sin embargo, ¿por qué si todos ansiamos ese amor incondicional e infinito a veces parece “necesario”, conformarse con migajas y espejismos o renunciar a éste y optar por aventuras sin amor?...Hay quienes sitúan las causas de los fracasos amorosos en los extremos de una misma variable, p.e. En la incompatibilidad de caracteres sea por la diferencia entre estos o la “extrema igualdad” de los mismos, en las familias de origen “perfectas o imperfectas”, en haber llegado virgen o no haberlo hecho, en sólo haberse “juntado” en unión libre o en haberse casado, en haberse comprometido muy joven o muy mayor, ya habiéndose acostumbrándose a la soledad y teniendo manías personales, en no haber terminado de estudiar o en haberse abocado a trabajar muchos años y retrasado la decisión de comprometerse, en no haber viajado o haber visto mucho mundo, en haber sufrido un acontecimiento muy duro o en no haber tenido experiencia con el dolor ni grandes frustraciones, en las presiones laborales y/o sociales o en la falta de éstas, en las creencias religiosas o su indiferencia o rechazo hacia éstas, en el feminismo radical o en la sumisión, en la sociedad relativista, pragmática y materialista o bien, en la conservadora… ¿Pero todas éstas son realmente causas directas y determinantes? ¿O estas “causas” serán síntomas  de nuestras carencias, necesidades, fragilidad e imperfección? ¿O será que somos libres y por eso no hay una causa única sino mil y un causas probables, pero ninguna por sí misma asegura el fin o la continuidad de una relación?   
Es un hecho que no estamos determinados, tanto que todos conocemos parejas que siguen enamoradas, aún, cumpliendo una o varias de las variables anteriormente señaladas. Hay quienes desde la primer mirada y ese primer roce de manos que hace vibrar y sentir maripositas por todo el cuerpo viven escribiendo una historia de amor, sin importar las tempestades que hayan tenido que enfrentar o los altibajos que de repente sacuden sus vidas. Mientras tanto, otros, antes o después, cuestionan su decisión… Se preguntan si  realmente su compromiso fue una decisión libre, voluntaria y adecuada, o fue consecuencia de sus heridas no sanadas, de su historia personal, de falta de habilidades de inteligencia emocional, de la presión social o de uno mismo al sentir afecto por la persona, cayendo en el autoengaño y en falsas expectativas, etc... O incluso, aceptan que ellos mismos o sus parejas no están dispuestos a pagar “el precio” que implica el comprometerse con alguien y formar una familia. Así pues, tras el surgir de las dudas, llega un punto de quiebre, algunos logran trabajar en equipo para recuperar y fortalecer su relación y continúan caminando juntos, otros se dejan llevar por la rutina  y siguen ahogándose en lo mismo sin hacer nada y otros, al final optan por separarse… Llegados a este punto, algunos vuelven a apostarle al amor, ansiando tener otra oportunidad para poder vivir finalmente “la posibilidad” del amor eterno...
No hay una receta, pero definitivamente no es que te “toque”, cual lotería, vivir “el fueron felices para siempre”. Si se quiere que te “toque” hay algo claro, ambos miembros de la pareja deben comprometerse libremente y trabajar a favor de relación buscando el bien propio y del otro, tomando en cuenta 10 puntos:


  1. Además de sentir “bonito”, amar es  “querer-querer”, incluso cuando no se “sienten” ganas. 
  2. Decirse diario cuánto se quieren y siempre decir más cosas buenas que malas.
  3. Besarse y abrazarse como si fuera su último día de vida, a final de cuentas, nunca sabes cuándo será.
  4.  Regar diario la relación, no como a ti te gusta sino como el otro necesita y le gusta.
  5. Seguir conociéndose cada día y creciendo individualmente y como pareja.
  6. Darse su lugar, cuidarse y respetarse como personas y no tratarse como objetos. Admirarse mutuamente.
  7. Escucharse profundamente, ser honestos y evitar suposiciones.  
  8. Tener detalles que hagan lo ordinario extraordinario, sorprenderse continuamente y expresar su amor con palabras y hechos concretos.
  9. Elegir bien las batallas, ser resilientes y perdonar.  
  10. Tener un proyecto común y trabajar en equipo entregándose total y plenamente.
  •     Y como bonus y punto ideal de partida, poner a Dios en el centro de sus vidas…


Estos puntos son pinceladas generales que requieren el compromiso al 100% de cada uno, nada de que 50%-50%, ya que esto marcaría el inicio del fracaso. De no haber compromiso real por ambas partes, puede ser que sigan juntos físicamente, pero desconectados y sin vínculo real. Desafortunadamente no se venden píldoras mágicas para seguir enamorados y ser felices… ¡Siento desilusionarlos, el toloache es buen negocio pero con eso no se llega muy lejos!… En fin, ¿qué se puede aprender de las parejas que siguen enamoradas, más enamoradas que el primer día porque ahora se conocen más,  se admiran más y verdaderamente se aman?...    
  • Antes que nada, hay que reconocer que son seres humanos común y corrientes… Ellos han pasado por las subidas y bajadas de la montaña rusa de la vida, pero son parejas que mantienen el amor de eros, apasionado, vibrante y creativo que los hace seguir deseándose mutuamente y buscando formas para fortalecerse y no caer en la pasividad ni en el conformismo. Sin embargo, van más allá, no buscan poseer o consumir al otro como si de un objeto desechable se tratara. 
  • Se valoran infinitamente, ansían seguir conociéndose a profundidad y poderse entregar siempre plenamente con amor de ágape.  Amor que trasciende el vaivén de los sentimientos pasajeros, que se dona sin reservas haciéndose, verdaderamente, uno con el otro,  buscando cultivar su relación y  sacar lo mejor de sí mismo y de su compañero y mejor amigo en cada momento. 
Todos deseamos amar y ser amados… Y no sólo racionalmente, sino que queremos sentirlo y experimentarlo… Por tanto, ¿por dónde se puede empezar para lograrlo?... En primer lugar, hay que decidir quién queremos ser, ya que de ahí se seguirá el hacer, el conocernos y ser dueños de nuestras vidas, el desarrollar la inteligencia emocional tan necesaria para vivir plenamente y poder compartir y entregarle la vida a la persona amada.  
Sólo tenemos una vida…Ojalá que todos pudiéramos descubrirnos, cada día, hasta el final de nuestras vidas,  amando y siendo amados en totalidad, siendo uno con el otro… Entonces siempre parecerá corto el tiempo, pero por más breve que sea el momento, éste nos habrá permitido tocar el eternidad,  seremos felices y colaboraremos en que se siga creyendo y luchando por el amor verdadero.


PD. A ver si pueden ver la peli de The Longest Ride (El viaje más largo) y me cuentan que les parece… Creo que queda perfecto para completar el artículo. Les dejo unas frases de la peli que me encantaron (aguas son spoilers):




  • Luke: "A veces pienso ¿qué derecho tengo a ser feliz si hay tanto sufrimiento en el mundo?"... Sophia: "O podrías pensar: ¿Qué derecho tengo a ser infeliz?"
  • "Ese beso, nuestro primer beso fue una promesa de todo lo que vendría. Los días se convirtieron en meses. Los fines de semana explorábamos lugares nuevos. Yo jamás había salido de vacaciones. Aunque, de haberlo hecho no habrían sido tan memorables como estas".
  • “Cuando te fuiste a la guerra, yo me quedé aquí aferrada a la esperanza de que volverías a casa y nos casaríamos. Sí, y que tendríamos hijos. Pero eso es un sueño, Ira. Tú eres real. No sé qué nos depara el futuro, pero sé que no hay futuro sin ti. A no ser que ya no me ames”. 
  • “Y en ese momento ambos supimos que la posibilidad de una vida juntos era más grande que el riesgo de estar separados”.
  •  “Venimos de mundos muy distintos. Pero jamás había sentido esto por nadie. No todo el mundo consigue eso”. 
  • “Es aterrador cómo las personas más cercanas a ti pueden convertirse tan rápidamente en desconocidos”.
  •  “El amor exige sacrificios”. 
  • “Y de ese día en adelante, Sophia no fue exactamente "felices para siempre", pero casi. Nos concentramos en celebrar las cosas maravillosas que teníamos en vez de lamentar las que no teníamos”.

También publicado en: Diario Nueva Visión https://www.diarionuevavision.com/criterio/es-posible-seguir-enamorados-hasta-que-la-muerte-nos-separe/https://www.diarionuevavision.com/criterio/es-posible-seguir-enamorados-hasta-que-la-muerte-nos-separe/

martes, 22 de mayo de 2018

PARA CONSTRUIR UNA FAMILIA SE NECESITA UN PLAN...




En el artículo anterior se explicó que los miembros de una pareja unida en matrimonio son los arquitectos naturales de la familia. Cabe señalar que, en la mayoría de los casos, en la cultura occidental el matrimonio se da por amor. Y entonces, ¿por qué tantos divorcios si “el amor está en el aire”?… ¡Pues es que lo que está faltando son buenas dosis de inteligencia, de conciencia, y de humildad! Así como, interés y esfuerzo para desarrollar las competencias que sean necesarias para “hacer que se dé el amor y que no se acabe”.
Por tanto, tras formalizar su relación, como en cualquier empresa, deberían de aterrizar su “plan de negocio” para poderlo revisar y evaluar continuamente. Éste debe incluir su misión, su visión, sus valores y sus objetivos, y recalco la palabra “su”, ya que debe ser “suyo”. ¡Vaya! Que no sirve copiar el de los vecinos ejemplares ni el de tus bisabuelos que lograron festejar sus bodas de oro.
Además, éste debería incluir su “presupuesto”, no sólo económico, sino, principalmente, de “lo que se tiene y no se tiene” a nivel humano. Es fundamental saber y reconocer con qué se cuenta como individuos y como pareja, en cuanto a fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas.
Lo anterior para alcanzar la aceptación incondicional mutua y poder favorecer un trabajo constante y perseverante de crecimiento para facilitar la convivencia y el fortalecimiento del vínculo.
Si bien es cierto que la pareja necesita trabajar en equipo y desarrollar habilidades de negociación y conciliación entre otras, ninguna habilidad o estrategia será suficiente si no cultivan su amor día a día y siempre tienen a Dios en el centro de sus vidas y su matrimonio.
Sólo el amor, que incluye
la verdad, la fe, la esperanza, la humildad, el perdón y los sacrificios,
es capaz de lograr sacar adelante este gran proyecto.
Generalmente, durante el noviazgo se idealiza el amor, quedando reducido a sueños. Sueños que se conforman con soñar con la boda ideal y lógicamente con el amor eterno que “se dará”, así como así, por añadidura. Sueños que se avivan al soñar con “tener hijitos” y con formar una familia ”linda”.
Sin embargo, bien se dice que los sueños, sueños son. Es importante poner los pies en la tierra para diseñar un proyecto sólido y viable que ponga los medios para hacer realidad los sueños y que sepa aceptar y enfrentar la realidad, aunque no se ajuste a los sueños románticos.
Definitivamente, una familia no se puede construir entre nubes y cupidos revoloteando, sin utilizar el cerebro y la voluntad, entre otras cosas.
Por tanto, no cabe duda de que un Plan de Familia es de gran ayuda para tener claro a dónde quieren llegar y cómo. El no planear y el no prever aumenta las posibilidades de fracaso. De hecho, una gran mayoría de fracasos matrimoniales son resultado de amores idealistas inmaduros, que creen que con la boda se acaba el cuento con un “y fueron felices por siempre” y que basta desear ser felices para comer perdices.
Sin embargo, para que el amor “fluya” no es suficiente esperar a que eso suceda por arte de magia, no basta tener buena voluntad, muchas buenas intenciones e ilusiones. No, en realidad con eso no basta ni para el arranque…
El amor exige mucho más que sentir maripositas y pasarla muy bien. Exige pensar, decidir, comunicarse y sacrificarse.
Así que la primera tarea fundamental a realizar antes de casarse es tirar a la basura las expectativas irreales que se tienen sobre el amor y el matrimonio; y en segundo lugar, ser honestos para reconocer y expresar con claridad y asertividad las necesidades y expectativas personales.
Ahora bien, evidentemente el Plan de Familia no es el proyecto final de la obra a realizar ni garantiza el “éxito”. La “construcción” de una familia dura toda una vida y obviamente surgen imprevistos que exigen realizar modificaciones al plan original e irse adaptando a la realidad y circunstancias que se presenten.
No obstante, con plano en mano y habiendo hecho los cálculos y previsiones necesarias, se pueden poner cimientos sólidos para luego ir levantando la “obra” negra, gris y blanca… Eso sí, descubrirás que tu “obra” –“tu familia”– “nunca está terminada”. Al igual que en una casa, siempre hay algo por hacer, una aventura nueva que recorrer…
“El amor es una realidad viva:
o lo estás alimentando y lo haces crecer, o lo matas

Hay que dedicar cada día unos minutos a pensar
qué detalles de cariño vas a tener con tu cónyuge;
entender tu matrimonio como la gran aventura de tu vida,
algo que te ilusiona y que debes defender, porque no estás seguro del final”.
– Tomás Melendo

viernes, 18 de mayo de 2018

La pareja: arquitectos de la familia



La pareja es como un despacho de arquitectos, en el cual, para elegir “socio” y comprometerse se necesita:
  1. Conocerse y conocer bien al otro/a.
  2. Aceptarse y aceptar al otro/a, con cualidades y defectos.
  3. Superarse cada uno como individuos y como pareja para ser mejores.
  4. Formalizar ante la sociedad.
En la pareja, tras el encuentro con el otro, la atracción y la elección mutua surge un “nosotros” que no existía con anterioridad y que implica mucho más que tener un socio o un colega para vivir la vida, trabajar y obtener beneficios. Al elegirse, ambos miembros se lanzan a la aventura de caminar juntos por las veredas que les depare el destino y por las que decidan construir. Ellos están convencidos de que juntos estarán mejor, que podrán lograr más cosas y ser más felices. ¡Vaya! Sería ilógico y hasta psicopatológico que decidieran estar en pareja para fracasar, estar peor y ser infelices. Ahora bien, es importante señalar que la relación de pareja no funciona al 50%- 50% como en el caso de los “socios” y tampoco se pueden ir agregando “nuevos socios” (amantes, ligues o similares).
Para que funcione el “Proyecto de Familia”
cada miembro de la pareja debe darse al 100%
de manera incondicional y fiel hasta que la muerte los separe.
Es indiscutible que por más atracción que exista, valores e intereses similares que compartan, todas las parejas son “disparejas e imperfectas” porque la persona es única, irrepetible, imperfecta y frágil. Así pues, es normal e inevitable que surjan diferencias y que sucedan “accidentes”, lo importante e indispensable ante esta realidad es que sean capaces de solucionarlos y/o enfrentarlos con respeto y responsabilidad.
Así pues, tras elegirse como “socios” llega el momento de tomar una decisión, la pareja de arquitectos puede decidir trabajar juntos de manera informal sólo “por proyectos específicos”, mientras se caigan bien, les funcione o les convenga. Pueden formalizar su relación y poner un despacho, sabiendo que no tienen futuro a largo plazo, sólo para poder disfrutar por un tiempo los privilegios que la sociedad les otorga, poder vivir la experiencia y salir en Rostros. O bien, pueden asociarse formalmente buscando sortear las dificultades para perdurar el tiempo y poderse lanzar a proyectos cada vez mayores.
Trasladado a las parejas, evidentemente están quienes deciden “sólo juntarse” porque “su amor no necesita papeles” o porque es “más fácil separarse” en un futuro “cuando se les acabe el amor” o ya no les convenga. A su lado, están los que se casan “formalmente” pero de manera inconciente, casi sólo para tener fotos de película de Hollywood y poder vivir el paripé de montar una boda y recibir regalos… Sin embargo, afortunadamente también están los que deciden casarse formalmente y con conciencia plena de que el matrimonio y la familia son instituciones insustituibles y socialmente valiosas y de que su decisión y sus actos son trascendentes, incluso para la sociedad.
Estos últimos coinciden con los primeros en que no les importa tener el papelito firmado ni lo necesitan para colgarlo en la pared y poder ser felices. No obstante, su amor es tanto y su compromiso mutuo es tan grande que quieren formalizar, comprometiéndose hasta que la muerte los separe, “quemando las naves”… Ellos se comprometen a “hacer que funcione” y a “que no se acabe el amor”. Más aún, saben que el duelo y las dificultades de una la separación es igualmente dolorosa y complicada con o sin papeles. Así pues, estos “arquitectos” hacen su compromiso ante Dios y ante la sociedad porque quieren compartir su alegría y porque se saben necesitados de apoyo durante toda su vida para poner los cimientos para construir su “casa”, o sea su familia.
Están determinados a cultivar su amor cada día para que no muera.
Quien ha construido una casa sabe que es un “saco sin fondo”, “nunca acabas”… Siempre hay algo por hacer, imprevistos que reparar y cuestiones que remodelar.  Así que, si eso pasa con una casa que es algo material y sin vida, ¡cuánto más trabajo, esfuerzo, dedicación reparaciones y remodelaciones exige la construcción de una familia!…
¡La construcción de una familia es un proyecto “muy ambicioso! Por eso, para poder contemplar su grandeza se requiere toda una vida, se puede, pero no se debe dar por concluida antes de que la muerte los alcance… En la familia hay de todo tipo de altibajos y solo a la distancia se puede apreciar el crecimiento y la belleza de la amalgama de recuerdos y momentos vividos con toda la mezcla de emociones y sentimientos posibles.
Sólo con la perspectiva de toda una vida,
la pareja de arquitectos puede apreciar en plenitud
la obra que iniciaron, aún inacabada, aún en construcción:
La familia, su familia.

jueves, 1 de marzo de 2018

ESCAPADOTA SIN NIÑOS



Para gran número de parejas con hijos es difícil realizar una “escapadota” sin niños…Las “escapaditas” son más fáciles de lograr poniendo un poco de buena voluntad, pero las “escapadotas” ya son otro nivel… ¿A poco no hay una abismal diferencia entre ir al cine, salir a tomar una copa, una cenita romántica y un viaje chulo como ese de la luna de miel que parece pertenecer a la prehistoria o haber sido sólo un sueño?
Independientemente si son “escapaditas” o “escapadotas”, ambas son necesarias para la pareja. Si hasta ahora el día a día “los ha comido”, los ha distanciado o enfriado la relación, si la exhaustiva tarea de la crianza de los hijos los tiene agotados, instalados en su zona de confort o de supervivencia, o quieren recordar viejos tiempos de aventura y sorpresas, pongan manos a la obra para salir y disfrutar juntos.
Es cierto que dependiendo la edad de los hijos y a mayor número de hijos y de días de ausencia de los padres, aumenta la complicación de la logística para dejarlos, no sólo atendidos, sino realmente bien cuidados, física y psicológicamente… ¡Vaya que no a cualquiera le confías a tus tesoritos por varios días!… ¡Ni cualquiera se rifa el cuidarlos!… Pero echándole ganas, al final, de que se puede, se puede… Porque además, es un hecho que las susodichas “escapadotas” suceden cada dos siglos…
Así pues, en caso de que opten por “alocarse”, para hacer una “escapadota” tomen en cuenta que requieren de: decisión, una dosis de realismo y planificación previa. De hecho, muchas cosas no las tenemos y no suceden porque existe un pensamiento inmaduro, caprichoso y mágico que piensa que el sólo deseo es capaz de hacer realidad lo deseado, sea lo que sea, en el momento que se quiere y bajo las circunstancias que sean… Y… ¡Noooo!
  • SEAN REALISTAS: respecto al número de días de vacaciones disponibles, economía familiar, salud de los miembros de la familia, preferencias personales, posibilidades para encargar a los niños y edades de los mismos, así como circunstancias especiales. Asimismo, sean conscientes de que, aunque dejen todo organizado y que sus hijos estén felices y perfectamente bien cuidados, sea con los súper abuelos o con personas de tu total confianza, esto no garantiza que tus hijos no los extrañen y que tal vez hasta derramen unas cuantas lágrimas de repente. Sin embargo, si ustedes son honestos y claros, ellos entienden y les gusta verlos felices, aunque no les súper fascine la idea de que los dos se vayan y los dejen.
  • PONGAN FECHA: tal vez no sea un día o mes exacto, pero escojan una fecha límite para realizar la “escapadota”. Puede ayudar si escogen algún motivo para festejar, pe., “los 40”, el x° aniversario de boda, etc.
  • AHORREN: saquen la cuenta de cuánto necesitan ahorrar mensualmente y religiosamente háganlo.
  • PLANEEN LA ESCAPADOTA…
Ahora bien, sé por experiencia que desde el momento de la concepción los gastos se disparan y que generalmente se busca lograr realizar “escapadas con los hijos”, pero ¡no hay que “olvidar-se”, “ustedes dos son una parte fundamental del sistema familiar! Aunque suene raro, pero su primera obligación es cuidarse mutuamente y hacer crecer su relación. Es un error poner siempre primero a los hijos, porque de hecho, los hijos estarán mejor si sus padres están bien y si su relación es estable y feliz. Por otra parte, la pareja no debe “echarle la culpa” a los hijos ni al trabajo de que “no se pueda” hacer cosas juntos o de que se “apague la chispa”, ¡la responsabilidad de encontrar los medios y el tiempo para mantenerla encendida es de la pareja! Es importante aclarar que lo anterior no invita ni aplaude la actitud de desapego, el abandono o irresponsabilidad que se puede tener hacia el cuidado y formación de los hijos.
Eso sí, durante la “escapadota” es normal que pienses en tus hijos, que veas cosas que les quisieras llevar, que veas lugares que te encantaría que vieran, que conozcas personas que te fascinaría que conocieran, que te asombren culturas que desearías que conocieran, que pruebes comida que te gustaría que probaran… Es normal que les mandes fotos y que les llames (sin “intensear” y en momentos adecuados).
No obstante, habrá personas que te digan que no desconectas y hasta podrás escuchar frases como: “tú a lo tuyo”. Entonces, podrás confirmar que efectivamente  no puedes ni debes desconectarte totalmente porque ellos ya son parte de tu realidad y justo al mantenerte en contacto estás haciendo “lo tuyo”, “lo que te toca”.
Me explico, aunque viajes sin hijos, tu vida ya es con ellos, no existe sin ellos fuera de la ecuación. Por tanto, aunque estés de viaje con tu esposa/esposo, solos sin hijos, no puedes simplemente desaparecer sin comunicarte con ellos, saber cómo están, contarles cómo están ustedes. Además, eso también les ayudará a verlos bien y felices.
En fin, los papás tenemos que cuidar nuestra relación de pareja, ya que a final de cuentas cuando los hijos vuelen, nos quedaremos solos los dos, y más vale que no seamos unos extraños el uno para el otro. Por eso, en realidad no importa la magnitud de las “escapadas” que realicen, pero de que son necesarias, lo son: Para recordar, recargar pilas, re-conocerse, re-valorarse, soñar y vivir…