martes, 29 de noviembre de 2016

Revalorar la dignidad humana, lo natural y lo necesario, tanto en partos como en cesáreas



¡Qué bueno que este hospital esté logrando acercarse al porcentaje SEGURO de cesáreas, que son las NECESARIAS y que afortunadamente salvan vidas! (10 - 15%)...

Muestra que aunque sea difícil, sí se puede..

Desgraciadamente, en México el porcentaje de cesáreas en el sector privado, en algunos hospitales, alcanza el 90% y en promedio, es casi del 50%. O sea, al entrar al hospital tus posibilidades de lograr un parto, son las mismas que tendrías al tirar una moneda al aire...

Pero es que algo va mal desde el inicio y para muestra basta un botón: hoy en una conferencia de sexualidad para padres e hijas preguntaban a las chicas de 10 años, dando por supuesto que serían la mayoría, que quién había nacido por cesárea: ¡era el 80%!..

¿Será que el parto está en extinción y verdadermente es cuestión del pasado? 

¿O será que las mujeres modernas han perdido su capacidad natural para dar a luz? 

¿Habrá sido realmente necesario pasarse "sólo" el 65% del porcentaje requerido por la OMS?...

Pues ahí les dejo las preguntas al aire, el caso es que a las niñas les pasaron unas fotos de cesáreas sin problema alguno y sin que se creará ninguna incomodidad en el ambiente. En cambio, cuando iban a explicar parto, la conferencista primero avisó y pidió permiso. Un 40% de las niñas dijeron que no querían verlo, así que cerraron los ojos escondiendo su cara en los brazos de sus padres y hasta que no acabó y pasó el tiempo, se sentía el ambiente diferente.

Me parece que algo no va bien cuando resulta que una CIRUGÍA MAYOR es "normal", "fácil" de ver y de "someterse", mientras que un parto natural, para lo que estamos hechas y preparadas por la naturaleza es anormal, da miedo y hace sentir intimidado...

Obvio ni la educación ni la cultura, ni el sistema sanitario ayudan... No obstante, como persona, mujer, madre, educadora perinatal y doula es muy frustrante presenciar esto y escuchar constantemente a ginecólogos minusvalorar y ofender a la mujer que quiere parir de manera natural y sin intervenciones rutinarias innecesarias...

Sin embargo, llega un punto en el que paradójicamente escuchar a un ginecólogo decir: "si da lo mismo, no es para tanto, lo único que importa es tener un bebé sano, a final de cuentas para eso se embarazaron"... Hace traspasar la frustración y te inyecta de adrenalina para continuar luchando para que la violencia obstétrica desaparezca, para que los doctores y personal sanitario se informen y se formen, para que mujeres y sus familiares se empoderen para luchar por sus derechos, los de sus hijos y los de sus familias y para que la atención a la mujer y a su bebé se humanice. 

Por tanto,  están esos médicos y personal sanitario que por cultura y formación profesional se encuentran pensando así y utilizando mil intervenciones innecesarias, según lo que creen que es mejor para sus pacientes, quienes además no se quejan y aceptan las prácticas rutinarias innecesarias sin rechistar. Por eso es responsabilidad de TODOS cambiar esta realidad y al mismo tiempo reconocer la labor profesional, respetuosa y humanizada que SÍ realizan algunas parteras, ginecólogos y personas relacionadas con la atención sanitaria con quienes ha sido un orgullo trabajar y aprender e incluso ser acompañada en mis dos últimos partos.

En fin, el embarazo y el parto son experiencias vitales trascendentales 
para la madre, el bebé y su familia. 


¡Y no! 

No es lo mismo sentirte respetada (sea parto o cesárea), 
a sentirte tratada como vaca 
o violentada física y/o psicológicamente para "someterte" a lo innecesario. 

¡Y no!

No es lo mismo una cesárea necesaria, que una innecesaria, sin elección verdaderamente libre.

http://www.latercera.com/…/hospital-la-florida-logra-74-na…/

Suecia, en caída libre hacia un "aburrimiento absolutamente inimaginable"






Me encantó el artículo que compartió una amiga, vale la pena reflexionar sobre su contenido...

Plasma concretamente lo equivocados que estamos al confundir la felicidad con el placer, la felicidad con el libertinaje, la felicidad con la desvinculación social, la felicidad con vivir sin compromisos ni ataduras, la felicidad con el bienestar económico y el prestigio social...

Parece que el precio que se tiene que pagar por vivir desvinculado de sí mismo, de la verdad, de la propia naturaleza humana, de la capacidad de amar y de la comunidad es muy alto: soledad, abandono y una vida sin sentido...

Dramáticamente, a cambio de obtener un espejismo falaz de "felicidad" o más bien, de placeres inmediatos, se renuncia a la verdadera felicidad para finalmente quedar vacíos...

A final de cuentas, parece que respetar la naturaleza humana, 
reconocer la dignidad de la persona, 
valorar la familia, aceptar el compromiso, 
abrirse a la vida, 
mantener la vinculación social 
y priorizar el amor de quiero querer en las buenas y en las malas y hasta la muerte, 
son variables fundamentales en la ecuación vital para ser verdaderamente feliz... 

Se quiera reconocer o no...



miércoles, 28 de septiembre de 2016

10 PUNTOS PARA VIVIR... No esperes a que la enfermedad o la muerte te hagan vivir....



¿Les ha pasado que tienen que operar a tu marido de algo sencillo
o le mandan una resonancia por un dolor de espalda
y la mente se “aloca” pensando historias de terror?



¿Les ha pasado que le sientes una bolita a tu hijo o te sientes una o varias
y tu mente empieza a escribir un dramón?...
Sobretodo porque justo abres Facebook y lees la historia de una conocida con dos bebés que está recolectando dinero para su tratamiento y te hace recordar a parientes tuyas viviendo la misma lucha…





¿Y de casualidad les ha pasado que mientras tienes el diagnóstico final
los días se hacen eternos
y paradójicamente entre la angustia aflora lo mejor de ti?…


De pronto parece que no tienes tanta prisa y aparece tiempo para escuchar, observar, disfrutar, abrazar y besar a los que más amas...

También te descubres excelente seleccionadora de batallas. Incluso te sorprende lo paciente, diplomática y conciliadora que puedes llegar a ser. Cuestiones que parecían misiones imposibles ahora parecen posibles…

Curiosamente, hasta resulta “relativo” o “menos cansado” el cansancio extenuante propio de la vida, del matrimonio, de la maternidad y de la profesión… Asimismo, hasta les empiezas a agarrar cariño a las canas y achaques obtenidos a lo largo de la vida…

Dejas de regatear el tiempo para jugar con tus hijos y simplemente lo “gastas” mirándolos hasta llegar a su alma, intentando atesorar cada instante… Mientras piensas en cómo firmar un pacto para poder verlos crecer y seguir acompañándolos, muchos, muchos, muchos años más... Entonces, la “urgencia” de los últimos años por recuperar el tan anhelado “tiempo para ti y para tus cosas” adquiere otro sentido, amplitud y enfoque…

Total que andas tan “desubicada”, que en medio del típico caos de cualquier casa y a pesar de la “perfecta imperfección de la vida familiar”, consigues lo inimaginable: darte tus tiempos especiales  con cada hijo, con  tu marido y hasta para ti… De alguna forma logran estar-estar y comunicarse-comunicarse.  Así, sin mucho esfuerzo ni muchas horas, de repente redescubres la unicidad y el valor de tu marido y de tus hijos… Mientras te queda claro que no hay manera suficiente de agradecer la bendición de amanecer un nuevo día, más aún si es con salud y rodeado de tus seres queridos...  

Total que obviamente surgen muchas interrogante:


¿Por qué mientras todo va bien,
nos olvidamos de centrarnos en lo esencial y de priorizar lo verdaderamente importante?

¿Por qué mientras todo va bien,
nos quejamos tanto y se nos hace tan difícil ser mejores personas y mamás/papás?

¿Por qué mientras todo va bien,
no encontramos la forma de ser más pacientes o de tratar mejor a los que nos rodean
o de educar positivamente, con conciencia y con respeto?


¿Por qué si están difícil cambiar,
cuando barajeamos la posibilidad de tener los días contados,
 cambiamos de golpe y radicalmente?

¡¡¡Qué poderosa es la conciencia de nuestra fragilidad humana
que nos hace “acordarnos” de mirar al cielo  
y  consigue sacar la mejor versión de nosotros mismos!!!

¡Y lo peor!…
¿Por qué cuando vuelve el alma al cuerpo con un diagnóstico favorable
volvemos a ser “los mismos" de antes del “susto” y retomamos las malas rutinas?
  

Evidentemente nadie es perfecto, ni nadie espera que lo seamos, pero dejémonos de tarugadas y omisiones. Hay que cambiar y mejorar sin necesidad de que la enfermedad toque a nuestra puerta o la “flaca” nos ponga el cuchillo en el cuello. La vida no la tenemos comprada…

Por eso:

  1. Agradece cada día y cada segundo el estar vivo.
  2. Aprovecha la vida al máximo y vive tus sueños. 
  3. Besa y abraza más a tu marido/esposa y a tus hijos.
  4. Diles a tus seres queridos que los quieres con palabras y con actos.
  5. Míralos a profundidad, ya que no se desgastan, y  llega hasta su alma para que estén en el mismo canal, siempre bien conectados, a pesar de los pesares.
  6. Date tiempo de estar-estar y para comunicarse-comunicarse profundamente.
  7. Ríanse cada día, al menos una vez al día.
  8. Haz el bien y deja huella.
  9. Pide perdón cuando sea necesario y cuantas veces sea necesario
  10. Ama y haz lo que tengas que hacer, ¡hoy!, y dí lo que quieras decir, ¡hoy!,… No sabes si mañana podrás…



VIVE. No esperes a que la enfermedad o la muerte te hagan vivir....



¿Les ha pasado que tienen que operar a tu marido de algo sencillo
o le mandan una resonancia por un dolor de espalda
y la mente se “aloca” pensando historias de terror?



¿Les ha pasado que le sientes una bolita a tu hijo o te sientes una o varias
y tu mente empieza a escribir un dramón?...
Sobretodo porque justo abres Facebook y lees la historia de una conocida con dos bebés que está recolectando dinero para su tratamiento y te hace recordar a parientes tuyas viviendo la misma lucha…





¿Y de casualidad les ha pasado que mientras tienes el diagnóstico final
los días se hacen eternos
y paradójicamente entre la angustia aflora lo mejor de ti?…


De pronto parece que no tienes tanta prisa y aparece tiempo para escuchar, observar, disfrutar, abrazar y besar a los que más amas...

También te descubres excelente seleccionadora de batallas. Incluso te sorprende lo paciente, diplomática y conciliadora que puedes llegar a ser. Cuestiones que parecían misiones imposibles ahora parecen posibles…

Curiosamente, hasta resulta “relativo” o “menos cansado” el cansancio extenuante propio de la vida, del matrimonio, de la maternidad y de la profesión… Asimismo, hasta les empiezas a agarrar cariño a las canas y achaques obtenidos a lo largo de la vida…

Dejas de regatear el tiempo para jugar con tus hijos y simplemente lo “gastas” mirándolos hasta llegar a su alma, intentando atesorar cada instante… Mientras piensas en cómo firmar un pacto para poder verlos crecer y seguir acompañándolos, muchos, muchos, muchos años más... Entonces, la “urgencia” de los últimos años por recuperar el tan anhelado “tiempo para ti y para tus cosas” adquiere otro sentido, amplitud y enfoque…

Total que andas tan “desubicada”, que en medio del típico caos de prácticamente cualquier casa y  a pesar de la “perfecta imperfección de la vida familiar” consigues lo inimaginable, darte tus tiempos especiales con  cada hijo y con hijo con tu marido… De alguna forma logras estar-estar y comunicarse-comunicarse.  Así, sin mucho esfuerzo ni muchas horas, de repente redescubres la unicidad y el valor de tu marido y de tus hijos… Mientras te queda claro que no hay manera suficiente de agradecer la bendición de amanecer un nuevo día, más aún si es con salud y rodeado de tus seres queridos...  

Total que obviamente surgen muchas interrogante:


¿Por qué mientras todo va bien,
nos olvidamos de centrarnos en lo esencial y en priorizar lo verdaderamente importante?

¿Por qué mientras todo va bien,
nos quejamos tanto y se nos hace tan difícil ser mejores personas y mamás/papás?

¿Por qué mientras todo va bien,
no encontramos la forma de ser más pacientes o de tratar mejor a los que nos rodean
o de educar positivamente, con conciencia y con respeto?


¿Por qué si están difícil cambiar,
cuando barajeamos la posibilidad de tener los días contados,
 cambiamos de golpe y radicalmente?

¿Qué poderosa es la conciencia de nuestra fragilidad humana
que nos hace “acordarnos” de mirar al cielo  
y  consigue sacar la mejor versión de nosotros mismos?

Y lo peor…
¿Por qué cuando vuelve el alma al cuerpo con un diagnóstico favorable
volvemos a ser “la misma” de antes del “susto” y retomamos las malas rutinas?
  

Evidentemente nadie es perfecto, ni nadie espera que lo seamos, pero dejémonos de tarugadas y omisiones. Hay que cambiar y mejorar sin necesidad de que la enfermedad toque a nuestra puerta o la “flaca” nos ponga el cuchillo en el cuello. La vida no la tenemos comprada…

Por eso:

1.       Agradece cada día y cada segundo el estar vivo.
2.       Aprovecha la vida al máximo y vive tus sueños.
3.       Besa y abraza más a tu marido/esposa y a tus hijos.
4.       Diles a tus seres queridos que los quieres con palabras y con actos.
5.       Míralos a profundidad, ya que no se desgastan, y  llega hasta su alma para que estén en el mismo canal, siempre bien conectados a pesar de los pesares.
6.       Dense tiempo de estar-estar y para comunicarse-comunicarse profundamente.
7.       Ríanse cada día, al menos una vez al día.
8.       Haz el bien y deja huella.
9.       Pide perdón cuando sea necesario y cuantas veces sea necesario
10.   Haz lo que tengas que hacer hoy y dí lo que quieras decir hoy… No sabes si mañana podrás…