domingo, 11 de septiembre de 2016

La violencia y el bullying se aprenden en casa: Parte 2 (CUATRO PUNTOS)



¿Cómo es posible que estemos conquistando el espacio
y en cambio, no logremos que la paz conquiste nuestras familias y el mundo?



4 PUNTOS PARA EMPEZAR A LOGRARLO


El artículo anterior a través de ejemplos pretendía dejar claro que la violencia y el bullying se aprenden en casa, en primera instancia, con el ejemplo y sin mala fe. Siendo reforzados más tarde por las escuelas, los profesores y la sociedad, que continúan utilizando medidas agresivas e irrespetuosas como métodos “educativos” y de control. Por tanto, el niño interioriza que la amenaza, el chantaje, la burla, el sarcasmo, las comparaciones, las ridiculizaciones, el regaño, el castigo, el miedo, el abuso son formas socialmente válidas para conseguir los objetivos y los resultados que deseas. De esta forma, el ciclo de la violencia y el abuso continúan pasando de generación en generación.

Obvio nadie es perfecto y todos nos equivocamos. Sin embargo, resulta inconcebible surjan tantas justificaciones para continuar utilizando la violencia física y psicológica para “educar” a los niños:


  • iPorque somos familia numerosa y sin un “régimen militar” sería imposible y nos volveríamos locos… ¿Seguro????...  Porque la realidad es que no todas las familias numerosas utilizan la violencia para “educar”. Es cierto que el orden y la responsabilidad son valores indispensables, pero estos no están peleados con el respeto y con evitar la violencia física o psicológica. ¿De verdad no se puede criar de otra forma? ¿No hay alternativas? ¿O  será que hay resistencia al cambio y tendencia a la repetición de patrones?
  • Porque mis hijos son “de lo peor”, no como los tuyos que son súper “buenos”... ¿Seguro????... Es cierto que cada niño es diferente, pero en general los niños son niños-niños, se portan como niños, hacen cosas de niños y con su comportamiento simplemente se comunican. Por eso  necesitamos aprender a interpretar qué nos quieren decir. Los niños son buenos, no tienen mala intención cuando se equivocan o hacen cosas negativas. No hay que etiquetarlos negativamente, se puede describir la conducta pero no hay que adjetivarlos. Hay aceptar que son pequeños, que están aprendiendo, descubriendo el mundo y sus capacidades y simplemente están pasando por etapas de desarrollo normal. Entre ellas está cuando los niños defienden la propiedad privada y no quieren que el “amiguito - invasor” que invitó su mamá, toque sus juguetes. Niños que en una época de su vida han mordido a adultos y a niños, con razón y sin ella. Niños que al no manejar aún tantos recursos pegan para para resolver diferencias o para que por fin les hagan caso. Niños que por curiosidad o por querer ser autónomos se han trepado a lugares peligros. Niños que jugando, imaginando o hasta intentando sorprender han manchado la pared o hecho un desastre en casa. Niños que tienen “accidentes” constantes, no sólo las típicas caídas y golpes, sino los vasos derramados, los escapes de pipí mientras dominan la ida al escu o la ropa embarrada justo donde acaba el babero. Niños que a veces no quieren comer nada, que se despiertan y deambulan por la noche una sí y otra también. Niños que a veces no quieren ir al cole lloran porque sí, porque no y porque tal vez…Y mientras todos los niños pasan esas etapas transitorias, van madurando y consiguiendo tener más habilidades para comunicarse y resolver problemas, hay todo tipo de actitudes por parte de los educadores para acompañarlos y ayudarlos a crecer. En general, los niños hacen cosas muy parecidas, lo que varía es la percepción de los padres/educadores, así como la actitud que adoptan al respecto y la conexión que tienen con ellos.
  • Porque no sé actuar de otra forma... ¿Seguro???... Mientras no estés 3mts. bajo tierra siempre se puede cambiar y mejorar. ¿Qué te impide hacerlo? ¿Y si investigas, te formas e intentas romper paradigmas y probar nuevas ideas?¿Si buscas apoyo o amistades que te ayuden?
  •  Porque el mundo es muy duro y mejor que lo aprendan de una vez para que sean aguantadores y puedan triunfar. ¿Seguro?... ¿Y si así es y así será, para qué les adelantamos el sufrimiento? ¿Y si aprenden lo contrario y ellos se vuelven motor de cambio y logran que el mundo al menos sea “un punto” menos duro? ¿No sería mejor? ¿Si son tratados con respeto no pueden “triunfar”? Y de hecho, ¿qué significa triunfar para ti?
  •  Porque así me educaron y no pasa nada, cero traumas ni consecuencias. Ahora hasta agradezco que me hayan dado mi merecido y me hayan puesto en mi lugar a tiempo, sino quién sabe dónde andaría… ¿Seguro???...  Desde mi punto de vista, sí pasa y tan pasa que desgraciadamente una de las consecuencias es que se asuma lo malo como bueno, que se acepte la violencia como necesaria y peor aún, que la persona se considere “merecedora” de malos tratos para ser “bueno”.
  •  Porque voy agotada y no puedo más, ya no me queda paciencia para dialogar y resolver las cosas de otra forma. ¿Seguro?... ¿Entonces cuando se cansan nuestros hijos, nuestro jefe, nuestro cónyuge, familiares, amigos y empleados obtienen el derecho de faltar al respeto o utilizar la violencia física y psicológica? ¿El cansancio justifica la violencia para educar?


En fin, podemos seguir la lista de falacias para encontrar la justificación “adecuada”… O podemos ser honestos y aun sabiéndonos imperfectos y vulnerables, podemos ser concientes de que la violencia como medio para “educar” es injustificable dada la dignidad humana.

La maternidad/paternidad a veces nos abruma al mismo tiempo que nos hace vivir una felicidad inimaginable. Nos enfrenta con nosotros mismos, con nuestro pasado y con nuestro futuro, con nuestras cualidades y con nuestras debilidades. Nos permite palpar la grandeza y la miseria humana. Nos inunda con la bendición de tener a nuestro cargo una nueva vida y con la gran responsabilidad que implica. Nos lanza a espacios totalmente desconocidos, exigiéndonos estar estado de hiperigilancia constante, alcanzando niveles de cansancio físico y emocional increíbles y comprobando la veracidad de aquella famosa frase “yo sólo sé que no sé nada” y lo difícil que es no repetir patrones que jurábamos nunca hacer...

Sin embargo, ¿la complejidad, el cansancio y la “ignorancia”  propia de esta misión
justifica la violencia para ” educar”?

No. La violencia como medio para educar es injustificable dada la dignidad humana. Tratar con respeto a los demás es una exigencia para todo ser humano, independientemente de las circunstancias y de la edad del educando. Inclusive, hay más responsabilidad con el menor de edad, con el dependiente, con el indefenso, con el débil, con el enfermo, etc.

Hace poco un abuelo muy simpático le hacía “burla” a su nieta preguntándole que cuál es la “generación de crianza” en la que estamos actualmente, que si es la cuarta o quinta… La broma salió porque un día su nieta le impidió ponerle ron en las encías de su hija a quien le estaban saliendo sus dientes, diciéndole que “en esta época estamos en otra generación de crianza y que eso ya no se hace”. Así que desde entonces, cada que la ve, le recuerda sus palabras…

¡Y es cierto, la chica tiene razón! Formas o prácticas que antes eran lo típico, ahora no se acostumbran o están incluso desaconsejadas con evidencia científica. No obstante, en un futuro, nuestros hijos seguramente tildarán de “prehistóricos” muchos de nuestros procederes... Sin embargo, si queremos erradicar la violencia, el bullying y las guerras, para tener un mundo mejor y más humano y pacífico deberíamos empezar por erradicar la violencia, en todos sus grados, de nuestras familias y escuelas.

Necesitamos cambiar la forma en que educamos y tratamos a nuestros niños,
y esto implica comenzar por cambiar nosotros mismos...


Alguna vez te has preguntado: ¿por qué si estamos en “otra generación de crianza” la amenaza, los chantajes, las ridiculizaciones, las comparaciones, las burlas y los golpes hacia los niños siguen siendo el pan de cada día y peor aún, siguen siendo “justificados y aceptados socialmente”? ¿Y para qué seguimos justificando y utilizando con los niños estas reacciones y comportamientos violentos, impulsivos, defensivos y muy primitivos para “solucionar” rápido y a corto plazo las dificultades que se van presentando a lo largo de la crianza?

¿Será porque así fuimos educados y no conocemos otra forma de educar?

¿Será que no queremos romper paradigmas que nos obliguen a salir de nuestra zona de confort?

¿Será para sentirnos en control y en posesión del poder?

¿Será para poder explotar sin culpa...
Ya que se culpa directamente al infante de haberte hecho perder la paciencia?

¿Será para descargar agobios y  furia contenida
(que no nos atreveríamos a expresar de igual forma a nuestros pares por las consecuencias)
con alguien indefenso que no tome represalias y perdone “todo”, al menos a corto plazo?

¿Será para conseguir doblegar la individualidad y la voluntad,
para someter y conseguir “domar” al “terrible infante” y que sea “más fácil y dócil”?

¿Será para que la vergüenza y el miedo que generan en el educando el castigo físico o psicológico
 logre a corto plazo y “fácilmente” manipular al niño
para que al menos, finja en presencia del educador, pensar, hablar y comportarse
según las expectativas del adulto, tanto en tiempo como en forma?

Hay miles de justificaciones, pero hay que recordar que “las palabras convencen y el ejemplo arrastra”… Así que si es “normal” y hasta “bueno” pegarle al niño que pega “para enseñarle que no pegue”, gritarle “que se calle la boca” cuando grita porque “parece verdulero”, insultarlo cuando contesta mal, amenzarlo cuando quiere hacer las cosas de diferente manera o en otro momento”

¡¡¡No sé por qué nos extrañamos de que la violencia y el bullying estén invadiendo las familias, las escuelas, las redes sociales y la sociedad!!!!...

¡¡¡¡El ejemplo arrastra!!!!




Desgraciadamente, nadie es perfecto y quien esté libre de culpa que tire la primera piedra… Creo que pocos o para ser más exactos, nadie puede tirar ni ¼ de piedra, ya que en mayor o menor grado, sútil o descaradamente, todos hemos caído en utilizar estas “armas de control” alguna vez con nuestros niños.  La realidad es que día a día nos descubrimos imperfectos y en la necesidad de responsabilizarnos de nuestras palabras y actos e incluso hasta de pedir perdón, ya que el orgullo y la soberbia son de los principales promotores de las guerras familiares, sociales y mundiales…  En lugar de levantar el dedito acusador hacia los niños “que te obligan a ser así porque son terribles, chantajistas, manipuladores, no entienden de otra forma y si no me pongo así, qué será de ellos más adelante… Definitivamente, más vale una nalgada a tiempo” Así que:


  1. Empecemos por dejar de justificar lo injustificable y buscar culpables de lo que solo es responsabilidad nuestra (nuestras actitudes, nuestras contestaciones, nuestras formas de resolver conflictos y de tratar a nuestros niños, etc.)… Para que nuestros niños también aprendan a ser humildes, a ser responsables y a tratar con respeto a todos.
  2. Empecemos a mirarnos a nosotros mismos con detenimiento para poder detectar nuevas formas de actuación que faciliten tener actitudes positivas y establecer relaciones sanas que nos ayuden a crecer y poder educar con amor y en paz… Para que nuestros niños aprendan por experiencia y con nuestro ejemplo a ser más humanos, respetuosos, asertivos, resolutivos y conciliadores.
  3. Empecemos a mirarlos profundamente, a contemplar su alma y su futuro, a ver más allá de sus errores y de su falta de madurez o destreza debida a su corta edad y experiencia… Para que ellos aprendan a no centrarse en el error, a perseverar, a mejorar continuamente y a ser misericordiosos.
  4. Empecemos por respetar a los niños igual que exigimos respeto para los adultos. Si somos sinceros lo que le hacemos o decimos a los niños sería impensable hacerlo o decirlo a un adulto. Incluso, en muchos casos, hasta sería perseguido legalmente… ¿Por qué con los niños sí está permitido una “nalgada a tiempo” y a tu jefe no se la das para que no se ande pasando?… ¿Por qué a los niños se les chantajea, amenaza e insulta?... ¿Porque sólo así aprenden?... ¿Se lo merecen?... ¿No hay de otra?... ¿No son tienen la misma dignidad que el mayor de edad?”...Para que en un futuro no solo a ti te traten como les enseñaste, con respeto, sino a todos…


La violencia  para “educar” no es en sí misma buena nunca, no soluciona los conflictos sino que  los agrava y los traspasa a la sociedad y al mundo. Hay que empezar por reconocer que los adultos somos imperfectos y que a veces nos dejamos llevar por el impulso, por nuestros defectos e inmadurez. Tal vez porque no sabemos reaccionar de otra forma. Tal vez porque nos falta romper paradigmas, aumentar la paciencia, vivir la templanza, conocer nuevas herramientas y practicar nuevas técnicas… Lo que sea, pero que quede claro:

¡Sí se puede educar sin violencia!

Sin amenazas, sin chantajes, sin burlas, sin sarcasmo, sin comparaciones odiosas y absurdas,
sin ridiculizaciones, sin regaños, sin castigos, sin generar miedo, sin abuso, sin etiquetas
y obvio, sin golpes…

Y ¿sabes qué?...
Esos niños de “otra generación de crianza”,
con su dignidad respetada, con una clara conciencia del valor del otro y
habiendo aprendido con el ejemplo de sus padres y educadores,
a manejar adecuadamente las emociones
y a resolver respetuosamente y pacíficamente las diferencias,
harán posible que tanto la violencia, como el bullying y las guerras en el mundo
disminuyan considerablemente.

¡Por un mundo sin violencia, rompamos paradigmas y eduquemos sin violencia!

jueves, 25 de agosto de 2016

La violencia y el bullying se aprenden en casa PARTE 1




No sé si alguna vez te has parado a reflexionar en lo que haces y le dices a tus hijos y cómo se los dices cuando las cosas no fluyen, o sea cuando: tira el vaso de leche en el uniforme justo 2 minutos antes de salir o escupe la comida o no quiere comer, cuando se están peleando entre hermanos, cuando no se duerme tras una hora en la cama, cuando no se quiere bajar del coche y tienes prisa, cuando lleva tres horas haciendo una tarea de 5 minutos, cuando no quiere ir a la escuela, cuando se cae y llora como si le hubieran amputado la pierna, cuando se le pierde su juguete favorito, cuando está enfermo y tu agotada, cuando añoras tener tiempo para ti o te sientes mal y te descargas con ellos...

Tal vez nunca hayas podido ver la cara que pones en el momento de tensión y los ademanes que haces cuando liberas a tu Hulk, pero puedes intuir que no son tus mejores vistas. (Es importante recalcar que TÚ lo liberas, nada de que: "me hiciste perder la paciencia" y culpar al niño. La/el que  perdió la paciencia fuiste tú, el que no supo cómo mantener la calma y solucionar la situación de otra forma fuiste tú). La realidad es que sería una suerte y a la vez horrible que cada que soltamos la letanía o explotamos apareciera un espejo y una grabadora para vernos y luego poder reflexionar para establecer pautas concretas de mejora, pero no es así.  

Obvio nadie es perfecto, 
pero deberíamos reflexionar diario 
respecto a  las "formas" y "actitudes" que tenemos para "educar", 
las palabras que utilizamos, el tono, la posición corporal y facial, 
los mensajes subliminales que mandamos 
y sobretodo el impacto que tienen en nuestros niños a corto, mediano y largo plazo, 
para poder ir mejorando, creciendo personalmente 
y fortaleciendo nuestra relación con nuestros niños.
   
A veces es difícil y duro mirarse uno mismo, por lo que nos puede ayudar observar casos anónimos para ver con claridad los aciertos y errores, para generar soluciones alternativas y poder mejorar nuestra nuestra forma de crianza. A continuación expondré a modo de casos, tres situaciones observadas durante el verano, para que podamos analizar desde fuera los hechos, nunca para juzgar a las personas involucradas:


CASO 1


¿Qué tal la típica escena de “tortura infantil” en la playa o en la alberca acompañada de amenazas, chantajes, sarcasmo y hasta burlas?...  
En la cual, un adulto con "buena intención" obliga su hijo apanicado a meterse al agua a la fuerza. O bien, el adulto “obligando” al niño a nadar sin flotis "para que aprenda", a pesar de que el pequeño no quiere, por miedo o porque se siente inseguro y suplica que lo ayuden y lo saquen... Pero en lugar de sentirse escuchado y recibir la ayuda de quienes más quiere y confía en que lo "salven", solo escucha que le dicen para "motivarlo" con una sonrisa: "no pasa nada, no seas rídiculo, mira ese niñito chiquito ya sabe y tú no, no seas chillón, no te volvemos a traer de vacaciones nunca, si no nadas y dejas de llorar vas a poder comer postre/dulces", etc...Y entonces, surgen varias interrogantes:

¿Las amenazas, chantajes, el sarcasmo y las burlas realmente "motivan" 
o intimidan, someten y coersionan la libertad?

  ¿De verdad no pasa nada?... 
...Porque el niño siente que sí está pasando algo, que de hecho no le gusta...

¿Para ir de vacaciones  tiene que gustarte nadar o saber nadar?

¿Qué relación tienen los postres con nadar?
¿Los niños que nadan pueden comer los duces que quieran?
 ¿Comer o no comer dulces es la consecuencia de nadar o no nadar?...
Si es así, la dieta de Phelps, campeón olímpico, ha de consistir en postres y más postres.

¿Qué es más importante: saber nadar o respetar a la persona?

¿A todos tiene que gustarles nadar?
¿Todos los adultos disfrutan nadar o saben nadar?
¿Entonces por qué a todos los niños les debe gustar nadar o deben saber nadar?

¿Hay una edad límite para aprender a nadar o cuál es la urgencia para que aprenda este verano?
¿Realmente se está divirtiendo el niño en "sus" vacaciones?

¿Al niño podría haberle gustado meterse al agua o aprendido a nadar a través de otras formas?
¿El niño obtendrá un “aprendizaje significativo” positivo o un trauma significativo?

¿Acaso el niño es víctima de un abuso y maltrato por parte del fuerte sometiendo al débil?
¿Será este caso un ejemplo de una forma "socialmente aceptada" de bullying", 
donde el adulto le da al niño  una lección práctica de iniciación al arte del bullying?


CASO 2



Cuando vas a un parque de diversiones infantil, pongamos Kidzania, da tiempo de presenciar escenas complicadas de abuso infantil. Amenazas, chantajes, ridiculizaciones, burlas van y vienen por cuestiones irrelevantes cuando los niños no quieren hacer o participar en algunas de las actividades ofrecidas que los papás consideran divertidísimas y que "no se deben perder".  Esto ocasiona dramas, "berrinches" y derrame de lágrimas; cuando se suponía que se lleva a los niños a pasársela bien.

Contaré uno que me tocó presenciar en el juego de hacer paletas heladas: el encargado les da a los niños, además de la malla para cubrir el pelo, un disfraz de delantal y gorra roja antes de empezar a explicarles cómo van a hacer su paleta helada y de darles el material necesario. No sé por qué, pero ni mi hijo ni otros dos que entraron querían ponerse la gorra roja... Por algo será... ¿Quién sabe que sienten o piensan en sus cabecitas?

Así que le regresamos dos al muchacho, pero una chiquilla no corrió con la misma suerte.  Le fue como en feria por no acatar la orden de sus papás de ponérsela. Si ya lloraba, el llanto se fue haciendo peor conforme la obligaban a ponérsela, la amenazaban y la chantajeaban con irse y con que nunca más lo llevarían ahí porque era una necia, desobediente y chillona. Además de ridiculizarla comparándola con todos los “niños buenos” que sí se la ponían y explicándole lo fea que se ve llorando y haciendo berrinches… Y surgen varias dudas:

¿Si se trataba de que la escuinclilla se divirtiera haciendo una paleta helada,
qué más daba que se divirtiera haciéndola con gorra o sin gorra?
¿Acaso si no se la ponía la paleta no se congelaba?
¿Quién estaba realmente haciendo un berrinche la pequeñita o los papás?

¿Qué le enseñaron? ¿Qué aprendió? 
¿Que no se pueden cuestionar las órdenes de los adultos?
¿Que lo que ella piensa, siente o quiere no es tan importante como "obedecer a ciegas"?
¿Técnicas de "bulleo"
para lograr que quien no quiere hacer algo irrelevante se someta ante los deseos del fuerte?


CASO 3

 

Y así lo anterior se repite con las benditas botargas, magos o payasos infantiles que en ocasiones, en lugar de divertir al niño en cuestión, le causan un ataque de ansiedad, pánico y pesadillas. A veces las razones permanecen siendo un misterio inexplicable, otras con razón, ya que no parecen ni parientes lejanos de Mickey, Batman o Elsa de Arendelle sino hermanos de Chucky y Eso. ¿Será que a algunos chiquillos les impacta ver a sus ídolos que en la tele se ven planos y chiquitos convertidos en gigantes?  Quién sabe,  pero es un hecho que algunos niños lo único que quieren es mantenerse a una distancia prudente de 1km de distancia como mínimo. Es entonces que surgen las diferencias...

Invariablemente se puede observar a los padres desesperados porque su escuinclillo no quiere ni acercarse al monigote. Como mucho lo mira de reojo, pero una foto con la botarga resulta misión imposible. Así que los padres, quienes han invertido tiempo y dinero para cumplir SU sueño (no de su hijo), emocionados e ilusionados por tener una foto de su angelito con el susodicho, lo "convencen" (o más bien, obligan) con buena intención. Así pues, sacan la artillería para lograr por todos los medios posibles que pose el tiempo suficiente para que entre lágrimas, ridiculizaciones, burlas, chantajes, amenazas y unos mil disparos puedan conseguir una foto digna para colgar en Facebook... ¿Para poder mostrar a la "familia feliz" y la gran felicidad de su hijo?... Curiosamente a veces logran sacar una foto en la que hasta parece que el niño estaba extasiado… Y surgen las preguntas:

¿Realmente es necesaria o indispensable "la foto"?
¿No tenerla causa una enfermedad o problema grave?
¿No se pueden divertir, ser felices y tener buenos recuerdos sin sacarse la foto?

¿Qué es más importante la tranquilidad y la felicidad del niño o “la foto”?

Tal vez el niño cuando crezca y vea la foto no recuerde concientemente los hechos reales,
pero lo que hacemos deja huella, se queda en el alma y en el inconciente...

¿Al final qué le enseñaste, qué es lo que aprendió el niño?
¿Que hay que tomarse fotos aunque no quieras para tener un recuerdo inolvidable?
¿Que si no quiere hacer algo tienes que ceder y aceptar si te lo ordena un adulto?
¿O que cuando quiera algo de alguien más débil puede obligarlo a través del bullying?

En fin, estas son escenas aisladas. de situaciones concretas muy notorias. Sin embargo, si analizamos honestamente nuestro actuar diario, sin justificaciones absurdas, podemos encontrar momentos, conversaciones o acciones tal vez más sutiles, pero igualmente no formativas, irrespetuosas e impulsoras del bullying, que devalúan y someten a la persona, que niegan sus sentimientos y percepciones; dañando su autoestima, aplastando su individualidad, vulnerando su intimidad, disminuyendo su capacidad de darse a respetar y de decir ¡no! a abusos de cualquier tipo y de luchar por sus convicciones.

Afortunadamente,  se ha ido permeando la sociedad con “nuevas” formas de crianza. Se ha pasado del autoritarismo y del permisivismo, a buscar como ideal el formar conciente y positivamente a los niños; partiendo de que son personas únicas e irrepetibles, igualmente dignas y merecedores de respeto que los adultos, sin que eso signifique dejarles hacer todo o que renuncies a tu rol de padre/madre. 

No obstante, se sigue cayendo frecuentemente tanto en casas, escuelas y demás instituciones en utilizar técnicas falazmente llamadas “educativas”, en lugar de “técnicas abusivas de control y adiestramiento infantil” (amenazas, chantanjes, violencia física y/o emocional, etc.). Éstas a corto plazo a veces parecen servir, pero a largo plazo causan heridas profundas que repercutirán es sus vidas e impiden que se rompan los ciclos de violencia. Asimismo, en el lugar de formar personas libres y responsables, se produzcan robots-borregos, individualistas, fríos, cero empáticos, incoherentes y fáciles de manipular. A estos entes no les preocupa ser auténticos sino ser aceptados, ni hacer lo bueno simplemente porque es bueno, en realidad su actuar se limita a dirigirse hacia donde ganan “estrellita”, reciben premio y evitan castigo…

Claro que es difícil la crianza y que nos equivocamos más de lo que quisiéramos, no somos perfectos y nadie lo espera... Por eso, mientras no estemos 3mts bajo tierra, existe la posibilidad de mejorar continuamente y de pedir perdón. 

Ahora bien, lo preocupante es que aún hay defensores de formas irrespetuosas, abusivas y violentas (física o psicológica) para educar al menor. En mi opinión, esto sucede en primer lugar porque el papel todo lo sostiene pero falta formar a los adultos (quienes justamente hemos sido educados muy diferente), romper paradigmas y crear ambientes propicios. Cambiar cuesta, exige mucha humildad, valentía y esfuerzo continuo para reconocer y reaprender lo que sea necesario. En segundo lugar, una crianza conciente, respetuosa y positiva es muy exigente e implica más trabajo, incluso de mejora personal continua.

En fin, la gran mayoría de padres de familia 
tenemos buenas intenciones y queremos lo mejor para nuestros hijos. 
De hecho, soñamos con un mundo mejor, sin guerras ni bullying, 
pero el cambio no llega con solo desearlo y esperarlo. 
Hay que trabajar 
y el trabajo empieza por uno mismo y luego por nuestras familias 
y la forma en que educamos a los adultos del futuro. 
Dicen que las palabras convencen pero el ejemplo arrastra, 
así que si queremos niños que sepan establecer relaciones sanas, 
que no sean bullies activos ni bullies pasivos (observadores), 
empecemos por no bullear a nuestros hijos, 
por tratarlos con respeto y según su dignidad.