lunes, 19 de febrero de 2018

Navidad, ¿época para dar o de darte?

Me pidieron escribir sobre Navidad y se me ha hecho muy difícil… Por más que lo intento y trato de que al teclear salgan corazones, paz y felicidad, no lo consigo… De hecho, entre más se acerca la fecha, más siento que se difumina el sentido real de la Navidad…
En septiembre, con las tiendas pintadas de verde, blanco y rojo, me llegó un “meme” que de manera muy gráfica me parece que deja claro la “profundidad” a la que se han reducido nuestras celebraciones y tradiciones: pachanga, tragadera y sobre todo, excesos…


No cabe duda de que han sido muy efectivas las estrategias para aumentar la población económicamente activa y activar la economía con festejos mensuales inundados con emotivas propagandas que hasta te hacen sentir mal si no sigues el rollo de consumir, gastar y demostrar tu amor y agradecimiento con cosas… Sin importar que sean porquerías inútiles pero cumplidoras y aunque pasado “el día” se guarden en la basura o en el cajón de los roperazos para re-regalar al siguiente afortunado… En esta dinámica consumista y de excesos, se recibe el Año Nuevo con la gula por delante, y en muchos casos, con borracheras y desmanes, aunados a kilométricas listas de buenos propósitos.
Frecuentemente, se empieza enero con el pie izquierdo, en números rojos por los gastos y deudas acumulados a pagar “en abonos chiquitos” durante el año, mientras se tiene la firme intención de “ahora sí” conseguir no gastar de más y ser millonario fashion con cuerpo de modelo.
Así pues, con la mirada puesta en la abundancia física y material, se hace una excepción para comer la rosca con chocolatito caliente el 5 de enero, sólo porque insistió la comadre, y ni modo de “hacerle el feo” si la compró con tanto cariño.
Al día siguiente, sólo por mantener la ilusión y por no hacer quedar mal a los Reyes Magos, aparecen regalos espléndidos que no permiten empezar el año ahorrando. Suspiras y piensas: “es que no alcanza para todo, pero el próximo mes sí ahorro”…
Pasadas dos quincenas, después de haber recargado pilas con los tamalitos y los buñuelos de “La Candelaria”, conviene ir pensando en el “Día del Amor y la Amistad”, puro y desinteresado… Que no tienes novio, novia, marido, esposa ni prospecto…. ¡No te preocupes! ¡No me digas que no tienes amigos a quien regalarles algo!…
Como febrero es un mes corto, sin darte cuenta ya estás en marzo… Eso sí, hay que estar atento al calendario para planear qué hacer, porque con eso de que se mueve la fecha del carnaval… ¡Ay no, si la que se mueve cada año es la bendita Cuaresma!, obligándonos a ser flexibles para programar una buena escapadita en Semana Santa o al menos en el “puente” de la primavera… ¡Digo!… el “puente” por el Natalicio de Don Benito Juárez, pero es que ¿a quién se le ocurre nacer el mismo día?… Cualquiera se puede equivocar… De hecho, no es por nada, pero a más de uno le pasa que tiene “puente” y no sabe ni por qué está de vago, pero tampoco es tan grave… En realidad, a lo bailado y lo paseado poco les importa el pretexto que se use…
Ahora bien, como entre marzo y abril sólo está Semana Santa y más vale prevenir que lamentar, algunas escuelas privadas en estos meses hacen el favor de ir cobrando la reinscripción para no dejar a tus hijos sin escuela el próximo ciclo escolar… Igualmente, te ofrecen la posibilidad de aprovechar los descuentos para pagar los libros del próximo curso…
Entonces llega mayo, y qué bueno que trabajas arduamente, porque este mes sí viene con todo. Empieza con el “puente” del día 1º para festejar el “Día del Trabajo” sin trabajar, que a veces se pega o lo pegas con el asueto del día 5 para hacer un “mega puente”, sacando a relucir tus dotes de Ingeniero Civil. Luego viene el “Día de la Madre” y el “Día del Maestro”, días en los que con algo tangible y valioso debes demostrarle todo tu amor a tu madre y todo tu agradecimiento a los maestros que se fletan con tus hijos… No vayas a salir con que “no tengo”… ¡Si para eso tienes tarjeta de crédito! Tú pásala, aunque el famoso detallito te salga 45% más caro por los intereses que te cobran y “la Miss” lo re-regale en el próximo intercambio… ¡Tú tranquilo, que cumpliste!…
Pasado este mes tan intenso, llega junio, y obvio, la mamá es la mamá, pero sí estaría gacho que a tu papá “de-a-perdis” no lo invites a comer por el “Día del Padre”. Será el sereno, pero es tu padre…¡Eso sí, no te emociones, todavía hay más para este mes!… Para cerrar con broche de oro el primer semestre, alístate para desembolsar mínimo unos $350 para los disfraces del evento de fin de curso, en el cual tus angelitos lucirán cual artistas de Broadway durante un máximo de 3 minutos… Con la gran oportunidad incluida de poder tomarles fotos espectaculares e inolvidables. Una recomendación: ubícate y no se te ocurra sugerir inculcar a los chamacos la austeridad, el ahorro, el reciclaje y el usar la creatividad haciendo disfraces sencillos y dignos de los que salen en Pinterest, con materiales baratos y un poco de tiempo… ¡No, hombre! ¡Para eso trabajas! ¡Para darles “todo”! ¡Ya déjate de ridiculeces, que sí puedes pagarlo!… Además, crecen muy rápido y justo ahora es cuando se dejan “hacer de todo” cual monitos de circo y se te cae la baba.
Ahora bien, si tienes hijos en 6° de primaria, 3° de secundaria o 3° de preparatoria, incluye en la columna de gastos de este mes las fiestas de graduación al estilo “bodorrón millonario”. Es más, incluso incluye un fondo de ahorro para la graduación de los peques de Kínder 3, porque definitivamente eso de la austeridad y la sencillez-elegante es una cuestión del pasado.
En fin, ante tal ajetreo, lo políticamente correcto es empezar el siguiente semestre con unas merecidas vacaciones, mínimo de una semanita, que puedes pagar a 12 meses sin intereses, porque necesitas dinero líquido para deshacerte de los niños el resto del verano en uno de los múltiples cursos súper “in” y cero accesibles que se ofrecen… ¡Desde el fondo del corazón, la sociedad espera que no seas un “looser” de los que no salen en todo el año habiendo tantas oportunidades!
Pero, bueno, como todo lo bueno se acaba y hay que enseñarles a los niños a poner los pies en la tierra, pues ni modo, a finales de agosto-septiembre se escucha frecuentemente: “a la escuela escuincles para que los eduquen, que yo ya no puedo con ustedes, ni sé cómo hacerle”
Así que antes de festejar “El Grito”, pagas con gusto los uniformes y los útiles escolares. Después del pozole y la bailada de septiembre, en las tiendas nos van animando e ilusionando al parejo por “Halloween” y por Navidad, así que junto a Santa Claus puedes encontrar la máscara de “Eso” el payaso diabólico y junto al pesebre del Niño Dios la máscara del degollado con el cuchillo en el cuello y sangre escurriendo por el rostro…
Entonces sí, tras la disfrazada y la pedida de duces de octubre, el pan de muertos de noviembre, las velitas y el altar, te puedes enfocar en la Navidad que está a punto de llegar…
En este ambiente tan navideño, te facilitan la compra de agradecimiento, cariño y amor con el tan ansiado “Black Friday” que te permite poseer hasta lo que no necesitas, pero a precios bajísimos y a meses sin intereses.
Casualmente, se aprovecha el “puente” de la Revolución Mexicana para que el viernes de descuentos dure 3 días. Por tanto, con varios regalos solucionados, ahora sí puedes empezar a desembolsar “lo que se necesite” para el disfraz del Festival de Navidad del cole… No importa que si tienes más de tres hijos el costo del dichoso atuendo sea lo equivalente al pago anual de tu predial o que sumado el gasto total de todos los alumnos de la escuela sea una cantidad significativa para donar al Teletón o a la reconstrucción de alguna casa tras el sismo sufrido… ¡No, para qué! Total, nos podemos dar el lujo de tirar el dinero a la basura en una época donde lo que tocaría es la sencillez, el desprendimiento, la solidaridad, la caridad… Pero eso sí, “aquí entre nos”, ni guardes el efectivo y menos la tarjeta porque estos días hay que “vivir el amor y hacer que se sienta el amor” comprando regalos que lo demuestren a los que no necesitan y que quieres mucho… Y si te sobra, pues no estaría mal que consideres algo para quien sí lo necesite.
Asimismo, como es época de unión y generosidad, afloja el dinerito para organizarles a tus hijos, que casi no tienen fiestas durante el año, múltiples posadas con todos los grupos de amigos y salones de la escuela…
¿Y para los niños que en el año tienen con suerte una fiesta, mal comen y la pobreza les ha robado su infancia?… Pues por mientras una oración poderosa y que tus hijos saquen una ropita y un juguetito usado para dárselos, porque ahora justo ellos recibirán toneladas y tengo que hacer espacio porque ya no cabe nada… Además, la verdad es que ya estoy apretadísima de dinero y no tengo libre ningún día para organizar o participar en una posada de alguna comunidad necesitada… Pero, bueno, al final uno se queda con la conciencia tranquila porque al menos donaste lo que te sobraba y pues hiciste lo que pudiste…
Ahora sí, ya sin tantos pendientes, puedes decidir en dónde y con quién celebrarás Nochebuena, Navidad y Fin de año, para volver a empezar un maravilloso Año Nuevo endeudado y sin haber podido ahorrar, siempre por causas de fuerza mayor…
Así, en este cálido y emocionante ambiente consumista lleno de luces, la ilusión navideña a veces se nubla sólo de pensar en cuál será la bomba que explotará este año entre los amados parientes que “se sienten” o que “se paran” antes, durante y después de los festejos, porque sí y porque no…
Ni el milagro navideño logra que la parentela se centre en lo esencial, que se olviden rencillas pasadas, que se deje fuera de la puerta la soberbia, la envidia y las luchas de poder, para que mínimo la celebración parezca fiesta en lugar de funeral u obra de teatro con todos fingiendo…
Desgraciadamente, en muchas ocasiones lo más a lo que se puede aspirar en estas reuniones navideñas es a separar la mecha del cerillo… Sabiendo que la música de fondo va cargada de estribillos con críticas, incomprensiones, malentendidos y malas vibras. De hecho, estoy segura de que muchas familias saldrían de pobres si mandaran los “guiones navideños” de los rollos familiares a los productores de telenovelas.
Por fortuna, aún existen “especímenes raros”, esas personas y familias en extinción que, a pesar de ser imperfectos, verdaderamente intentan con el ejemplo formar en valores a sus hijos y viven de una u otra forma la austeridad, la generosidad, el perdón y la alegría. Familias que en lugar de priorizar los regalos priorizan la convivencia, el servicio, la atención y el poder estar juntos un año más. Familias que se organizan de una u otra manera para poder convivir justamente y sin carotas con ambas familias de origen. Familias que dan gracias antes de cenar rico, que después hacen juegos, actúan una pastorela, cantan la posada y villancicos, encienden luces de bengala y tal vez hasta se dan algún detalle, pero sin olvidar lo que se festeja, ni que el mero mero cumpleañero es Jesús. Familias que en lugar de estar esperando recibir buscan dar y llevar esperanza al necesitado, sea alguien de la familia o alguien desconocido…
En fin, evidentemente “el relato de un año cualquiera” es ligeramente sarcástico y un poco exagerado, pero cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Invito, más que buscar justificar nuestra inmersión en la vorágine consumista y buscar desligarse de la descripción, a hacer conciencia y ser honestos sobre qué debemos cambiar y cómo.
A veces es difícil romper con formas disfuncionales de relacionarse y maneras superfluas de festejar centradas en el propio egoísmo, en el materialismo y en el exceso. La sociedad de consumo nos ha consumido. Nos falta valentía para escapar de sus redes y romper paradigmas. Ha hecho que se pierda el verdadero sentido y significado no sólo de la Navidad, sino de muchas otras celebraciones y tradiciones. La sociedad de consumo vende una imagen de la vida exitosa centrada en el poseer cosas, en publicitar gratis marcas, en el vivir experiencias exclusivas, en el lujo, en la frivolidad y en el esnobismo. Ha convencido de que es mejor “el tener” que “el ser” y que la felicidad está en el insaciable tener que te obliga a “superarte”. Hace creer que una gran mayoría vive y pueden vivir a ese ritmo de consumo. Sin embargo, pocos pueden seguir esas propuestas mercadológicas sin tener que vender su alma al diablo.
El presente artículo no pretende que se rechace el dinero o lo material, sino que se les coloque adecuadamente en la jerarquía de valoresQue el dinero regrese a su lugar como medio y deje de ser el fin por el cual la vida tenga sentido. Que verdaderamente sea un medio, sí, para vivir bien y disfrutar, pero no para despilfarrar y pagar por hacer el mal u omitir hacer el bien. Que sea un medio para construir una sociedad más justa y brindar igualdad de oportunidades a todos los seres humanosUrgser conscientes de los excesos en los que hemos caído que claman al cielo y alejan de la felicidad verdadera…
La Navidad es una buena época para meditar en el amor verdadero y en lo que de verdad vale. Tenemos que analizar de qué está lleno nuestro corazón y de qué se alimenta, porque eso será lo que busque cada día y todo el año.
El consumismo y el despilfarro corre por las venas, hace mucha falta detenerse a mirar “el Belén”“el pesebre”“el Nacimiento” para recordar lo sucedido… ¡Lo que todo un Dios hizo por amor a mí… por amor a nosotros! Basta un encuentro personal con el protagonista de esta historia de amor verdadero e incondicional para transformar la propia vida, ordenar la jerarquía de valores y poner los pies en la tierra y la mirada en la eternidad. Entonces, la vida cobrará un sentido diferente, al igual que las personas y las cosas, el fracaso y el triunfo, el recibir, el dar y el darte, el tener y el ser… Hasta las celebraciones a lo largo del año, y en especial la de diciembre, se percibirán con otros ojos…

¿Tú qué festejas, cuándo y cómo?… ¿Qué es lo esencial en tus fiestas?





viernes, 24 de noviembre de 2017

El relato de la doula acerca del parto vaginal después de cesárea


Es cierto que las mujeres estamos hechas para parir, pero por diversas circunstancias hay embarazos y partos que resultan ser todo un reto. Lo increíble es que hay mujeres que verdaderamente te sorprenden con su fortaleza para luchar por lo que quieren, en este caso, un parto vaginal después de una cesárea innecesaria y traumática que había dejado muchas heridas. Ella no sólo tenía buenas intenciones, sino que se formó y se recontraformó para prepararse junto con su marido para recibir a su bebé como ella quería y “sacó las garras” ser respetada.
                La primera batalla que libró fue que tuvo que lidiar medio embarazo con la hiperémesis gravídica. En esos casos, poco o nada consuela que te parezcas a la Princesa Kate Middleton que cada embarazo pasa por lo mismo. Por si fuera poco, mientras sorteaba como podía las náuseas y la espectacular bajada de peso, decidió cambiarse de doctor porque éste ni siquiera le daba la oportunidad de poder intentar un parto vaginal después de cesárea (PVDC). Cuando todo parecía ir tomando su curso, su instinto le gritaba que no había encontrado el equipo que quería que la acompañara. Por lo que decidió, cambiarse nuevamente de doctor alrededor de las 35 semanas de embarazo.
 Y entonces ya, pasadas unas semanas con el equipo que ella eligió, empezaron de manera natural los pródromos. En un par de ocasiones, las contracciones parecían señalar que el día del parto había llegado. No obstante, tras muchas horas de trabajo, éstas desaparecían sin haber dilatado nada, a pesar de ser de buena intensidad y frecuencia.  Se tuvo que analizar la situación y finalmente, tras un diagnóstico médico fundado y siguiendo su instinto, decidió que era momento de abandonar su Plan A para incursionarse en el Plan B: una inducción sin epidural, hasta donde fuera posible. No era su sueño ideal, pero era lo necesario.
Llegó el día de la inducción y las batallas no terminaban, el trabajo de parto no progresaba como era de esperarse, aunque ella estaba perfectamente conectada con su bebé y con su cuerpo y alma en otra dimensión que le permitía seguir adelante.  Ella fue la actriz principal junto con su bebé y el apoyo incondicional de su marido.  No se puede dejar de mencionar a su ginecólogo, un verdadero profesional con calidez humana, quien hizo lo necesario para que ella pudiera lograr su sueño. Donde una gran mayoría de médicos hubiera hecho una cesárea, él esperó y actuó haciendo lo que tenía que hacer en cada momento para evitarla.
Las últimas dos horas antes de poder besar a su bebé fueron complejas. Toda mi admiración para ella, una verdadera guerrera convencida de lo que quería para ella, para su bebé y para su familia. No fue el parto idílico sin intervenciones que esperaba. Fue un parto intenso, reparador, inundado de hormonas de todo tipo que le han permitido establecer un fuerte vínculo con el bebé, dejando a la pareja más sólida y preparada para lo que les regale la vida.

Gracias por permitirme acompañarlos a presenciar el milagro de la vida y la fuerza de la naturaleza y del amor…

Mamá cuenta su historia de parto vaginal después de cesárea

Agradezco a mi amiga por compartir su experiencia de su parto, seguro puede ser de ayuda a otras mujeres que quieran leer historias que empoderen:



Al escribir esta historia me he llenado  de muchas emociones,  al recordar cada instante de esta nueva experiencia, y es que me considero muy afortunada ya que la vida me ha regalado la oportunidad de ser madre por segunda vez y en una forma muy diferente.
El punto principal de partida comienza, desde el día que el ginecólogo me mencionó que era candidata para intentar un parto, si así lo decidía, ya que en ese momento no existía riesgo para realizarlo. En ese momento tuve sentimientos encontrados, debido a una cesárea por indicación médica en mi primera experiencia y por mi mente ni siquiera rondaba la palabra parto. Estaba segura de que sería una cesárea obligatoria. La cual traía recuerdos no muy gratos debido a las sensaciones que viví, desde la separación de mi hija en uno de los momentos más valiosos, la alteración terrible de mi sistema nervioso, hasta escuchar al cirujano hablar del fútbol y de sus decisiones para el desayuno, en plena cesárea cuando era uno de los momentos más especiales de mi vida, aunado a esto la dolorosa recuperación entre otros.  Por tanto, si pudiera evitarlo preferiría no volver a vivirlas.
Sorpresa, temor, alegría, esperanza, me invadieron repentinamente y aunque sabía  que  el dolor es parte de traer vida a este mundo había escuchado  y leído relatos bastante alentadores acerca del parto. Sin embargo, llegaron  un mar de dudas, me sentía como madre primeriza. Me comencé a preguntar: ¿Y decido parto, realmente podré hacerlo?  ¿Mi bebé estará bien? ¿Mi cuerpo está listo? ¿será capaz? ¿Qué se sentirá? ya que en la primera experiencia no supe que era una contracción.  ¿Podré soportar el dolor? ¿Y si falló? ¿Y si no tengo la fortaleza de las mujeres fuertes? ¿Cuál será mi grado de tolerancia al dolor? ¿Qué será lo mejor? , todas estas dudas se apoderaron de mi.
Sin embargo mi lado racional me llevó a informarme y  a tomar convicción para elegir informadamente. Y es que si es  bien sabido que el parto es lo más ideal por su naturaleza, no hay que pasar por alto que los avances médicos son bastante confiables y atractivos cuando la vida humana  está de por medio, el dolor y la rapidez  están rondando.
Después de este análisis tuve los siguientes argumentos  convincentes para determinar que pese  a todo trataría de  tener  un parto:
     Mi bebé me indicaría  cuando estuviera totalmente  listo para nacer. De otro modo pensé que sería como un capullo abierto forzadamente. Y no en sus tiempos y en sus procesos  naturales para abrirse con todo esplendor.
     El parto me  ayudaría  a no separarme de el en los momentos más valiosos, evitando estrés al bebé,  favoreciendo  el apego, tranquilidad y la lactancia.
     Menor  tiempo de  recuperación  el cual era necesario dado que ya tenía una hija quién me necesitaba,  un marido que también demandaría y al nuevo integrante.
     Menos dolor, ya que podía haber preparación para controlarlo sin medicalización y los más intensos son durante unas horas.
     Participación activa del padre fortaleciendo el vínculo.
     Y por si fuera poco honorarios más asequibles.
No pasando por alto que si hubiera alguna complicación tendríamos que hacer una excepción. 
Enseguida una ráfaga de esperanza me invadió y el temor se volvió entusiasmo la razón, ¡Al fin podría ser madre de verdad! pensé para mí misma, aunque no consideraba esto como una completa realidad, había secuelas emocionales  que en algún momento tocaron la fibra sensible y pusieron en cuestión  mi capacidad de parir y de ser una buena madre.
Dichosamente la vida me regaló y puso a mi alrededor a una persona a la que le puse el apellido de amiga y casi hermana, quien me alentó y me empoderó fervientemente, me compartió su formación de doula para hacer de esta experiencia más positiva y empoderada.
Después de esta  decisión  mi marido tuvo una participación vital, y es que al escucharlo comentar con tanta seguridad sobre el poder de dar vida de las mujeres terminé de empoderarme ya que mi compañero de vida creía  en mí.   Nunca olvidaré el día en que me expresó: ¡Claro que podrás, estas diseñada para hacerlo! ¡Eres una mujer fuerte! Esas palabras alimentaron mi valor para parir.
Y es  así como cada  decisión que restaba para  terminar  el proceso de embarazo iba respaldada. Incluyendo  el estar  atendido por un doctor que nos diera la plena seguridad que haría  todo lo posible para apoyarnos  en la  decisión y que no nos cambiaría  el plan innecesariamente. Sintiéndonos en paz con la  elección proseguimos.
Pero como nunca faltan los comentarios de terceros y  comenzaron a llegar afirmaciones como éstas: “Yo he escuchado que eso no se puede por el bien de los dos, deberías preguntar bien al doctor tal vez no te ha  revisado bien, eso es imposible tienes una cirugía, tu esposa se puede morir, ¡hagan cesárea y no se compliquen!, ¿parto? ¡pero todas tienen cesárea es lo más seguro!”.  Aunque tuvimos presión sobre todo  familiar sabíamos que habíamos tomado una decisión informada y por lo tanto decidimos que esta  vez el parto sería nuestro.
Para  evitar malos ratos o más cuestionamientos  acordamos que avisaríamos a los cercanos hasta que el bebé naciera. De tal forma que  el proceso lo viviríamos en equipo y sin presiones. Mientras pusimos manos a la obra siguiendo las indicaciones y recomendaciones para estar completamente listos para cuando llegara la hora.
 ¡Y bien llegó la semana 39! Y comencé a sentir ligeros  dolores en la cadera, a la mañana siguiente  el doctor me  hizo un monitoreo e  indicó que habían empezado los pródromos, esta noticia nos trajo  alegría  ya que sabíamos que el momento cada vez estaba más cercano. Pasaron 7 días y las contracciones de trabajo de parto comenzaron muy esporádicas, en esta ocasión  cuando el doctor revisó informó que  tenía  el cuello borrado, lo cual indicaba que todo iba bien.
De allí me  citó tres días después y me menciono que si tenía algunos síntomas como sangrado, rompimiento de la fuente, o contracciones más frecuentes le avisará de inmediato. Pero estos no se presentaron por lo que cuando acudí  a la siguiente revisión nos enteramos que tenía un centímetro de dilatación. Regresé a casa y por la noche las contracciones comenzaron más  frecuentes pero aún distantes, a la siguiente mañana el tapón mucoso se hizo presente, el día transcurrió con leves  contracciones y por la noche  a partir de las doce estas  se mostraron ya fuertes, y con ritmo. Así que comencé a  registrar los tiempos para  estar pendiente con la intensidad y duración. Y gracias a la formación nos habíamos preparado para pasar gran parte del proceso en casa, del tal forma que pudiera realizar más movimiento, tener comodidad y  un ambiente relajado, de modo  que cuando las contracciones ya  estuvieran cada cinco minutos correríamos al hospital.
Pero llegó el amanecer y a las seis de la mañana estas se pararon. Pasó todo el día  y éstas se volvieron muy esporádicas  y  así mi cuerpo tuvo este comportamiento por tres  días, esto comenzó a inquietarme mucho sin embargo el doctor estuvo pendiente  que  todo estuviera bien con el bebé y conmigo. Por lo que nos animó a ser pacientes y a seguir con las indicaciones de ejercicios y alimentación entre otros. 
Estando en la semana   40+5 la presión aumentaba y mi cuerpo parecía  no responder, por lo que la incertidumbre aumentó y esta fue la prueba de fuego ya que en ese momento si la desesperación hubiera ganado pudimos haber tomado alguna decisión equivocada. El doctor ese día me volvió a revisar y mencionó que si este comportamiento continuaba por dos días, tendríamos que ver algunas opciones como inducción al  parto y que haría todo lo posible para darnos el parto pero que si había alguna complicación estuviéramos conscientes Esa noche antes que comenzaran fuertemente las  contracciones, decidí encomendarme y nuevamente hablé con el doctor le comenté mi preocupación por la inducción, con toda paciencia contestó mis preguntas y al escuchar sus argumentos sobre el bienestar del bebé y  casi de  semana 41 supe que era lo mejor.
Por lo tanto acordamos que al siguiente día se haría la inducción al parto, me sentí en paz, e inmediatamente mi amiga, quien estuvo en todo el proceso muy pendiente me llamó para darme  su apoyo y me preguntó si me gustaría que me acompañara, me sentí tan completa  al saber que contaría con su ayuda en esos momentos  y seguramente todo fluiría mejor.
A la mañana siguiente llegamos  al hospital, con el mejor ánimo sabiendo que ese día conoceríamos a nuestro bebé, pero aún faltaba la parte más complicada y a la que se le teme de un parto, pero no me sentía  sola, mi marido, mi amiga incondicional y el doctor quienes estaban en pro del parto  estaban allí para uno de los momentos más especiales de mi vida. 
Todo comenzó con la administración de oxitocina,  entre risas, anécdotas, chistes, y positivismo transcurrió en un ambiente preparado gracias a mi amiga doula, y a mi marido quién estuvo muy comprometido.  Con medidas de confort, posiciones, masajes, respiración, aromas y relajación así llegué al centímetro ocho de dilatación.  Sin embargo, debido aún tratamiento anterior en el cual me habían practicado con ácido tricloroacético la dilatación no avanzaba, y fue necesaria una maniobra manual por parte del ginecólogo.



Esto ayudaría a aumentar las posibilidades de tener un parto, ya que por un momento pensamos que lo perdíamos pero continuamos con el plan. Estando conciente que si existiera una complicación que pusiera en riesgo la vida del bebé y la mía habría que tomar la cesárea como plan B. Por lo tanto, el bebé y yo en todo momento estuvimos monitoreados.
El dolor después de esta maniobra se volvió para mí intolerable, por lo cual ahora sí pedí la epidural, en ese momento no quería  rendirme, necesitaba seguir trabajando con mi bebé y ya estábamos en la recta final, pero era necesario para el último jalón. Quería que lo lográramos ambos.
Me subieron al quirófano y al ver muchas personas dentro, me aterró en pensar que tal vez todo el sueño de tener un parto se había esfumado porque en ese momento dudaba de mis propias fuerzas, lo mejor de todo fue que después de la aplicación me encontraba mejor para seguir.  Todos en la sala me animaban para la expulsión y el  pujo me decían: ¡venga en la siguiente contracción sale! ¡Pero no salía!
En algún momento dudé, y pensé y ¿si no me dicen la verdad? Realmente estaba confundida en sí lo hacía bien o no.   Pero con todas  esas personas solo en mi amiga doula y mi marido pude confiar, cada vez que ella me decía mírame  a los ojos sentía apoyo. De pronto mi marido gritó: “Ya veo la cabeza, solo un poco más  tú puedes” Y todavía vinieron más contracciones y más pujos, el último me hizo hacerlo con todas mis fuerzas que en ese momento me quedaban pocas y de inmediato sentí como atravesaba  mi bebé el canal de la vida, ¡no lo podía creer! fueron solo unos segundos, ¡al fin había parido!
Me sentí como en un sueño en cuanto me dieron al bebé y lo pegaron a mi pecho. Se me escurrieron las lágrimas y me preguntaba: ¿Cómo pude? ¿Cómo? Estaba tan feliz, tranquila, con una sensación de inmenso agradecimiento porque al fin sabía lo que era parir y lo mejor mi bebé estaba sano. Mi marido estaba tan contento que comenzó a cantarle tal y como lo hacía cuando estaba embarazada. Ese momento fue memorable y marcó nuestras vidas con una grata experiencia. No me libré de unos puntos, pero eso ya no importaba, el parto se había logrado.

Ese día me sentí muy amada ya que mi marido estuvo conmigo en todo momento, no se dejó influenciar pese a las presiones y se había portado con tanta dedicación para recibir a su hijo, totalmente entregado a su papel. Este parto fue completamente de nosotros, con un auténtico equipo de trabajo.
Esa noche al regresar a la habitación parecía que había pasado una batalla. Sin embargo, sabía que no era un sueño, que era algo real y así se comenzaba una historia de amor más.
Al día siguiente después de tomar la primera ducha completamente sola, le dije a mi marido: ¡Valió la pena! Y es que había recuperado mi dignidad como persona, como mujer y madre. Pero lo más importante es que mi bebé había sido respetado, esperado y muy bienvenido. Martín, Luz Ma y Pablo gracias por haberme hecho fuerte para defender mi parto.


martes, 7 de noviembre de 2017

Tips para antes y después de ir a ver COCO

Nota: ¡Este artículo es un SPOILER!


¡Qué película!.. ¡Me encantó!… La música, los colores, la ciudad de los muertos, las catrinas, los alebrijes, los puentes de cempasúchil, el mensaje… Otro día escribiré sobre esto y unas que otras reflexiones maravillosas que suscita esta cinta… No obstante, por hoy le rascaré a algo que me parece que ha pasado desapercibido entre la mayoría de los padres de niños pequeños…


No me extraña que “todo mundo” esté hablando de lo buena que es la peli. De hecho, es excelente y tiene mensajes muy profundos. Lo que sí me extraña es que de entre toooodos los que me la recomendaron nadie me dijera que la historia es bastante compleja y estresante para niños pequeños... 
¿Creen que exagero?... A ver seamos fríos y con honestidad dime qué pensarías y qué harías si al recomendártela pidieras que te la explicaran y escucharas lo siguiente:

  • “Pues fíjate que va de que un tipo que, al parecer, abandona sin miramientos ni remordimientos a su familia por alcanzar la fama. Esta situación causa un profundo dolor y trauma a la esposa que lo amaba con locura y con quien tenía una hija pequeña. La mujer, a pesar de que logra sacar adelante a su familia, empieza a transmitir de generación en generación un rencor y odio tremendo hacia su marido y hacia la profesión que éste ejercía. Así que obliga a todos sus descendientes a trabajar en el negocio familiar sin permitir que nadie se salga del huacal o tenga aspiraciones propias. Por otra parte, se refleja de manera súper simpática que a los hijos se les educa, o más bien somete, exigiendo obediencia ciega con gritos, amenazas, chantajes, golpes… Pero bueno, no creas que todo esto acaba mal, casi a punto de terminar llega el tan ansiado “final feliz”… De pronto en un dos por tres te cambian la jugada y te explican que en realidad el marido sí se arrepintió de haberse ido y quería regresar con su familia, pero no lo logró porque su "mejor amigo", quien estaba dispuesto a todo por logar la fama.. ¡Lo mata!… En fin, como verás está buenísima. De veras, lleva a tu hijo no se la puede perder”.   

Alguno pensará: “Bueno, pero es que la pintas fatal, cual telenovela y no es para tanto”. ¡Pues ni para tanto ni para menos! Esa es la trama, obvio que hay mucho más y de paso se aprovecha la historia para explicar cuestiones culturales de México y  la tradición del Día de Muertos, así como para rendir homenaje a grandes personajes que dejaron huella en nuestro país. Sin embargo, no nos engañemos es una película típica de Pixar, buenísima, pero más para adultos que para niños, aunque sea de caricaturas.
Así pues, debo confesar que mi mayor inquietud no versa sobre que los papás lleven o no a los niños a verla, sino sobre:

¿Por qué los papás no logran discernir, reconocer y aceptar que es 
un culebrón en caricaturas
bastante enredado para niños pequeños,
y que por tanto, requiere 
una preparación anterior para que la puedan disfrutar
y una retroalimentación posterior 
para que puedan  procesarla y asimilarla?

Definitivamente considero que, dado que se presentan situaciones muy complicadas de asimilar para una personita que tiene poco más de un lustro por la Tierra o incluso menos, creo que antes de verla por primera vez los papás deberían de contarles la historia completa a sus hijos, mostrarles imágenes e incluso trailers para que ellos al ir al cine puedan disfrutarla y no sufrirla, sabiendo que al final acabará bien: que la familia sí es lo más importante, que el fin no justifica los medios y que todos estarán felices. Obvio, habrá quien crea que soy muy exagerada… Y tal vez sí, pero 

¿será que también hay mucha exageración relativista, 
permisivismo y falta de capacidad de reflexión por el otro lado? 

No hay que olvidar que los niños son niños y que es nuestro deber respetarlos y cuidarlos; eso incluye el estar atentos a lo que ven, a lo que oyen y a lo que entienden o no entienden. No sé por qué existe una aceptada prisa y presión para lograr que crezcan rápido, para que se “hagan duros”, para tratarlos como adultos y para enfrentarlos sin más preámbulo a situaciones reales pero durísimas de la vida. Desafortunadamente es cierto que muchos niños ven, o incluso, viven “cosas peores”. Igualmente es cierto que muchos niños simplemente se quedan con “quién sabe qué entendieron” en sus cabecitas y en sus corazones haciendo telarañas sin exteriorizar sus dudas, mientras sus papás se quedan felices de que no sean preguntones y hasta se congratulan de que a sus hijos “ya nada los espanta ni les impacta”… Lo siento, pero esta situación no sé si me da más pena por los niños “agrandados”, insensibles y sobre expuestos o por los papás que normalizan lo anormal y lo inadecuado para los niños…
De hecho, lo normal es que a un niño le provoquen estrés las escenas de peleas, gritos, robos, persecuciones, abusos y demás escenas que se presentan a lo largo de la peli.  Por tanto, lo normal debería de ser que un niño pequeño se inquiete ante la historia contada y que se cuestione:

¿Cómo es que el papá de Coco no le importó dejar a su esposa e hija?
…¿Mis papás se podrían ir y dejarme? ¿Eso me puede pasar?...

¿Por qué su papá prefirió la fama a estar con su mamá y con Coco?
…¿Mis papás serían capaces de hacerme eso?...

¿Por qué su abuela trata mal y a “chanclazo limpio” a su nieto?
…¿No que no se debe hablar con malos modos, gritar y menos pegar?...


¿Por qué le rompen su guitarra y sus cosas?
 …¿No que no hay que hacer groserías?
¿No que hay que arreglar los problemas hablando y negociando?...

¿Por qué sus papás no lo defienden y dejan que la abuela lo trate así?
…¿Mis papás me defienden? ¿Me protegen hasta de familiares?...

¿Por qué su familia no lo deja ser lo que él quiere ser y hasta lo persiguen?
¿Cómo es que el señor famoso responde que no se arrepiente de haber dejado a su familia?

¿Cómo es  posible que un amigo mata a su mejor amigo por lograr su sueño?
… Aquí sí, corto circuito total … ¡Incomprensible!... 
...¡¡¡¡¿¿¿¿Eso no pasa verdad????!!!!!...
…Los amigos no se lastiman… ¿¿¿O por un sueño sí???

Alguno dirá, que lo anterior no se lo pregunta un niño… ¿No?... ¡Y mucho más!.. Otra cosa es que se les infravalore y que haya unos más “preguntones” que otros, unos más extrovertidos y otros más introvertidos. Algunos no lo exteriorizan, por personalidad y otros porque no se les fomenta el que sean críticos o porque se les calla cada que tienen una duda… Sin embargo, esas son preguntas son verídicas y las  hicieron niños de carne y hueso, de entre 5 y 7 años, durante la película y al salir de ésta. No cabe duda de que los niños son más listos de lo que a veces se cree... Si no se les pisotea su curiosidad natural, ellos son capaces de cuestionarse hasta lo que parece incuestionable…
En fin, es cierto que todas estas situaciones “incorrectas” que suceden a lo largo de la peli se solucionan... No obstante, seamos concientes de que “la resolución del culebrón” sucede ¡prácticamente cuando salen los créditos del final!!!! Para un adulto resulta impresionante que logren “engañarte” tanto tiempo y de manera tan inteligente. Para un niño esto se traduce en más de una hora y media de estrés y angustia, estado del que difícilmente salen porque cuando en 2 segundos se explica todo y se le da la vuelta a la tortilla, ellos por su falta de desarrollo e inmadurez natural no cachan ni la mitad del giro… “Menos mal que todo se aclara lógicamente, así de rápido y sencillo” al conocerse que todo el mitote fue ocasionado porque el mejor amigo del tatarabuelo, quien no sólo lo traicionó sino que, ni más ni menos, lo asesinó por avaricia y soberbia… ¡¡Wow, qué creatividad e ingenio!!… ¡¡¡Sí, wow, desde tu perspectiva y con el quíntuple de años encima!!!

¿Pero de verdad crees que tu hijo entendió y asimiló "lo inconcebible" desde su perspectiva?
¿O será que sólo le acabó gustando porque finalmente le tranquilizó ver
a Coco recordando, a Miguel sonriendo y cantando feliz de la vida,
festejando con su familia entre música, alegría y abrazos?


 ¿A poco en serio crees que tu hijo que venía creyendo por una hora y media una cosa capta que donde dije digo, digo Diego” y pues que mágicamente todo lo que creía, ya no es?… ¿Así de “simple”?... En un pis pas tu hijo tiene que cambiar el chip y darse cuenta de que lo que le repitieron 50,000 veces de que hay que "vivir el momento" no es cierto ni lo más importante en la vida, que abandonar a la familia no está bien, que el “bueno y famoso” en realidad era un malo, mentiroso y asesino, que el “looser” medio malandrín no era sino víctima de las circunstancias y hasta su familiar, que el muerto odiado ahora es amado y hasta famoso, que la familia que no apoyaba el sueño del chiquillo ahora hasta lo impulsa y que Coco está por fin abrazando a su papá y ninguno de ellos morirá en el olvido porque todos serán recordados…¿¿¿¡¡¡Shalalalalaaaa!!!???
¡No es por nada, pero sin temor a equivocarme, me parece que es muy naif creer que los pequeñines, aún inocentes, pueden procesar adecuadamente y en tan poco tiempo toda esa información retorcida y contraria a lo que se les inculca! En verdad, les apuesto que sin explicaciones y retroalimentación alguna, pocos niños de primaria inferior y menores pueden captar el desenlace y la riqueza de la película. Eso sí, les aseguro que se quedan con una buena cantidad de material para pesadillas de alebrijes gigantes persiguiéndolos, miedo a ser abandonados, desconfianza de los amigos y la certeza de que los adultos sí pueden hacer cosas malas que a los niños no se les deja.  

                En conclusión, en lo personal y como Orientadora Familiar, recomiendo que si van a ir a ver la peli de Coco con sus hijos pequeños:

  • Antes de ir les hagan un spoiler total y se la cuenten varias veces, utilizando diversos recursos. Lo anterior les beneficiará a toda la familia,  a ustedes porque poder ver la peli  sin que los niños les estén haciendo mil preguntas en vivo y en directo, y a sus hijos quienes podrán disfrutar más la peli dado que reducirán el estrés y angustia, ya que de antemano sabrán que Miguel estará bien y que todo se resolverá favorablemente. Asimismo, esto les permitirá procesarla con mayor facilidad y evitará malentendidos.
  • Sin embargo, luego de verla es necesario comentarla todas las veces que sea necesario y responder todas sus dudas aunque las repitan mil veces. Lo mismo aplica si ya los llevaste... Para  ayudarles a sacar el tema  puedes poner las canciones de la peli. De esta forma, podrán ir aclarando los puntos que consideren necesarios de escenas específicas.

Ahora bien, en el caso de que sus hijos sean más herméticos que una caja fuerte sin combinación o parezcan témpano de hielos, no suspiren: “fiuf, de la que me salvé, ya me ahorré tanto show”... Al contrario, ingéniatelas para penetrar el caparazón y llegar a conocer los pensamientos y sentimientos de tus hijos. 
Por tanto, escúchalos y compartan: 
  • ¿Qué les pareció interesante, raro, curioso, divertido, emocionante, bueno y malo?
  • ¿Qué partes les hicieron sentir felices, tristes, preocupados, con miedo y enojados?
  • Explíquenles los puntos que consideren que deben ser clarificados.

¡Así, además de divertirse y pasar un rato agradable en familia, 

pueden aprovechar la peli para hacer un ejercicio

de comunicación, de conocimiento y de formación!



Publicado en:
http://www.diarionuevavision.com/criterio/antes-de-ver-coco-hagan-un-spoiler-a-ninos/

lunes, 23 de octubre de 2017

Hay de formas a formas para formar...

I


Entre ayer y hoy me quedé impactada con dos noticias de EUA que me aparecieron en el celular:

Una niña de 3 años muerta porque su mamá la pateó en el estómago y al caer se pegó en la cabeza “por no lavarse los dientes” y la otra, una niña de 9 años muerta por asfixia porque sus padres habían llamado a su sobrina para que les ayudara a educarla porque “ya no podían con ella”. Entonces, la sobrina que pesaba 147kg se sentó sobre la niña “rebelde” para “darle una lección” y cuando se levantó, después de 2 minutos, ésta ya no respiraba. 

La mayoría pensará: ”¡qué bárbaros e inhumanos! Yo nunca haría eso!”...

Ok, es cierto, pero creo que a partir de esto conviene reflexionar: 

¿Qué sí hago? 

¿Alguna vez  podría haber salido en las noticias por mi forma 
irrespetuosa o violenta (física o psicológica) de corregir a mis hijos?

¿Qué sí hago cuando “no puedo más” y exploto?

¿Cómo reacciono, qué digo y qué hago?

…Cuando después de “repetir mil veces” algo, no sucede lo que pido o sucede lo contrario.

Cuando tengo prisa y “ni me pelan”.

Cuando ya no pueden tirar más cosas porque solo queda derrumbar la casa y las visitas están por llegar.

Cuando se cayó el agua por quinta vez, se hizo pipí, rayó el sillón  y “todo” sucede justo

cuando estoy exhausta, con los nervios de punta y sin reservas de paciencia.


¿Qué porcentaje del día “sufro” a mis hijos y cuánto los disfruto?

¿Cuánto tiempo diario paso que ardo de furia, gritando y dando órdenes y

cuánto me detengo a escucharlos, a abrazarlos, a besarlos, a mirarlos con amor?   


¿Qué daños físicos o psicológicos podría estar causando a mis hijos cuando pierdo el control?

Afortunadamente no los he matado literalmente, pero...

¿Mis gestos, palabras y acciones fortalecen o “matan”

su autoconocimiento, autoestima, autorespeto, seguridad, individualidad, autenticidad, autonomía, 

espontaneidad, inocencia, capacidad manejar las emociones y resolver conflictos?


¿Qué hago cuando me doy cuenta de que "me paso" y de que debería de actuar de otro modo?

¿Me autojustifico para tranquilizar mi conciencia y poder seguir igual?

¿Pido perdón?

¿Realizo un plan de trabajo realista para ir mejorando con acciones concretas?

¿Pido ayuda? ¿A quién? ¿Busco formarme? ¿Cómo?


Criar y formar a los hijos es todo un reto y evidentemente hay muchas maneras de hacerlo. En general, la mayoría de los padres oscilamos entre medio de “lo ideal” y de “lo que nunca se debe de hacer”. A veces acertamos y otras metemos la pata. Sin embargo, es esencial que seamos capaces de distinguir que hay de medios a medios para formar y  que definitivamente,  unos son más respetuosos de la dignidad de la persona que otros. Es  inconcebible que aún en pleno siglo XXI exista una amplia aceptación de medios violentos y abusivos para "formar" (amenazas, chantajes, ridiculizaciones, culpabilizaciones, la "nalgada a tiempo", etc...) que, aunque no quiten la vida literal, atacan la dignidad y hieren profundamente a los niños dejando heridas graves y les dificultan establecer pautas de comunicación y relaciones sanas.

Obviamente nadie es perfecto, todos nos equivocamos más de lo que quisiéramos. Por eso,  debemos ser humildes para reconocer tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades, así como nuestras áreas de oportunidad y nuestro potencial. Asimismo, debemos de ser  perseverantes para buscar continuamente los medios que sean necesarios para ser mejores padres.   Sin embargo,  .para poder iniciar un proceso de cambio,  primero se tienen que romper paradigmas. Así pues, los padres debemos de romper:

  • Con el autoritarismo y el permisvismo, esto es,  tanto con el sometimiento indigno  de los hijos a los padres como el de los padres a los hijos.
  • Con la justificación inmadura de que no se puede cambiar porque "así soy" o "así me educaron" y "te aguantas", porque además "soy tu madre/padre".
  • Con la desidia para autoevaluar las reacciones, acciones y omisiones negativas y/o violentas..
  • Con la pereza para formarse y para trabajar concientemenente por ser mejor madre/padre.
  • Con la creencia de que los niños son los "culpables" de que los adultos "tengan que educar así" y de que exploten como explotan.
  • Con los "shows y berrinches parentales" para "solucionar los shows y berrinches infantiles".
  • Con la aceptación social de las formas violentas, abusivas e irrespetuosas para "educar".

…¡ Y luego sorprende que aumente el bullying, la prepotencia, la violencia, la corrupción,
la insensatez y la irresponsabilidad de la sociedad!... 

Se necesita valor para reconocer que eso es lo que se  les enseña a los niños con el ejemplo.

En realidad, las “nuevas generaciones” no lo hurtan... Lo heredan..


Cambiar no es tarea sencilla, pero es lo que nos toca en la vida, ya que tenemos solo una oportunidad para  sacar la mejor versión de nosotros mismos y para ayudar a que nuestros hijos también lo hagan. Por tanto, si queremos que sean respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes, seamos respetuosos, responsables, generosos, cariñosos y concientes con ellos...



Es momento de cambiar 

para que nuestros niños sean mejores y en consecuencia, el futuro sea mejor

Para cambiar el mundo primero hay que cambiar nosotros

y nuestras formas para  formar...