miércoles, 28 de marzo de 2018

Pegar o no pegar... esa es la cuestión.


En pleno siglo XXI, todavía es una cuestión debatible el hecho de pegarles o no a los hijos “para que se eduquen”…  A pesar de que se habla de la defensa de los derechos de los niños y de que esté penada la violencia de género, el mobbing y el bullying, el golpear, humillar o amenazar a los hijos, aún es ampliamente aceptado y se reduce a una opción “personal”- “amoral” que “no puede” ser juzgada como buena o mala y que puede ser “elegida libremente” según la historia personal, personalidad, preferencias educativas, las circunstancias, la frecuencia y la intensidad… Eso sí, no se te ocurra pegarle a un animal porque el peso de la ley te cae encima…
No es complicado encontrar justificaciones para educar según “la tradición de la chancla en mano” y bajo la filosofía de “más vale una nalgada a tiempo”… Empezando por el típico “hete aquí y tampoco saliste tan mal ni tan traumado”… De hecho, mientras no vivas en uno de esos países de primer mundo “súper exagerados”, que te “coartan la libertad” de poder “educar como quieras”, “puedes” seguir “escogiendo” si aplicar métodos violentos o no con los niños. Si por el contrario, ya está prohibido legalmente, “sólo” puedes recurrir a la violencia psicológica que es más difícil de probar y que incluso, en muchos casos, ni siquiera se le reconoce como tal.  En cualquiera de estos casos tendrás porristas que aplaudirán “tu firmeza”, justificarán tu actuación y asegurarán que “no pasa nada, que es por su bien”.
Asimismo, la sociedad relativista te brindará todo su apoyo y medios para que después de sorrajar y/o humillar a tus chamacos no se te vaya a ocurrir sentir ni un poquito de culpa, porque a final de cuentas “todo lo que haces como papá/mamá, lo haces con la mejor intención y por su bien”…¿¡¿¡¿¡!?!?!?… Además, ¡relájate!, porque no naces sabiendo ser papá/mamá y tampoco es que te sobre el tiempo (ni las ganas) para formarte, cuestionar o modificar tu actuación y actitud. Por otra parte, afortunadamente ya eres un adulto y, como tal, “no tienes que darle explicaciones a nadie ni pedir perdón” y menos a un escuinclillo que osa disturbar tu paz… ¡Hombre!…Algún privilegio tiene esto de tener canas, ser la autoridad y ostentar el poder… Más aún, “algo hicieron para merecerlo”…
En fin, para qué darle más vueltas al asunto cuando “¡la vida va tan rápido y haces lo que puedes… Más bien, que tus hijos se den de santos de que al menos les haces caso y de que te preocupas “tanto” por ellos, que hasta “les pegas cuando es necesario”…  Aunque “tanto amor”, pueda matar, física y psicológicamente
Por otra parte, si eres de esos “padres hippies” que están convencidos de que sí se puede formar sin golpes, deberías de empezar a reconocer que eres un iluso e idealista, que tarde o temprano pagarás las consecuencias de “tu debilidad”… Seguro tus hijos serán unos inmaduros y caprichosos, incapaces de enfrentar la dura realidad y estarán limitados para ser exitosos, porque “siempre querrán salirse con la suya” y no habrán aprendido, entre otras cosas: a someterse ante el poderoso y  a obedecer ciegamente, o bien a dominar, subyugar y humillar al débil cuando ellos sean la parte fuerte de la ecuación. Así pues, evidentemente “te arrepentirás” de no haber sido contundente cuando “tenías poder sobre ellos” para dejar claro “quien mandaba”… Total, que tus esfuerzos por educar sin golpes y sin castigos no serán aplaudidos sino demeritados por las razones anteriores o porque “no sabes lo que es educar un niño-hombre porque solo tienes hijas-mujeres” o “porque todos tus hijos eran muy fáciles y muy buenos” o “porque tienes menos hijos o más chicos”… En consecuencia, es evidente que no estás cualificado para opinar al respecto y que eso te funciona sólo a ti…
Ante estos argumentos carentes de fundamentos personalistas y realistas, totalmente permeados de sentimientos, emociones y casuística, en ocasiones parece imposible poder encontrar un “modelo” de crianza al cual apostarle… Y surgen mil dudas:
¿Se puede ser de verdad “libre” al educar con formas violentas
o en realidad queda exhibido un adulto esclavo de sus propias pasiones, entre ellas la ira,
que abusa de su poder para controlar y “bullear” al débil?
¿Es lógico y coherente enseñar a no pegar pegando
inculcar hacer el bien a través de medios intrínsecamente malos?
¿Realmente hay conductas que sólo con golpes o métodos violencia pueden ser modificadas?
¿Si es así, quién establece cuándo sí son “necesarios”, con qué y qué tan fuerte?
¿Esto garantiza que la conducta no deseada se modificará
y logra que tu hijo actúe por convicción 
o consiguen que obedezca por miedo
y que se vuelva más astuto para hacer lo que se le dé la gana sin que te enteres?
Ahora bien, ¿por qué sólo a los niños se les “puede” pegar?
¿No debería estar permitido que tu jefe te golpeara cuando no das los resultados esperados
y que tú pudieras pegarle a tu pareja cuando de plano “no capta” y “no cambia”?
¿Entonces, no debería de estar justificado que tu hijo te pegue para que entiendas
“de una vez por todas” que algunas de tus conductas o actitudes son inadmisibles?
En fin, paro … Sólo te invito a concebir a tu hijo como lo que es: un don, no un objeto de tu posesiónun regalo invaluable al que necesitas ayudar a llegar a la eternidad. Sí, tu misión va mucho más allá que sobrellevar las luchas diarias con las que enloqueces día a día, parafraseo, con las que tú decides o “te permites” perder los estribos cada día. Desgraciadamente, la violencia daña la relación entre padres e hijos y disminuye la confianza entre los involucrados. Asimismo, deteriora el autoconcepto y el autoestima del afectado, inhibe la capacidad empática, promueve la repetición de conductas agresivas y reduce la posibilidad de desarrollar formas asertivas de diálogo y de negociación.
Así que, detente y contempla tu grandeza y tu fragilidad, tus aciertos y tus fracasos, tus cualidades y tus áreas de oportunidad, tu madurez y tu inmadurez, tu capacidad para resolver conflictos logrando un ganar-ganar, tus habilidades para ser empático y tratar a los demás según sus edad y desarrollo… Porque esto puede ayudarte a ver que tu hijo no es tan distinto de ti, no es perfecto sino perfectible y comete, al igual que tú, mil errores…Sólo que al ser menor que tú, se sitúa en una posición de desventaja… Esto no es una cuestión irrelevante y su pequeño tamaño o reducido número de años no lo hace merecedor de un trato indigno.
Romper paradigmas para optar por formar respetuosamente sin golpes ni humillaciones no es tarea sencilla, exige primero que nada mucho autoconocimiento, autocontrol y coherencia de vida, así como una concepción positiva y humana de los hijos. Luego, es indispensable forjar la paciencia, ser constante y desarrollar de nuevas habilidades para poder enfocar y facilitar la solución de los retos que se presenten a lo largo de la crianza.
No es “necesario” pegar para formar ni para dejar claro “lo inaceptable y lo esperado”.  Eso sí, si decides formar conciente y respetuosamente a tus hijos o a cualquier niño, no esperes acertar en todas las ocasiones ni que siempre fluya. La realidad es que más de una vez te encontrarás pidiendo perdón y buscando rectificar… Entonces, no con culpabilidad sino con humildad busca ser crítico contigo mismo, no criticón ni permisivo para ir creciendo y mejorando constantemente junto a tus hijos y puede ser que entonces encuentres el justo medio para lograr formar con un trato digno a cada uno de tus hijos, sacando lo mejor de cada uno de ellos…

jueves, 1 de marzo de 2018

ESCAPADOTA SIN NIÑOS



Para gran número de parejas con hijos es difícil realizar una “escapadota” sin niños…Las “escapaditas” son más fáciles de lograr poniendo un poco de buena voluntad, pero las “escapadotas” ya son otro nivel… ¿A poco no hay una abismal diferencia entre ir al cine, salir a tomar una copa, una cenita romántica y un viaje chulo como ese de la luna de miel que parece pertenecer a la prehistoria o haber sido sólo un sueño?
Independientemente si son “escapaditas” o “escapadotas”, ambas son necesarias para la pareja. Si hasta ahora el día a día “los ha comido”, los ha distanciado o enfriado la relación, si la exhaustiva tarea de la crianza de los hijos los tiene agotados, instalados en su zona de confort o de supervivencia, o quieren recordar viejos tiempos de aventura y sorpresas, pongan manos a la obra para salir y disfrutar juntos.
Es cierto que dependiendo la edad de los hijos y a mayor número de hijos y de días de ausencia de los padres, aumenta la complicación de la logística para dejarlos, no sólo atendidos, sino realmente bien cuidados, física y psicológicamente… ¡Vaya que no a cualquiera le confías a tus tesoritos por varios días!… ¡Ni cualquiera se rifa el cuidarlos!… Pero echándole ganas, al final, de que se puede, se puede… Porque además, es un hecho que las susodichas “escapadotas” suceden cada dos siglos…
Así pues, en caso de que opten por “alocarse”, para hacer una “escapadota” tomen en cuenta que requieren de: decisión, una dosis de realismo y planificación previa. De hecho, muchas cosas no las tenemos y no suceden porque existe un pensamiento inmaduro, caprichoso y mágico que piensa que el sólo deseo es capaz de hacer realidad lo deseado, sea lo que sea, en el momento que se quiere y bajo las circunstancias que sean… Y… ¡Noooo!
  • SEAN REALISTAS: respecto al número de días de vacaciones disponibles, economía familiar, salud de los miembros de la familia, preferencias personales, posibilidades para encargar a los niños y edades de los mismos, así como circunstancias especiales. Asimismo, sean conscientes de que, aunque dejen todo organizado y que sus hijos estén felices y perfectamente bien cuidados, sea con los súper abuelos o con personas de tu total confianza, esto no garantiza que tus hijos no los extrañen y que tal vez hasta derramen unas cuantas lágrimas de repente. Sin embargo, si ustedes son honestos y claros, ellos entienden y les gusta verlos felices, aunque no les súper fascine la idea de que los dos se vayan y los dejen.
  • PONGAN FECHA: tal vez no sea un día o mes exacto, pero escojan una fecha límite para realizar la “escapadota”. Puede ayudar si escogen algún motivo para festejar, pe., “los 40”, el x° aniversario de boda, etc.
  • AHORREN: saquen la cuenta de cuánto necesitan ahorrar mensualmente y religiosamente háganlo.
  • PLANEEN LA ESCAPADOTA…
Ahora bien, sé por experiencia que desde el momento de la concepción los gastos se disparan y que generalmente se busca lograr realizar “escapadas con los hijos”, pero ¡no hay que “olvidar-se”, “ustedes dos son una parte fundamental del sistema familiar! Aunque suene raro, pero su primera obligación es cuidarse mutuamente y hacer crecer su relación. Es un error poner siempre primero a los hijos, porque de hecho, los hijos estarán mejor si sus padres están bien y si su relación es estable y feliz. Por otra parte, la pareja no debe “echarle la culpa” a los hijos ni al trabajo de que “no se pueda” hacer cosas juntos o de que se “apague la chispa”, ¡la responsabilidad de encontrar los medios y el tiempo para mantenerla encendida es de la pareja! Es importante aclarar que lo anterior no invita ni aplaude la actitud de desapego, el abandono o irresponsabilidad que se puede tener hacia el cuidado y formación de los hijos.
Eso sí, durante la “escapadota” es normal que pienses en tus hijos, que veas cosas que les quisieras llevar, que veas lugares que te encantaría que vieran, que conozcas personas que te fascinaría que conocieran, que te asombren culturas que desearías que conocieran, que pruebes comida que te gustaría que probaran… Es normal que les mandes fotos y que les llames (sin “intensear” y en momentos adecuados).
No obstante, habrá personas que te digan que no desconectas y hasta podrás escuchar frases como: “tú a lo tuyo”. Entonces, podrás confirmar que efectivamente  no puedes ni debes desconectarte totalmente porque ellos ya son parte de tu realidad y justo al mantenerte en contacto estás haciendo “lo tuyo”, “lo que te toca”.
Me explico, aunque viajes sin hijos, tu vida ya es con ellos, no existe sin ellos fuera de la ecuación. Por tanto, aunque estés de viaje con tu esposa/esposo, solos sin hijos, no puedes simplemente desaparecer sin comunicarte con ellos, saber cómo están, contarles cómo están ustedes. Además, eso también les ayudará a verlos bien y felices.
En fin, los papás tenemos que cuidar nuestra relación de pareja, ya que a final de cuentas cuando los hijos vuelen, nos quedaremos solos los dos, y más vale que no seamos unos extraños el uno para el otro. Por eso, en realidad no importa la magnitud de las “escapadas” que realicen, pero de que son necesarias, lo son: Para recordar, recargar pilas, re-conocerse, re-valorarse, soñar y vivir…

lunes, 19 de febrero de 2018

Navidad, ¿época para dar o de darte?

Me pidieron escribir sobre Navidad y se me ha hecho muy difícil… Por más que lo intento y trato de que al teclear salgan corazones, paz y felicidad, no lo consigo… De hecho, entre más se acerca la fecha, más siento que se difumina el sentido real de la Navidad…
En septiembre, con las tiendas pintadas de verde, blanco y rojo, me llegó un “meme” que de manera muy gráfica me parece que deja claro la “profundidad” a la que se han reducido nuestras celebraciones y tradiciones: pachanga, tragadera y sobre todo, excesos…


No cabe duda de que han sido muy efectivas las estrategias para aumentar la población económicamente activa y activar la economía con festejos mensuales inundados con emotivas propagandas que hasta te hacen sentir mal si no sigues el rollo de consumir, gastar y demostrar tu amor y agradecimiento con cosas… Sin importar que sean porquerías inútiles pero cumplidoras y aunque pasado “el día” se guarden en la basura o en el cajón de los roperazos para re-regalar al siguiente afortunado… En esta dinámica consumista y de excesos, se recibe el Año Nuevo con la gula por delante, y en muchos casos, con borracheras y desmanes, aunados a kilométricas listas de buenos propósitos.
Frecuentemente, se empieza enero con el pie izquierdo, en números rojos por los gastos y deudas acumulados a pagar “en abonos chiquitos” durante el año, mientras se tiene la firme intención de “ahora sí” conseguir no gastar de más y ser millonario fashion con cuerpo de modelo.
Así pues, con la mirada puesta en la abundancia física y material, se hace una excepción para comer la rosca con chocolatito caliente el 5 de enero, sólo porque insistió la comadre, y ni modo de “hacerle el feo” si la compró con tanto cariño.
Al día siguiente, sólo por mantener la ilusión y por no hacer quedar mal a los Reyes Magos, aparecen regalos espléndidos que no permiten empezar el año ahorrando. Suspiras y piensas: “es que no alcanza para todo, pero el próximo mes sí ahorro”…
Pasadas dos quincenas, después de haber recargado pilas con los tamalitos y los buñuelos de “La Candelaria”, conviene ir pensando en el “Día del Amor y la Amistad”, puro y desinteresado… Que no tienes novio, novia, marido, esposa ni prospecto…. ¡No te preocupes! ¡No me digas que no tienes amigos a quien regalarles algo!…
Como febrero es un mes corto, sin darte cuenta ya estás en marzo… Eso sí, hay que estar atento al calendario para planear qué hacer, porque con eso de que se mueve la fecha del carnaval… ¡Ay no, si la que se mueve cada año es la bendita Cuaresma!, obligándonos a ser flexibles para programar una buena escapadita en Semana Santa o al menos en el “puente” de la primavera… ¡Digo!… el “puente” por el Natalicio de Don Benito Juárez, pero es que ¿a quién se le ocurre nacer el mismo día?… Cualquiera se puede equivocar… De hecho, no es por nada, pero a más de uno le pasa que tiene “puente” y no sabe ni por qué está de vago, pero tampoco es tan grave… En realidad, a lo bailado y lo paseado poco les importa el pretexto que se use…
Ahora bien, como entre marzo y abril sólo está Semana Santa y más vale prevenir que lamentar, algunas escuelas privadas en estos meses hacen el favor de ir cobrando la reinscripción para no dejar a tus hijos sin escuela el próximo ciclo escolar… Igualmente, te ofrecen la posibilidad de aprovechar los descuentos para pagar los libros del próximo curso…
Entonces llega mayo, y qué bueno que trabajas arduamente, porque este mes sí viene con todo. Empieza con el “puente” del día 1º para festejar el “Día del Trabajo” sin trabajar, que a veces se pega o lo pegas con el asueto del día 5 para hacer un “mega puente”, sacando a relucir tus dotes de Ingeniero Civil. Luego viene el “Día de la Madre” y el “Día del Maestro”, días en los que con algo tangible y valioso debes demostrarle todo tu amor a tu madre y todo tu agradecimiento a los maestros que se fletan con tus hijos… No vayas a salir con que “no tengo”… ¡Si para eso tienes tarjeta de crédito! Tú pásala, aunque el famoso detallito te salga 45% más caro por los intereses que te cobran y “la Miss” lo re-regale en el próximo intercambio… ¡Tú tranquilo, que cumpliste!…
Pasado este mes tan intenso, llega junio, y obvio, la mamá es la mamá, pero sí estaría gacho que a tu papá “de-a-perdis” no lo invites a comer por el “Día del Padre”. Será el sereno, pero es tu padre…¡Eso sí, no te emociones, todavía hay más para este mes!… Para cerrar con broche de oro el primer semestre, alístate para desembolsar mínimo unos $350 para los disfraces del evento de fin de curso, en el cual tus angelitos lucirán cual artistas de Broadway durante un máximo de 3 minutos… Con la gran oportunidad incluida de poder tomarles fotos espectaculares e inolvidables. Una recomendación: ubícate y no se te ocurra sugerir inculcar a los chamacos la austeridad, el ahorro, el reciclaje y el usar la creatividad haciendo disfraces sencillos y dignos de los que salen en Pinterest, con materiales baratos y un poco de tiempo… ¡No, hombre! ¡Para eso trabajas! ¡Para darles “todo”! ¡Ya déjate de ridiculeces, que sí puedes pagarlo!… Además, crecen muy rápido y justo ahora es cuando se dejan “hacer de todo” cual monitos de circo y se te cae la baba.
Ahora bien, si tienes hijos en 6° de primaria, 3° de secundaria o 3° de preparatoria, incluye en la columna de gastos de este mes las fiestas de graduación al estilo “bodorrón millonario”. Es más, incluso incluye un fondo de ahorro para la graduación de los peques de Kínder 3, porque definitivamente eso de la austeridad y la sencillez-elegante es una cuestión del pasado.
En fin, ante tal ajetreo, lo políticamente correcto es empezar el siguiente semestre con unas merecidas vacaciones, mínimo de una semanita, que puedes pagar a 12 meses sin intereses, porque necesitas dinero líquido para deshacerte de los niños el resto del verano en uno de los múltiples cursos súper “in” y cero accesibles que se ofrecen… ¡Desde el fondo del corazón, la sociedad espera que no seas un “looser” de los que no salen en todo el año habiendo tantas oportunidades!
Pero, bueno, como todo lo bueno se acaba y hay que enseñarles a los niños a poner los pies en la tierra, pues ni modo, a finales de agosto-septiembre se escucha frecuentemente: “a la escuela escuincles para que los eduquen, que yo ya no puedo con ustedes, ni sé cómo hacerle”
Así que antes de festejar “El Grito”, pagas con gusto los uniformes y los útiles escolares. Después del pozole y la bailada de septiembre, en las tiendas nos van animando e ilusionando al parejo por “Halloween” y por Navidad, así que junto a Santa Claus puedes encontrar la máscara de “Eso” el payaso diabólico y junto al pesebre del Niño Dios la máscara del degollado con el cuchillo en el cuello y sangre escurriendo por el rostro…
Entonces sí, tras la disfrazada y la pedida de duces de octubre, el pan de muertos de noviembre, las velitas y el altar, te puedes enfocar en la Navidad que está a punto de llegar…
En este ambiente tan navideño, te facilitan la compra de agradecimiento, cariño y amor con el tan ansiado “Black Friday” que te permite poseer hasta lo que no necesitas, pero a precios bajísimos y a meses sin intereses.
Casualmente, se aprovecha el “puente” de la Revolución Mexicana para que el viernes de descuentos dure 3 días. Por tanto, con varios regalos solucionados, ahora sí puedes empezar a desembolsar “lo que se necesite” para el disfraz del Festival de Navidad del cole… No importa que si tienes más de tres hijos el costo del dichoso atuendo sea lo equivalente al pago anual de tu predial o que sumado el gasto total de todos los alumnos de la escuela sea una cantidad significativa para donar al Teletón o a la reconstrucción de alguna casa tras el sismo sufrido… ¡No, para qué! Total, nos podemos dar el lujo de tirar el dinero a la basura en una época donde lo que tocaría es la sencillez, el desprendimiento, la solidaridad, la caridad… Pero eso sí, “aquí entre nos”, ni guardes el efectivo y menos la tarjeta porque estos días hay que “vivir el amor y hacer que se sienta el amor” comprando regalos que lo demuestren a los que no necesitan y que quieres mucho… Y si te sobra, pues no estaría mal que consideres algo para quien sí lo necesite.
Asimismo, como es época de unión y generosidad, afloja el dinerito para organizarles a tus hijos, que casi no tienen fiestas durante el año, múltiples posadas con todos los grupos de amigos y salones de la escuela…
¿Y para los niños que en el año tienen con suerte una fiesta, mal comen y la pobreza les ha robado su infancia?… Pues por mientras una oración poderosa y que tus hijos saquen una ropita y un juguetito usado para dárselos, porque ahora justo ellos recibirán toneladas y tengo que hacer espacio porque ya no cabe nada… Además, la verdad es que ya estoy apretadísima de dinero y no tengo libre ningún día para organizar o participar en una posada de alguna comunidad necesitada… Pero, bueno, al final uno se queda con la conciencia tranquila porque al menos donaste lo que te sobraba y pues hiciste lo que pudiste…
Ahora sí, ya sin tantos pendientes, puedes decidir en dónde y con quién celebrarás Nochebuena, Navidad y Fin de año, para volver a empezar un maravilloso Año Nuevo endeudado y sin haber podido ahorrar, siempre por causas de fuerza mayor…
Así, en este cálido y emocionante ambiente consumista lleno de luces, la ilusión navideña a veces se nubla sólo de pensar en cuál será la bomba que explotará este año entre los amados parientes que “se sienten” o que “se paran” antes, durante y después de los festejos, porque sí y porque no…
Ni el milagro navideño logra que la parentela se centre en lo esencial, que se olviden rencillas pasadas, que se deje fuera de la puerta la soberbia, la envidia y las luchas de poder, para que mínimo la celebración parezca fiesta en lugar de funeral u obra de teatro con todos fingiendo…
Desgraciadamente, en muchas ocasiones lo más a lo que se puede aspirar en estas reuniones navideñas es a separar la mecha del cerillo… Sabiendo que la música de fondo va cargada de estribillos con críticas, incomprensiones, malentendidos y malas vibras. De hecho, estoy segura de que muchas familias saldrían de pobres si mandaran los “guiones navideños” de los rollos familiares a los productores de telenovelas.
Por fortuna, aún existen “especímenes raros”, esas personas y familias en extinción que, a pesar de ser imperfectos, verdaderamente intentan con el ejemplo formar en valores a sus hijos y viven de una u otra forma la austeridad, la generosidad, el perdón y la alegría. Familias que en lugar de priorizar los regalos priorizan la convivencia, el servicio, la atención y el poder estar juntos un año más. Familias que se organizan de una u otra manera para poder convivir justamente y sin carotas con ambas familias de origen. Familias que dan gracias antes de cenar rico, que después hacen juegos, actúan una pastorela, cantan la posada y villancicos, encienden luces de bengala y tal vez hasta se dan algún detalle, pero sin olvidar lo que se festeja, ni que el mero mero cumpleañero es Jesús. Familias que en lugar de estar esperando recibir buscan dar y llevar esperanza al necesitado, sea alguien de la familia o alguien desconocido…
En fin, evidentemente “el relato de un año cualquiera” es ligeramente sarcástico y un poco exagerado, pero cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Invito, más que buscar justificar nuestra inmersión en la vorágine consumista y buscar desligarse de la descripción, a hacer conciencia y ser honestos sobre qué debemos cambiar y cómo.
A veces es difícil romper con formas disfuncionales de relacionarse y maneras superfluas de festejar centradas en el propio egoísmo, en el materialismo y en el exceso. La sociedad de consumo nos ha consumido. Nos falta valentía para escapar de sus redes y romper paradigmas. Ha hecho que se pierda el verdadero sentido y significado no sólo de la Navidad, sino de muchas otras celebraciones y tradiciones. La sociedad de consumo vende una imagen de la vida exitosa centrada en el poseer cosas, en publicitar gratis marcas, en el vivir experiencias exclusivas, en el lujo, en la frivolidad y en el esnobismo. Ha convencido de que es mejor “el tener” que “el ser” y que la felicidad está en el insaciable tener que te obliga a “superarte”. Hace creer que una gran mayoría vive y pueden vivir a ese ritmo de consumo. Sin embargo, pocos pueden seguir esas propuestas mercadológicas sin tener que vender su alma al diablo.
El presente artículo no pretende que se rechace el dinero o lo material, sino que se les coloque adecuadamente en la jerarquía de valoresQue el dinero regrese a su lugar como medio y deje de ser el fin por el cual la vida tenga sentido. Que verdaderamente sea un medio, sí, para vivir bien y disfrutar, pero no para despilfarrar y pagar por hacer el mal u omitir hacer el bien. Que sea un medio para construir una sociedad más justa y brindar igualdad de oportunidades a todos los seres humanosUrgser conscientes de los excesos en los que hemos caído que claman al cielo y alejan de la felicidad verdadera…
La Navidad es una buena época para meditar en el amor verdadero y en lo que de verdad vale. Tenemos que analizar de qué está lleno nuestro corazón y de qué se alimenta, porque eso será lo que busque cada día y todo el año.
El consumismo y el despilfarro corre por las venas, hace mucha falta detenerse a mirar “el Belén”“el pesebre”“el Nacimiento” para recordar lo sucedido… ¡Lo que todo un Dios hizo por amor a mí… por amor a nosotros! Basta un encuentro personal con el protagonista de esta historia de amor verdadero e incondicional para transformar la propia vida, ordenar la jerarquía de valores y poner los pies en la tierra y la mirada en la eternidad. Entonces, la vida cobrará un sentido diferente, al igual que las personas y las cosas, el fracaso y el triunfo, el recibir, el dar y el darte, el tener y el ser… Hasta las celebraciones a lo largo del año, y en especial la de diciembre, se percibirán con otros ojos…

¿Tú qué festejas, cuándo y cómo?… ¿Qué es lo esencial en tus fiestas?





viernes, 24 de noviembre de 2017

El relato de la doula acerca del parto vaginal después de cesárea


Es cierto que las mujeres estamos hechas para parir, pero por diversas circunstancias hay embarazos y partos que resultan ser todo un reto. Lo increíble es que hay mujeres que verdaderamente te sorprenden con su fortaleza para luchar por lo que quieren, en este caso, un parto vaginal después de una cesárea innecesaria y traumática que había dejado muchas heridas. Ella no sólo tenía buenas intenciones, sino que se formó y se recontraformó para prepararse junto con su marido para recibir a su bebé como ella quería y “sacó las garras” ser respetada.
                La primera batalla que libró fue que tuvo que lidiar medio embarazo con la hiperémesis gravídica. En esos casos, poco o nada consuela que te parezcas a la Princesa Kate Middleton que cada embarazo pasa por lo mismo. Por si fuera poco, mientras sorteaba como podía las náuseas y la espectacular bajada de peso, decidió cambiarse de doctor porque éste ni siquiera le daba la oportunidad de poder intentar un parto vaginal después de cesárea (PVDC). Cuando todo parecía ir tomando su curso, su instinto le gritaba que no había encontrado el equipo que quería que la acompañara. Por lo que decidió, cambiarse nuevamente de doctor alrededor de las 35 semanas de embarazo.
 Y entonces ya, pasadas unas semanas con el equipo que ella eligió, empezaron de manera natural los pródromos. En un par de ocasiones, las contracciones parecían señalar que el día del parto había llegado. No obstante, tras muchas horas de trabajo, éstas desaparecían sin haber dilatado nada, a pesar de ser de buena intensidad y frecuencia.  Se tuvo que analizar la situación y finalmente, tras un diagnóstico médico fundado y siguiendo su instinto, decidió que era momento de abandonar su Plan A para incursionarse en el Plan B: una inducción sin epidural, hasta donde fuera posible. No era su sueño ideal, pero era lo necesario.
Llegó el día de la inducción y las batallas no terminaban, el trabajo de parto no progresaba como era de esperarse, aunque ella estaba perfectamente conectada con su bebé y con su cuerpo y alma en otra dimensión que le permitía seguir adelante.  Ella fue la actriz principal junto con su bebé y el apoyo incondicional de su marido.  No se puede dejar de mencionar a su ginecólogo, un verdadero profesional con calidez humana, quien hizo lo necesario para que ella pudiera lograr su sueño. Donde una gran mayoría de médicos hubiera hecho una cesárea, él esperó y actuó haciendo lo que tenía que hacer en cada momento para evitarla.
Las últimas dos horas antes de poder besar a su bebé fueron complejas. Toda mi admiración para ella, una verdadera guerrera convencida de lo que quería para ella, para su bebé y para su familia. No fue el parto idílico sin intervenciones que esperaba. Fue un parto intenso, reparador, inundado de hormonas de todo tipo que le han permitido establecer un fuerte vínculo con el bebé, dejando a la pareja más sólida y preparada para lo que les regale la vida.

Gracias por permitirme acompañarlos a presenciar el milagro de la vida y la fuerza de la naturaleza y del amor…

Mamá cuenta su historia de parto vaginal después de cesárea

Agradezco a mi amiga por compartir su experiencia de su parto, seguro puede ser de ayuda a otras mujeres que quieran leer historias que empoderen:



Al escribir esta historia me he llenado  de muchas emociones,  al recordar cada instante de esta nueva experiencia, y es que me considero muy afortunada ya que la vida me ha regalado la oportunidad de ser madre por segunda vez y en una forma muy diferente.
El punto principal de partida comienza, desde el día que el ginecólogo me mencionó que era candidata para intentar un parto, si así lo decidía, ya que en ese momento no existía riesgo para realizarlo. En ese momento tuve sentimientos encontrados, debido a una cesárea por indicación médica en mi primera experiencia y por mi mente ni siquiera rondaba la palabra parto. Estaba segura de que sería una cesárea obligatoria. La cual traía recuerdos no muy gratos debido a las sensaciones que viví, desde la separación de mi hija en uno de los momentos más valiosos, la alteración terrible de mi sistema nervioso, hasta escuchar al cirujano hablar del fútbol y de sus decisiones para el desayuno, en plena cesárea cuando era uno de los momentos más especiales de mi vida, aunado a esto la dolorosa recuperación entre otros.  Por tanto, si pudiera evitarlo preferiría no volver a vivirlas.
Sorpresa, temor, alegría, esperanza, me invadieron repentinamente y aunque sabía  que  el dolor es parte de traer vida a este mundo había escuchado  y leído relatos bastante alentadores acerca del parto. Sin embargo, llegaron  un mar de dudas, me sentía como madre primeriza. Me comencé a preguntar: ¿Y decido parto, realmente podré hacerlo?  ¿Mi bebé estará bien? ¿Mi cuerpo está listo? ¿será capaz? ¿Qué se sentirá? ya que en la primera experiencia no supe que era una contracción.  ¿Podré soportar el dolor? ¿Y si falló? ¿Y si no tengo la fortaleza de las mujeres fuertes? ¿Cuál será mi grado de tolerancia al dolor? ¿Qué será lo mejor? , todas estas dudas se apoderaron de mi.
Sin embargo mi lado racional me llevó a informarme y  a tomar convicción para elegir informadamente. Y es que si es  bien sabido que el parto es lo más ideal por su naturaleza, no hay que pasar por alto que los avances médicos son bastante confiables y atractivos cuando la vida humana  está de por medio, el dolor y la rapidez  están rondando.
Después de este análisis tuve los siguientes argumentos  convincentes para determinar que pese  a todo trataría de  tener  un parto:
     Mi bebé me indicaría  cuando estuviera totalmente  listo para nacer. De otro modo pensé que sería como un capullo abierto forzadamente. Y no en sus tiempos y en sus procesos  naturales para abrirse con todo esplendor.
     El parto me  ayudaría  a no separarme de el en los momentos más valiosos, evitando estrés al bebé,  favoreciendo  el apego, tranquilidad y la lactancia.
     Menor  tiempo de  recuperación  el cual era necesario dado que ya tenía una hija quién me necesitaba,  un marido que también demandaría y al nuevo integrante.
     Menos dolor, ya que podía haber preparación para controlarlo sin medicalización y los más intensos son durante unas horas.
     Participación activa del padre fortaleciendo el vínculo.
     Y por si fuera poco honorarios más asequibles.
No pasando por alto que si hubiera alguna complicación tendríamos que hacer una excepción. 
Enseguida una ráfaga de esperanza me invadió y el temor se volvió entusiasmo la razón, ¡Al fin podría ser madre de verdad! pensé para mí misma, aunque no consideraba esto como una completa realidad, había secuelas emocionales  que en algún momento tocaron la fibra sensible y pusieron en cuestión  mi capacidad de parir y de ser una buena madre.
Dichosamente la vida me regaló y puso a mi alrededor a una persona a la que le puse el apellido de amiga y casi hermana, quien me alentó y me empoderó fervientemente, me compartió su formación de doula para hacer de esta experiencia más positiva y empoderada.
Después de esta  decisión  mi marido tuvo una participación vital, y es que al escucharlo comentar con tanta seguridad sobre el poder de dar vida de las mujeres terminé de empoderarme ya que mi compañero de vida creía  en mí.   Nunca olvidaré el día en que me expresó: ¡Claro que podrás, estas diseñada para hacerlo! ¡Eres una mujer fuerte! Esas palabras alimentaron mi valor para parir.
Y es  así como cada  decisión que restaba para  terminar  el proceso de embarazo iba respaldada. Incluyendo  el estar  atendido por un doctor que nos diera la plena seguridad que haría  todo lo posible para apoyarnos  en la  decisión y que no nos cambiaría  el plan innecesariamente. Sintiéndonos en paz con la  elección proseguimos.
Pero como nunca faltan los comentarios de terceros y  comenzaron a llegar afirmaciones como éstas: “Yo he escuchado que eso no se puede por el bien de los dos, deberías preguntar bien al doctor tal vez no te ha  revisado bien, eso es imposible tienes una cirugía, tu esposa se puede morir, ¡hagan cesárea y no se compliquen!, ¿parto? ¡pero todas tienen cesárea es lo más seguro!”.  Aunque tuvimos presión sobre todo  familiar sabíamos que habíamos tomado una decisión informada y por lo tanto decidimos que esta  vez el parto sería nuestro.
Para  evitar malos ratos o más cuestionamientos  acordamos que avisaríamos a los cercanos hasta que el bebé naciera. De tal forma que  el proceso lo viviríamos en equipo y sin presiones. Mientras pusimos manos a la obra siguiendo las indicaciones y recomendaciones para estar completamente listos para cuando llegara la hora.
 ¡Y bien llegó la semana 39! Y comencé a sentir ligeros  dolores en la cadera, a la mañana siguiente  el doctor me  hizo un monitoreo e  indicó que habían empezado los pródromos, esta noticia nos trajo  alegría  ya que sabíamos que el momento cada vez estaba más cercano. Pasaron 7 días y las contracciones de trabajo de parto comenzaron muy esporádicas, en esta ocasión  cuando el doctor revisó informó que  tenía  el cuello borrado, lo cual indicaba que todo iba bien.
De allí me  citó tres días después y me menciono que si tenía algunos síntomas como sangrado, rompimiento de la fuente, o contracciones más frecuentes le avisará de inmediato. Pero estos no se presentaron por lo que cuando acudí  a la siguiente revisión nos enteramos que tenía un centímetro de dilatación. Regresé a casa y por la noche las contracciones comenzaron más  frecuentes pero aún distantes, a la siguiente mañana el tapón mucoso se hizo presente, el día transcurrió con leves  contracciones y por la noche  a partir de las doce estas  se mostraron ya fuertes, y con ritmo. Así que comencé a  registrar los tiempos para  estar pendiente con la intensidad y duración. Y gracias a la formación nos habíamos preparado para pasar gran parte del proceso en casa, del tal forma que pudiera realizar más movimiento, tener comodidad y  un ambiente relajado, de modo  que cuando las contracciones ya  estuvieran cada cinco minutos correríamos al hospital.
Pero llegó el amanecer y a las seis de la mañana estas se pararon. Pasó todo el día  y éstas se volvieron muy esporádicas  y  así mi cuerpo tuvo este comportamiento por tres  días, esto comenzó a inquietarme mucho sin embargo el doctor estuvo pendiente  que  todo estuviera bien con el bebé y conmigo. Por lo que nos animó a ser pacientes y a seguir con las indicaciones de ejercicios y alimentación entre otros. 
Estando en la semana   40+5 la presión aumentaba y mi cuerpo parecía  no responder, por lo que la incertidumbre aumentó y esta fue la prueba de fuego ya que en ese momento si la desesperación hubiera ganado pudimos haber tomado alguna decisión equivocada. El doctor ese día me volvió a revisar y mencionó que si este comportamiento continuaba por dos días, tendríamos que ver algunas opciones como inducción al  parto y que haría todo lo posible para darnos el parto pero que si había alguna complicación estuviéramos conscientes Esa noche antes que comenzaran fuertemente las  contracciones, decidí encomendarme y nuevamente hablé con el doctor le comenté mi preocupación por la inducción, con toda paciencia contestó mis preguntas y al escuchar sus argumentos sobre el bienestar del bebé y  casi de  semana 41 supe que era lo mejor.
Por lo tanto acordamos que al siguiente día se haría la inducción al parto, me sentí en paz, e inmediatamente mi amiga, quien estuvo en todo el proceso muy pendiente me llamó para darme  su apoyo y me preguntó si me gustaría que me acompañara, me sentí tan completa  al saber que contaría con su ayuda en esos momentos  y seguramente todo fluiría mejor.
A la mañana siguiente llegamos  al hospital, con el mejor ánimo sabiendo que ese día conoceríamos a nuestro bebé, pero aún faltaba la parte más complicada y a la que se le teme de un parto, pero no me sentía  sola, mi marido, mi amiga incondicional y el doctor quienes estaban en pro del parto  estaban allí para uno de los momentos más especiales de mi vida. 
Todo comenzó con la administración de oxitocina,  entre risas, anécdotas, chistes, y positivismo transcurrió en un ambiente preparado gracias a mi amiga doula, y a mi marido quién estuvo muy comprometido.  Con medidas de confort, posiciones, masajes, respiración, aromas y relajación así llegué al centímetro ocho de dilatación.  Sin embargo, debido aún tratamiento anterior en el cual me habían practicado con ácido tricloroacético la dilatación no avanzaba, y fue necesaria una maniobra manual por parte del ginecólogo.



Esto ayudaría a aumentar las posibilidades de tener un parto, ya que por un momento pensamos que lo perdíamos pero continuamos con el plan. Estando conciente que si existiera una complicación que pusiera en riesgo la vida del bebé y la mía habría que tomar la cesárea como plan B. Por lo tanto, el bebé y yo en todo momento estuvimos monitoreados.
El dolor después de esta maniobra se volvió para mí intolerable, por lo cual ahora sí pedí la epidural, en ese momento no quería  rendirme, necesitaba seguir trabajando con mi bebé y ya estábamos en la recta final, pero era necesario para el último jalón. Quería que lo lográramos ambos.
Me subieron al quirófano y al ver muchas personas dentro, me aterró en pensar que tal vez todo el sueño de tener un parto se había esfumado porque en ese momento dudaba de mis propias fuerzas, lo mejor de todo fue que después de la aplicación me encontraba mejor para seguir.  Todos en la sala me animaban para la expulsión y el  pujo me decían: ¡venga en la siguiente contracción sale! ¡Pero no salía!
En algún momento dudé, y pensé y ¿si no me dicen la verdad? Realmente estaba confundida en sí lo hacía bien o no.   Pero con todas  esas personas solo en mi amiga doula y mi marido pude confiar, cada vez que ella me decía mírame  a los ojos sentía apoyo. De pronto mi marido gritó: “Ya veo la cabeza, solo un poco más  tú puedes” Y todavía vinieron más contracciones y más pujos, el último me hizo hacerlo con todas mis fuerzas que en ese momento me quedaban pocas y de inmediato sentí como atravesaba  mi bebé el canal de la vida, ¡no lo podía creer! fueron solo unos segundos, ¡al fin había parido!
Me sentí como en un sueño en cuanto me dieron al bebé y lo pegaron a mi pecho. Se me escurrieron las lágrimas y me preguntaba: ¿Cómo pude? ¿Cómo? Estaba tan feliz, tranquila, con una sensación de inmenso agradecimiento porque al fin sabía lo que era parir y lo mejor mi bebé estaba sano. Mi marido estaba tan contento que comenzó a cantarle tal y como lo hacía cuando estaba embarazada. Ese momento fue memorable y marcó nuestras vidas con una grata experiencia. No me libré de unos puntos, pero eso ya no importaba, el parto se había logrado.

Ese día me sentí muy amada ya que mi marido estuvo conmigo en todo momento, no se dejó influenciar pese a las presiones y se había portado con tanta dedicación para recibir a su hijo, totalmente entregado a su papel. Este parto fue completamente de nosotros, con un auténtico equipo de trabajo.
Esa noche al regresar a la habitación parecía que había pasado una batalla. Sin embargo, sabía que no era un sueño, que era algo real y así se comenzaba una historia de amor más.
Al día siguiente después de tomar la primera ducha completamente sola, le dije a mi marido: ¡Valió la pena! Y es que había recuperado mi dignidad como persona, como mujer y madre. Pero lo más importante es que mi bebé había sido respetado, esperado y muy bienvenido. Martín, Luz Ma y Pablo gracias por haberme hecho fuerte para defender mi parto.